Opinión
Todo está entrelazado

Las familias que son desahuciadas de sus casas. Los manteros que sufren cada día la persecución policial. El aumento de la temperatura debido al cambio climático.
Desahucio Adolfo - 1
Imagen de un desahucio ejecutado en Madrid el pasado 1 de julio. Diana Moreno
12 jul 2026 06:00

Hay una pregunta que nos hacen a menudo a las personas que formamos parte del movimiento ecologista: ¿Qué tiene que ver el ecologismo con la lucha por la vivienda o el feminismo?

Muchas contestamos que todo está entrelazado.

Pisamos la misma tierra. Compartimos el aire que se mueve incluso en los días de más calma y el agua, que es el principio de la vida. Por eso, justo por eso, es por lo que el movimiento ecologista defiende una forma más digna de habitar esa tierra que compartimos. Por eso, justo por eso, es por lo que el movimiento ecologista es mucho más que personas que se juntan para defender la naturaleza. Todo está entrelazado.

Todo está entrelazado. Las fronteras que rompen los cuerpos de las personas que tratan de atravesarlas sin un documento que les permita hacerlo. Las personas que no tienen vivienda. Las que, teniéndola, viven precarizadas debido a su precio en relación a su sueldo. Las que viven en lugares donde caen bombas. Las que tienen ejércitos en sus calles. La impaciencia por sacar de las entrañas de la tierra los minerales y el petróleo como si se pudiera crecer de manera ilimitada en un planeta de recursos finitos. 

Todo está entrelazado. Por eso nadie se salva en solitario

Todo está entrelazado. Las personas que no tienen derechos como trabajadoras. Las que son discriminadas y agredidas por su diversidad. Las mujeres violentadas o asesinadas por el hecho de serlo. Los ecosistemas que se quedan sin agua limpia, o sin agua en general. El aumento de la temperatura debido al cambio climático. La dificultad de muchas personas para conseguir alimento. 

Todo está entrelazado. Las familias que son desahuciadas de sus casas. Los manteros que sufren cada día la persecución policial. Las personas empobrecidas perseguidas por leyes que las criminalizan por tratar de abrir, a codazos, un espacio a la vida. Los centros de datos que consumen el agua que serviría para calmar la sed. La biodiversidad que disminuye sin hacer apenas ruido.

Todo está entrelazado. Ningún ser vivo sobrevive en solitario. El sol, la lluvia y del aire son utilizadas por las plantas que, mediante la fotosíntesis, crean frutos que regalan a las aves que, a su vez, ayudarán a dispersar las semillas de las que saldrán nuevas plantas capaces de producir el oxígeno necesario para respirar. Agua, aire, tierra, humanos, abejas y trigo formamos parte de la misma red.

Para muchas personas ser ecologista es eso. Poner el cuerpo. Saber que si ellos vienen con la muerte, nosotras respondemos con la vida

Todo está entrelazado. Por eso nadie se salva en solitario. Lo saben los alcornoques, las hormigas y las mujeres que comparten el día a día en los patios de vecinas. Saben que la fuerza sale de las redes de apoyo mutuo. Sale de las comunidades que tienen en sus raíces la convicción de que la solidaridad es más fuerte que el odio. Sale de los ecosistemas que son la red que permite la vida.

Todo está entrelazado. Por eso las ecologistas bajamos a la calle a mostrar toda la rabia por el genocidio en Gaza y cuando la policía hace controles racistas y cuando las tareas de mantenimiento de la vida que hacen las mujeres y la naturaleza son invisibilizadas e infravaloradas. Porque para muchas personas ser ecologista es eso. Poner el cuerpo. Saber que si ellos vienen con la muerte, nosotras respondemos con la vida.

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