Desahucios
Paca Blanco, “la ocupante ignorada” a la que la EMVS niega una negociación para evitar su desahucio el 23F
Hace un par de semanas su trabajadora social llama a Paco Blanco y le dice que el desahucio está parado. Pero la experimentada activista, curada en decenas de batallas personales y colectivas, no se fio. Junto con su abogada fue a los juzgados a preguntar y allí les dicen que no, que no se ha parado. Desde que la activista se enteró de la orden de desahucio han sido interminables los ires y venires, los dichos y no dichos. Paca Blanco reside en el barrio sur de Retiro en una vivienda de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo (EMVS), desde hace 12 años.
La orden de desahucio que ha emitido la EMVS sobre la vivienda que habita Paca Blanco está a nombre de su hijo, al que le adjudicaron el piso hace años y quien se fue a vivir al extranjero y se encuentra ilocalizable. Ésta situación pone en duda que el lanzamiento, previsto para el 23 de febrero, se vaya a poder ejecutar. Paca se encuentra ahora considerada como “ocupante ignorada”, una figura que como su nombre lo indica, parece que no va a ser tomada en cuenta en el asunto, a pesar de que lleve más de una década viviendo en ese piso.
En entrevista con El Salto, Blanco asegura que la EMVS le achaca no haberse hecho cargo de hacerle llegar el documento de desalojo a su hijo: “Le dije al juzgado, 'yo me hago cargo de que lo he recibido, pero no de hacérselo llegar'”, porque insiste, no sabe dónde se encuentra. El proceso llevaría a que, si se comprueba que la persona titular está ilocalizable, se tendrá que publicar en el BOE. “Una vez que salga en el BOE, y que ya no busquen a mi hijo, pues querrán desahuciar a la 'ocupante ignorada'”, expresa Paca. En este sentido, el que sea muy probable que el desalojo no se lleve a cabo no significa que se aplace o detenga, el proceso continúa y está en manos de la EMVS solucionar lo que Blanco considera un error burocrático.
“No ponen ninguna demanda contra mí, porque soy una 'ocupante ignorada'. Me han puesto un sello de okupa ilegal desde el momento que entra a vivir aquí abriéndome la puerta a mi hijo”
Aún así, la administración municipal no le ofrece ninguna información a la inquilina ni a su abogada. “Cuando llegamos, la oficial del juzgado, que era la primera vez que nos había recibido, se ha llevado las manos a la cabeza al vernos y ha dicho: “Qué marrón, qué marrón”. Según relata Blanco, la jueza le ha dicho lo mismo “qué marrón nos ha caído aquí. Y le digo, pues más marrón tengo yo que me veo en la puta calle”. La paradoja ahora está en que, aunque declaren ilocalizable al titular de la vivienda, la EMVS no ha emitido una demanda contra Paca: “No ponen ninguna demanda contra mí, porque soy una 'ocupante ignorada'. A mí me han puesto un sello de okupa ilegal desde el momento que entré a vivir aquí abriéndome la puerta a mi hijo. No es que me avergüence decir que soy okupa, es que no lo soy”, afirma con contundencia.
Sin negociación a la vista y los nervios de punta
Los nervios de Paca, con un estado de salud de por sí delicado, se intensifican en la medida que se acerca la fecha y cada vez que su abogada o ella misma se pone en contacto con la Empresa Municipal de Vivienda del Ayuntamiento que dirige Ana de Miguel, colaboradora cercana al alcalde Martínez-Almeida, desde junio pasado. La mañana de este miércoles, Blanco, acompañada de medio centenar de integrantes del movimiento de vivienda de Madrid, se presentó en la sede de la entidad con el fin de solicitar una reunión. Después de un par de horas sin recibir una respuesta afirmativa decidieron marchar con la idea de volver a insistir este jueves, hasta que la reciban.
De acuerdo al testimonio de Blanco, una vez que su hijo se fue a vivir al extranjero y ella se quedó en el piso pagando los recibos y las deudas, pero que la EMVS no le ha querido cobrar nunca el alquiler. “Dicen que existe una ley que impide pasar los pisos sociales de hijos a padres, sino solo de padres a hijos. Por lo tanto, me llaman ocupante ignorada, es decir, ignoran que yo estoy aquí y quieren la casa vacía”.
La fecha del desahucio es el próximo lunes 23F, fecha paradójica para una mujer que creció en distintos espacios dirigidos por el Patronato de Protección de la Mujer franquista “Para que no se nos olvide la fecha. otro golpe”, ironiza Paca.
