Problemas en el bloque de investidura: la crisis de Ceuta lo divide y blinda a las derechas

Tanto desde el PSOE como desde la izquierda confederal hay consternación por las consecuencias políticas de la crisis y un Gobierno que no convence. La relación con Rabat se convierte en una hipoteca. La reacción social y los errores de Moncloa ayudan a PP y Vox y hacen olvidar sus contradicciones y casos de corrupción.
Congreso 03026 - 45 Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la última sesión plenaria. David F. Sabadell
6 sep 2026 06:00 | Actualizado: 6 sep 2026 10:35

“Usted no puede ir por el mundo como si fuera el último samurái porque puede que nadie lo siga detrás”, le decía a Pedro Sánchez la portavoz del PNV, Maribel Vaquero, este jueves, utilizando una metáfora muy elocuente que pasó bastante desapercibida en la tormenta de frases, conceptos e insultos que se desató sobre el hemiciclo en el pleno monográfico sobre la gestión en Ceuta.

La diputada jeltzale lo comentaba por la situación actual de Sánchez: pulso con potencias globales como EEUU o Israel o la confrontación de modelos en el nuevo statu quo europeo sobre migración —hace un mes, 22 ministros de Asuntos Exteriores de la UE criticaron el rumbo de Madrid—. 

En este ciclo histórico, un socialdemócrata moderado pero muy resistente —y resiliente— alcanza para ser un ícono pop del progresismo. Así son estos tiempos, guste o no

¿Es Sánchez el adalid revolucionario de la izquierda y quiere poner el sistema patas para arriba? Claro que no. Pero en este ciclo histórico, un socialdemócrata moderado pero muy resistente —y resiliente— alcanza para ser un ícono pop del progresismo. Así son estos tiempos, guste o no.

El “último samurái” que describía Vaquero ha conocido la soledad estas semanas, quizás más que nunca, incluso más que hace un año cuando arreciaban los cohetes desde los autos judiciales por las causas de corrupción. Ha habido un desmarque de los socios internos —críticas duras por parte de los aliados más leales como EH Bildu, Esquerra Republicana y PNV— y también del aliado de coalición. Ha faltado solidaridad en la Unión Europea y poco calor desde la izquierda global —Lula da Silva no ha posteado una sola palabra al respecto—.

Es que el conflicto de Ceuta es de otra liga. No es la pandemia, ni el volcán ni la guerra de Ucrania. Se trata de la frontera española con un aliado geopolítico clave de Trump y Netanyahu y detonante del tema más caliente del momento en Europa, que es la migración. Por si fuera poco, la soberanía del enclave ceutí —cuyo tamaño es menor que el distrito madrileño de Hortaleza— y la confrontación con Marruecos tocan un nervio en el inconsciente colectivo español muy particular.

Sánchez ha matizado su discurso sobre Marruecos, pero él y sus ministros persisten en no hacer acusaciones y no se permiten tampoco ponerlo como corresponsable de la llegada masiva del 30 de julio. En los pasillos del Congreso este jueves se multiplicaban las conversaciones entre diputados y periodistas, tejiendo teorías de por qué semejante obstinación.

Sánchez ha matizado su discurso sobre Marruecos, pero persiste en no hacer acusaciones y no se permiten tampoco ponerlo como corresponsable de la llegada masiva del 30 de julio

Como siempre en política, es necesario analizar qué gana y qué pierde el dirigente para entender sus motivaciones no confesables. “¿Y si Marruecos cerraba la frontera y se quedaban los 80.000 en Ceuta? Esto puede volver a pasar y peor”, comentaba a El Salto un diputado influyente de uno de los partidos del Gobierno. Sin ocultar su preocupación por el devenir con todo esto, admitía que la situación de Sánchez es por demás vulnerable.

El líder del PSOE es posible que quiera evitar una crisis diplomática de calado con el principal socio en el Magreb de Estados Unidos —país que no fue mencionado ni una sola vez por él en sus casi tres horas de discurso, dato relevante— y primer firmante de los Acuerdos de Abraham con Israel. El enfrentamiento con Rabat podría accionar mecanismos de castigo imprevistos.

Las urnas también son un elemento sobre la mesa. Ningún diputado lo recordó, pero en muy pocos días —el 23 de septiembre para ser exactos— el régimen marroquí tendrá elecciones parlamentarias. ¿Quiere Rabat que la confrontación con España sea un condicionante? También sobre urnas: es probable que Sánchez tema que algo como lo del 30 de julio pueda volver a ocurrir el verano próximo, en la antesala de las elecciones generales. Un desorden fronterizo solo favorecería a las derechas, y en especial, a Vox.

