Beiras otero
Xosé Manuel Beiras en una comida con Ramón Otero Pedrayo. Fotografía cedida.

Ni capitalismo ni socialismo: el cooperativismo olvidado del Beiras joven

Antes de ser uno de los creadores del pensamiento económico gallego contemporáneo, el histórico intelectual y político nacionalista Xosé Manuel Beiras exploró, desde las Francia de los años 50, la tradición de una tercera vía en el galleguismo.

Si el lector abre Un socialismo propio, o cooperativismo no Beiras mozo (Companha Editora, 2025) se encontrará con una solapa de lo más singular. En ella aparecen las imágenes de Carlos Calvo Varela, autor del estudio introductorio, y de un Xosé Manuel Beiras muy joven, autor de los dos ensayos recogidos en el volumen, mas con una diferencia reveladora: la fotografía de Calvo va acompañada de un breve esbozo biográfico, mientras que la de Beiras aparece sola. Estamos en 1959, ante un Beiras en ciernes, aún desconocido, alejado de la trayectoria por la que hoy lo conocemos y reconocemos. No es un simple olvido editorial, sino un gesto elocuente que nos invita a mirar un Beiras previo a su cristalización pública.

Años después de la publicación de estos ensayos sobre cooperativismo, Beiras se convertiría en un agente fundacional del pensamiento económico gallego contemporáneo. El reconocimiento llegará tras publicar O atraso económico de Galicia (1972), obra con la que se instalará, durante décadas, una hegemonía teórica de carácter anticolonial que dejará una profunda huella en miles de militantes nacionalistas. Será pensando “con Beiras” y “contra Beiras” como se constituya ese campo, fuertemente marcado por su labor como director de tesis de figuras destacadas de la política gallega, como Fernando González Laxe, Emilio Pérez Touriño, Ramón López-Suevos, Xavier Vence o Xoaquín Fernández Leiceaga.

A sus comienzos como profesor de la Facultad de Economía de la USC se añadirá, poco tiempo después, su experiencia como dirigente político, lo que lo llevará a convertirse, con toda probabilidad, en la figura más influyente del nacionalismo gallego desde Castelao: primero en el Partido Socialista Galego y después en el Bloque Nacionalista Galego, hasta sus últimas apariciones en primera línea institucional en Anova-Irmandade Nacionalista, donde defenderá distintas vías de alianzas, primero con Alternativa Galega de Esquerda, luego con las Mareas y, en las últimas elecciones, con el apoyo ofrecido al BNG.

Ese Beiras consagrado —economista, teórico anticolonial y dirigente político— acabó por fijar una imagen pública y una lectura dominante de su obra. Precisamente por eso conviene volver atrás. Detengámonos en 1959, en el Beiras en ciernes, y preguntemos: ¿hay algún hilo del que tirar que quedase en la sombra? ¿Qué elementos fueron eclipsados por su trayectoria posterior? ¿Qué posibilidades —qué futuribles— se abrían para el Beiras joven antes de que el giro anticolonial reorganizase, casi por completo, el conjunto de su pensamiento?

Beiras en París (1957–1959)

Los dos ensayos sobre cooperativismo se publican en 1959, mas su germen intelectual se remonta a los dos viajes a París realizados entre 1957 y 1959. No son simples estancias formativas, sino el escenario de una triple mutación decisiva: disciplinar, política e histórica. Es en ese cruce donde se formula la hipótesis cooperativista y, al tiempo, donde se gestan las condiciones de su posterior eclipse.

El encuentro con el pensamiento anticolonial se produce aún en el interior de un clima existencialista, mas ya anuncia una preocupación por el problema de la dependencia que irá ganando centralidad.

En el primer viaje, en 1957, Beiras entra en contacto directo con el campo intelectual francés en un momento de plena efervescencia. Frecuenta la rive gauche, recorre el Café de Flore y Les Deux Magots, visita a Jean Anouilh, se convierte en seguidor de María Casares y entra en relación con el pintor Virxilio. A través de una reseña de Jean-Paul Sartre llega al Retrato del colonizado, de Albert Memmi, lectura que le dejará una huella duradera. Ese encuentro con el pensamiento anticolonial se produce aún en el interior de un clima existencialista, mas ya anuncia una preocupación por el problema de la dependencia que irá ganando centralidad.

