Opinión
Celebremos pensando: tres reflexiones sobre la regularización extraordinaria de personas migrantes
Anoche, finalmente, llegó la noticia que cientos de miles de personas estaban esperando. Y no me refiero a las más de quinientas mil personas que podrán acogerse a esta medida, y vivir por fin bajo menos miedo, menos explotación y menos injusticia. Tampoco a las 700.000 personas que firmamos la ILP hace ya años. Ni siquiera a los cientos de miles de personas que son amigas, familia o vecinas de otras en situación irregular y se alegran de que estas puedan salir por fin de ese limbo de no derecho que es la irregularidad administrativa.
Esta noticia alegrará incluso a cientos de miles de personas en este país que no tienen relación directa con ninguna persona en situación irregular y sin embargo no desean vivir en una sociedad donde tantos miles de personas viven con miedo. E incluyo en esta exhaustiva lista a quienes incluso quizás ni sepan del movimiento por la regularización en el Estado español, gente que en otros países y otras realidades, lea en las cabeceras de periódicos escritos en otros idiomas, mire en los canales de tele internacionales, que en un lugar del mundo se ha tomado una decisión política valiente que va contracorriente de ese “There is no Alternative” fascista y neoliberal que pretende imponerse como única escaleta posible para el futuro inmediato.
Y celebrar es maravilloso, pero alegrémonos pensando, para que la alegría vaya ganando fuerza y espacio. En este marco, quería compartir tres reflexiones a la conversación que ya estamos teniendo fuera y dentro de la agenda pública.
1. La potencia política de la perseverancia: lo que por fin ha llegado ha sido el fruto de años de lucha política activista. Una lucha encabezada por las personas migrantes que desde 2020 llevan empujando, en distintas formas, porque se acabe con el sinsentido administrativo de condenar a miles de personas a residir en el país como parias durante años y años. Mantener firmes los objetivos políticos, sin rebajarlos ni un ápice, sin negociarlos por supuestas estrategias malmenoristas, sin contentarse con retórica emponzoñada por la lógica del control de daños.
Perseverancia en la alianza a pesar de las diferencias, de los sinsabores tras las decepciones, de las distintas culturas activistas o políticas, de las limitaciones de cada sujeto aliado
Una perseverancia que no solo ha aplicado al objetivo político, sino también a las herramientas: apostando por todo lo posible, desde la carta originaria al ejecutivo durante la pandemia, al actual Decreto del Gobierno, pasando por el Proyecto No de Ley, y por la Iniciativa Legislativa Popular. Y perseverancia también en las alianzas, con otros colectivos, con partidos políticos, con ayuntamientos y otras administraciones, con personajes públicos, y asociaciones bien locales. Perseverancia en la alianza a pesar de las diferencias, de los sinsabores tras las decepciones, de las distintas culturas activistas o políticas, de las limitaciones de cada sujeto aliado.
2. Estar atentas. Las leyes hay que materializarlas y para ello se necesita inversión. Los grandes y ambiciosos números de acceso a derechos que pasan por el filtro de la burocracia a veces provocan un dolor infinito. Los precedentes no faltan: ahí está el Ingreso Mínimo Vital (IMV), que se puso como objetivo acabar con la pobreza severa, que acarició grandes metas en cuanto a alcance de la medida y sin embargo se topó con una administración incapaz de poner los recursos humanos y técnicos necesarios para garantizar el derecho que se había comprometido a otorgar. Que sumió a tantas personas después en nuevas vulnerabilidades por un diseño errado y una aplicación defectuosa.Las mismas personas migrantes tienen documentadísima experiencia de qué supone para sus vidas la diferencia entre lo que se aprueba en las leyes y lo que se cumple en las administraciones. Las dificultades para acceder al padrón, algo que debería de ser sencillo, la cruenta lotería para conseguir una cita de extranjería, la falta de personal para traducir cualquier provisión desde las instituciones en realidad en la cotidianeidad, como se va viendo tras cada mejora del reglamento de extranjería.
Celebremos a la altura de lo que esto supone. Sí se podía, como insistían desde el movimiento regularización ya, tomar esta medida, era una cuestión de voluntad política
3. Podemos pedir más. Pese a la reflexión anterior, celebremos a la altura de lo que esto supone. Sí se podía, como insistían desde el movimiento regularización ya, tomar esta medida, era una cuestión de voluntad política, había que tenerla y aplicarla. Sí se podía, como insistió Podemos hace tantos años, contribuir a la transformación desde un partido político, pero como dijeron otros, por ejemplo los anticapitalistas en su momento, es más fácil transformar ejerciendo presión desde fuera del gobierno, que dejándose contaminar de impotencia y malmenorismo al lado del PSOE, como sufrió en su momento Unidas Podemos y como ahora sufre Sumar. Esta es una hipótesis que no habría que desestimar para los tiempos que se vienen.
Y saliendo del marco estatal: celebremos, compañeras, porque en una ciudad enorme como Nueva York, movimientos sociales y socialistas, antirracistas y por la vivienda, pro palestinos y vecinales, han llevado a la alcaldía a un Zohran Mamdani que se ha comprometido a cuatro puntos que ponen los derechos sociales en el centro. Un Mamdani que no tardó ni 24 horas en anular legislación pro israelí, y avanzar nuevas medidas de vivienda.
Celebremos porque en Reino Unido Palestine Action, sus activistas en huelga de hambre, y masas y masas de gente exponiéndose a ser designados como terroristas, han conseguido doblar el brazo del gobierno y que rompa contratos con Elbit Systems. Y celebremos, porque a pesar de que Trump saque a las calles a miles de mercenarios excitados ante la posibilidad de asustar a niños, secuestrar a personas racializadas, y reventar a tiros a activistas en total impunidad, la gente, organizada, pone el cuerpo en las calles y con sus vecinas.
Gracias Regularización Ya por haber dado esta lucha, por habernos incluido en ella, y por marcarnos un camino para luchar por todo lo demás. Y gracias también a quienes siguen luchando por otros horizontes para todas, a pesar de los errores que cometen. Que todas cometemos. Aliémonos en nuestras imperfecciones en torno a objetivos políticos perfectos: como ampliar de verdad derechos a nuestras vecinas, dejar de comerciar con genocidas, o que la vivienda deje de ser una herramienta de extractivismo al servicio del capital. Eso es lo que debería ser innegociable.
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