Opinión
Nace Las Olvidadas: la asociación de supervivientes del Patronato franquista
Activista ambiental, social y cultural.
Técnica en Educación Infantil e Investigadora.
En 1941, bajo el régimen dictatorial de Francisco Franco, se creó la institución conocida con el nombre de “Patronato de Protección a la Mujer”, que perduró hasta 1985, bien entrado el periodo democrático. Esta entidad nació en un principio con la supuesta misión de proteger a la mujer ante las posibles inmoralidades en una sociedad que involucionaba tras las libertades adquiridas durante la II República, volviendo a un sistema que se caracterizaba por un fuerte patriarcado y por el adoctrinamiento religioso de esa época.
Este Patronato estaba amparado desde sus orígenes por el franquismo (recordemos que su presidenta fue Carmen Polo, esposa del dictador) y por la Iglesia católica, una perfecta simbiosis Estado-Iglesia; por lo que es fácil imaginar lo que comenzó a ocurrir desde sus inicios: miles de mujeres-niñas privadas de los más elementales derechos, dominadas, esclavizadas, humilladas y sacrificadas ante un sistema social en donde debían y tenían que servir a la supremacía del hombre.
Lo más incongruente fue que todo esto siguió perdurando diez años después en una supuesta democracia (1975-1985), lo que demuestra la condición de invisibilidad y desprotección que viene padeciendo el hecho de ser mujer en la historia de la humanidad (con excepciones en algunas culturas).
Las cárceles conventuales del régimen
Este funesto Patronato fue una institución cruel, explotadora y, también, encubridora de una mafia para el robo y venta de bebés (se estima, según varios estudios, entre 50.000 a 300.000 criaturas). Todo ello fue el resultado muchas veces de violaciones, un hecho que sigue siendo poco o nada conocido hasta ahora. Eran bebés que fueron arrebatados a sus madres, engañándolas tras el parto u obligándolas mediante extorsión a entregarlos en adopción. De este modo, monjas, médicos y un sistema burocrático corruptamente cómplice hicieron negocio ante la demanda de familias pudientes o pertenecientes a altas clases privilegiadas.
Los objetivos de esta entidad eran que cualquier joven que saliera de la norma moral imperante fuera obligatoriamente almacenada en la red creada por esta institución; una maraña extensa, organizada y bien tupida en donde la Iglesia tuvo un papel principal. Congregaciones como las Oblatas, Adoratrices, Cruzadas Evangélicas y tantas otras, bajo el halo de una reeducación, crearon verdaderas cárceles conventuales para jóvenes, esclavizando, humillando, torturando física y psicológicamente a esas humildes adolescentes, solo porque actuaban o pensaban de forma diferente a lo establecido o a lo que se esperaba de una mujer servil dentro de la inquisitorial moral católica que personalizaba el recién creado régimen franquista.
El estigma de las “descarriadas”
Este Patronato fue nutrido por miles de niñas, adolescentes y mujeres de todos los rincones del Estado español. Había centros en cada provincia, hasta el punto de que en casi todos los pueblos se encontraban las vigilantes de la moral. Estas eran unas señoras de intachable conducta encargadas de patrullar en lugares sospechosos y denunciar a la Guardia Civil a las que creían con actitudes fuera de la norma establecida, las llamadas “descarriadas” o “perdidas”.
También había muchos casos en que estas jóvenes eran denunciadas por sus propios padres como castigo correccional. Así pues, por ejemplo, un buen día podías discutir con tu madre con 14, 16 o 18 años, algo normal en la adolescencia, o llegar tarde a casa, o simplemente llevar la falda más corta de la cuenta, o un beso con un amigo en público, o un cigarrillo, o por un comportamiento rebelde típico en esas edades. Y si esas buenas señoras se enteraban, mandaban a las autoridades competentes a tu domicilio, de tal forma que estas inocentes eran esposadas y sacadas cual delincuente común sin haber hecho nada malo.
De tu casa eras conducida a un Centro de Observación y Clasificación donde se evaluaba física y psicológicamente a la chica detenida. El examen físico no era más que una revisión ginecológica para comprobar el estado inmaculado de la víctima si eras “completa” o “incompleta”. Este detalle era muy importante ya que, si fuera el primer caso, irías a un centro más liviano; si, por el contrario, el sello en tu expediente era de “incompleta”, tu destino final era mucho más duro por inmoralidad religiosa, dentro del esquema del nacionalcatolicismo. Si no eras apta en el examen psicológico (por ejemplo, por la llamada desviación lésbica), eras internada en instituciones mentales conocidos como manicomios.
Explotación bajo el ora et labora
Estos centros religiosos, regidos por el ora et labora (“reza y trabaja”, como camino a la redención pecadora y búsqueda del perdón divino), en el contexto de estas congregaciones, procedían a la tutela de las chicas. Estas órdenes recibían partidas presupuestarias del Ministerio de Justicia del Gobierno central del régimen dictatorial franquista. Además, estas niñas, algunas ya mujeres, eran sometidas a interminables jornadas de trabajo por el que no recibían ninguna remuneración económica, siendo explotadas (sin ninguna cotización profesional) para trabajos manufactureros para el exterior cuyo beneficio se lo llevaban las monjas.
