De Barcelona a Cabeza del Buey. Tras las huellas de La Internacional en Extremadura (IV)

Un viaje a la historia profunda del movimiento obrero en Extremadura
La Flaca La Republica
La Flaca, 1873

A pesar de ser domingo, el 19 de junio de 1870 dos obreros albañiles fueron sepultados por un desprendimiento de tierra en los trabajos que estaban realizando en Las Hortes de San Bertran, Barcelona, un espacio que comenzaba a tomar cuerpo en la urbanización de terrenos cercanos a las canteras del Castillo de Montjuic. Uno resultaría muerto en el acto. El otro fue hospitalizado en estado muy grave. Ninguna de sus familias recibió ningún tipo de indemnización. Ni tan siquiera las condolencias por la empresa que les empleaba y les hacía trabajar durante toda la semana, sin descanso alguno, en jornadas que iban más allá de las 12 horas.

Ese mismo día, a las diez y media de la mañana, se había abierto en el Teatro del Circo de la ciudad condal la sesión inaugural del que se considera como primer Congreso Obrero español, organizado por las secciones españolas de la Asociación Internacional de los Trabajadores, La Internacional.

Los delegados a este congreso se vieron con dificultades para entrar en el recinto. Una gran concurrencia de hombres y mujeres se agolpaba desde las ocho de la mañana a las puertas del teatro, atraídos por las convocatorias aparecidas en los periódicos obreros del momento, tales como La Solidaridad de Madrid, La Federación de Barcelona y El Obrero de Palma. Los delegados que no eran de Barcelona habían ido llegando el día anterior a la ciudad, la mayor parte en tren, siendo recibidos con abrazos en la estación por quienes llevaban en general como distintivo, con el fin de ser reconocidos, algunos de los periódicos citados en la mano. 

En la mañana soleada de aquel domingo todo estaba dispuesto para la ocasión en el Teatro del Circo. En el patio de butacas, según la prensa de la época, había tantos hombres como mujeres, a mitades iguales[1], en su mayoría menores de 30 años. La indumentaria que más abundaba era la de la blusa de taller. En el centro del escenario la mesa presidencial, “ocupando el tablado del teatro, compuesta de hombres, en mangas de camisa unos, con blusa otros y otros con levita. El sombrero de copa, la clásica y ya escasa barretina y el gorro y el casquete, no designaban gerarquía (sic) alguna: eran variantes del traje común” (Roberto Robert).  Un poco más adelante algunas mesas habían sido dispuestas en los extremos del proscenio, para los oradores. Atrás de todo, al fondo, una hilera de coloridas banderas de diversas naciones, entre las que destacaban la de Estados Unidos y la de Suiza, por ser federaciones, recorría la escena de parte a parte. En el centro, entre todas ellas, figuraba un gran pendón de color rojo, en el que con grandes y muy legibles letras doradas podía leerse lo siguiente:

“Asociación Internacional de Trabajadores

Primer Congreso Obrero de la Región española

No más derechos sin deberes, no más deberes sin derechos”

Bajo el escenario, el espacio de la orquesta había sido reservado para los taquígrafos y los periodistas. De estos últimos acudieron pocos, vista la escasa repercusión que tuvo la convocatoria entre los periódicos burgueses. Cabe reseñar las crónicas vertidas por el Diario de Barcelona en sus ediciones del 3 y 24 de julio, muy contrarias a la intencionalidad y resultados del evento.

Las primeras filas del patio de butacas estaban reservadas para los delegados, llegados de la misma Barcelona y de muy dispares lugares de España, incluso de Francia. 94 hombres, de los que cuatro se incorporarían más tarde, representaban a 150 sociedades obreras, repartidas en 39 poblaciones, llegados de Cataluña, Andalucía, Castilla la Nueva, Levante, Castilla la Vieja y Baleares. La expectación aquel domingo entre quienes se agolpaban a las puertas del teatro era máxima. También lo eran las esperanzas de cambio.

