Derecho a la vivienda
Una semana acampados por la vivienda: las organizaciones avanzan hacia la huelga general
“Hoy el Congreso tenía la responsabilidad de escuchar la oleada de protestas y aprobar unas medidas de mínimos. Hay una desconexión irreparable entre lo que quiere la gente y lo que votan los partidos en un Congreso secuestrado por el rentismo”. Así respondía en la mañana de este viernes desde la Puerta del Sol el Sindicato de Inquilinas ante el anuncio que marcaría inevitablemente el rumbo del resto de la jornada: los dos decretos de vivienda nacidos del ‘caso Maricarmen’ han decaído en el Congreso con los votos en contra de PP, Vox, Junts y UPN. La ciudadanía pronto se ha mostrado preparada para dar respuesta en las calles a esta negativa.
La primera norma ha caído con 172 síes y 178 noes y la segunda, con 166 a favor y 184 en contra. Ya en febrero los posconvergentes tumbaron la moratoria antidesahucios para personas vulnerables que protegía desde la pandemia a más de 60.000 hogares, así como otras medidas del llamado escudo social. Esta vez el batacazo se ha confirmado tras más de cuatro horas de intenso debate, aunque el resultado no ha modificado sustancialmente el ánimo de las presentes en el km 0. Esto ha sido así en parte porque la gran mayoría era consciente de la compleja aritmética electoral con la que se contaba desde el principio y porque, como esgrimían algunos desencantados, “tras ocho años de legislatura teóricamente progresista sin hacer nada, ya habíamos visto antes el carácter regresivo de las actuales políticas de vivienda”.
Los acampantes siguieron en directo y reunidos en silencio desde sus pantallas una votación de infarto con un desenlace que nadie deseaba pero muchos auguraban. “Era la crónica de una muerte anunciada”, deslizaba desde su tienda un joven acampado desde más de cinco días. Además, desde un primer momento los colectivos habían criticado el “troceo” del ‘Decreto Maricarmen’ con el objeto de dejar fuera las medidas más ambiciosas y contundentes. Ahora todo ha quedado en papel mojado: la moratoria antidesahucios para las familias vulnerables, la prórroga de dos años de los alquileres, la renovación automática y la regulación de los alquileres turísticos y de temporada se han convertido hoy en un triste recuerdo de lo que podría haber sido el resultado de una lucha histórica.
“Todo lo que hemos aprendido estos días que llevamos acampadas desde el sábado, continúa. Pero no continúa solo en Sol, continúa en cada barrio y en cada centro de trabajo, en cada centro de salud...”
“Todo lo que hemos aprendido estos días que llevamos acampadas desde el sábado, continúa. Pero no continúa solo en Sol, continúa en cada barrio y en cada centro de trabajo, en cada centro de salud, en cada AFA, en cada colegio, porque allí donde hay vida, donde se organizan las personas y donde se está sufriendo el malestar de la vivienda, es donde tenemos que tener los esfuerzos puestos para organizar a la gente, para organizar ese poder popular”, ha señalado Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas, minutos después de decaer los soñados decretos.
Con esta pulsión de continuidad indefinida, este fin de semana la Confederación de Sindicatos de Inquilinas ha convocado manifestaciones en más de 50 ciudades de todo el Estado. La de Madrid arrancará este sábado a las 12.00 a través de cuatro columnas que se digirirán hacia Cibeles bajo el lema “Hacia la huelga general por la vivienda. Bajadas de alquileres al 50 % y expropiación de fondos buitres Ya”. Seguirán reclamando contratos indefinidos, expropiaciones masivas fondos buitre e inmobiliarias como Urbagestión y una bajada de los alquileres al 50 %.
“Es prioritario seguir acumulando fuerza para convertir las demandas de la ciudadanía en ley, y hacer que bloquearlas tenga un coste político. Vamos a hacer que quienes den la espalda al pueblo tengan que dejar su sitio en el parlamento”, han clamado. Mientras se suceden las protestas por el bloqueo parlamentario, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya ha anunciado que decidirá este fin de semana si adelanta las elecciones generales a antes de que acabe este año.
El horizonte próximo no es otro que seguir con la lucha inquilina más allá de los confines de la acampada con la proyección de una huelga general “que pare el país” y que cuente con apoyos mayoritarios. Además, se espera que estos parones coincidan con el apoyo del inquilinato hacia la huelga de educación que arrancará el próximo 14 de octubre. “La traducción para eso no es otro camino que una herramienta histórica de la clase trabajadora, la herramienta por la que todos y todas aquí tenemos jornadas laborales, que es la huelga”, han afirmado.
Entre estas alianzas figurarían previsiblemente sindicatos laborales y comités de empresa, asociaciones vecinales y de centros educativos, colectivos de estudiantes universitarios. Fuerzas también del movimiento ecologista, antirracista y feminista que han caminado de la mano del inquilinato organizado estos últimos meses a través de uniones como la Confluencia de Luchas.
Muchos de estos agentes sociales han llevado a cabo este último año sus propias movilizaciones, como es el caso de las educadoras en lucha. Las maestras infantiles de la Plataforma Laboral Escuelas Infantiles (PLEI) han formado también parte activa de la acampada. Desde el pasado 7 de abril sostienen una huelga que ha cristalizado en una modificación del Real Decreto 132/2010 que promete la bajada de ratios. Rosa, una de sus integrantes, confesaba su frustración tras el rechazo parlamentario de los decretos que consideraba un avance para muchos colectivos. Además, si se volvieran a reconvocar elecciones generales, la modificación del mencionado decreto pendería de un hilo y podría caer en saco roto.
