Europa da la espalda de nuevo a las personas refugiadas afganas

La securitización de las fronteras europeas ha dificultado a las personas afganas, castigadas por veinte años de guerra y cinco desde el regreso de los talibanes, solicitar asilo. Recientemente Bruselas recibió a una delegación de Kabul para facilitar la deportación de afganos presentes en Europa.
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Mujer afgana viajando con su marido y su bebé ordena una tienda de campaña. Bárbara Bécares
9 jul 2026 06:00

Aziz Safi ya lleva más de diez años sin ver a su familia. Solo tiene 30, pero antes de cumplir 20 años tuvo que escapar de su país y volver no es una opción. Es afgano y escapó de los talibanes que volvieron a gobernar el país en verano de 2021, que ya tenían a la población aterrorizada previamente. El gobierno talibán se ha situado de nuevo en el foco de algunos medios tras su visita a la Comisión Europea el pasado 25 de junio, invitados por Bruselas. Un encuentro secreto cuyo fin era gestionar deportaciones de personas afganas residentes en Europa. Una coordinación que numerosas asociaciones de derechos humanos han denunciado

Aziz vivía en Kabul. Tuvo la oportunidad de estudiar al acabar el instituto, algo poco usual por los niveles de pobreza de un país que ha vivido décadas de conflicto. Pero pronto todo el plan cambió. Un tío muy cercano a él logró un empleo como parte del equipo de un parlamentario del Congreso de Afganistán: al joven le ofrecieron ser uno de los escoltas de este hombre. Necesitaba trabajo para participar de la economía familiar, siendo uno de los hermanos mayores. Le ofrecieron una oportunidad y la aceptó, dejó los estudios y se fue al Congreso a proteger la vida de un congresista al que apreciaba, porque considera que sí era un hombre que se preocupaba por la estabilidad de su país, explica.


Una economía basada en la guerra sin opciones de escapar

La afgana era una economía basada en la guerra entre los años 2001, cuando Estados Unidos derrocó a los talibanes, y  2021, fecha en la que estos recuperaron oficialmente el poder, aunque en realidad nunca se fueron del todo. Los empleos que se podían encontrar giraban en torno al conflicto: formar parte de una subcontrata que ofreciera servicios al personal extranjero de organismos internacionales o embajadas (como chófer, por ejemplo, algo que el propio padre de Aziz hizo durante años); trabajar como escolta en el Congreso; o ser parte de la Policía Nacional o del Ejército, entre otros.

Cuenta Aziz que un día, cuando tenía solo 19 años, estaba en una boda y un grupo de hombres lo agarró a la fuerza para llevarlo fuera del evento. Dijeron que eran talibanes y le instaron a asesinar al político al que él protegía. La orden vino con una amenaza: o mataba él a ese hombre o a quien matarían sería al propio Aziz. Estaba fichado, explica el joven. Se calcula que cerca de 50.000 civiles fueron asesinados en veinte años de guerra en este país asiático, de acuerdo a la Universidad de Brown. A esta cifra habría que añadir unos 70.000 miembros de la policía y el ejército nacional.

Tras recibir la amenaza de muerte, Aziz acudió a varias embajadas de países europeos en Kabul para pedir protección internacional. No recibió ningún tipo de ayuda. Peor aún, según denuncia, en la embajada de uno de los mayores países de Europa le pidieron 20.000 euros si quería que comenzaran el proceso para tramitarle un asilo y una huida segura de su país. Una mordida. Se trataba de mucho dinero, recuerda, por lo que analizó con su familia que la única solución era que escapara, pero de manera irregular.

Afganistán tiene uno de los pasaportes más débiles del mundo, pues da acceso a muy pocos destinos internacionales

La vida en manos de traficantes como única alternativa

La familia de Aziz encontró un traficante que lo sacaría del país por 9.000 euros. Era un precio mayor que el que pagaban otras personas que él conocía, porque su familia quería asegurarse de que no arriesgase su vida yendo a pie por la que era una de las fronteras más complicadas hasta ese momento, la de Afganistán e Irán.

Vendieron unos terrenos para salvar la vida de uno de sus hijos. Le consiguieron un pasaporte falso para volar. Afganistán tiene uno de los pasaportes más débiles del mundo, pues da acceso a muy pocos destinos internacionales. Donde luego Aziz arriesgó la vida durante casi tres años fue en las fronteras de la Unión Europea porque salió de su país en guerra en un momento clave: poco después de la firma del acuerdo entre Turquía y la Unión Europea para cerrar fronteras e impedir a la gente solicitar asilo fácilmente.

Su plan inicial era ir a Alemania donde tiene familiares que viven desde los años 80 allí. Pero mientras él estaba en su tránsito migratorio, atrapado en países externos a la Unión Europea como Serbia o Bosnia y Herzegovina y enfrentando posibles palizas y devoluciones en caliente cada vez que intentaba pasar a Croacia o Hungría para poder tener acceso a solicitar asilo, se sucedían las noticias sobre cómo Alemania estaba constantemente deportando a ciudadanos afganos tras denegarles asilo. Alegaban que ya era un país en democracia.