En aquel primer congreso se debatieron, bajo un calor sofocante por el que los oradores se veían obligados “a desabrocharse el cuello de la camisa y arremangarse de brazos”, las cuestiones que habían planteado las secciones participantes, tales como los bajos salarios, las jornadas laborales extenuantes, la explotación en todas sus vertientes, incluida la de mujeres y niños, la desilusión tras la revolución de septiembre de 1868, el desengaño ante la política y la desconfianza hacia los políticos, la ausencia total de educación y enseñanza para las clases trabajadoras, la falta de solidaridad de clase entre los compañeros y otros tantos males que aquejaban a esta nueva clase social del proletariado, dominado en buena parte por las ideas bakuninistas y de carácter ácrata hasta principios del siglo XX. Todo ello apenas un año y medio después de la llegada de Giuseppe Fanelli a España, como enviado de Bakunin, y de su contacto con los núcleos organizadores de La Internacional en Madrid y Barcelona.

Un día después de su clausura, el domingo 26, tocaba despedir a los delegados. Grandes grupos de obreros y obreras se agolpaban tanto dentro como fuera del teatro desde las siete de la mañana. A las ocho (algunos medios señalan las nueve) partió una manifestación bastante populosa de hombres y mujeres, a cuatro de fondo, precedidos por el pendón rojo que había presidido las sesiones del congreso. Como narró uno de los asistentes, al final de la manifestación iba un suntuoso carromato, sobre el cual había colocados, en artísticos grupos, los instrumentos de trabajo, con sus características, de todas las artes y oficios, entrelazados con ramos de laurel, destacando también las banderas de cuyos países la Asociación Internacional tenía afiliados, figurando, en lugar visible, los lemas de Verdad, Justicia y Moral, base de la Asociación y lema del periódico La Federación, dirigido por Rafael Farga Pellicer[2].

La manifestación recorrió el camino hasta el Paseo de Gracia, en fraternal unión y actitud festiva. El acto de clausura se celebraría en el Teatro de Novedades, inaugurado apenas un año antes y con capacidad para 1.200 espectadores y espectadoras. Muchos de los manifestantes tuvieron que quedarse fuera. Tras explicar algunos de los delegados los acuerdos adoptados, el acto fue cerrado por el ciudadano Farga Pellicer, quien había abierto el Congreso. En su discurso final hizo notar la gran obra de la Internacional concluyendo ante el numeroso auditorio que, “conforme con los acuerdos del Congreso y las aspiraciones justas y verdaderas de las clases trabajadoras, sólo la Revolución social podía realizar nuestra emancipación social”.

Del patio de butacas se levantó un solo grito, una sola voz, la de todos los obreros y obreras presentes, que como una sola persona gritaron “¡Viva La Internacional!”, con lo que se dio final definitivo al Congreso. Acto seguido se ofreció en un salón anexo un fraternal te a los delegados, durante el cual se siguieron pronunciando discursos.

A la una de la tarde se disolvió la reunión. Sus acuerdos fundamentales, adoptados por una mayoría aplastante, fueron coincidentes con el lema que Francisco Tomás Oliver, albañil y delegado de los obreros mallorquines, había expuesto en El Obrero de Palma. A saber: en política, anarquistas, en economía, colectivistas, en religión, ateos[3]. En poco tiempo la Federación Regional de Trabajadores[4] de España echaría a andar.

A partir de entonces la voz de la Internacional recorrería toda la península y las islas. Las secciones de los diferentes oficios constituirían las federaciones locales en los pueblos o ciudades, y estas, unidas entre sí, las federaciones comarcales, que integrarían la recién nacida FRE de la AIT. Una comisión federal, nombrada en el Congreso de Barcelona, sería la encargada de coordinar la labor de propaganda y fomento de las nuevas organizaciones, enmarcadas en cinco Comarcas: Norte, Sur, Este, Oeste y Centro. Extremadura pertenecería a la Comarca del Oeste, con el tipógrafo Hipólito Pauly[5] como secretario corresponsal. A esta comarca pertenecerían las provincias de Badajoz, Cáceres, Salamanca , Zamora y León[6].

Salud, Anarquía y Colectivismo. Los primeros años. En Extremadura.

