Más Madrid: los bandos acercan posiciones aunque el cabreo ahora se convierte en obstáculo

Tras la tormenta interna a comienzos de semana, los sectores de Mónica García y Emilio Delgado acuerdan bajar los decibeles y esperan retomar pronto las negociaciones interrumpidas hace diez días. Sin embargo, el fuerte enfado por las filtraciones y la deriva elegida por el mostoleño y las diferencias sobre las primarias se han convertido en un atolladero.
Verbena Más Madrid 2026
Rita Maestre, Mónica García, Manuela Bergerot, Eduardo Rubiño y Emilio Delgado, todos miembros de Más Madrid, en la pasada verbena 'La Madrileña' organizada por el partido autonómico el pasado 25 de abril. Foto: X Más Madrid.
3 may 2026 06:00 | Actualizado: 3 may 2026 07:57

¿Pero no estaba ya anunciada tu candidatura?”, le preguntaba un sorprendido presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a la ministra de Sanidad, Mónica García, cuando lo llamó en la víspera de la verbena anual de Más Madrid para hacerle saber que repetiría como candidata a presidenta regional.

Ella estaba haciendo la cena para sus hijos y tenía varias llamadas perdidas de Moncloa, por lo que la conversación, buscada más temprano, la pilló de sorpresa. Mismo asombro con el que pilló a muchos simpatizantes de Más Madrid que anunciara en esa verbena su decisión. Algunos daban por seguro que ella continuaría en la órbita estatal y no volvería a “bajar” a Madrid. Finalmente, su deseo es volver a enfrentar a Isabel Díaz-Ayuso, como en 2021 y 2023.

‘Delgadistas’ y ‘moniquillos’, como empiezan a llamarse mutuamente en las segundas y terceras líneas de la formación (“me gusta más ‘delgadista’ que ‘emilista’, comenta con una sonrisa uno de los fieles al mostoleño) han alcanzado su momento de mayor enfrentamiento por el anuncio de García, sobre el cual Delgado no estuvo de acuerdo, esperando que antes de decir en público cualquier candidatura se llegara a un pacto.

El enganchón televisivo entre García y Delgado en directo en la Sexta y aún más las filtraciones de conversaciones privadas y hasta intercambios de chats, además de opiniones sulfurosas en redes sociales, han abierto un surco mayor y lo han expuesto públicamente. El conflicto existía y El Salto lo develaba hace más de dos meses en detalle pero esta semana ha detonado pública y abiertamente.

Las negociaciones formales se han paralizado desde el momento en que la ministra le informó al diputado autonómico que anunciaría en la verbena su precandidatura. Hasta el cierre de esta pieza, no tenían fecha exacta para retomarse pero fuentes calificadas de ambos sectores han asegurado a El Salto su voluntad de volver a negociar pronto y “llegar a un acuerdo de unidad”, es decir, una lista conjunta.

Lo que sí se pactó, por vías informales y confirmado también por ambos bandos, es bajar los decibeles, poner freno a las filtraciones dañinas y dejar de combatirse públicamente, sea en medios o redes sociales. Se espera que la espuma baje y eso habilite una mejor y definitiva negociación.

Pero las partes no se están de acuerdo en casi nada de los últimos acontecimientos, ni siquiera en el origen de las filtraciones (cada uno aseguro que los chats los ha filtrado alguien del otro bando). Hablar con personas de los dos sectores es entrar en un ping pong de confusión.

Más Madrid es un partido más diverso de lo que se percibe en el escenario mediático y eso, en tiempos de crisis, se nota más

Tampoco se trata de dos bloques monolíticos. Más Madrid es un partido más diverso de lo que se percibe en el escenario mediático y eso, en tiempos de crisis, se nota más. Entre quienes se enrolan con la ministra hay quienes quieren ir ya a primarias y creen que la unidad es casi imposible, y los que creen que debe alcanzarse un acuerdo integral y tener más generosidad.

Todos expresan un enfado colosal. Uno de los dirigentes más cercanos a la portavoz Manuela Bergerot comenta que tanto ella como García “están muy cabreadas” por las filtraciones y la táctica de Delgado: “Es horroroso lo que se ha visto, ajeno a lo que habíamos conseguido que fuera Más Madrid, se hace daño al partido y a mucha gente de las bases le está sentando fatal”.

“En Izquierda Unida la guerra interna era muy virulenta al punto que los queríamos ver presos a los de Caja Marid, pero había normas de Ginebra en esa guerra. En Podemos ni siquiera, era un vale todo. Y esto se está pareciendo a aquel Podemos del vale todo”, relata un cargo con escaño que tuvo experiencias en los tres espacios.

Palabras como “victimismo” y “chantaje” frente a que no se le da “lo que quiere entonces sino rompe el partido” aparecen contra Delgado, visto por algunos ‘moniquillos’ como un “Rufián castizo que optó por un proyecto personalista”. A diferencia de hace unos meses, es perceptible el encono crecido estos días y eso podría hacer peligrar llevar a buen puerto las negociaciones.

