La revista ‘Atalaya’, interrumpida tras el golpe de 1936, publica su tercer número

Un homenaje con el que familiares de sus promotores y activistas culturales dan muestra de la cultura republicana en Nafarroa. Tras presentarse este sábado Iruñea podrá adquirirse en el Ateneo Navarro.
Revista Atalaya portadas
9 abr 2026 05:03

No hay mayor evidencia del tópico que señala que, a raíz de la guerra civil, España perdió el tren de la historia, que lo sucedido a la vibrante cultura en la época la República. En ese sentido, el caso de la revista navarra Atalaya, resulta emblemático. Una revista editada en Iruñea-Lesaka que entre 1934-1935, justo a las puertas del golpe fascista, alcanzó a publicar dos números y ofreció una muestra de lo mejor del pensamiento y la creación del momento.

Una iniciativa que Mikel Huarte y familiares de descendientes de sus promotores, historiadores y activistas culturales homenajean ahora a través de una publicación -una suerte de número 3 de la Atalaya original- recogiendo textos de análisis y un diccionario de colaboradores e iniciativas.

Presentan Atalaya este sábado 11 de abril en la Ciudadela de Iruñea, en el homenaje a los asesinados de 1936 y distribuirán ejemplares durante el homenaje a su diseñador Xabier De Frutos, que murió en la defensa de Madrid

Sus promotores presentarán el nuevo número de Atalaya este sábado 11 de abril a las 12:00 en la Ciudadela de Iruñea, con motivo del homenaje a los asesinados tras el golpe de estado de 1936. Igualmente distribuirán ejemplares durante el homenaje a Xabier De Frutos, en el que fuera su domicilio en la Avenida de la Baja Navarra, nº 11 a las 13:00. De Frutos fue un pintor, activista deportivo y político, capitan de las Milicias Vascas Antifascistas que murió en la defensa de Madrid, habiendo sido además el diseñador gráfico de Atalaya. En adelante, podrán adquirirse ejemplares de Atalaya en el Ateneo Navarro de Iruñea.

Que una publicación de ese nivel surgiera en la remota Lesaka euskaldun de Cinco Villas tiene su explicación; los promotores, Alfonso y Francisco Rodríguez Aldave, tuvieron contacto con Miguel de Unamuno y otros intelectuales en la Universidad de Salamanca y posteriormente en Madrid.

Probablemente, junto con su vinculación a la revista Cultura navarra y al Ateneo navarro, esta conexión proporcionó los contactos con destacados pensadores, literatos y artistas del panorama nacional, los cuales, junto a colaboradores locales, generaron una sinergia cultural centro-periferia, quizá insólita en la actualidad, pero más habitual de lo que se cree en la marmita vanguardista de la época. En sus páginas se codearon primeras figuras nacionales como Miguel de Unamuno, Benjamín Jarnés o Pedro Salinas con la flor y nata local de Victoriano Juaristi o Angel María Pascual.

Atalaya se interrumpió por falta de fondos y, tras el golpe y la guerra civil, no pudo volver a editarse, quedando en el tintero de la historia un monográfico dedicado a Unamuno

Lamentablemente, el proyecto se interrumpió por falta de fondos y, tras el golpe y la guerra civil, ya no pudo volver a editarse. Su tercer número, un monográfico dedicado a Unamuno, quedó en el tintero, como el mismo escritor vasco, colgado de la brocha de la historia, en su acercamiento y fuga in extremis del franquismo.

No obstante, el capítulo más triste es la decepción que provoca que un amplio número de prestigiosos colaboradores comprometidos ya no pudieron participar en el proyecto, como Norah Borges, Joaquín Zarranz, María Zambrano, Juan Manuel Díaz Caneja, Maruja Mallo, Pablo Neruda y los hermanos Manuel y Antonio Machado, muchos de ellos relegados en un largo exilio, o como aquel Federico García Lorca, que paseó su popular Barraca por tierras navarras en el 33 y acabará trágicamente sus días en una cuneta desconocida tres años después.

No obstante, el impulso del proyecto sin duda obedece al entusiasmo de sus editores, colaboradores y mecenas locales, entre los que destacan además de los hermanos Aldave, su editor de Iruñea, Emilio García Enciso, director de la editorial pedagógica Florencia. A ellos se debe sin duda la singularidad heroica de la propuesta en un clima tan enrarecido políticamente como estimulante en lo creativo que, quizá ingenuamente pretendía una publicación, inspirada en el cristianismo progresista de Cruz y Raya, pero “sin marbetes políticos”.

