Racismo
Laura Escudero Zabala: “Los controles por perfil racial funcionan como fronteras dentro de la ciudad”
Laura Escudero Zabala despliega un mapa incómodo sobre la mesa. Una conversación sobre policía, control social y desigualdad. Es Doctora en Antropología y en su tesis analiza el racismo policial desde la perspectiva de la víctima. Actualmente, desarrolla una investigación postdoctoral en la EHU para observar los cuerpos de seguridad desde dentro.
El objetivo es entender qué está pasando con un fenómeno relativamente reciente: la incorporación de medidas antidiscriminatorias y su aterrizaje real en la práctica cotidiana en España e Italia. Unos conceptos que desarrollará también en la charla organizada por Hordago este jueves 18 de junio a las 19.00 horas en el espacio Sarean de Bilbao.
¿Los controles racistas son más habituales de lo que parece?
La gente que padece estos controles los sufre con gran frecuencia. Forman parte de sus vidas. Algunas de las personas que he entrevistado dicen que les paran entre tres y siete veces al día. De manera aleatoria. Obviamente, eso repercute en cómo te mueves por tu lugar de residencia, en cómo te sitúas y habitas ese mapa.
¿Cómo evitan estas personas perder su la libre circulación?
Diría que, formas de gobierno social (según condiciones económicas, de clase, raciales, de género, etc), nos van situando a un lado u otro del mapa. Por suerte, las personas resisten y generan estrategias, incluido en esas posiciones de mayor precariedad. He identificado varias tácticas para sobrevivir al racismo policial. Son todo un despliegue de rituales y de cambios de movimiento por la ciudad.
Construimos imaginarios a partir de lo vivido.
Si te han hecho un control en un sitio, dejas de pasar por ahí. Gracias a las etnógrafas feministas sabemos que las mujeres aprendemos la ciudad por lo vivido, pero también a través de lo que nos cuentan madres, primas, amigas. Evitamos lugares sin luz, por miedos objetivos o imaginarios compartidos. El género percibido es otro factor más que determina el imaginario que tenemos dentro del mapa. En el caso de las personas racializadas, en España su mapa de la ciudad lo acotan controles de identidad discriminatorios.
Los controles por perfil racial funcionan como fronteras dentro de la ciudad, nos dicen por dónde pasar y por dónde no. Esto tiene consecuencias materiales. Una chica colombiana con nacionalidad española me dijo que había llegado tres veces tarde al trabajo por culpa de estos controles y que su jefe no se lo creía. ¿Cómo le explicas a una persona española y blanca que llegas tarde porque siempre te para la policía? Suena impensable. Parece que estás mintiendo.
Abusos cotidianos
¿Eso significa que te pueden parar solo por tus rasgos étnicos?
Sí. Esto ocurre desde hace años. Hay mucha gente naturalizada española, que lleva muchos años aquí y tiene hijos nacidos aquí. Pero siguen teniendo la misma cara. Lo que mueve la identificación policial es esa percepción que tienen los policías sobre el origen racial de la gente. Identifican a una persona como extranjera o no en base a estereotipos y prejuicios. Y no es cualquier persona extranjera, está asociada a países del sur global de África y Latinoamérica. Entran en juego el color de la piel, el acento, los rasgos físicos… Una intersección de múltiples elementos, donde la clase percibida también juega un papel importante.
Hablas de tácticas corporales y narrativas de resistencia en el momento de dialogar con la policía.
Bajar la mirada, ponerse la capucha, simular llamadas al ver un control, acercarse a personas blancas para que parezca que van juntas, utilizar un lenguaje específico pensado de antemano con la policía, etc. Hay estrategias que son muy creativas. Recuerdo una de la investigación de Sergio García: Una mujer dijo que tenía la regla y que necesitaba ir al baño con urgencia. Los policías se sintieron tan incómodos que se libró de ir a comisaría. Son esas pequeñas cosas, que no son tan pequeñas para quien las vive.
“Las estadísticas generan realidad: forman archivo, consolidan un relato racializado sobre la criminalidad”
En Euskal Herria, la Ertzaintza ha empezado a informar del lugar de origen de las personas detenidas. ¿Qué efectos puede tener esto?
