Muere Xosé Manuel Beiras, el hombre que transformó Galicia para siempre

El histórico líder nacionalista fallece a los 90 años, pero deja tras de sí un legado intelectual y político inabarcable además de la mayor influencia en el galeguismo contemporáneo.
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Xosé Manuel Beiras con el retrato de su mujer, Aurichu Pereira, al fondo, en su casa de Brión. Bea Saiáns
8 oct 2026 08:37 | Actualizado: 8 oct 2026 09:10

El histórico líder del nacionalismo gallego, Xosé Manuel Beiras Torrado (Santiago de Compostela, 1936), ha fallecido este jueves 8 de octubre a los 90 años en su casa familiar de Brión (A Coruña). Político precursor, intelectual ávido, economista transgresor, orador desbordante y gran humanista, transformó Galicia y el galeguismo para siempre desde antes incluso de que pudiera participar activamente en las instituciones. 

Aunque se retiró de la primera línea política en agosto de 2016 y de la portavocía nacional de Anova en 2017, Beiras, junto a su amigo y exalcalde de Santiago de Compostela, Martiño Noriega, tuvo un último y poco habitual gesto de enorme generosidad política llamando a la unificación del voto de izquierdas en la candidatura del BNG de Ana Pontón en las elecciones gallegas del 18 de febrero de 2024. Fue su derradeira leición.


Apenas unos meses después de un resultado histórico para el BNG que, sin embargo, no fue suficiente para arrebatarle la Xunta al PP, Beiras recibió a El Salto en su casa de Brión (A Coruña). Miraba entonces con desesperación y rabia la acumulación de errores de la izquierda confederal que él consiguió empastar con el nacionalismo gallego: “Andan a hostias. Que si son galgos o podencos. Son perros y te van morder, sean unos u otros. Es horrible. ¿Cómo van a construir desde abajo si ellos abajo no tienen nada?”. Habló con dureza sobre la jugada arribista de Yolanda Díaz tras la experiencia de Alternativa Galega de Esquerdas —que anticipó las coaliciones de la izquierda— y En Marea y asumía con firmeza que el futuro de la transformación social estaría lejos de las instituciones: “Estamos padeciendo la traición del PSOE en septiembre de 2016 combinada con que todas las energías de las plazas —el 15M— se vertiesen en la política institucional. Eso dio lugar a que esa ciudadanía se convirtiera en una izquierda social huérfana. Pero el polvorín está ahí. El tema es quién prende la mecha y que ese fuego no se desmadre. Necesitamos lucidez y coraje (...) El cambio va a venir por una rebelión cívica”. Una vez más, Beiras lo vio venir.

También analizó con lucidez aquellos pasos insólitos en el nacionalismo gallego para tender puentes con la izquierda confederal y que el BNG se negó a aceptar: “En una nación sin estado, un movimiento emancipador de izquierda como es el nacionalismo gallego, tiene que jugar en un sistema de dos coordenadas de izquierda a derecha. Tienes que tener, por una parte, la contradicción de clase y, por la otra, la contradicción nacional. Si las superpones como transparencias, las posiciones no coinciden”, reflexionaba.

Beiras y sus compañeros y compañeras de Anova trataron de diagnosticar la situación en base a esa conjugación: “En el año 2012, en plena recesión, nosotros considerábamos que la contradicción dominante era la de clase. Lo que preocupaba más a la gente, también al electorado nacionalista, eran los problemas propios de la hegemonía de una derecha cafre. Por eso, lanzamos la idea de que había que hacer un frente amplio. Entonces pasamos esa frontera entre el nacionalismo y el españolismo. Si hay fuerzas de ámbito estatal no nacionalistas, pero que asumen los derechos del pueblo gallego como nación a ejercer su soberanía, intentemos establecer puentes con ellas”. En las elecciones de 2015, ese frente amplio consiguió 408.370 votos y cinco diputados en el Congreso, barriendo el máximo histórico de tres escaños del BNG en la Cámara Baja.