En 2019, sin embargo, en plena ola de deportaciones a Afganistán, Naciones Unidas alertaba de las miles de personas asesinadas tanto por grupos talibanes como por el Estado Islámico, el cual había aprovechado el caos en el país para extenderse más allá de Siria y de Iraq. También las tropas estadounidenses mataron a civiles con drones en esos años. Del mismo modo en el que Afganistán no es un país seguro en la actualidad, tampoco lo ha sido en los 20 años en los que hubo un gobierno amparado por la OTAN.

Un dato muy relevante cuando hablamos de Afganistán y de las vidas afganas es el origen de esta tragedia. No es un secreto, de hecho: el mismo portal oficial del Ministerio de Defensa de España explica que “desde la invasión de Afganistán por parte de las tropas de la antigua Unión Soviética hasta su derrota, los servicios de inteligencia de EEUU, Occidente e incluso, los de los países asiáticos y africanos del mundo islámico, apoyaron continuamente a determinados grupos radicales yihadistas”. Incluso recuerdan desde el CESEDEN o Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional que “tanto Osama bin Laden como las personalidades y grupos yihadistas locales asentados en Paquistán, llegaron a ser figuras muy importante para la CIA estadounidense, el servicio británico de inteligencia exterior (MI6) y el Inter-Servicies Intelligence (ISI) paquistaní.

Familias enteras sin saber dónde ir

Cuando Aziz estaba atrapado tras las fronteras dejó de saber hacia dónde dirigirse. Estaba en contacto con diversas familias que habían logrado llegar a Alemania y, tras un tiempo de espera, su solicitud de asilo había sido denegada y no sabían qué hacer. 

Sabereh era, en el año 2017, una chavala de 17 años que soñaba con ser médica. Su hermana Nur, de 15, aspiraba a más: astronauta. Lo contaban con ilusión y se quejaban de que no poder acceder a educación en los casi dos años que llevaban de tránsito, tras ser rechazadas en Grecia y Serbia como solicitantes de asilo. Aquello las estresaba mucho. Junto a su hermano pequeño, su madre y su padre escaparon de Afganistán en 2015 porque su padre era policía y temían ser objetivo de los terroristas. Se trata de una familia hazara, tradicionalmente perseguida como minoría étnica en Afganistán.

En 2019 lograron llegar a Alemania y, tras una temporada allí, se les denegó el asilo a toda la familia. No solo venían de un país como Afganistán, además pertenecen a una minoría religiosa que sufre discriminación, la chiita. En mayo de 2021, antes de que los talibanes se volvieran a hacer con el poder en Afganistán, un ataque a una escuela de estudiantes de esta minoría acabó con la vida de más de 80 personas, la mayoría niñas. La familia llevaba un tiempo en el país germano, aprendiendo alemán, esforzándose por adaptarse a la vida nueva y sus costumbres… y les llegó una denegación a su petición de asilo, pasando a ser ciudadanos ilegales en el país. Su única solución fue volver a cruzar a otro país europeo, volver a pedir asilo y volver a esperar en la incertidumbre mientras aprendían un nuevo idioma. El sueño de Sabereh de ser médica comenzaba a decaer, sentía que pasaban los años sin poder ni siquiera sacar adelante el bachillerato.

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 En Europa pegan a niñas afganas en las fronteras

La violencia fronteriza y las devoluciones en caliente no respetan tampoco a las mujeres, ni siquiera a las niñas. Roya escapó de Afganistán con su madre, hermana y dos hermanos. Ni Roya ni sus hermanos habían alcanzado la mayoría de edad cuando su padre, policía de alto rango en Kabul fue secuestrado. Temiendo por su propia vida y más que segura de que su marido había sido asesinado, la madre de la familia decidió que todos escaparían. Ella tenía una hermana en Austria y ahí quería llegar. Pero el hecho de tener a su hermana como ciudadana de un país europeo no le daba derechos para un viaje seguro.

La familia estuvo mucho tiempo, más de un año, atrapada en países fronterizos. Llegó un momento en el que la madre no se veía con fuerzas de adentrarse en el bosque por la noche a cruzar fronteras. Su cuerpo estaba agotado, así lo decía ella abiertamente, y animó a sus hijas e hijos a ir por su cuenta. Ella ya vería cómo lograrlo, si podía. No quería seguir perdiendo el tiempo de los menores, mientras en oficinas y despachos de países europeos se iban forjando estrategias para complicar más el paso y cerrar más las fronteras o complicar más la vida de quienes buscaban asilo.

