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Laboral
Trabajadores de Correos: “Antes te daba tiempo a hablar con la gente y hacer bien tu trabajo”
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Son miles las personas trabajadoras de Correos llamadas a secundar una huelga este miércoles en contra de un acuerdo que, según el sindicato convocante de los paros, supone una “estocada de muerte” a la adecuada prestación del servicio postal público. Pero el personal de la empresa lleva soportando recortes y condiciones pésimas en las que ofrecer el servicio durante años. “Ya no quieren trabajadores al servicio del pueblo, sino repartidores sin derechos al servicio de las multinacionales”, encapsula Mario Murillo, empleado de Correos y sindicalista de CGT, los cambios acontecidos en la empresa pública en los últimos años.
Sector Público
Huelga indefinida La amazonización de Correos
“Cuando entré en Correos contaba a todo el mundo que era cartera. Ahora me da vergüenza”, cuenta Raquel Juntas, auxiliar de reparto en Alcorcón. A sus casi 65 años, el empeoramiento de las condiciones de trabajo y la amazonización de Correos han extinguido su orgullo profesional. La cartera yuxtapone el momento en el que entró en la empresa con la actualidad: antes hacía servicio público, afirma, pero ahora encuentra “a gente que le han cortado la luz porque no le has dado la carta a tiempo” o ha entregado “la notificación del hospital tres días más tarde”.
Raquel Juntas clama contra la 'amazonización': “Cuando entré en Correos contaba a todo el mundo que era cartera. Ahora me da vergüenza”
Patricia Moreno es cartera y efectúa el reparto en furgoneta por el este de Madrid. Preguntada por cómo querría que cambiase la empresa postal, responde así: “Me gustaría que pudiésemos trabajar sin ir a matacaballo, subiendo las escaleras deprisa o conduciendo mal”. Moreno quiere mejores condiciones para vivir bien y no tener que volver a los ansiolíticos que necesitó durante una temporada, pero también para dar un mejor servicio: la precariedad y las prisas de la plantilla “las pagan los usuarios”.
Lo que necesitaría Juntas para recobrar el orgullo que tuvo por Correos sería que la empresa “priorizase el servicio público”. En esta línea, Murillo lanza algunas propuestas: crear una banca postal o reconvertir las oficinas en ventanillas únicas de la administración, de forma que la ciudadanía pudiera solicitar “un permiso" o el Ingreso Mínimo Vital en el centro de Correos más cercano a su casa.
Notificaciones vencidas
“Le entregué una notificación a un hombre discapacitado, la abrió y me dijo ‘madre mía, si llega dos días después de la fecha límite para entregar los papeles’”, cuenta Juntas que vivió en una ocasión. La cartera aseguró haberse sentido “fatal” por llegar tarde y porque, cuando el hombre acudió a Correos para certificar que la notificación había sido entregada vencida, le quisieron cobrar. “Le produjo mucha ansiedad cuando no era su culpa”, dice Juntas, que cuenta que el hombre finalmente lo pudo arreglar y que “hay muchos casos así”.
La cartera habla de las notificaciones como el corazón del servicio público que ofrece Correos. Un núcleo que, según todas las fuentes consultadas por El Salto, se ha ido dejando de lado en los últimos años en favor de la paquetería y cuya degradación ha “impedido que funcione correctamente la relación entre institución y comunidad”, en palabras de Murillo.
Mario Murillo: “El retraso en la entrega de las notificaciones ha impedido que funcione correctamente la relación entre institución y comunidad”
La plantilla vivió un momento de especial estrés durante las elecciones generales de julio de 2023. En pleno verano, el personal debió hacer un esfuerzo extra para ofrecer los servicios de voto por correo, y eso afectó a la entrega de notificaciones.
Pero el problema viene de largo y está relacionado con los recortes en la plantilla o la no cobertura de bajas. En 2008 había 66.000 personas en plantilla; ahora son unas 48.000, según un informe de 2023 de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.
La menor cantidad de personal de reparto se traduce en sobrecarga de trabajo. Moreno recuerda que hace “cuatro o cinco años” sacaban unos 40 paquetes y cerca de un centenar de notificaciones. Ahora, cifra los pedidos en “60 o 70” paquetes y 150 notificaciones. “No te da tiempo”, asegura la cartera, que cuenta que hay una gran parte del personal que tiene contratos temporales y, como quieren conseguir la plaza indefinida, “les da vergüenza llegar con tantas faltas de tiempo”.
Raquel Juntas: “Aunque había más correo de carta que buzonear, teníamos menos paquetería y trabajábamos con más tranquilidad”
El trato con las personas usuarias también se ve afectado. “Aunque había más correo de carta que buzonear, teníamos menos paquetería y trabajábamos con más tranquilidad”, relata Juntas. “Te daba tiempo a hablar con la gente y hacer tu trabajo bien”, cuenta la cartera de reparto a pie, que asegura que la prisa conlleva errores como equivocarse de portal al buzonear.
