El audiovisual en España presenta una juventud sin precariedad laboral ni dificultades para emanciparse

Un informe del Instituto de la Juventud de España documenta la “desconexión estructural” entre la realidad social de las personas jóvenes y su representación en las películas y series de producción española.
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En las películas y series de televisión producidas y estrenadas en España hay muchos personajes jóvenes, en la horquilla entre 15 y 30 años, pero eso no significa que representen fielmente ni de manera realista a la juventud que vive en el país. Así lo corrobora el informe La representación de las juventudes en el audiovisual español, elaborado por el Observatorio de Diversidad en los Medios Audiovisuales (ODA), con la colaboración del Instituto de la Juventud de España (Injuve), dependiente del Ministerio de Juventud e Infancia.

El estudio pone de manifiesto que los datos poblacionales confirman que las personas jóvenes constituyen un grupo social heterogéneo atravesado por múltiples ejes de desigualdad —como son género, racialización, discapacidad, orientación sexual, corporalidad o clase social— pero, sin embargo, las ficciones audiovisuales siguen reproduciendo imaginarios que son “estereotipados, limitados y normativos”, según se lee en sus páginas. Una de las principales conclusiones de este informe es que desde la ficción audiovisual se contribuye a construir una imagen parcial de la juventud, ignorando problemáticas estructurales clave para las personas jóvenes y, por tanto, invisibilizándolas.

“Si bien es cierto que la producción audiovisual ni debe, ni tiene que reflejar fielmente la realidad, sí que es interesante conocer cómo la interpreta y la proyecta”, apunta Margarita Guerrero Calderón, directora general del Injuve, quien califica este informe como “completamente innovador”. El trabajo de investigación se ha basado principalmente en dos fuentes: la Encuesta de Juventud 2023 de Injuve y el informe ODA de 2025 que analizó los datos de ficciones producidas en España y estrenadas en 2024: 102 películas y 79 temporadas de 78 series de ficción con un total de 1.870 personajes, de los cuales 590 son jóvenes.

Ahí se encuentra la primera clave que aborda el estudio: la existencia de una “desconexión estructural” entre la realidad social de las personas jóvenes y su representación en el audiovisual español, evidenciada por una “marcada sobrerrepresentación cuantitativa” que no se traduce en una representación fiel. Mientras que la juventud supone aproximadamente el 16,5 % de la población, algo más de ocho millones de personas entre los 15 y los 29 años, en la ficción alcanza el 31,6 % de los personajes, lo que confirma un peso desproporcionado en pantalla. Sin embargo, según el estudio, esta centralidad no conlleva una “aproximación realista” a sus condiciones de vida: las narrativas ignoran en gran medida problemáticas como la precariedad laboral, las dificultades de emancipación (solo el 15 % de jóvenes viven independizados y la edad media supera los 30 años) o la salud mental (con un 54,7 % que ha experimentado problemas en el último año). El informe destaca que esta omisión resulta “particularmente significativa” si se tiene en cuenta que estas cuestiones constituyen el núcleo de la agenda juvenil, junto al empleo, la vivienda y la situación económica, según la propia encuesta base del estudio.

El estudio resalta que, pese a la diversidad real de las juventudes, el audiovisual sigue construyendo un imaginario homogéneo y normativo, que simplifica y distorsiona dicha pluralidad

El estudio resalta que, pese a la diversidad real de las juventudes, el audiovisual sigue construyendo un imaginario homogéneo y normativo, que simplifica y distorsiona dicha pluralidad. En la sociedad española, la juventud presenta una notable heterogeneidad —con un 18,5 % de origen extranjero, un 27,3 % con al menos un progenitor migrante y un 14,9 % que se identifica como LGTBIQA+—, pero estas realidades apenas se trasladan con complejidad a las narrativas. Aunque se observa cierto aumento en la presencia de personas racializadas en pantalla (hasta el 16,4 % de los personajes jóvenes), esta representación pierde relevancia en los papeles protagonistas y continúa asociada a procesos de extranjerización o a roles estereotipados. De igual modo, la representación de la diversidad de género sigue siendo muy limitada, con menos de un 1% de personajes no binarios, lo que restringe la visibilidad de identidades disidentes.

La investigación subraya que la ficción no solo invisibiliza realidades estructurales, sino que también reproduce esquemas narrativos y simbólicos que condicionan la construcción social de la juventud. Predominan temáticas recurrentes como el deporte o las relaciones sexuales, en detrimento de otros ámbitos más vinculados a la experiencia cotidiana, lo que contribuye a una imagen parcial y sesgada. Este enfoque se vincula, además, con la reproducción de mandatos normativos en torno al cuerpo, la sexualidad o el éxito individual, mientras quedan fuera experiencias como la diversidad corporal, la vida en entornos no urbanos o las trayectorias marcadas por la precariedad. Incluso en ámbitos donde existe correspondencia numérica, como la discapacidad (en torno al 2,7 % tanto en la población joven como en la ficción), la representación se articula con frecuencia desde miradas capacitistas o narrativas limitadas.

