‘Cómo Europa subdesarrolló África’: leer a Walter Rodney hoy

Autor del clásico ‘Cómo Europa subdesarrolló a África’, reeditado por Capitán Swing, es una de las figuras más importantes del panafricanismo y del marxismo del Tercer Mundo del siglo XX.
Walter Rodney, autor de ‘Cómo Europa subdesarrolló a África”.
Walter Rodney, autor de ‘Cómo Europa subdesarrolló a África”.

Nacido en marzo de 1942 en Guyana, entonces Guayana Británica, Walter Rodney es conocido hoy como una de las figuras más importantes del panafricanismo y del marxismo del Tercer Mundo del siglo XX. Como “intelectual guerrillero”, Rodney fue un imponente militante y teórico cuya labor académica estuvo siempre acompañada de un compromiso inquebrantable con las luchas por la descolonización, la liberación negra y el socialismo. Dada la importante reedición en español de su obra magna —Cómo Europa subdesarrolló a África, publicada originalmente en 1972 y editada ahora por Capitán Swing, con traducción de Beatriz Ruiz—, resulta pertinente volver a examinar el valor de su pensamiento político frente a la coyuntura actual del capitalismo tardío.

De la educación colonial a su expulsión de la Jamaica postcolonial

Rodney fue un producto paradójico del sistema educativo colonial implantado en las Indias Occidentales durante el dominio británico. Estudiante dedicado y meticuloso, estuvo entre los pocos que tuvieron la oportunidad de obtener un título de educación superior dentro de la población antillana colonizada. Primero asistió a la Universidad de las Indias Occidentales, para posteriormente cursar su doctorado en el corazón de la metrópoli: la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS, por sus siglas en inglés) de Londres. El sistema pedagógico colonial estaba concebido para “educar” a sujetos capaces de gobernar y administrar al servicio del imperio. Rodney, sin embargo, se negó a asumir este destino y eligió en su lugar un camino diferente, que marcaría una vida dedicada a la lucha contra el poder imperial.

Poco después de finalizar su tesis doctoral, publicada más tarde con el título A History of the Upper Guinea Coast 1545–1800 (Historia de la costa de Guinea Superior, 1545-1800), Rodney aceptó un cargo temporal en la Universidad de Dar es Salaam, Tanzania. Sin embargo, pronto se trasladó a Kingston, Jamaica, para desempeñarse como profesor de historia en su alma mater, la Universidad de las Indias Occidentales. Regresaba así al Caribe, pero no con el propósito de servir al Estado colonial ni de limitar su acción a los pasillos de la academia y el estilo de vida pequeñoburguesa que esta ofrecía. Por el contrario, la familia Rodney decidió vivir fuera del campus e involucrarse plenamente en las luchas cotidianas y populares de los jamaicanos. Esta decisión vendría con un coste elevado.

Ante sus ojos, se hizo evidente que las promesas de la descolonización formal aún estaban por cumplirse, y que la desigualdad económica y racial continuaban persistiendo tras la independencia

Instalado en Jamaica, Rodney hizo todo lo posible por comprender la situación social y política de este Estado-nación antillano recientemente independizado. Ante sus ojos, se hizo evidente que las promesas de la descolonización formal aún estaban por cumplirse, y que la desigualdad económica y racial continuaban persistiendo tras la independencia. Durante este período, Rodney forjó vínculos especialmente estrechos con las perseguidas comunidades rastafari del país, a quienes llegó a considerar como “la fuerza dirigente de […] la conciencia negra” en la isla. 

En octubre de 1968, el Gobierno jamaicano decidió expulsar a Rodney del país mientras asistía en Montreal al Congreso de Escritores Negros. Sus enérgicas críticas al gobierno y sus actividades políticas junto a los rastafari y las empobrecidas comunidades negras urbanas de Kingston resultaban demasiado peligrosas para un gobierno empeñado en asegurar el poder económico, político y social de una minoría. La decisión, sin embargo, acabó resultando contraproducente, ya que desencadenó uno de los mayores levantamientos populares en la historia del país. Conocidas como los “disturbios de Rodney”, las protestas contra la expulsión de Rodney funcionaron como un catalizador del movimiento Black Power más amplio que se extendió por toda la región.

La escritura de ‘Cómo Europa subdesarrolló a África’ en Tanzania y su asesinato en Guyana

Tras abandonar Jamaica, la familia Rodney se estableció de nuevo en Tanzania, donde el historiador volvió a incorporarse a la Universidad de Dar es Salaam. Tanzania atravesaba un período de cambios acelerados. El Gobierno de Julius Nyerere intentaba implantar su propia forma de socialismo africano en el país y Dar es Salaam se había convertido en la capital panafricana del mundo. Aquello no se debía solo al ambicioso proyecto político de Nyerere, sino también a su estrecha proximidad tanto con las luchas de liberación nacional en las colonias portuguesas como con el movimiento antiapartheid en Sudáfrica.