Lo más llamativo a nuestro ojos, y relevante en aquellos tiempos de extrema polarización política es, sin embargo, la transversalidad ideológica de los colaboradores. Entre sus páginas podemos encontrar todavía felizmente aunados una diversidad en la que se cruzan desde socialistas a nacionalistas, e incluso falangistas como Juan Cabanas Erauskin y Angel María Pascual. Más allá de una vaga inspiración católica “ecuménica”, su interés era, nada menos que “ser portavoz de las inquietudes juveniles de nuestra provincia y nuestro propósito de que en sus páginas se reflejen los afanes intelectuales de Navarra, España y del Mundo”.

Junto con la calidad de los escritores, uno de los rasgos definitorios de Atalaya es su enfoque plástico, imprescindible en todo proyecto vanguardista

Junto con la calidad de los escritores, uno de los rasgos definitorios de Atalaya lo constituye su enfoque plástico, imprescindible en un proyecto de querencia vanguardista que se precie. En la nómina de artistas destaca el papel de Francisco Xabier de Frutos, pintor e ilustrador de tendencia cubista y capitán de las Milicias Antifascistas desaparecido en combate en el frente madrileño. Su labor, junto a los dibujos surrealistas de Juan Cabanas Erauskin o las fotografías de José Suárez, fue esencial para enmarcar plásticamente el proyecto en las nuevas tendencias de la época.

La muerte, la cárcel, el exilio y el olvido aguardaba a los artistas comprometidos políticamente con las izquierdas, durante la guerra, la posguerra, la dictadura e incluso la Transición, hasta hace bien poco. Solo en 2021 el Museo de Navarra inauguró la exposición dedicada a Gerardo Lizarraga, conocido pintor anarquista que pasó por los campos de concentración de Francia y murió en el exilio mejicano.

Y ha habido que esperar hasta 2026 que el Civivox Pompelo de Iruñea haya abierto un espacio permanente dedicado a Javier Ciga, reconocido pintor iruindarra del ‘exilio interior’, pero marginado por su simpatías nacionalistas.

Por otra parte, esta publicación homenaje recoge interesantes aportaciones como la del profesor José María Barrera sobre la recepción crítica de la revista en su época, de Mikel Taberna Irazoki sobre la cuestión del euskera, de Lola Valverde Lamsfus sobre la ausencia de mujeres entre sus páginas y de un texto de Miguel Unamuno Adarraga, nieto del filósofo.

Arqueología cultural, memoria histórica, justicia poética en esta publicación que, sobre todo, rinde tributo a la singular figura de los hermanos Aldave, intelectuales de provincias, formados en el prestigioso colegio de Lekaroz (con Jorge Oteiza, Nicanor Zabaleta y José María Leizaola).

Atalaya rinde tributo a sus promotores: los hermanos Aldave, intelectuales de provincias; Alfonso, casado con la filósofa María Zambrano, y Francisco, héroe de la resistencia y conspirador político

Alfonso, licenciado en derecho, casado con la filósofa María Zambrano y convertido luego en exitoso banquero, y Francisco, licenciado en historia, héroe de la resistencia y conspirador político, ambos siempre vinculados a su iniciales inquietudes culturales, merecen un reconocimiento. A su idealismo cultural, a su vida aventurera en el exilio americano y francés y a su vanguardismo ingenuo les debemos este testimonio de la cultura republicana que pudo ser antes de la fractura social que supuso la guerra civil y, acaso, podamos recuperar en algún momento.

La experiencia de aquella efímera arcadia lesakarra de cultura, fraternidad y libertad, que ha permanecido olvidada hasta ahora resuena con esta oportuna publicación (una lástima que no hayan podido re-editarse los dos números originales) como un testimonio del papel de la voluntad cultural en la construcción de una sociedad avanzada.

Como escribiera Antonio Machado en 1936, en su célebre poema Españolito: “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, / entre una España que muere y otra España que bosteza. / Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. / Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.”

También una Navarra quedó descorazonada y congelada en el tiempo, a la espera del tardío deshielo de la democracia, mientras la otra daba el fruto envenenado de la cultura del nacional-catolicismo del Monumento a los Caídos (cancelando, paradójicamente, el vanguardismo de muchas trayectorias del bando nacional), hoy envuelto en polémicas por su destino como espacio memorialista.

Y hoy es el día que todavía sufrimos las consecuencias de aquella represiva incuria cultural tras la guerra incivil, cuando se derribó aquella modesta Atalaya a la cultura moderna de la República.

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