“Llevo un año pagando religiosamente el alquiler porque antes no me lo han querido cobrar, lo que quiero es seguir pagando y seguir viviendo aquí hasta que me muera. Tengo 77 años y quiero que me dejen en paz”
En diciembre de 2025, entidades sociales alertaban de las cartas de desahucio que estarían recibiendo 260 familias vulnerables de 167 inmuebles de la empresa municipal, que son parte del Programa de Alojamiento Alternativo y Temporal, un convenio de inclusión para personas en situación de vulnerabilidad que lleva funcionando desde 2012. Una de esas cartas era para el hijo de Paco Blanco, el adjudicatario del piso. En la misiva se indicaba un número de cuenta para pasar los recibos del alquiler. “Llevo un año pagando religiosamente el alquiler porque antes no me lo han querido cobrar”, asegura e insiste en que no exige ni siquiera un contrato a su nombre, ”lo que quiero es seguir pagando y seguir viviendo aquí hasta que me muera. Tengo 77 años y quiero que me dejen en paz”.
El reclamo tiene su sentido, a su edad esta mujer tiene problemas de movilidad y el piso que actualmente habita guarda las condiciones que ella necesita para moverse. Es un espacio sencillo que le permite moverse con su andador y tiene ascensor. Se encuentra cerca de una larga avenida donde es posible subir tanto al transporte público, como coger un taxi y tiene el ambulatorio y el centro de mayores de Pacífico muy cerca. Pero sobre todo su red vecinal, que ha cultivado durante más de una década está allí mismo.
“El sacarme ahora de aquí y ofrecerme una residencia con monjas, es el colmo”, apostilla esta mujer que vivió en propias carnes malos tratos en varios centros del Patronato de Protección de la Mujer que dirigían las monjas, y que asegura es lo único que le han ofrecido como alternativa habitacional, un residencia de ancianos. Blanco, a pesar de su movilidad reducida, mantiene una vida independiente y activa.
Amplio respaldo social
Paca Blanco ha puesto el cuerpo, literalmente, en muchas luchas sociales. Su trayectoria vital le ha granjeado, además del alias de “la Brava”, no solo grandes amistades sino importantes alianzas con todos los movimientos de lo que ha sido engranaje principal. Así, esta semana 150 organizaciones, entre sindicatos, movimientos de vivienda, organizaciones ecologistas, colectivos de pensionistas y asociaciones vecinales de todo el Estado, firmaron un manifiesto en contra del desalojo habitacional de esta mujer. “Paca Blanco es la cara visible de esta práctica descarnada que despoja a muchas personas de un derecho esencial: una vivienda digna”, destacan en el comunicado además de recalcar que este desahucio no es un hecho aislado, sino la expresión de una dinámica estructural que expulsa a las clases populares de sus barrios.
Las organizaciones y personas firmantes advierten de que el desahucio de Paca Blanco tendría una enorme gravedad social y simbólica, por tanto exigen “se reconozca su derecho, y con ella el de toda la clase trabajadora, a una vivienda digna, con un alquiler social adecuado a sus ingresos, y a una vida decente para todas las personas”.
“Los que nos quitan el techo son los especuladores que negocian con nuestro derecho a la vivienda, un derecho constitucional que nos han arrebatado por dinero...”
Los días siguientes serán de tensa espera hasta el lunes 23F en que Paca y toda la gente que le apoya se apostarán en el portal para detener este desahucio. Mientras tanto hacen todo lo posible por que la EMVS la reciba y ofrezca una opción viable de acuerdo a su condición de persona vulnerable. Pero Blanco no se amilana y deja un fuerte mensaje: “Es muy importante, muy importante organizarnos y no mirar hacia el más pobre, sino hacia el más rico. Que el que te roba no viene en patera, viene en yate. Tener muy claro que los que nos quitan el techo no son los migrantes sino los especuladores que negocian con nuestro derecho a la vivienda, un derecho constitucional que nos han arrebatado por dinero. Que los que venden los pisos a los fondos buitre son la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid. Que los que están negociando con todos nosotros y con nuestras vidas son ellos”.
La septuagenaria activista, una de tantas supervivientes del Patronato de Protección a la Mujer –y que ahora empiezan a visibilizar sus historias–, quien tuvo que huir de Extremadura por las amenazas en su contra después de protagonizar la lucha contra la megaurbanización de Valdecañas, y que ha participado activamente en el movimiento de vivienda que ha parado muchos desahucios, a pesar de los nervios de estos días, mantiene el temple ante su posible desalojo. “Quiero, en lo que me quede de vida, seguir contando que era Franco, que era la dictadura porque sí que tengo mucho que contar todavía, y decirle a mis enemigos que no me funcionan las rodillas, la cabeza perfectamente”, zanja.
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“Todas somos Paca”
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Paca Blanco, la Brava
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