Sus hijas e hijos tuvieron varios intentos de llegar a Austria que acabaron en violencia. Un día Roya y su hermana aparecieron de vuelta en Bosnia y Herzegovina, en el pueblo de Velika Kladuša, pegado a Croacia, con su teléfono roto a manos de la policía, según relataron. Los agentes también las habrían pateado en las piernas hasta que cayeron a un río, explicaron las jóvenes. Después, con la ropa empapada y en medio de la noche, fueron llevadas a la fuerza desde Croacia a Bosnia sin la posibilidad de pedir asilo, lo que es ilegal.  La violencia a la que fueron sometidas Roya y su hermana es sistémica, según vienen documentando desde 2017 colectivos independientes a través de la Red de Border Violence Monitoring. También recoge estas prácticas la socióloga y académica Karolina Augustová en su libro Everyday Violence at the EU’s External Borders: Games and Push-backs: además de las palizas, romper objetos como teléfonos o robar zapatos son prácticas comunes de la policía, con el el objetivo de dificultar nuevos intentos de cruzar fronteras.

Madres e hijas separadas por la política fronteriza

Un día, una niña de ocho años llamada Narges se acercó a una mujer italiana que quería dar visibilidad a lo que viven los refugiados en la frontera con Croacia y estaba de visita en su campamento: la pequeña quería pedirle que la llevase con su madre, literalmente. La madre de Narges estaba en Francia, mientras la niña permanecía con su padre, atrapados ante una frontera. Un día, mientras buscaban una forma de avanzar a través del bosque, la policía croata pilló al grupo con el que caminaban padre e hija y los devolvió fuera de la Unión Europea ilegalmente. La madre iba más adelante con un bebé, la hermana pequeña de Narges, y logró llegar a Francia donde pidió asilo.

Romper objetos como teléfonos o robar zapatos son prácticas comunes de la policía en Croacia y Serbia, con el el objetivo de dificultar nuevos intentos de cruzar fronteras

Separada de su marido y su hija, la mujer no podía optar  a la reunificación familiar: se hallaban en la ruta de los Balcanes de manera irregular, ningún organismo respondía ante ellas, todo eran oídos sordos. La alternativa para Narges, de la mano de su padre, lleno de temor y timidez, era volver a cruzar bosques a escondidas hasta lograr llegar a un país donde no les denegaran el asilo, a poder ser a Francia para reunirse con el resto de la familia. Hacer trámites en otro país y luego lograr la reagrupación puede suponer años.

Huria se encontraba en una situación parecida a la de Narges. Con nueve años, pasaba tiempo jugando con su amiga y soñando con el día que pudiera reunirse con su madre y su hermana de dos años. Igual que le pasó a Narges, en el cruce de fronteras fueron con traficantes diferentes y la policía pilló a su grupo pero no al precedente, donde estaba la madre. La frontera es una lotería en toda regla donde los participantes nunca saben dónde pueden acabar.

Huria contaba que su sueño era tener una cama donde dormir con su madre y su hermana pequeña. El padre vivía en un ataque de nervios constante, había sido policía de las fuerzas oficiales de la OTAN en Afganistán pero, tras varios ataques de los talibanes, la familia decidió irse. Huria dice que no sabe lo que pasó, aunque recuerda que  sus padres comenzaron a discutir mucho, a veces escuchaba “pum pum en el aire” y ruidos que parecían estresar mucho a su madre, evoca. La amenaza talibán acabó con la huida de su familia, al cruce clandestino de fronteras y la vida en campamentos sin colegios.   Tras más de dos años separada de su familia, Huria acabó llegando a Francia. Tuvieron que apañárselas pues al final no les quedaba dinero para pagara a nadie que les facilitara la ruta. 

Bruselas traiciona a los refugiados afganos

Una década después de su salida de Afganistán, Aziz Safi sigue sin ver a su familia y no sabe cuándo la verá. Él ya es asturiano, y afirma amar Asturias,  donde se sintió acogido, tiene una vida hecha, y trabaja como cocinero de la gastronomía local. Frente a una población acogedora, Aziz lamenta que las instituciones no ayudan: quiso traer a sus hermanas pequeñas a España, teniendo él residencia, trabajo estable, y una comunidad que puso casas a disposición de la acogida de las jóvenes. Pero no alcanzó. 

Cuando los talibanes tomaron el poder en Afganistán, su hermana mayor, a quien considera su mejor amiga, tuvo que esconderse en casa. Mientras ella trabajaba como modista, su marido, empleado de una editorial, perdió su puesto. El gobierno talibán no respeta la cultura. Hermana y cuñado tuvieron que quedarse en casa, trabajando a escondidas, teniendo a cargo dos hijas y un hijo. Aziz envió tablets para sus sobrinas y sobrino y también a sus hermanas pequeñas con el fin de que estudiasen online, además de abonar el internet de la casa.  En un país tan inestable, donde ya nadie invierte, cualquier servicio es caro, lamenta.

Fueron varios los abogados que confirmaron a Aziz que era imposible traer a sus hermanas. Si se hubiese tratado de esposa e hijos, podría haber opciones de reunificación familiar, pero no existe esta opción para las hermanas. A pesar de la documentación y la estabilidad conquistadas por Aziz en los últimos años, su familia sigue bloqueada en Afganistán por el cierre internacional de fronteras, mientras sus hermanas continúan encerradas en casa por orden talibán.

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