Escrito durante aquella estancia, Cómo Europa subdesarrolló a África tomó forma, por un lado, gracias al panorama político del continente africano en aquel momento, en el que los Estados-nación recientemente independizados intentaban forjar sus propias trayectorias históricas mientras las luchas de liberación nacional continuaban desarrollándose en otras partes del continente. Pero además, como ha argumentado David Scott, el libro también debe entenderse como un ajuste de cuentas con la persistencia de las formas de esclavitud y colonización en el Caribe. De este modo, pensado desde los vínculos entre estos dos continentes, Cómo Europa subdesarrolló a África se enfrenta a la cuestión de la soberanía en sus dimensiones políticas, económicas, sociales y culturales, y busca comprender los procesos históricos que produjeron relaciones de dependencia, drenaje de riqueza y explotación entre África y la metrópoli europea.

Rodney documenta cómo África no se “subdesarrolló” por sí misma, sino que el continente fue objeto del saqueo imperial, la conquista y, posteriormente, de formas más sofisticadas de explotación capitalista e intercambio desigual

En efecto, estas relaciones resultan centrales para un libro que intenta contrarrestar creencias ampliamente difundidas y falsificaciones ideológicas en torno a la supuesta “carencia” que África representa en el imaginario occidental. Rodney documenta cómo África no se “subdesarrolló” por sí misma, sino que el continente fue objeto del saqueo imperial, la conquista y, posteriormente, de formas más sofisticadas de explotación capitalista e intercambio desigual. Así, la obra mapea cuidadosamente cómo, antes de la expansión europea, las sociedades africanas disponían de sus propias trayectorias de desarrollo, historias, culturas y costumbres sociales que posteriormente fueron desmanteladas o reprimidas en y a través del encuentro colonial. El relato de Rodney es poderoso precisamente porque cuestiona las teorías dominantes de la modernización, que explicaban la pobreza africana como resultado de un atraso “tradicional” interno, para destacar que el “subdesarrollo” no significaba simplemente un “desarrollo menor”, sino que era resultado de un proceso sistemático de expropiación, explotación y exterminio —un método integral de dominación que en la actualidad presenciamos, en tiempo real, en el genocidio acelerado del pueblo palestino.

Bajo este esquema, el desarrollo y el subdesarrollo se presentan siempre vinculados dialécticamente, como dos caras de una misma moneda. Si el capitalismo, para Marx, implicaba que “la acumulación de riqueza en un polo es, al mismo tiempo, acumulación de miseria, agonía del trabajo, esclavitud, ignorancia, brutalidad y degradación mental en el polo opuesto”, Rodney extendía esta dialéctica a la relación colonial: el desarrollo de Europa se construye sobre el subdesarrollo de África. O, como lo expresó Frantz Fanon, “Europa es, literalmente, la creación del Tercer Mundo”. Para Rodney, de este modo, el desarrollo no significaba “alcanzar” el modelo de “progreso” impuesto por Occidente. Por el contrario, como ha argumentado David Myer Temin, puede entenderse que Rodney esbozaba una forma de “desarrollismo anticolonial popular”, que designa una comprensión del desarrollo que no parte de la presunción de que un pueblo esté “a la espera” de progresar siguiendo un modelo occidental, sino del diagnóstico de que el colonialismo y el imperialismo “desviaron” violentamente las trayectorias históricas de las sociedades colonizadas.

Es importante destacar que las intervenciones de Rodney no deben limitarse únicamente a la coyuntura de las décadas de 1960 y 1970, ya que poseen implicaciones relevantes para el momento actual. Cómo Europa subdesarrolló a África no solo refuta explícitamente afirmaciones que aún circulan ampliamente sobre el supuesto “atraso” de África y los llamados “beneficios” del colonialismo, sino que, de manera más decisiva, nos enseña a comprometernos con la historia poara ponerla al servicio de las luchas de liberación. Para Rodney, la práctica de la escritura histórica nunca estuvo separada de las tareas de organización de un movimiento político sólido anticolonial y socialista.