Problemas en la salud
El trabajo en reparto o logística de Correos es uno demandante físicamente y la carga extra de trabajo repercute en las condiciones de salud física y mental de la plantilla. Murillo, agente de clasificación que trabaja en almacén, relata presiones para que un número reducido de personas saque adelante una cantidad de trabajo “imposible”. En su entorno, el sindicalista ve problemas de salud laboral, como mucho estrés, ansiedad, problemas de caída de pelo o de la piel, además de dificultades en el sueño y pensamientos recurrentes en torno al trabajo acumulado.
Moreno vivió esa ansiedad en sus carnes y tuvo que acudir al médico para que le recetara un fármaco para esa condición. Aunque ya no necesita la medicación, sí relata que el ajetreo del trabajo se traspasa a su día a día: “En mi vida normal, un fin de semana, sigo con la sensación de ir deprisa a todos los sitios”, relata la cartera de reparto en furgoneta.
Patricia Moreno necesitó tomar un fármaco contra la ansiedad que le producían las malas condiciones de trabajo
Juntas, con casi 65 años, tiene que hacer 15 kilómetros de recorrido en su ruta diaria. “Nos han aumentado los recorridos al haber menos personal”, dice la trabajadora. “Hay una cantidad de bajas que no para de aumentar y que afecta a todos los rangos de edad”, corrobora Murillo. Como consecuencia de la menor plantilla y mayores recorridos, Juntas afirma tener las rodillas “machacadas”. Además, está descontenta con el calzado que les proporciona la empresa porque es “demasiado duro”. En su entorno llegó a haber cinco personas con fascitis plantar. No consiguieron que les reconocieran la dolencia como enfermedad laboral.
Literatura
Literatura Elisa Coll: “La ansiedad de la precariedad es un goteo lento”
Más paquetería, menos servicio público
El envío de paquetería ha crecido mucho en los últimos años, sobre todo tras la pandemia. Correos ha querido adaptarse a este modelo y no quedarse atrás en el reparto de paquetes con respecto a las privadas. En Plan Estratégico 2024-2028 de la sociedad estatal tiene como dos de sus pilares “reforzar el servicio postal tradicional” e “impulsar la paquetería”, pero Murillo y Juntas opinan que el desarrollo de lo segundo se hace a costa de lo primero.
Las personas empleadas de Correos con las que ha hablado El Salto repiten mucho el concepto de “servicio público”. Lo entienden como el corazón de Correos, uno que se ha ido perdiendo con los años, las crisis y la competencia con las privadas. Murillo habla de “amazonización” y fecha el inicio de este proceso en 2001, cuando Correos pasó de formar de parte de la Administración a ser una sociedad anónima estatal. Feijóo estaba a los mandos de la empresa en esa época.
Murillo fecha el inicio de la 'amazonización' en 2001, con Feijóo al frente de Correos. El proceso se acrecentó con los recortes de personal acontecidos desde 2008
La amazonización se acrecentó con la crisis de 2008 y los recortes continuados en la plantilla, que se ha reducido en más de un 25%. Murillo predice que, si la tendencia no se revierte, Correos se parecerá cada vez más a las privadas de la mano de Pedro Saura, su presidente desde finales de 2023. “Pensábamos que era imposible contratar menos que el anterior [Juan Manuel Serrano], pero lo ha hecho”, dice el delegado sindical de CGT.
Un futuro para Correos
Correos podría no ser así. Hay un futuro de servicio público de calidad para Correos si se toman las medidas adecuadas. En esto coinciden las tres personas trabajadoras del servicio postal. Para Juntas, la clave es “priorizar el servicio público”, que para ella se resume en el mínimo de no entregar notificaciones vencidas: “Que no tenga que entregar una notificación del hospital tres días más tarde o ver a gente que le han cortado la luz porque no le has dado la carta a tiempo”.
La gran medida que relanzaría el servicio público en Correos sería el restablecimiento de una banca postal, como existió entre 1909 y 1991, apuesta Murillo. El renacer de un banco público vinculado a Correos lleva tiempo en el debate público, y el modelo existe en otros países del entorno europeo, como Francia.
Murillo: “Lo del banco postal no es una propuestilla, hablaríamos de algo que nos colocaría en una posición de centralidad en la prestación de servicios públicos”
“Lo del banco postal no es una propuestilla, hablaríamos de algo que nos colocaría en una posición de centralidad en la prestación de servicios públicos”, defiende el sindicalista. Y añade: “Lo usaría cada vez más gente y nos permitiría volver a enfocarnos en las personas y en generar puestos de trabajo con mayor capacitación y por ende más retribución”.
Además, y aprovechando la presencia de Correos por todo el territorio, el delegado sindical de CGT apuesta por ofrecer servicios de interés económico general (SIEG) y reconvertir las oficinas en ventanillas únicas de la administración. “Hay que ser ambiciosos”, sentencia Murillo.