Dilemas en el flanco izquierdo

Un dirigente del PSOE comentaba a El Salto que en las horas bajas de Sánchez siempre vuelve a las tertulias socialistas el debate de la sucesión y que suena con fuerza no tanto quién lo reemplazará cuando se vaya, sino qué rumbo tomará el partido: subyace una batalla 2.0 entre el susanismo contra sanchismo, lo que en 2026 significa si devolver el partido al centro y al ‘pactismo’ con el PP o sostener la polarización y buscar aliados entre la izquierda y el soberanismo catalán y vasco.

Quienes se decantan por la primera opción son los presidentes autonómicos de Asturies y Castilla-La Mancha y algunos referentes del gabinete como el ministro Félix Bolaños. Las próximas encuestas tras un agosto hostil para Sánchez podrían acelerar estos debates.

Es probable que Sánchez tema que algo como lo del 30 de julio pueda volver a ocurrir el verano próximo, en la antesala de las elecciones generales

Pero las aguas no se dividen solo en el PSOE —y en el Consejo de Ministros, porque no hay que olvidarse de la disonancia entre Margarita Robles y Grande-Marlaska—. Fuentes del grupo parlamentario de Sumar han informado a El Salto del fuerte debate que precedió al pleno del jueves.

Sin la presencia de la portavoz Verónica Barbero —estaba de viaje—, el debate en la víspera estuvo en torno a qué priorizar y cómo posicionarse frente al discurso de Sánchez. Estaba el ala de IU, con Enrique Santiago a la cabeza, que quiso privilegiar el señalamiento a Estados Unidos y a Marruecos, con afirmaciones muy contundentes —y que incluso a diputados de su grupo les llamaron la atención—, especialmente porque por ahora no existen pruebas contundentes.

El ala de Agustín Santos y Txema Guijarro prefería enfocar el discurso en el problema del llamado Sur global, la desigualdad y el expolio que desangra a África, en los flujos migratorios y el horror de las muertes en el Mediterráneo —convertido en “fosa común”, como dijo en su vehemente discurso Aina Vidal—, mientras se dejaba en un segundo lugar la presunta responsabilidad de Marruecos. Finalmente, el desacuerdo hizo que se dividieran los tiempos en dos para Sumar.

Lo que sucede en la derecha es todo lo contrario a las disputas de la izquierda: la crisis ha logrado hacer sombra a un escándalo del tamaño de una catedral como es el del ático de Chamberí

También en Podemos existen diferentes posiciones. Un sector del partido, más distante con la cúpula, cree que Ione Belarra debería hacer más hincapié en el conflicto geopolítico y no menospreciar la relevancia que tiene para el español medio un cierto orden en la frontera, y no poner tanto el foco en el racismo —que existe y nadie lo niega— y en los mensajes de fronteras abiertas. Tras el pleno, varios diputados de formaciones de izquierda lamentaban el “váyanse al carajo” al PP y Vox con el que la portavoz morada concluyó su intervención. “Ellos siempre quieren ser los más radicales y no se pueden tender puentes así”, decía un legislador de tercer mandato.

Lo que sucede en la acera de enfrente es todo lo contrario: la crisis ha logrado hacer sombra a un escándalo del tamaño de una catedral como es el del ático de Chamberí comprado por el Gobierno de la comunidad de Madrid, con sospechas bastante fundadas de que fue adquirido por orden de Ayuso. En otro país, o municipio dentro de la misma España, implicaría una dimisión asegurada. Pero no en el Madrid del PP. También el pulso entre Feijóo y el ayusismo —y el aznarismo, en cierta medida— se ve opacado por el eje Ceuta-Marruecos. Ni hablar de las contradicciones del PP con Vox y los problemas que les supone gobernar juntos.

De hecho, la otra semana hubo un hecho poco habitual: el PP se fracturó en su voto en la Conferencia Sectorial de Infancia, y los gobiernos en los que hay coalición con la extrema derecha apoyaron algo distinto que los otros —lo que, además, perjudicó a Ceuta—. Casi nadie se enteró y el bloque conservador parece blindado.

Que se instale en la izquierda la sensación de que Sánchez ya es un derrotado político puede ser letal para la movilización y para los incentivos de la izquierda confederal en conformar un frente amplio ambicioso y valiente

Uno de los encuestadores más importantes del Estado y que conoce bien al líder del PSOE comentaba en círculos privados que la situación provocada por la crisis de Ceuta no tiene precedentes y que el destino de Sánchez ya estaría sellado. Que se instale en la izquierda la sensación de que Sánchez ya es un derrotado político puede ser letal para la movilización y para los incentivos de la izquierda confederal en conformar un frente amplio ambicioso y valiente.

Cuanto menor sea la perspectiva de alcanzar el Gobierno, menos incentivos para dejar las cuitas internas y los viejos rencores. Menos motivación para consensuar alianzas y programas. Son demasiados los dirigentes de la izquierda confederal que auguran no más de una docena de diputados en 2027 —vienen de obtener 32, con Podemos y Compromís dentro—. De aquí hasta Navidad se juega buena parte del futuro cercano de la mayoría social.

Partidos políticos
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