La relevancia de este enfoque se intensificó cuando la familia Rodney regresó a Guyana en 1974, después de considerar que allí podrían tener un impacto político mayor. Sin embargo, no recibieron precisamente una cálida bienvenida por parte del partido gobernante Congreso Nacional del Pueblo (PNC, por sus siglas en inglés) y del primer ministro del país, Forbes Burnham. Este había llegado al poder mediante la intervención de Estados Unidos y el Reino Unido, y había consolidado su dominio a través de una represión generalizada en nombre de un supuesto “socialismo cooperativo” y una cooptación del “tercermundismo”. Y por ello, al conocer la postura abiertamente crítica de Rodney con el PNC, Burnham medió para cerrarle las puertas al puesto que había solicitado en la universidad de Georgetown. Como resultado, Rodney no podría trabajar en el ámbito académico de Guyana, pero, aún así, la familia decidió permanecer en el país y comprometerse plenamente en la lucha contra el régimen de Burnham.

De este modo, Rodney y otros compañeros de distintos movimientos se unieron en 1974 para formar la Alianza del Pueblo Trabajador (WPA, por sus siglas en inglés). La WPA se comprometió a construir un proyecto socialista democrático y multirracial para enfrentar la creciente violencia racial, la represión gubernamental y el neocolonialismo. Como era de esperar, Burnham respondió con las herramientas que mejor conocía: la violencia y la represión. Durante este período, miembros de la WPA fueron arrestados y asesinados, mientras la policía atacaba de forma regular a todo aquel que protestara contra el gobierno.

El primer ministro de Guyana ordenó el asesinato de Rodney, que el 13 de junio de 1980 fue víctima de un atentado con un explosivo colocado dentro de un walkie-talkie

A pesar del adverso clima político, Rodney continuó escribiendo y organizando de manera incansable. Hizo todo lo posible por dialogar con los trabajadores de las plantaciones y movilizarlos, así como por fomentar alianzas interraciales entre personas indo-guyanesas y afro-guyanesas. Asimismo, llevó a cabo una extensa investigación archivística durante este período, que culminó en su libro A History of the Guyanese Working People 1881–1905 (Historia del pueblo trabajador de Guyana, 1881-1905), publicado póstumamente en 1981; un texto que marcó la culminación del uso metodológico que Rodney hizo de la historia al servicio de las luchas emancipatorias.

Era evidente que el régimen se había cansado de la creciente oposición política y veía a Rodney y a la WPA como fuerzas peligrosas que ponían en entredicho la hegemonía del PNC de Burnham. En consecuencia, el primer ministro ordenó el asesinato de Rodney, que el 13 de junio de 1980 fue víctima de un atentado con un explosivo colocado dentro de un walkie-talkie. El compromiso de Rodney con la lucha política por encima de la comodidad de una vida académica en el extranjero le costó la vida. Como muchos radicales negros y organizadores anticoloniales de su época, Rodney fue asesinado por su convicción y su disposición a luchar por un mundo libre de explotación y opresión.

Las “ecología total” de Rodney

El legado de Rodney suele abordarse en debates sobre el colonialismo, el desarrollo y el subdesarrollo. Sin embargo, su obra también ofrece una infinidad de recursos para repensar una ecología política radical y materialista, en la medida en que anticipa algunas de las principales preocupaciones ecosociales en torno al trabajo, los bienes naturales y el poder organizado alrededor de la mediación con ellos. La explotación de la tierra y del trabajo, el despojo de las comunidades nativas, la apropiación capitalista de la riqueza natural y la vinculación del daño ecológico con las relaciones imperial-capitalistas ocupan un lugar central en sus escritos, pese a haber sido a menudo obviados por la academia. En su obra, Rodney subraya que el daño ambiental no es simplemente resultado de una falla técnica ni una aberración del sistema, sino más bien el producto de las relaciones sistémicas del imperialismo capitalista con las periferias sometidas. De este modo, muestra cómo ecología, economía y política son esferas interdependientes, al tiempo que su método anticipa cómo las crisis ecológicas contemporáneas (desde la deforestación a la pérdida de biodiversidad, la extracción minera o el cambio climático) se encuentran arraigadas históricamente en las mismas estructuras sociales que él analizó.

En este sentido, Cómo Europa subdesarrolló a África analizó cómo muchas sociedades africanas, antes de la intrusión europea, poseían una suerte de conciencia holística de sus interacciones ambientales con el suelo, el clima, la flora y la fauna: una especie de “ecología total” del orden social, como la ha denominado Leo Zeilig. El colonialismo y el drenaje de recursos capitalista destruyeron estas interrelaciones al imponer una economía orientada a la exportación basada en monocultivos, deforestación, minería y apropiación de tierras. De este modo, el daño ecológico se presenta íntimamente ligado al proceso colonial como parte de la integración africana en el sistema-mundo capitalista, que, a su vez, dio lugar al subdesarrollo.