La versión formal del entorno de Mónica García, según han respondido a El Salto, es que “siempre” están “dispuestos a seguir hablando y alcanzar acuerdos y que las distintas sensibilidades se sientan representadas” y recuerdan que, días previos a la crisis estallada en la verbena, había sobre la mesa de Delgado una propuesta para que sea el número 2 en la lista para las autonómicas y el número 1 para el Congreso cuando sean las generales, además de espacios para personas de su sector. Es por ello que están “sorprendidos por la reacción” aunque reiteran que les gustaría “acordar lo antes posible”

Una perestroika para Más Madrid

Disputa por cargos, disputa por poder, por más espacios en los medios, o cambio ideológico. ¿Qué quieren los ‘delgadistas’? ¿Qué ha llevado a este grupo, minoritario internamente, a generar la peor turbulencia del partido más fuerte de la izquierda de la Comunidad de Madrid?

Pues los más ‘halcones’ anhelan una rediscusión integral en un Congreso partidario que, dicen, tendría que haber ocurrido en 2024 pero admiten que ya es “demasiado tarde para hacerlo”. Razón tienen: en solo 11 meses ya será el cierre de listas y la campaña por las municipales y autonómicas. Los más avezados desean una ponencia política “con una profunda revisión” que actualice el posicionamiento ideológico y cambien la estructura jurídica del partido, llevándolo a un modelo de PNV, en el que el líder tenga más límites y no pueda ser también candidato.

A esta visión muy sigloventista se le suma la disputa por el poder en las papeletas. Delgado, como adelantó El Salto hace más de dos meses, tiene más interés en ir al Congreso y liderar la lista del frente con IU, Sumar y Comuns (un frente del cual también se quejan porque no se debatió internamente), con capacidad de decisión en el tipo de campaña y recursos. Si eso no ocurriese, disputaría en el ámbito autonómico primarias, ya que García ha confirmado que competirá.

El problema de las primarias es mayúsculo: la interpretación entre los dos bandos es diametralmente distinta, básicamente los ‘delgadistas’ se oponen al “reglamento de primarias” aprobado hace un mes

El problema de las primarias es mayúsculo: la interpretación entre los dos bandos es diametralmente distinta. Sin entrar en la ciénaga jurídica que son los estatutos, los comités de garantías y las decisiones de la Mesa Regional, básicamente los ‘delgadistas’ se oponen al “reglamento de primarias” aprobado hace un mes.

Ese reglamento, que proviene del congreso del año pasado conformado para cambiar los estatutos, establece que en unas primarias pueden votar los afiliados y simpatizantes (son las dos figuras en una formación que no tiene cuota paga) solo en ciudades de más de 500.000 habitantes o en municipios las que haya más de 50 militantes en activo. A criterio de los ‘delgadistas’, esto no encajaría en una primaria para cargos no municipales sino de diputados autonómicos lo que llevaría a que solo puedan votar unas 800 personas (militantes activos) de los cuales casi la mitad son cargos.

Los de Delgado creen que la cúpula del partido intenta una encerrona para asegurarse un eventual triunfo en unas primarias

En Más Madrid, a día de hoy, hay unos 34.000 inscritos, pero según el estatuto es considerado con posibilidad de voto (ya que no hay pago de cuota) quien haya participado en algún tipo de actividad militante en los seis meses previos a la primaria convocada. Por todo este enredo jurídico, los de Delgado creen que la cúpula del partido intenta una encerrona para asegurarse un eventual triunfo en unas primarias. Quizás por eso muchos quieren evitarlas: por lo visto no estarían exentas de fuerte polémica.

El bloque ‘delgadista’ es aún menos homogéneo que el de García. Más desestructurado y con bastión en los municipios del sur de la comunidad, los une el cariño al mostoleño y el cansancio con una dirección con la que no se sienten representados. El diputado tiene dos alfiles en toda esta aventura que también disienten: Jorge Moruno, muy respetado por su perfil intelectual, es más enfático en que hay que llegar a acuerdos de unidad y cree que Delgado debe irse al Congreso.

El otro alfil es Alberto Oliver, de un estilo más confrontativo, estudioso obsesivo de los estatutos del partido y que cree que Delgado debería quedarse a confrontar con Ayuso y promover una reforma integral del partido. Quienes formaron parte de las negociaciones entre los bandos comentan que según qué interlocutor envíe García, Delgado pone en la mesa a Moruno o Oliver: “Si quiere confrontación, manda a Oliver y si quiere posición conciliadora, manda a Moruno”.

Algo que exaspera a varios ‘delgadistas’ es que los de la ejecutiva “confunden el partido con la candidatura de Mónica y esto no es el partido contra Emilio sino una candidatura contra la otra”, y citan como ejemplo la difusión en las redes sociales de Más Madrid del anuncio de la ministra en la verbena, en un exceso de personalismo y parcialidad, según su juicio.

“Ahora toca ser discreto para tener un escenario lo mejor posible y lo antes posible”, ha dicho Delgado a los dirigentes más cercanos horas antes del comienzo del festivo, y ha pedido “trabajar con discreción”. Nadie está contento con el espectáculo estilo Vistalegre II de esta semana. Empujados por la negación a repetir ese pasado al que no quieren volver, es muy probable que se retomen las negociaciones en los próximos días y que haya un acuerdo de unidad, aunque sea de mínimos y que postergue los debates de fondo. Si eso no ocurre, el desenlace parece todo menos auspicioso.

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