Así, de esta forma, estas jóvenes inocentes, sin derechos laborales, sin poder hablar entre ellas (lo tenían prohibido), sin recibir enseñanza alguna (todo era limpiar y trabajar en talleres orando), sin una buena alimentación, sin cariño, sin una caricia, sin prácticamente ninguna comunicación con el exterior, se criaron miles en aquella España; esa misma España de la que nos llenamos de orgullo cuando ganamos el último Mundial de fútbol, pero sin conocer nuestra penosa memoria histórica que padecieron estas mujeres. Una condición sexual que, por otro lado, forma parte de más del 50% de la población mundial.
Esas niñas y adolescentes, cuando lograban zafarse, escaparse de las garras de aquel cruel Patronato de Protección a la Mujer, eran ya adultas; adultas gravemente marcadas por una mancha invisible, pero imborrable en sus memorias y corazones.
Esas niñas y adolescentes, cuando lograban zafarse, escaparse de las garras de aquel cruel Patronato de Protección a la Mujer, eran ya adultas; adultas gravemente marcadas por una mancha invisible, pero imborrable en sus memorias y corazones
Fue un capítulo duro, durísimo, del cual muchas mujeres hoy aún no tienen constancia, y otras aquellas que niegan la existencia de la dictadura buscando borrar la memoria de lo criminalmente sucedido durante aquellos años.
Actualmente algunas supervivientes están consiguiendo rehacer sus vidas como, por ejemplo: Consuelo García del Cid, Paca Blanco, Loli Benito o Socorro Sánchez. Otras se quedaron entre aquellos muros decidiendo acabar su sufrimiento suicidándose.
Memoria, verdad, justicia y reparación
Hoy en día de aquellas mujeres, en su gran parte fallecidas, unas por los avatares de la vida y otras por las consecuencias de esa institución caracterizada de una falsa protección, aún quedan muchas que ahora, tras años de luchas internas con su propio yo, y luchas externas con esta sociedad, quieren alzar la voz y piden: memoria, justicia, verdad y reparación.
Para conseguir estos objetivos, actualmente fundan la Asociación para la Memoria y la Reparación de las Supervivientes del Patronato de la Mujer “Las Olvidadas”. Este evento tendrá lugar el próximo día 19 de septiembre en Madrid, en el salón del Ateneo La Maliciosa. Es muy importante que apoyemos esta naciente asociación. Debemos tener en cuenta lo que ellas sufrieron durante aquellos años de encierro, maltrato, esclavización, humillaciones, robos de sus bebés. Fueron marcadas, y esa marca en algunos sitios ha perdurado hasta nuestros días. Además, es hora de que esta sociedad dé un paso al frente, alzando la voz por las que en aquellos momentos no pudieron. Por último, queremos recalcar y reafirmar la importancia de sus objetivos.
Memoria, para que la sociedad no olvide su pasado y así poder evitarlo en el futuro. Pero, al respecto, hay también un peligroso negacionismo de lo ocurrido bajo el régimen dictatorial de Franco; y es que hoy cierta juventud se cree eso de que “con Franco se vivía mejor”, viendo a ignorantes jóvenes mujeres enarbolando la bandera española con el aguilucho.
Verdad, que en la mayor parte de las veces no está respaldada por ninguna documentación legal que, o no fue debidamente registrada, pues no interesaba por oscuros intereses eclesiásticos-políticos, o fue destruida para ocultar las pruebas de lo acontecido.
Justicia, que exigen ellas (y sus familiares y todas las personas que las apoyamos), que sin buscarlo se hallaron sumidas en una vorágine de violencia y sometimiento patriarcal.
Reparación, ya que como hermandad solidaria democrática que somos debemos ayudar a reconstruir sus vidas, por lo que no podemos permitir que estas mujeres, que fueron niñas sin juventud, ni libertad, ni alegría (reprimidas, explotadas, violadas), hoy malvivan con ínfimos recursos mientras sufren grandes secuelas físicas y psíquicas que arrastran desde aquella represión; un dolor que hoy se acrecienta en su vejez y que nuestra actual administración democrática debe compensar.
Por todo ello debemos reivindicar la gran labor que hoy protagonizan estas valientes mujeres por recuperar este capítulo de nuestra memoria histórica, difundiendo la presentación de esta Asociación este 19 de septiembre, día que debiera ser reseñable en vuestra agenda por su trascendencia en el movimiento memorialista español. En conclusión: esta asociación nace de niñas, adolescentes, hoy adultas, que fueron violadas en sus derechos humanos, soportando un gran dolor en silencio por el yugo franquista imperante que diseñó el Patronato de Protección a la Mujer; una depravadora unión entre el patriarcado machista y la moralidad puritana para el esclavismo físico y lavado mental de la mujer y de la sociedad en general.
Advertir que esta asociación que actualmente nace, Las Olvidadas, no es victimista, pues aúna mujeres supervivientes que aquí y ahora están empoderadas para luchar unidas por la reclamación de sus derechos; las víctimas son las que ya no pueden hablar, muertas por secuelas y suicidios. Un gran beso para todas las que están, y un gran abrazo para las que, sin poder ya estar presentes, vivirán en el recuerdo de nuestros corazones.
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