En esta línea, Aby L. Sène ha mostrado cómo la crítica de Rodney al imperialismo capitalista se extiende a problemáticas ecológicas contemporáneas, como los regímenes de conservación formulados como “repúblicas de la vida silvestre”, que sirven al gran capital foráneo al tiempo que despojan a las comunidades locales. Sène subraya cómo ciertas formas dominantes del conservacionismo pueden, por sí mismas, reproducir relaciones imperial-capitalistas si no se someten a un examen ecosocial crítico. Para Rodney, la misma lógica que subdesarrolló económicamente a África también socavó los ecosistemas africanos mediante la apropiación de la riqueza natural, lo que provocó el desplazamiento de comunidades y el desarraigo de las relaciones ecológicas. De este modo, la lectura socio-ecológica que hace Sène de Rodney nos permite atender a cómo las luchas antiimperialistas y ecológicas continúan, a día de hoy, profundamente entrelazadas.

La obra de Rodney, en otras palabras, nos obliga a enfrentarnos a la cuestión de cómo puede recuperarse la agencia histórica de los pueblos subalternos en, parafraseando a Gramsci, tiempos de monstruos

Rodney sostuvo de manera incansable que el avance del capitalismo europeo se basó en el trabajo y los recursos africanos —e implícitamente en el abaratamiento de la naturaleza. De este modo, para la acumulación capitalista, el medio ambiente no resultaba otra cosa que un “recurso” desechable más. El énfasis de Rodney en el papel mediador del trabajo sitúa a la naturaleza en un plano central en la producción, reproducción, circulación y acumulación de capital, en el que estas esferas emergen vinculadas a las condiciones de la naturaleza y de la forma en que las personas interactúan con la tierra, los recursos y los ecosistemas. La destrucción del entorno natural —desde la contaminación del agua o los derrames de petróleo a la devastación de los suelos o la deforestación— debe entenderse, por tanto, como parte de una violencia ecosocial sistémica. De ahí que la injusticia ecológica sea un aspecto central en la configuración del subdesarrollo, tal y como lo cartografió Rodney. Esta lectura pionera nos proporciona hoy un marco para pensar la justicia climática, los procesos de extracción corporativa, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad global como fenómenos profundamente interconectados dentro del sistema-mundo capitalista y su formación de jerarquías a escala mundial.

Regresar a Rodney

Recuperar a Rodney a la coyuntura actual nos ofrece, de este modo, herramientas para comprender cómo la asimetría global entre dominio y dependencia —así como entre desarrollo y subdesarrollo— se asienta históricamente sobre mecanismos de explotación y expropiación reproducidos por el imperialismo capitalista en cada rincón del planeta. Además, leer su trabajo en el presente revitaliza nuestra propia imaginación política, extrayendo lecciones del pasado en la búsqueda de nuevos caminos de fortalecimiento popular que no cedan ante la tecnocracia gerencial. La obra de Rodney, en otras palabras, nos obliga a enfrentarnos a la cuestión de cómo puede recuperarse la agencia histórica de los pueblos subalternos en, parafraseando a Gramsci, tiempos de monstruos. A medida que continúan los debates sobre justicia redistributiva global, deuda, extracción de recursos, límites ambientales, neocolonialismo e imperialismo, y democracia popular, la obra de Rodney nos anima a preguntarnos: ¿quién se beneficia de la configuración global actual? ¿Quién define los términos del “desarrollo”? ¿Cómo afectan estos procesos al potencial de soberanía y autonomía en la periferia del sistema-mundo capitalista?

Aunque el momento histórico actual está caracterizado por una extendida desesperanza política, una melancolía de izquierdas y una notable incapacidad para imaginar algo más allá del capitalismo —y, por tanto, resulta marcadamente distinto al de Rodney—, existen grandes lecciones y enseñanzas que podemos extraer de su vida y de sus escritos, y muy especialmente de Cómo Europa subdesarrolló a África. Su obra muestra al capitalismo como un sistema global que requiere formas imperialistas de explotación y jerarquías raciales para su reproducción. Como resultado, la lucha contra el capitalismo debe entenderse también como una lucha contra la dominación imperial y racial. Aunque los tiempos cambien, para Rodney —como para nosotros— la tarea sigue siendo la misma: derrocar el sistema-mundo capitalista.

Los autores
Onni Ahvonen – Investigador de la Universidad de Helsinki; Twitter: @ahvonenonni; Bluesky: @ahvonenonni.bsky.social
Alejandro Pedregal – Investigador del Consejo de Investigación de Finlandia en la Universidad Aalto; Twitter: @AlejoPedregal; Bluesky: @alejopedregal.bsky.social
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