“Nos sentimos bastante decepcionadas porque si después de este movimiento en que la ciudadanía ha dejado claro que hay que regular la vivienda, aún así no sale adelante, ¿para qué sirve entonces la política?, deslizaba a este medio a escasos metros de las pancartas que rodean la ciudadela de tiendas. El lunes continuarán con sus asambleas y de momento no contemplan la desmovilización, aun con los ánimos algo desgastados.
Un hastío que se mezcla con el desgaste generalizado tras siete días duros de pernocta ininterrumpida, algunos de ellos como el de ayer pasados por agua durante varias horas de tormenta. Bien saben que los derechos de la infancia están íntimamente ligados a la estabilidad residencial. “Yo he trabajado en zonas vulnerables y he visto muchos problemas de desarrollo de lenguaje. Y cuando indagas es que vive una familia de 6-7 miembros en 20 metros cuadrados. Esa criatura que puede moverse, el desarrollo cerebral, el desarrollo neurológico de los tres primeros años de vida es a través del movimiento. No podemos pretender tener una educación de calidad sin una vivienda digna”, señala.
Las manifestantes han logrado situar la crisis de la vivienda en el debate público y la agenda política, hasta el punto de poner contra las cuerdas como nunca antes al gobierno de coalición
La sensación general de la acampada sigue siendo, no obstante, de triunfo. En los rostros de quienes todavía continuaban charlando o comiendo a la entrada de sus tiendas no había señal alguna de derrotismo ni ansiedad. Solo orgullo, esperanza y ganas de seguir dando la batalla con mayor intensidad. Durante esta semana de lucha que ha dado la vuelta al mundo, las manifestantes han logrado situar la crisis de la vivienda en el debate público y la agenda política, hasta el punto de poner contra las cuerdas como nunca antes al gobierno de coalición. Han convertido en posible lo que años atrás era casi impronunciable.
El discurso que señala como responsables de la emergencia habitacional a los fondos buitre y otros actores clave de la especulación se ha extendido incluso hacia capas de población joven despolitizada. De hecho, algunas creen que estos días han logrado tejer vínculos más sólidos entre las distintas organizaciones por la vivienda que han protagonizado el 26S: “Lo que ha pasado después de que haya caído el Real Decreto es que se ha formado una concentración de todas las organizaciones juntas, entrando a sol, hablando de que viva la lucha de la clase trabajadora y reivindicando la importancia de seguir organizadas”, han defendido algunas participantes.
Desde Sindicato de Vivienda de Carabanchel, una de las organizaciones de la acampada, Marta afirman que todo lo acontecido desde el desahucio de Maricarmen —quien gracias a la presión popular ha logrado recuperar finalmente su casa— ha servido para aglutinar y canalizar la rabia contenida de gran parte de la población. Para las organizaciones presentes en Sol, la acampada no es un fin sino un medio a través del cual arrancar acciones posteriores como protestas, movilizaciones y asambleas territoriales.
Aprovechando el altavoz mediático que ha traído consigo la lucha, “se han ido acercando determinados perfiles que quizás hace un par de semanas ni de broma se habrían planteado a empezar a militar o ir a una asamblea abierta y ahora lo contemplan como algo absolutamente necesario. Eso es un avance tremendo para los sindicatos”, comenta Marta ilusionada.
“Lo que hemos vivido estos días hará que mucha gente empiece a situar el problema de la vivienda como un problema estructural”, celebra Marta del Sindicato de Vivienda de Carabanchel
Aunque prefiere ser cauta a la hora de hablar de un posible viraje radical en la opinión pública y considera que deberá pasar un tiempo para comprobar los efectos sociológicos de esta semana, se enorgullece todo lo conseguido, que no es poco. “Lo que hemos vivido estos días hará que mucha gente empiece a situar el problema de la vivienda como un problema estructural”, celebra.
La juventud ha sido la gran protagonista de estos días, la mal llamada “generación de cristal” que se ha demostrado fundamental para tensionar a buena parte del gobierno estatal y regional. Desde los aledaños de su tienda, donde conversa con otros militantes que han pasado las últimas horas de la tarde achicando agua, nos recibe Raspu. A sus 20 años milita en la UJCE de Getafe y estudia un formación profesional en Producción Audiovisual. Estas seis noches en Sol ha compaginado la asistencia a clases en Carabanchel con la lucha en la acampada. Insiste en que su generación está hoy más concienciada que nunca sobre la coyuntura política y social que le rodea.
“La gente joven está activa en todo esto, lo que pasa es que se vende el relato de que la juventud es nazi porque a ciertos sectores del sistema capitalista les interesa vender ese relato. Pero la juventud no es nazi, de hecho mucha es abiertamente revolucionaria. La única diferencia es que ahora, por desgracia, no tienen vergüenza”, infiere. Ha descubierto cómo la autoorganización puede brindar esperanza a quienes muchas veces temen por su futuro en un mundo lleno de incertidumbres: “Puede parecer una cosa muy utópica, pero me levanto aquí, desayuno veo lo bien que todo funciona, cómo nos estamos limpiando todos, cómo a nadie le falta de nada. Entonces, me da una alegría que me quita de golpe el cansancio que pueda tener”, transmite emocionado.
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