La brecha entre representación y realidad no solo limita la visibilidad de la diversidad juvenil, sino que también “condiciona la comprensión social de sus problemáticas y aspiraciones”

La evaluación que hace este estudio evidencia que el audiovisual actúa como un agente de producción de imaginarios sociales que no es neutral, sino que tiende a “reforzar visiones simplificadas, normativas y adultocéntricas de la juventud”. Esta brecha entre representación y realidad no solo limita la visibilidad de la diversidad juvenil, sino que también “condiciona la comprensión social de sus problemáticas y aspiraciones, lo que subraya la necesidad de impulsar cambios en la industria cultural orientados a generar relatos más complejos, inclusivos y conectados con las condiciones materiales y simbólicas de las personas jóvenes”.

Paula Serna Arranz, directora de investigación de ODA, señala varios ejemplos de esta distorsión: “Mientras las acampadas por Palestina afloraban a lo largo y ancho del Estado, mostrando a una juventud comprometida contra los genocidios, una juventud que se organizaba a nivel mundial como una gran muestra de solidaridad internacionalista, no hay ni rastro de esto en nuestras ficciones. Mientras aumentaban las movilizaciones por una vivienda digna, problema que atraviesa la vivencia de la juventud, tampoco hemos encontrado narrativas que tengan este problema como central. Mientras la población joven migrante no acompañada era criminalizada a diario, no sabemos casi nada de sus vidas a través de las ficciones, salvo por algunas historias que se atreven a abrir camino y romper estos imaginarios, como es el caso de Dieciocho. Mientras se extendía el pin parental que impedía hablar de diversidad en los institutos, no hemos visto relatos sobre qué efectos tiene esta decisión sobre las juventudes LGBTIQA+”.

Cuando la clase social aparece retratada en pantalla, lo hace frecuentemente desde narrativas excepcionales o estereotipadas, sin abordar las desigualdades estructurales que la atraviesan

La clase social es un eje fundamental en la vida de los jóvenes y sus problemas, pero se encuentra insuficientemente representada en el cine y las series, según este trabajo de investigación. A pesar de que los datos muestran una juventud marcada por la precariedad laboral, los bajos salarios en comparación con otros grupos poblacionales y la dificultad de emancipación, estas realidades “apenas aparecen tratadas en las ficciones, que tienden a desmaterializar las condiciones de vida de los personajes”. Además, cuando la clase aparece retratada en pantalla, lo hace frecuentemente desde narrativas excepcionales o estereotipadas, sin abordar las desigualdades estructurales que la atraviesan. Esta falta de profundización en la cuestión de clase se muestra especialmente en la ausencia de relatos en los que se refleje o aborde las condiciones materiales de vida en el grupo de 25 a 30 años, un segmento poblacional en el cual menos del 50 % de las personas jóvenes son económicamente independientes y la mayoría percibe sueldos cercanos al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), con casi la mitad ingresando solamente entre 1.000 y 1.500 euros mensuales. 

En cuanto al género, otro de los ejes de desigualdad, el informe destaca una mayor presencia de personajes femeninos, que porcentualmente supera a la población real, lo que permite ampliar los imaginarios en temas como lo LGTBIQA+, pero se mantiene dentro de marcos normativos en identidades como las corporales, con una ausencia mayúscula de personajes gordos o con cuerpos disidentes. También señala que, aunque la representación de las personas trans y no binarias es todavía muy escasa, estas narrativas se están abriendo paso, lo cual debe “llevar a tratar de dar continuidad a estos personajes para poder generar también imaginarios trans y no binarios de adultez, pues poder proyectarse en el futuro beneficia a la propia conformación de la identidad en la juventud”.

Como dato positivo, el estudio detecta algunos cambios y avances en términos de diversidad de género y masculinidades más inclusivas, así como un mayor interés en estas narrativas. “Hemos visto producciones como La Academia o Jo mai mai que muestran indicios de transformación en las masculinidades, especialmente a través de dinámicas de grupo donde la salida del armario de un personaje no deriva en rechazo, o, en el segundo caso, la presencia de personajes con pluma cuya trama no está atravesada por una violencia por esa razón”. También menciona ficciones donde la diversidad no se sitúa principalmente como contrapunto a la hegemonía o como trama educativa, como es el caso de Querer, “donde, de hecho, las diferentes masculinidades de los hermanos (siendo el mayor heterosexual y el menor bisexual) sirven para profundizar en la construcción de sus personajes y mostrar cómo estos mandatos patriarcales afectan profundamente, tanto a los hombres que las experimentan,como a todo su entorno”. El informe celebra que han surgido, sobre todo en series, narrativas que amplían las formas de relación entre hombres, aunque estas todavía conviven con una escasa presencia de identidades no hegemónicas y, en general, con la aparición de roles tradicionales en la mayoría de las producciones.

