Ayuntamiento de Madrid
La FRAVM recurre la ordenanza de terrazas del Ayuntamiento por vulnerar el derecho al espacio público
La Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) ha iniciado una ofensiva judicial contra la normativa municipal que regula las terrazas de hostelería en Madrid. La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) admitió a trámite el pasado 9 de febrero el recurso presentado por la federación contra la Ordenanza 7/2025, de 25 de noviembre, de Terrazas y Quioscos de Hostelería y Restauración del Ayuntamiento de Madrid, como anunció la federación vecinal este miércoles.
Este recurso es “un paso que damos para la defensa de los derechos de la ciudadanía ante una ordenanza que está hecha al servicio del sector de la hostelería, en la que el Ayuntamiento de Madrid entrega las llaves de la ciudad a un sector claramente incumplidor”, asegura Jorge Nacarino, presidente de la FRAVM.
Desde la entidad siempre han denunciado que la nueva normativa se elaboró sin escuchar las necesidades de los vecinos y vecinas. De las 43 alegaciones que la FRAVM presentó a la ordenanza, el Ayuntamiento no aceptó ninguna, a pesar de que algunas eran “sencillas y asumibles”, como la constitución de un consejo de terrazas para garantizar la participación de todos los implicados, y “de sentido común”, como la separación de dos metros y medio zonas infantiles, la eliminación del almacenamiento en calle o el cambio en el horario de las terrazas, una medida “que los propios informes admitían que era la única herramienta para el descanso vecinal”, dice Nacarino.
“Nuestras líneas son la convivencia entre el vecindario y la hostelería, exigir la defensa del interés general, y pedir especial atención a las capacidades distintas y seguridad en circulación y seguridad vial”: FRAVM
Raúl Maíllo, abogado de la entidad, explica que entre los argumentos del recurso, todavía en fase inicial, está la falta de un informe del impacto presupuestario o del medioambiental, el mismo motivo por el que el TSJM tumbó la anterior ordenanza en 2024. “Nuestras líneas son la convivencia entre el vecindario y la hostelería, exigir la defensa del interés general, y pedir especial atención a las capacidades distintas y seguridad en circulación y seguridad vial”, explica Maíllo.
Entre los elementos que piden al Tribunal Superior de Justicia que corrija de la ordenanza están la consideración de ciertas situaciones como excepcionales cuando, en la práctica, son la norma (como la apilación de mobiliario en el espacio público) o la no consideración de los riesgos laborales: “Es una escena cotidiana ver a camareros jugándose la vida cruzando pasos de cebra, con las bandejas, en situación de riesgo porque las terrazas se imponen sobre la seguridad vial”, pone como ejemplo.
Una ordenanza que se incumple
Pilar Rodríguez, portavoz del Grupo de Terrazas de la FRAVM, da algunos datos que ilustran hasta dónde se ha extendido esta práctica en la capital: según el censo de terrazas del Ayuntamiento de Madrid de febrero de 2026, en Madrid ciudad hay 6.472 terrazas que ocupan más de 196.000 metros cuadrados. Suman 63.800 mesas, 204.959 sillas, 450 mesas altas y 826 veladores. Son datos que pueden quedarse cortos porque este censo “no recoge todo lo que hay en la calle, y solo son datos estacionales”, dice. Más del 70% de estas sillas y mesas están concentradas en cinco de los 21 distritos de Madrid, como Chamberí, donde reside ella.
Sin embargo, considera que lo más grave son los incumplimientos por parte del sector hostelero. “El primero, el horario. Tienen un horario ya de por sí incompatible con la vida de los residentes, pero además lo incumplen en muchos casos. Tienen autorización para cerrar antes de la 1 y media de la madrugada, deben tener para entonces recogida la terraza, pero la excepción es que eso se dé”, denuncia.