Por las actas del consejo o comisión federal de la región española y los periódicos de la época podemos seguir el recorrido, lento pero sin pausa, de La Internacional en Extremadura, caracterizado por numerosos intentos de núcleos aislados, algunos con éxito y otros no. En muchos de ellos tuvo que ver, sin duda, la figura de Agustín Cervantes del Castillo Valero, muy ligada por entonces a Córdoba, pero con diversas idas y venidas a la ciudad donde residían aún sus padres, Cáceres.

Agustín Cervantes del Castillo Valero, de quien ya hablamos en otro lugar[7], realizó una excelente labor de propaganda de La Internacional en ambas provincias extremeñas.  Internacionalista de primera hora, su figura ha pasado desapercibida por el academicismo histórico, a pesar de que suya es, tal vez, la primera obra sobre obrerismo escrita por un extremeño, Tres discursos socialistas, publicado en Córdoba en 1872 y dedicado a Pi y Margall, poco antes de la celebración del congreso de la FRE que tendría lugar en esta ciudad entre finales de ese año y principios del siguiente, germen de los principios del anarcosindicalismo español. Cervantes del Castillo, catedrático también después en el Instituto provincial de Badajoz, olvidado entre el distinguido claustro de profesores krausistas, participó, desde primera línea y desde su residencia en esta ciudad, en la organización y celebración de este Congreso fundacional.

Sus idas y venidas a Córdoba, donde disponía de una plaza como catedrático del Instituto y Universidad Libre, señalan su labor de propaganda, dado que buena parte de los focos del internacionalismo extremeño -Aceuchal, Villalba de los Barros, La Morera, Nogales, Bienvenida, Fuente de Cantos, Fregenal de la Sierra y otros- se sitúan en el recorrido o cercanías de la carretera que unía ambas capitales: Córdoba y Badajoz. En cuanto a la provincia de Cáceres -Cañaveral, Plasencia, Brozas, Guijo de Granadilla, Trujillo, Almaraz…-, son numerosas las comunicaciones recibidas por el consejo federal informando que el compañero Agustín está realizando una excelente labor de propaganda.

Según Max Nettlau[8], entre septiembre de 1870 y agosto de 1871, la FRE contó en España con 13 federaciones locales y 33 en constitución. Entre estas últimas había una extremeña, la de Cabeza del Buey, provincia de Badajoz.

Desde 1861, más de 2.500 obreros trabajaban en el ferrocarril que uniría Madrid con Portugal.   La línea que prestaba servicio de Ciudad Real a Badajoz fue inaugurada el 20 de febrero de 1869. El tren salía de Ciudad Real a las 6.30 de la madrugada y llegaba a su destino, Badajoz, a las 5.30 de la tarde. Once horas de trayecto. Los viajeros y viajeras, que podían viajar en 1ª, 2ª o 3ª clase, almorzaban en Almorchón, perteneciente al municipio de Cabeza de Buey (Badajoz) durante una parada entre las 11:28 y las 11:53[9].

Almorchón supuso un nudo ferroviario en las comunicaciones trazadas entre Madrid y Portugal y Madrid y Córdoba. Debe su nombre a La Puebla de Almorchón, un poblado situado a las faldas de un castillo ruinoso que se alza sobre un cerro rocoso, muy cercano a Cabeza del Buey.

Pero lo que dio impulso a la futura actividad ferroviaria de esta estación de Almorchón, fue la construcción de la línea Castillo de Almorchón-Bélmez.

Esta línea posibilitaría la salida a la red ferroviaria nacional de la producción minera de carbones de la comarca cordobesa de Los Pedroches, circunstancia que contribuyó a potenciar la importancia del nudo ferroviario de Almorchón, ahora empalme de ambas líneas y de crucial importancia para el transporte de mercancías, donde en poco tiempo se establecería uno de los primeros poblados ferroviarios de España, y sin duda el primero de Extremadura, gestionado a partir de 1879, junto a las líneas que enlazaban con Almorchón, por la compañía MZA. Esta actividad industrial, unida al nudo de comunicaciones, posibilitaría que la nueva propaganda internacionalista llegara a esta localidad extremeña.