La presencia de tramas sobre violencia sexual está más expandida, ya que están presentes en obras como Ni una más, Las chicas de la estación, Nudes, Élite, Nevenka, HIT 3 o El caso Asunta, aunque esta última no entra en los datos porque la menor no aparece en ningún momento en pantalla, ya que aborda el caso real de su desaparición. “Aunque no todas las ficciones representan la cuestión de la misma forma, sí es interesante la centralidad de temáticas sobre abusos sexuales, acoso, violencia sexual y de género. Además, hay dos cuestiones clave en estas tramas: una son las denuncias falsas, y otra la disciplina del terror sexual, en lo presencial y lo virtual”. Según este estudio, ficciones como Ni una más o Nudes crean un imaginario sobre los peligros constantes de las relaciones de mujeres con hombres en la adolescencia, especialmente cuando son mediadas por las redes sociales. Se presentan así las redes sociales, explica el informe, como algo a temer y siempre desde la individualización del problema, sin abordar en ningún momento la responsabilidad de las grandes multinacionales en la facilitación de la violencia sexual en internet, como es el caso de X, y la implementación de Inteligencia Artificial, utilizada para crear imágenes sexuales.

El análisis de las identidades LGTBIQA+ muestra una presencia creciente en el audiovisual, pero todavía condicionada por limitaciones estructurales. “Ciertos avances en la representación a menudo carecen de profundidad narrativa o aparecen desvinculados de otras dimensiones identitarias”, valora el informe, que también subraya el mantenimiento de “una fuerte estereotipación, que en muchas ocasiones limita la presencia de personajes queer jóvenes a tramas de salida del armario o violencia sociofamiliar, truncando así la posibilidad de ‘cotidianizar’ su presencia y generar unos imaginarios donde lo LGBTIQA+ no se lea como oposición a la normatividad, ni como fuente de sufrimiento o conflicto”. El estudio señala que la representación y desarrollo de identidades LGBTIQA+ en el cine y las series refleja la presencia marcada que tiene entre las personas jóvenes en la realidad, pero también que “sigue perpetuando la idea de que este fenómeno solo ocurre en aquellas edades más tempranas”. La inclusión de personajes LGTBIQA+, resume el texto, no siempre implica una representación compleja, ni una ruptura de las narrativas tradicionales.

En el audiovisual español “se sigue produciendo el relato en el que se identifica a las personas racializadas como extranjeros y no como parte de un ‘nosotros’”, según este estudio

Si se mira a la cuestión del origen, otro eje clásico de desigualdades, el informe recuerda que un 27,3% de la población joven española tiene al menos un progenitor nacido fuera de España y un 16,2% ha nacido en el extranjero, pero “la ficción sigue sin ofrecer representaciones complejas de estas realidades”. Destaca ejemplos relevantes como la serie Dieciocho, que “construye un protagonista racializado complejo, cuya trama aborda en profundidad el racismo estructural, sin que eso signifique dejar de lado todos los planos de su vida, puesto que cuenta con un romance como eje central”. El estudio considera que la migración es uno de los temas importantes que atraviesan a la juventud y el audiovisual “lo tiene en cuenta en muchas de las ocasiones, pero se produce un ocultamiento de una sociedad española más diversa en cuanto a racialización. Se sigue produciendo el relato en el que se identifica a las personas racializadas como extranjeros y no como parte de un ‘nosotros’”.

En lo relativo a la representación de la discapacidad en el audiovisual, este trabajo concluye que los números porcentuales de representación (2,71 %) son similares a los de las encuestas existentes, “pero en números absolutos son muy pocos referentes que no tienen el peso suficiente como para romper la invisibilización dentro de los imaginarios sociales sobre la juventud. El audiovisual tiene la posibilidad de ofrecer oportunidades laborales a intérpretes jóvenes con discapacidad lo que a su vez permitiría construir imaginarios nuevos, menos limitantes y limitados”. Algo similar ocurre con la corporalidad, que continúa respondiendo a estándares normativos, donde predominan cuerpos jóvenes, delgados y ajustados a los cánones de belleza hegemónicos. “La escasa presencia de corporalidades diversas limita la posibilidad de generar referentes que reflejen la pluralidad real de los cuerpos jóvenes. Esta homogeneización no solo afecta a la representación estética, sino que también condiciona las narrativas, reforzando asociaciones entre valor, deseabilidad y normatividad corporal, que son los mismos problemas que encontramos en el caso de la representación de la discapacidad”. La ausencia de cuerpos no normativos, explica el informe, contribuye a perpetuar exclusiones simbólicas y sociales, de modo que “es deseable ampliar el abanico de corporalidades que tienen cabida en las pantallas”.

El estudio no solo hace la radiografía de la representación de la juventud en el audiovisual en España sino que recomienda, como algo fundamental, “impulsar prácticas y políticas culturales que traigan narrativas más complejas, diversas y realistas que puedan recoger las múltiples formas de vivir la juventud, así como abordar sus preocupaciones clave”. En opinión de sus autores, “avanzar hacia una representación más justa permite ampliar los marcos de posibilidad y pertinencia de las personas jóvenes, en cuanto no es solo una cuestión de representación simbólica, sino también de justicia democrática, social y cultural”.

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