Amazonía
¿El Amazonas convertido en sabana? La doble amenaza que se cierne sobre el pulmón del planeta
Coordinador de Clima y Medio Ambiente en El Salto. @pablorcebo.bsky.social, pablo.rivas@elsaltodiario.com
No se ha tirado la toalla, pero ya se da por imposible que, al menos temporalmente, la temperatura media del planeta Tierra aumente 1,5ºC por encima de los niveles preindustriales, salvo milagro en forma de toma de conciencia global total y su consecuente puesta en marcha de las acciones necesarias para contener la crisis climática. Ante ese paradigma, los estudios de cómo será el planeta en ese escenario se multiplican.
Este 6 de mayo ha salido a la luz un nuevo trabajo, realizado por el Instituto Potsdam para la Investigación sobre el Impacto del Cambio Climático (PIK, por sus siglas en inglés), en el que se vislumbra el futuro de la región amazónica en un contexto de calentamiento global creciente en combinación con la deforestación de la mencionada área.
“La deforestación hace que la Amazonía sea mucho menos resiliente de lo que habíamos previsto anteriormente”, explica Nico Wunderling
El estudio, que ha sido publicado en Nature, sostiene que, debido a las “presiones sin precedentes” que los humanos estamos ejerciendo sobre el sistema forestal amazónico y dado que los cambios que estas presiones producen se retroalimentan, en torno a dos terceras partes de la superficie total del bosque amazónico —entre un 62% y un 77%— corren el riesgo de perder su estabilidad como ecosistema si el calentamiento global asciende a un rango entre 1,5ºC y 1,9ºC y si esto se combina con una deforestación que alcance entre el 22% y el 28% de la región amazónica. Y con pérdida de estabilidad se refieren a la transformación del ecosistema a algo más parecido una sabana o un bosque degradado.
Partiendo de la base de que el área ya ha “perdido por completo” un 18% de su cubierta forestal, de acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) —unas cifras que manejan también organizaciones medioambientales—, y de que previsión de producción de combustibles fósiles prevista para 2030 duplica la compatible con un calentamiento no superior a 1,5ºC, el escenario planteado no parece nada alejado de la realidad.
Esto ocurre a pesar de que la pérdida de masa forestal en el área se redujo un 68% en 2025 respecto a 2024, según los datos del Observatorio Regional Amazónico. Una reducción que se ha producido fruto de la reducción de incendios en la región debido a políticas más conservacionistas y de mayor control, y a una recuperación tras dos años de sequía récord. No obstante, en 2025 se registraron 25.000 km2 afectados por la degradación y la deforestación de los bosques amazónicos, una situación que se suma a los 64.000 km2 que perdieron su cobertura vegetal o que sufrieron una fuerte degradación en 2024.
“La deforestación hace que la Amazonía sea mucho menos resiliente de lo que habíamos previsto anteriormente”, explica Nico Wunderling, autor principal del informe. “Reseca la atmósfera y debilita la propia generación de precipitaciones del bosque”.
Como explica Arie Staal, coautor del estudio, “el calentamiento global y la deforestación afectan a los mecanismos de retroalimentación de las precipitaciones en todo el sistema amazónico”
En el mismo sentido, el estudio señala que el pulmón del planeta, sin deforestación adicional, el umbral crítico por el que una parte importante de la cuenca amazónica perdería estabilidad sería muy superior: entre 3,7 y 4ºC. Además, afectaría a un área mucho menor, pues supondría la pérdida de estabilidad del bioma amazónico en alrededor de un tercio de su superficie.
En cualquier caso, Wunderling destaca que “incluso un calentamiento adicional moderado podría desencadenar efectos en cadena en grandes partes del bosque”.
Una cascada de consecuencias que afectan miles de kilómetros más allá
El estudio presentado este miércoles es el que cuantifica más detalladamente hasta la fecha cómo afectan combinadamente la crisis climática y la pérdida de masa arbórea al mayor pulmón del planeta. Para obtener los datos el equipo ha aplicado “un modelo de sistemas dinámicos para evaluar los riesgos de transición en cascada, tanto locales como de gran alcance, hacia la degradación de ecosistemas en el bioma amazónico bajo diferentes trayectorias socioeconómicas compartidas”.
Como explica Arie Staal, profesor adjunto de la Universidad de Utrecht (Países Bajos) y coautor del estudio, “el calentamiento global y la deforestación afectan a los mecanismos de retroalimentación de las precipitaciones en todo el sistema amazónico”. “Cuando la deforestación interrumpe el transporte de humedad en una zona de la Amazonía, regiones enteras situadas a cientos o incluso miles de kilómetros de distancia también pueden perder resiliencia debido a los efectos en cadena de la sequía”, añade.
La Amazonía genera la mitad de sus precipitaciones, con especial importancia de los árboles en este proceso: “Contribuyen con alrededor del 71% del agua transpirada”
Entre las consecuencias de estos cambios, provocados por la transformación de bosque amazónico en áreas de cultivo o de uso ganadero, se encuentra“un aumento de la intensidad de las sequías”, una idea que entronca directamente con el hecho de que en 2025 terminó la mayor sequía de la cuenca en un siglo.
“Una razón importante para un mayor riesgo de transiciones críticas es que tanto las sequías como la deforestación socavan el mecanismo de autoestabilización del bioma, el reciclaje de la humedad atmosférica, y podrían, por lo tanto, conducir a transiciones críticas más tempranas”, alerta el equipo científico. Eso se debe a que “parte de la precipitación que cae en el Amazonas proviene de fuentes externas y parte se recicla, procesos a los que los árboles contribuyen mediante el reciclaje de humedad atmosférica, absorbiendo agua de las capas del suelo y liberándola a través de sus hojas mediante transpiración como evaporación”.
Los datos sugieren que hasta el 50% de la precipitación del bosque amazónico se genera dentro de la cuenca. Es decir, la Amazonía genera la mitad de sus precipitaciones, con especial importancia de los árboles en este proceso: “Contribuyen con alrededor del 71% del agua transpirada, reciclando así aproximadamente el 26% de la precipitación de vuelta a la atmósfera”, se puede leer en el informe.
Los árboles liberan vapor de agua que posteriormente vuelve a caer en forma de lluvia sobre la cuenca amazónica. Sin embargo, “cuando se pierde la selva tropical, este reciclaje de humedad se debilita, aumenta el estrés por sequía y otras regiones forestales se vuelven más vulnerables a la degradación”, añade el equipo científico.
Es por ello que éste remarca la necesidad de detener la deforestación y restaurar la cubierta forestal para reforzar la resiliencia de la Amazonía ante la crisis climática. “Hasta ahora, la selva amazónica ha desempeñado un papel fundamental en la estabilización del sistema terrestre como sumidero de carbono, regulador del ciclo del agua y hogar de la biodiversidad terrestre más rica del planeta. La deforestación continuada está socavando esta estabilidad, lo que acerca al bosque a un punto de inflexión. Esto no solo sería devastador para la región, sino que podría tener consecuencias de gran alcance para todo el planeta”, afirma Johan Rockström, director del PIK y coautor del estudio.
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