Opinión
Flamenca, sí. Expropiaora, también

Si Marinaleda, en lugar de estar en el corazón de Andalucía, estuviera en el corazón de Madriluña, allí, en la España que importa, seguro que este recordatorio no sería menester porque los nacionalismos periféricos escupirían su historia en el Congreso.
Marinaleda El Humoso 24 - 6
Rafa del Barrio Una cuadrilla recoge alcachofas en Marinaleda

Dibujo, garabateo en los márgenes de mi cuaderno una clave de Fa. Últimamente me afano en darle profundidad, sombras. Creo que es un mecanismo de defensa, de coraje, porque con la voz no llego a las notas más altas en Sol, por ahora. No llego, por ahora. Porque todo se entrena, hasta el deseo.

Esbozo conjuntos en moro y cristiano. Ensayo, perfecciono caligrafías de las que ronear en mis clases de castellano para forasteros analfabetos que viven en Andalucía, lidian con el racismo institucional, cargan con la desventaja de la duda y confían en un dios varado en el check point del Gurugú.

Esto que yo llamo libreta de todos los días —que Isabel Allende, en La casa de los espíritus, llamó cuadernos de anotar la vida— en internet se llama bullet journal. Puede comprarse en online por un módico precio. Lo fabrican niños. Mientras tanto pienso: ¿Qué quieren leer quienes entran a este enlace? Yo aún no me he leído la ley esa que va a dar papeles a tanta gente. He recibido decenas de llamadas que me han recordado la angustia de otros tiempos, lejanos ya, por fin.

Los años en los que la palabra «papeles» se desgajó en una miríada de otras: arraigo, residencia, visado. Aquella mañana en la calle Buensuceso, en la capital nazarí, cuando descubrí que no todos los «papeles» se concedía igual y llamé a mi tía para decirle que los trámites del primo tal vez no fueran —no eran— los que ella debía hacer, porque las relaciones y las exigencias del Reino de España no eran las mismas para quienes remanecían de tierras guarínes que para quienes habían nacido en las misma montañas que defendió Abdelkrim El Jatabi.

En Andalucía, en los años noventa, se expropiaron tierras para crear un pueblo libre y soberano, referente mundial en la lucha contra el orden colonial. Sí, en Andalucía

Entre desahucios, temporales, crímenes de guerra, feminicidios y monarquía parlamentaria, es posible que el público de este texto quiera leer una historia amable, un final feliz. Un referente vivo que le dispute la esperanza al algoritmo. No necesito viajar a los esplendorosos tiempos de Al-Ándalus, ni a los monasterios del Tíbet, ni tampoco al Nueva York de Rosa Parks. Me quedo en la sierra sur de Sevilla. Welcome to Marinaleda.

Si Marinaleda, en lugar de estar en el corazón de Andalucía, estuviera en el corazón de Madriluña, allí, en la España que importa, seguro que este recordatorio no sería menester porque los nacionalismos periféricos escupirían su historia en el Congreso. Pero el nacionalismo andaluz está a un par de pasos, por ahora, de asaltar los cielos. 

Marinaleda es la historia de un pueblo que se hartó de pedirle a Dios y decidió expropiar al César. Los jornaleros y sus mujeres —sí, lo he dicho así—, organizados desde mucho antes, llevaron a cabo ocupaciones, marchas a la ciudad, huelgas de hambre y lo que hiciera falta. Cosecharon multas, procesos judiciales y muy mala fama en la prensa de la Casa Grande. De tan mala, ninguna, ya que, hoy día, hay población andaluza que no sabe ubicar Marinaleda en el mapa, pero se ha visto películas sobre Malcolm X —Diosmía lo tenga en su gloria y conserve su legado—.

Para que se entienda: en Andalucía, en los años noventa, se expropiaron tierras para crear un pueblo libre y soberano, referente mundial en la lucha contra el orden colonial. Sí, en Andalucía. 

Las tierras en cuestión pertenecían al Ducado del Infantado, una casa nobiliaria fundada en 1475 por los Reyes Católicos para Diego Hurtado de Mendoza. Es decir, una tierra convertida en botín de conquista que  la organización del jornalero andaluz y la perseverancia de la jornalera gestionando la vida devolvió a su legítimo dueño. En Marinaleda, como en todo el planeta, para que la tierra dé hay que darle primero. La baraka de la Pachamama, saciada de dignidad, no sale en camiones hacia envasadoras del levante, se queda  en cooperativas donde trabaja el vecindario por un sueldo digno, todo el año, sin emigrar, como si España no existiera. 

Marinaleda nos recuerda que el Estado —y la situación colonial de Andalucía— puede revertirse. 

Mientras los sabihondos ministros no saben cómo atajar el problema de la vivienda en el Estado español, en las tierras de El Humoso la política municipal resolvió el derecho constitucional a golpe de autoconstrucción, cesión de suelo público y cuotas simbólicas al servicio de la vida, no de los fondos buitre. A veces me pregunto por la tasa de divorcios en Marinaleda, pues fuera de ella el precio del alquiler no contempla opción a descasamientos. Marinaleda nos recuerda que el Estado —y la situación colonial de Andalucía— puede revertirse. Es cierto que lo que se ha conseguido allí no se ha logrado en otros lugares, y no porque la lucha haya sido menor. Pero, como dice Cañamero, ni las victorias ni las derrotas son eternas. Que no hayan sido posibles e inmediatos, hasta ahora, los intentos de emancipación rurales y ciudadanos no quiere decir que no lo vayan a ser en un futuro cercano.

El ejemplo de Marinaleda, como muchos otros en Andalucía, nos recuerda que el Movimiento Vecinal - en mayúsculas adrede- va mucho más allá de revisar el alumbrado de la propia calle, el alcantarillado o el camino hasta la finquilla, que también lo es. Marinaleda es un soplo de aliento para todos los movimientos social y vecinales que se rebelan contra la tiranía para hacer de sus localidades, pueblos y barrios lugares dignos al servicio de la vida en la tierra.

Feliz febrero, ramadan mubarak. 

Kabilas de mesa camilla
Kábilas de mesa camilla
Lo nuestro era solo nuestro
Reviví la culpa de creer que eran por mí las peleas de mis mayores, el miedo a que se enteraran en el cole, la agonía de no poder ponerles fin. Las ganas locas de salir de allí. Me volvió a la cabeza el deseo de negarle a mis churumbeles todo eso.
Agricultura
La Junta de Andalucía vs Marinaleda: El Humoso, la utopía de tierra agrícola colectiva, a punto del desalojo
El proyecto cooperativo de Marinaleda, símbolo de un modo colectivo de entender la agricultura, se encuentra bajo amenaza como consecuencia de una decisión de la Junta.
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...