Con todo, lo decisivo se produce en el ámbito académico. En la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas conoce de primera mano el campo de los economistas franceses y se adhiere a una concepción realista y sociológica de la economía, marcada por la influencia de François Perroux y André Marchal. Beiras asiste así a la mutación del campo intelectual francés: a la autonomización de la economía como disciplina científica y al paso de la hegemonía existencialista-fenomenológica hacia enfoques de carácter estructural.

En ese mismo contexto recibe también la influencia de Charles Gide, de la escuela liberal de Charles Rist y de la Escuela de Nîmes, así como de Georges Lasserre, que años más tarde se convertiría en un firme defensor del modelo cooperativo yugoslavo. Es aquí donde se configura la matriz teórica desde la que podrá pensar el cooperativismo no como técnica auxiliar, sino como un auténtico sistema económico alternativo.

La hipótesis cooperativista nace, pues, en el interior de un horizonte regional-europeo, en el que el problema central es cómo modernizar una nación periférica

Al tiempo, Beiras llega a París en un momento de nueva alineación estratégica del galleguismo. La condición con la que Galaxia le concede la beca que le permite estudiar en París es la de enviar un ensayo para un libro colectivo de la colección Illa Nova, concebido como una puesta en escena de la nueva generación, en la que se vinculaba explícitamente la suerte del galleguismo al europeísmo incipiente. Para ese proyecto, un “ensayo perdido” que debía reunir textos de López Nogueira, Manuel Vidán, Ramón Lugrís y Franco Grande, Beiras redacta Individualismo e cooperación da economía, su primer trabajo teórico de entidad, en el que formula explícitamente la búsqueda de una alternativa entre el capitalismo descarnado y el socialismo estatista.

El cooperativismo aparece así como respuesta económica coherente a un proyecto político europeísta, descentralizador y antidirigista. La hipótesis cooperativista nace, pues, en el interior de un horizonte regional-europeo, en el que el problema central es cómo modernizar una nación periférica sin destruir su estructura social ni someterla al Estado central.

Al terminar la primera estancia, en 1958, Beiras regresa caminando por Bretaña; mas, como señala Carlos Calvo Varela, “lo que buscaba ya no eran cruces de piedra ni íntimas afinidades célticas, sino ideas del lobby bretón de desarrollo económico de posguerra, que veía en el incipiente europeísmo una oportunidad para su resurgimiento nacional y cultural”.

ENTREVISTA BEIRAS - 4

Este desplazamiento es sintomático: el interés pasa de la identidad cultural a la economía política, de la afinidad simbólica a la estructura productiva. En su figura se condensa la mutación del tipo de intelectual nacionalista que estaban construyendo Domingo García-Sabell y Ramón Piñeiro: un dirigente demócrata, galleguista, “moderno”, para quien la economía se convierte en el terreno decisivo de la emancipación.

El segundo viaje a París, en 1959, consolida esta orientación. Beiras inhibe definitivamente su carrera literaria para entregarse por completo a la investigación científico-social, asumiendo la “labor lenta y codiciosa de los estudios e investigaciones”. La libido sciendi se impone a la literatura. Mas, al mismo tiempo, se intensifica su sensibilidad respecto de la problemática colonial, en un contexto marcado por la crisis de la IV República, el nacimiento de la V y el estallido social en la France d'outre-mer. El contacto con el mundo africano y con los procesos de descolonización amplía radicalmente la escala de su marco interpretativo.

Es aquí donde se produce la tensión decisiva: el cooperativismo fuera formulado como respuesta al problema del desarrollo regional en una Europa federal; la hipótesis colonial emerge como respuesta al problema estructural de la dependencia y de la dominación a escala histórica y mundial. Como resume Carlos Calvo Varela, “se iniciaba un viaje, de dirigente joven europeísta a teórico anticolonial”. No se trata de una ruptura abrupta, sino de un desplazamiento de foco: lo que antes se pensaba en términos de atraso regional comienza a ser pensado en términos de subordinación colonial.

De este modo, París es al mismo tiempo el lugar donde madura la hipótesis cooperativista y donde se gestan las condiciones de su eclipse. No por error ni por debilidad interna, sino porque el problema al que pretendía responder —la modernización económica de una nación periférica en el marco europeo— queda subsumido por otro de mayor escala: la inserción dependiente de Galicia en un sistema histórico de dominación, que Beiras acabará conceptualizando como colonia interior.