Estación de Almorchón, 1918.
Estación de Almorchón, 1918, Fototeca Archivo Histórico Ferroviario

En el acta de la sesión celebrada por el consejo federal de la FRE del 5 de enero de 1871, se informa de que, a través de la redacción de La Solidaridad, se le solicitan desde Cabeza del Buey estatutos para fundar en dicho pueblo una sección de la Internacional[10]. Sin embargo, aunque son varias las ocasiones en que se repite la correspondencia en este sentido, no hemos encontrado constancia de que dicha fundación se produjera. Todavía en las actas del segundo congreso obrero de la Federación Regional Española, celebrado de modo secreto en Zaragoza entre el 1 y el 11 de abril de 1872, Cabeza del Buey se encuentra entre las localidades en que se espera empiecen a constituir la Federación. También aparecen en estas actas Plasencia y Calzadilla de los Barros.

¿Retraimiento o abstencionismo frente a la política?

En las elecciones a Cortes de abril de 1872 se da un fuerte abstencionismo en Cabeza del Buey. Ninguno de los 2.000 electores con derecho al voto mediante el sufragio universal masculino ejerció el mismo. “Dos mil electores cuenta el pueblo”, decía la prensa[11], “y todos unánimemente han convenido permanecer quietos en sus casas, no satisfaciéndoles el candidato ministerial ni el de oposición”. El periódico en cuestión informaba de que las propiedades particulares eran escrupulosamente respetadas en Cabeza del Buey, las autoridades municipales se elegían con el concurso del mayor número y la Milicia Nacional no costaba un maravedí, porque no la había. “Es un pueblo”, concluía, “que pudiera servir de modelo”.

Según el comentarista, el abstencionismo se debería al retraimiento inspirado por Jacinto Balmaseda y Gómez Bravo, diputado en diversas legislaturas por el partido moderado, nacido en Cabeza del Buey en 1817 y senador por la provincia de Badajoz entre 1876 y 1877. Nos queda la duda de saber si otra lectura, guiada por la influencia del asociacionismo obrero en la población, tanto jornalero como industrial, podría justificar el abstencionismo mediante el cumplimiento de los acuerdos del Congreso de Barcelona sobre apoliticismo.  Como ya hemos señalado antes, en el movimiento obrero confluían individuos de ideas federalistas, partidarios de la representación política, frente a individuos de ideas anarquistas, contrarias a dicha participación. Sin embargo, el Congreso de Barcelona “recomienda a todas las secciones de la Asociación Internacional de los Trabajadores que renuncien a toda acción corporativa que tenga por objeto efectuar la transformación social por medio de las reformas políticas nacionales y les invita a emplear toda su actividad en la constitución federativa de los cuerpos de oficio único medio de asegurar la revolución social”[12].

Algunos historiadores han querido desligar el apoliticismo resultante del Congreso de Barcelona del bakuninismo abstencionista, con el argumento de que las sociedades obreras debían ser apolíticas para que en La Internacional pudieran caber todos los obreros.  Sin embargo, como señala en este aspecto Olaya Morales, “las pequeñas minorías de mutualistas, cooperativistas y demócratas o republicanos, carecieron de fuerza de persuasión para desviar el curso de la historia del movimiento obrero español”[13]. Como prueba de todo ello quedó el manifiesto publicado por los republicanos que habían participado en el Congreso en La Igualdad, Diario Republicano Federal, de 3 de julio de 1870, página 1, en el que protestaban contra el acuerdo del Congreso de rechazo a la participación y representación política.

Pronto la Internacional se extendería por tierras extremeñas, al igual que por el resto del Estado español. Las fuerzas reaccionarias no serían ajenas a este desarrollo, y en consecuencia actuarían en contra de la organización obrera. En breve resonarían también en estas tierras los ecos que llegarían de la Comuna francesa.