La FRAVM advierte de aspectos que dificultan el paso a las personas con movilidad reducida, y que tampoco se suelen respetar: dejar libre un espacio para que los conductores salgan del coche o despejar los encaminamientos
Además, enumera otros aspectos de la ordenanza que desde su asociación vecinal vienen comprobando que jamás se respetan, como la obligación de dejar un espacio frente a los portales o el pasillo de metro y medio de separación que debe haber entre las terrazas de dos establecimientos. También advierte de aspectos que dificultan el paso a las personas con movilidad reducida, y que tampoco se suelen respetar: dejar libre un espacio para que los conductores salgan del coche o despejar los encaminamientos, unos elementos que “están pensados para gente con discapacidad pueda acceder, y resulta que están ocupadas por sillas y sombrillas”.
Por último, cree que los veladores, o terrazas cerradas, “deberían desaparecer de las calles, son una especie de construcción privada en las aceras que son de todos. Nunca pueden ocupan más del 50% de la acera, pero si os dais un paseo, por ejemplo por la calle Santa Engracia, podéis ver que ocupan más. Todo esto dificulta el paso”.
El impacto en la vida de los residentes
Esas dificultades restringen y empeoran el paseo de las personas, sobre todo de aquellas con alguna discapacidad o movilidad reducida. “Normalmente en la calle nos encontramos con bastantes dificultades de modo natural, pero partiendo de la base de que la calle es de todos, para convivir necesitamos un ordenamiento. En ese ordenamiento entiendo que la parte a proteger prioritariamente es el peatón, y si tiene dificultades de movilidad, con mayor motivo”, opina Carmen Bonet, portavoz de la Comisión de Diversidad Funcional y Accesibilidad de la federación.
Como persona ciega, Bonet explica cómo es caminar por calles llenas de terrazas, con numerosos ejemplos: “No siempre se respeta la línea de fachada. El apilamiento [de mesas o sillas] suele hacerse en la fachada, es una molestia que tienes que esquivar. Las mesas redondas altas suelen ser de una pata, muy inestables, es fácil tirarlas, te la encuentras antes con el hombro que con el bastón. Los carteles perpendiculares a la fachada no aportan gran cosa y molestan, tampoco los sueles encontrar con el bastón”. También denuncia que hay que sortear mesas al intentar acceder a la parada de autobús, a pesar de que la normativa dice que deben tener un perímetro libre para, precisamente, facilitar el acceso a personas como ella.
Carmen Bonet, quien es una persona ciega, asegura que cuando intenta denunciar los incumplimientos de la ordenanza, jamás hay respuesta. “No sirve de nada, es decepcionante. Una espera de su ayuntamiento que se ocupe de los vecinos...”
Además, le preocupan temas como el ruido o el uso de estufas en la calle, que fomentan el cambio climático: “Se habla de la estacionalidad. Ya tomaremos las cañas en verano, no hace falta tomarlas en invierno en la calle”, dice. Sin embargo, cuando intenta denunciar los incumplimientos de la ordenanza al Ayuntamiento, asegura que jamás hay respuesta. “No sirve de nada, es decepcionante. Una espera de su ayuntamiento que se ocupe de los vecinos”, añade. “Creo que como ciudadanos no estamos suficientemente respetados”.
Rodríguez advierte también de que la nueva ordenanza endurece las sanciones pero no va a acompañada de un aumento de los recursos municipales de vigilancia y control. Nacarino coincide: “Nos encontramos ante un sector el de la hostelería claramente incumplidor, que incluso a pesar de tener una ordenanza hecha a su medida, en sus alegaciones que presentó pedía elevar el horario en las terrazas los fines de semana hasta las dos y media de la mañana o eliminar todos los elementos fonoabsorbentes”, dice. Mientras que desde su asociación han logrado llegar a acuerdos con otros sectores, como el del ocio nocturno o el hotelero, “no podemos hacerlo con hostelería Madrid, porque están en una posición realmente obstruccionista”. Frente a este escenario, confían en que su acción legal siga la línea de la defensa de derechos ciudadanos como el descanso, la accesibilidad y el uso equilibrado del espacio público.
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