Beiras podrá formular su búsqueda de una alternativa al capitalismo oligárquico y al socialismo estatista, dotándola por vez primera de una articulación económica rigurosa

La ilusión cooperativista en el galleguismo

Cuando el Beiras joven recoge el hilo del cooperativismo se inscribe en una visión política más amplia, propia del galleguismo histórico. No se trata de una excentricidad personal ni de una moda intelectual importada, sino de un horizonte compartido y transversal a corrientes muy distintas, en el que el cooperativismo —y, en particular, el modelo danés— aparecía como una tercera vía entre los dos grandes sistemas en disputa. Es en este imaginario ya sedimentado donde Beiras podrá formular su búsqueda de una alternativa al capitalismo oligárquico y al socialismo estatista, dotándola por vez primera de una articulación económica rigurosa.

Ya en la preguerra, el cooperativismo danés fuera investido de un fuerte valor simbólico. En un artículo publicado el 14 de abril de 1936, el periodista Gil de Monforte describía Dinamarca como un pequeño paraíso pequeño-burgués que prometía “paz y estabilidad social, trabajo en la cooperativa agropecuaria con todas las modernidades, casita en el campo, biblioteca, radio y automóvil”.

Otros propagandistas, como Bartolomé Calderón, Rof Codina o Cruz Gallastegui, contribuyeron decisivamente a consolidar esa imagen, convirtiendo el cooperativismo danés en un auténtico “significante mudo”: una fórmula abierta, capaz de condensar sueños de modernización, justicia social, orden comunitario y progreso técnico. El propio Castelao llegará a escribir: “Veo pazos para albergar las Cooperativas, mejores que en Dinamarca”.

El cooperativismo funcionaba así como respuesta imaginaria a una tensión central del galleguismo: cómo modernizar la economía sin destruir el tejido social

La comparación, lejos de ser retórica, condensaba la convicción de que la modernidad cooperativa podía ser no solo importada, sino superada sobre la base de las propias estructuras sociales del país. Esa misma ambigüedad —entre reforma social y armonía orgánica, entre democratización económica y estabilización pequeño-propietaria— explicará tanto la fuerza de atracción de este sueño como sus límites.

La transversalidad de la idea fue tal que, cuando la Dereita Galeguista se escindió, lo hizo bajo un lema elocuente: “ni socialismo ni capitalismo: cooperativismo”. El cooperativismo funcionaba así como respuesta imaginaria a una tensión central del galleguismo: cómo modernizar la economía sin destruir el tejido social, cómo integrarse en los circuitos de mercado sin caer en la concentración oligárquica, cómo promover el desarrollo sin entregar el país ni al capital monopolista ni al Estado centralizador. Era, al tiempo, promesa de justicia y promesa de orden.

Esa misma matriz reaparece, ya en los años sesenta, en figuras centrales de la recomposición del galleguismo. Ramón Piñeiro escribirá en 1963 a Ramón Lugrís que “Galicia tiene que tener un socialismo propio —esencialmente cooperativista— y tiene que tener una democracia cristiana propia”, un socialismo “más bien nórdico que mediterráneo”, alejado tanto del liberalismo disolvente como del socialismo estatista y uniformizador.

Del otro lado, Xaime Isla Couto y Francisco Fernández del Riego, desde el suplemento de La Noche, proyectarán un imaginario de modernidad en el que el cooperativismo aparecía asociado a la electrificación, a la planificación regional y a la organización racional de la producción: “ferrocarriles electrificados, cruzando en todas direcciones nuestro país”, sostenidos por una “cooperación idóneamente organizada”. Entre cultura y economía, entre ética nacional y técnica productiva, se dibujaban ya dos terrenos de juego que acabarían por marcar culturas políticas diferenciadas.

ENTREVISTA BEIRAS - 5

En este contexto, la publicación de Galicia como tarea, de Valentín Paz Andrade —que Méndez Ferrín calificó como el gran manifiesto político y económico del nacionalismo progresista— y la aparición de la Revista de Economía de Galicia (REG) marcarán un punto de inflexión. La economía deja de ser un apéndice técnico de la cultura para constituirse en campo autónomo de intervención política.

La REG, que Beiras dirigirá entre 1963 y 1968, se convertirá progresivamente en un laboratorio intelectual del Partido Socialista Galego, hasta su cierre forzado por las multas impuestas por el ministro Manuel Fraga. El cooperativismo era una de las vías a través de las cuales esa nueva centralidad de la economía podía traducirse en un proyecto concreto de transformación: una tentativa de pasar de la ensoñación nacional a la construcción de un orden económico propio.