“Si el BNG llega a entender que aquello no era derivar hacia el españolismo, sino romper la frontera con gente que no era nacionalista, pero que sí que entendía el proceso de emancipación y no era antinacionalista, la historia de AGE sería distinta. Feijóo hubiera perdido las elecciones de 2012 y, además, el nacionalismo hoy sería hegemónico”, teorizaba el intelectual nacido en Santiago de Compostela. Pero aquello no ocurrió.

A pesar de los seis diputados y los dos senadores, el golpe fue doloroso: “Retorciendo el reglamento de la Cámara, nos negaron el grupo propio. Entonces, el sector nacionalista de En Marea quería ir al grupo mixto, como hizo Compromís. Al final, nosotros, por lealtad y porque considerábamos que era un acuerdo estratégico importante, aceptamos la propuesta de elaborar un documento que marcara las pautas de funcionamiento del grupo confederal”. En teoría, los diputados y diputadas de En Marea funcionarían como grupo parlamentario dentro e incluso tendrían libertad de voto para discrepar de Podemos: “Con esas condiciones, aceptamos, pero lo sabotearon desde el primer día. Tristemente, también desde el propio grupo. Concretamente, Yolanda Díaz y Antón Gómez Reino”. Beiras resumía aquellos bajos fondos de la política española con una frase de Castelao: “Lo más parecido a un chauvinista español de derechas es un chauvinista español de izquierdas”.

La tesis del atraso económico y la dependencia

En 1972, la editorial Galaxia publicó la que es probablemente su obra más citada, O atraso económico da Galiza. En aquel momento, apenas tres años antes de la muerte del dictador, su salida supuso una ruptura con los discursos dominantes sobre el retraso da Galicia. Hasta entonces, la pobreza gallega solía explicarse por factores supuestamente naturales: una orografía difícil, el minifundio, la dispersión poblacional o una presunta resignación del carácter gallego. Beiras, desde su cátedra de Estructura Económica, sostuvo que esas explicaciones tomaban los síntomas por las causas. El problema no estaba en lo que Galicia era, sino en el lugar que se le había asignado dentro de un sistema económico más amplio.

Su argumento central es que Galicia se integró en el mercado español en una posición subordinada, como una especie de colonia interior. De ella salían energía eléctrica, materias primas baratas y, sobre todo, mano de obra a través de la emigración, mientras que los beneficios de la transformación y de la acumulación de capital se quedaban fuera. Este enfoque, cercano a las teorías de la dependencia que se debatían entonces en el pensamiento económico crítico, daba al subdesarrollo un carácter estructural e histórico. Con ello cambió el debate: la pregunta ya no era cómo arreglar a los gallegos, sino quién se beneficiaba de la situación de Galicia y qué instrumentos políticos hacían falta para revertirla. En esa construcción intelectual, él mismo lo reconoció en numerosas ocasiones, la lectura del Retrato del colonizado del intelectual tunecino Albert Memm fue fundamental.

Modernización e institucionalización del nacionalismo

Beiras actuó como puente entre dos épocas del nacionalismo gallego. Por un lado, recogió la herencia del galeguismo histórico, el de Castelao, Bóveda y el Partido Galeguista, con su dimensión cultural, democrática y autonomista, truncada por la Guerra Civil y la dictadura. Por otro, la actualizó con un lenguaje político y económico propio de los años sesenta y setenta que había comenzado a absorber en su estancia en París y en la Sorbona. Ahí, la cuestión nacional se analizaba junto con las relaciones de clase y la estructura productiva. Su participación en la fundación del Partido Socialista Galego en 1963 fue un primer paso en esa dirección: un socialismo que se pensaba desde Galicia y no como una mera sucursal de proyectos estatales.


El segundo paso decisivo fue el Bloque Nacionalista Galego, creado en 1982 como espacio de convergencia de distintas sensibilidades nacionalistas y de izquierda. Con el tiempo y bajo la influencia intelectual y pública de Beiras, el BNG pasó de ser una fuerza testimonial a convertirse en la principal alternativa dentro del Parlamento gallego, con una implantación municipal y social considerable. Más allá de los resultados electorales, su aportación fue demostrar que el nacionalismo podía ser una opción política institucional, con programa de gobierno, capacidad de pacto y presencia en la vida cotidiana de las comunidades, sin renunciar a su carga crítica.