Las estadísticas generan realidad: forman archivo, consolidan un relato racializado sobre la criminalidad. Este enfoque sobre el “origen” alimenta imaginarios, políticas públicas y decisiones operativas cada vez más racistas. La sociedad, no afectada directamente por las prácticas racistas, ve a ciertos fenotipos “siempre con la policía” y así se alimenta un estereotipo que asocia criminalidad con dichos fenotipos. En la mayoría de esos casos no hay delito. Otro punto crítico es que se identifique por origen y no por nacionalidad.
Esta reproducción de la narrativa criminalizadora, va hilando un discurso que sugiere que ciertos grupos racializados (los marroquíes, los rumanos, los paquistaníes, los bolivianos y los colombianos) son los autores de un porcentaje desproporcionadamente alto de delitos. Algo que no es cierto, atendiendo a los datos del propio Ministerio: en la última década un 80% de los delitos han sido cometidos por personas de nacionalidad española. Este mismo dato, en el caso de los marroquíes, es del 0,9%.
En encuestas oficiales sobre delitos de odio aparecen razones de no denuncia como el miedo a la humillación (38%), la desconfianza en la policía (25%), la creencia de que no se comprenderá la denuncia (21%) y experiencias previas negativas (16%). Estos datos apuntan a barreras estructurales para acceder al derecho a la denuncia, que se agravan en aquellas personas en situación irregular por obstáculos lingüísticos, culturales y administrativos. ¿Una medida diseñada para vigilar delitos de odio puede acabar reproduciendo retóricas xenófobas? Sí. En los informes, el perfil de víctima aparece mayoritariamente como un hombre entre 26 y 40 años con nacionalidad española. Eso, dice la etnógrafa, está profundamente ligado a quién puede denunciar. Personas en situación irregular, o con relación histórica hostil con la policía y órganos judiciales, denuncian menos. No porque el odio no exista, sino porque el acceso a la justicia no se reparte igual.
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No pienses: ejecuta
¿Qué pasa con la criminalización de la protesta y de algunos movimientos sociales?
Es un fenómeno estructural dentro de la dinámica Estado-reclamo. El nivel de tensión y criminalización cambia según el momento político, pero existe siempre porque los movimientos sociales nacen para reclamar algún cambio. La represión directa es la forma más conocida de control aunque también existe la burorrepresión: multas, procesos administrativos largos, trabas burocráticas que consumen tiempo, dinero y recursos. Generando así la desmovilización por desgaste y miedo. Cuando entrevistaba a mujeres del sindicato de vivienda, muchas eran migrantes de clase trabajadora y decían que les encantaría ir a un escrache pero no podían jugársela por los papeles.
¿Los cuerpos de seguridad se ven influidos por el discurso político y los discursos de odio o forman parte activa en su creación?
Creo que ocurre en ambas direcciones. Por un lado, los policías actúan dentro de un marco político que influye en cómo perciben y gestionan a la población. Al mismo tiempo, las fuerzas de seguridad participan de manera activa en esa reproducción de prácticas y narrativas discriminatorias. Organizan la ciudad y la vida cotidiana para mantener el orden social existente. Forman parte de esa estructura para proteger el statu quo que moldea comportamientos y legitima formas de control.
Está claro que a la Policía no le interesa que se le investigue por dentro
Se parece un poco a lo que pasa con las denuncias por violencia de género.
Exactamente. Hay que tener en cuenta la desconfianza y las barreras que sienten las víctimas dentro del sistema de justicia. Porque la Justicia y el sistema policial no son aparatos neutrales, reproducen desigualdades estructurales, sesgos arraigados y el orden social vigente. Y otra cuestión importante es la invisibilización de casos que implican a Fuerzas de Seguridad del Estado: no existen estadísticas que los recojan. Y a esto hay que sumar toda la cifra invisible: esto es, todo lo que no aparece en datos oficiales, pero está.
¿Si criticas mucho a las instituciones se te pueden echar encima?
He tenido una buena experiencia con los policías con los que he hablado. Como académica, diría que necesitan de tu discurso para dar visibilidad a su trabajo. Pero está claro que a la Policía no le interesa que se le investigue por dentro. En el contexto español ha sido una institución muy cerrada. Ahora se está abriendo una línea y espero que se expanda. Tenemos que investigar a la policía, como a cualquier otra institución del Estado.
¿Puede una institución creada para mantener el orden volverse realmente democrática por medio de reformas internas?
Para eso son necesarias formas de reparación y acompañamiento seguro para las víctimas. Políticas efectivas, que no dependan exclusivamente de aparatos que históricamente han sido parte del problema.
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