 

Próximo artículo:

Propaganda y clandestinidad de la FRE AIT extremeña

[1]La Ilustración de Madrid, 12-07-1870, p. 14. Amplio reportaje sobre el congreso a cargo del periodista Roberto Robert, asistente. Acompaña al artículo un excelente grabado sobre el Congreso, realizado por José Luis Pellicer. Sobre el papel de la mujer en el Congreso, se decía en el artículo de Roberto Robert: “Aquella numerosa muchedumbre no estaba compuesta de hombres solos: las mujeres formaron en alguna ocasión la mitad de la concurrencia, y aquellos jornaleros no solo trataron de su precaria suerte y de los precios de los jornales; no acudieron al Congreso con un concepto personal, individual de sus tareas, sino que su ruda palabra fue blanda y piadosa para la suerte del sexo débil, y tan sentida como enérgica al protestar contra la suerte que condena a rudos trabajos materiales a la que ha de llevar en su seno y amamantar al hombre”.  La asistencia de las mujeres al Congreso se puede observar también en el grabado.

[2] Internacionalista de primera hora. Tenía 26 años cuando asistió al congreso, encargado de abrirlo y cerrarlo.  Tipógrafo e ilustrador, había conocido personalmente a Bakunin y publicaría después la Biografía de M. Bakounine. Sus ideales y tácticas. La escuela en el porvenir, La Coruña, Biblioteca Aurora, s. f.

[3] Francisco Olaya Morales, Historia del movimiento obrero español (siglo XIX), Nossa y J. Editores, Madre Tierra, Salamanca, 1994, p. 339.

[4] Según Estadística de la Federación regional española desde su fundación hasta la celebración de la Conferencia Universal de Londres en septiembre de 1871, la FREse constituyó definitivamente en septiembre de 1870. Referencia dada por Josep Termes en Anarquismo y sindicalismo en España. La Primera Internacional (1864-1881), Ediciones Ariel, Barcelona, 1971, p. 118. Termes toma la referencia de Max Nettlau, Documentos inéditos sobre la Internacional y la Alianza en España, pp. 27-28.

[5] Hipólito Pauly, impresor y maestro de escuela, formó parte del consejo de redacción de La Emancipación. Más tarde sería uno de los que constituyeron, junto a Pablo Iglesias Posse, la Nueva Federación Madrileña, grupo marxista de la AIT y núcleo fundacional del PSOE, expulsados de la FRE AIT.

[6] Desarrollo del Congreso en la prensa de la época y exhaustivo estudio en I Congreso Obrero Español, Estudio preliminar y notas de Víctor Manuel Arbeloa, edición del autor, Madrid, 1972.

[7] Chema Álvarez Rodríguez, Extremadura anarquista. Siglo y medio de movimiento libertario, represión y contracultura, Editorial Jarramplas, Mérida, 2022.

[8] Max Nettlau, Miguel Bakunin, La Internacional y La Alianza en España, 1868-1873, Ediciones de La Piqueta, 3ª Edición, Madrid, 1977, y Max Nettlau, Impresiones sobre el socialismo en España, Ediciones Al Margen, Valencia, 2022.

[9]Año 1869, Guía Oficial de los Caminos de Hierro de España y Portugal, Indicador del viajero y del comerciante, publicado con la aprobación de las compañías, Tipografía de G. Estrada, págs.. 48 y 49, indicadoras de Ferrocarril de Ciudad Real a Badajoz y ramal de Almorchón a las minas de Bélmez, y viceversa.

[10] Extraemos abundante documentación sobre el devenir de la AIT en Extremadura gracias a las Actas, cartas, comunicaciones y circulares del Consejo (o Comisión) Federal de la Región Española (1870-1874), Tomos del 1 al 7, estudios de Carlos Seco Serrano y María Teresa Martínez de Sas, digitalizadas por el fondo Cedall, Centro de documentación para la difusión de la memoria histórica antiautoritaria y libertaria de los procesos históricos  acaecidos en el Estado español a lo largo del siglo XX, Cedall.org.

[11]La Libertad, 4-4-1872, p. 3

[12] Juan Gómez Casas, Historia del anarcosindicalismo español, Editorial ZIX, 1969, p. 39.

[13] Francisco Olaya Morales, Historia del movimiento obrero español, siglo XIX, p. 339

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En febrero de 1870 se constituyó la primera sección de La Internacional en Extremadura, apenas un año después de que apareciera la primera sección de Madrid. Iniciamos un conjunto de artículos sobre los pasos de la AIT por tierras extremeñas.
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