La teoría del nacionalismo emancipador

Beiras desarrolló una reflexión teórica para responder a una objeción habitual: que todo nacionalismo es, por definición, excluyente o peligroso. Su respuesta fue distinguir entre nacionalismos según su posición en el sistema de poder. Los nacionalismos de Estado, que disponen de aparato político, económico y cultural, tienden a presentarse como naturales o neutros, y a imponer una uniformidad lingüística y cultural. Los nacionalismos de las naciones sin Estado, en cambio, surgen como respuesta a una subordinación y reclaman el derecho a existir y a decidir. Desde esta perspectiva, el nacionalismo gallego es defensivo y emancipador, no agresivo.

Esa distinción se completa con una dimensión social. Para Beiras, la defensa de la identidad gallega no se agota en la lengua o la cultura, aunque ambas sean fundamentales, sino que está ligada a la capacidad del pueblo para decidir sobre sus recursos y su futuro. De ahí su insistencia en que la liberación nacional y la liberación de las clases trabajadoras forman parte del mismo proceso y en que la soberanía de los pueblos es un contrapeso frente a la homogeneización que impone el capitalismo globalizado. Con esta construcción teórica, el nacionalismo gallego pudo dialogar con otras tradiciones de la izquierda y con movimientos de liberación de otras latitudes.

El cooperativismo y la alternativa socioeconómica

Una dimensión menos conocida de Beiras, pero muy reveladora, es su interés temprano por el cooperativismo. Desde sus escritos de juventud, en la etapa parisina de finales de los años cincuenta, planteó el cooperativismo agrario y marinero como una vía democrática para organizar la economía rural y costera de Galicia. Su idea era que las comunidades campesinas y marineras podían superar la debilidad del minifundio y la dependencia de intermediarios agrupándose en estructuras propias, controladas por quienes trabajan, sin esperar a que el cambio viniera desde arriba.

Esta intuición se enlaza con su diagnóstico posterior sobre la dependencia: si el problema era que Galicia exportaba recursos y recibía poco a cambio, la solución debía pasar por reforzar el tejido productivo local y diversificar una economía demasiado orientada a pocos sectores. Su propuesta apuntaba a una economía más autoorganizada y sostenible, que aprovechara los recursos del país en beneficio de quienes viven en él. Vista hoy, esa orientación dialoga con debates muy actuales sobre soberanía alimentaria, economía social, desarrollo rural y ecología política, lo que muestra hasta qué punto su pensamiento anticipó cuestiones que entonces apenas estaban en la agenda.

Dinamización cultural y apertura internacional

La labor de Beiras no se limitó a la economía ni a la política de partido. Fue también un agitador cultural que entendió la edición y el debate de ideas como parte de la construcción de un país. Dentro de Editorial Galaxia, una de las instituciones centrales de la cultura gallega de posguerra, impulsó colecciones como Agra Aberta y Alén-Nós, pensadas para introducir en gallego el pensamiento social y crítico contemporáneo. Con ello contribuyó a demostrar que la lengua propia podía ser vehículo de ciencias sociales, ensayo y reflexión política, y no solo de literatura y cultura popular. Más tarde, esa tarea la desarrollaría en el Consello de Dirección de Ediciones Laiovento, además de publicar numerosos ensayos de pensamiento económico y político.

Esa tarea se completa con su apertura internacional. Su traducción de autores como Albert Camus llevó al gallego referentes del pensamiento existencialista europeo y su trayectoria estuvo marcada por un constante diálogo con la Europa progresista y con los movimientos de liberación del Sur global. Beiras tendió así puentes que sacaron la reflexión gallega de un horizonte estrictamente local: situó la experiencia de Galicia en un marco comparado, donde sus problemas podían entenderse junto a los de otros pueblos y donde su cultura podía aspirar a la plena normalidad intelectual.

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