El cooperativismo: un hilo del que tirar

Es en ese horizonte donde se inscriben los dos ensayos del Beiras joven. En el primero de ellos, Cooperativismo agropecuario: algunhas consideracións arredor da experiencia danesa, Beiras parte de una constatación crítica: el cooperativismo fuera considerado tradicionalmente como un “pan de pobres”, un remedio subsidiario para situaciones de miseria, “un hermano pequeño y poco brillante de los grandes sistemas económico-sociales”, valorado por sus “grandes valores humanos, de una justicia in articulo mortis”. Frente a esta lectura asistencial, lo formula como un orden económico global e integral, especialmente apropiado para la agricultura.

La referencia danesa le permite pensar un desarrollo sin “espasmos violentos”, sin proletarización masiva y sin planificación dirigista, basado en un incremento sostenido de la productividad “sin la renuncia a la pequeña propiedad”. La cooperativa aparece como mecanismo capaz de evitar la concentración del capital, fijar población en el medio rural, organizar la transformación de los productos y generar valor añadido en origen. “El cooperativismo danés fue acción económica pura —escribe—, realizada de manera muy inteligente y razonable, y que resolvió el problema de la justicia social por el método más sencillo: retribuir a cada uno conforme a su esfuerzo”.

Estamos, pues, ante una hipótesis fuerte: una tercera vía que no renuncia al mercado, pero tampoco lo absolutiza; que no suprime la propiedad, sino que la democratiza; que no centraliza en el Estado, sino que apuesta por una organización federal de la economía.

En el segundo ensayo, Beiras ampliará esta perspectiva al inscribir el cooperativismo en una tradición internacional que va desde los pioneros de Rochdale y los proyectos de Owen y Fourier hasta el cooperativismo integral de la Escuela de Nîmes y las experiencias escandinavas, concibiéndolo como una “ideología revolucionaria de carácter redentorista”, orientada a la renovación profunda de la mentalidad económica.

Carlos Calvo recuerda un dato elocuente: Galicia produce alrededor del 40% de la leche del Estado, mas apenas transforma el 10%; la mayor parte de la industria está en manos de multinacionales o de grandes grupos de capital foráneo

Frente a la “naturaleza disolvente del liberalismo” y a la “tendencia uniformista y multitudinaria del socialismo”, el cooperativismo propone una síntesis: federalismo, defensa del consumidor, democratización de la propiedad y una figura central, la del cooperador, al tiempo capitalista, empresario y obrero.

Pero, como el propio Beiras reconoce, esta hipótesis no llegó a calar en Galicia. Ni entonces ni después. Carlos Calvo recuerda un dato elocuente: Galicia produce alrededor del 40% de la leche del Estado español, mas apenas transforma el 10%; la mayor parte de la industria está en manos de multinacionales o de grandes grupos de capital foráneo, y una parte sustancial de la producción se exporta en bruto, sin generar valor añadido en el país. La estructura cooperativa que permitiría retener, transformar y redistribuir esa riqueza nunca llegó a consolidarse. El problema no fue, pues, de diseño técnico, sino de dependencia estructural.

Es en este punto donde se produce el desplazamiento teórico decisivo. El propio Beiras calificará retrospectivamente el cooperativismo como un “castillo en el aire”: no por utópico, sino por insuficiente para explicar y afrontar una realidad marcada por relaciones de dominación y dependencia.

La hipótesis colonial —Galicia como colonia interior sometida a fuerzas exógenas— le ofrecerá un marco explicativo de mayor escala, en el que la cuestión ya no es solo la organización de la producción, sino la estructura misma del poder económico y político. Así se instala, durante décadas, la hegemonía anticolonial que eclipsa la vía cooperativista sin necesidad de refutarla teóricamente.

Y, con todo, el cooperativismo no desaparece sin dejar rastro. Permanece como posibilidad truncada, como pregunta abierta. Aquella “ideología revolucionaria redentorista”, aquella propuesta de reorganización federal de la economía desde abajo, basada en la democratización de la propiedad y en la soberanía del consumidor, sigue interpelando: ¿es posible transformar sin estatizar? ¿Democratizar sin oligopolizar? ¿Integrar mercado y justicia sin caer ni en el laissez-faire ni en el dirigismo?

En esa tensión entre la ilusión histórica, el eclipse intelectual y la derrota práctica, el cooperativismo en el Beiras joven sigue ofreciendo, hoy, un hilo del que tirar. No como programa cerrado, sino como interrogación persistente sobre formas no estatales, no oligárquicas y profundamente democráticas de organizar la vida económica.

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