We can't find the internet
Attempting to reconnect
Something went wrong!
Hang in there while we get back on track
Opinión
Sobre las movilizaciones del 5 de abril contra el negocio de la vivienda y por salarios y pensiones dignas

La lucha contra el negocio de la vivienda tomará las calles en decenas de ciudades del Estado español este 5 de abril. Bajo la iniciativa de los sindicatos de inquilinas y marcada por las Huelgas de Alquiler como estrategia para promover una bajada de precios, el movimiento de vivienda en el Estado va creciendo en capacidad de organización y lucha.
Desde el sindicato LAB, hemos venido apoyando y aprendiendo junto con las compañeras de los sindicatos de inquilinas, problematizando el papel del rentismo y la crisis habitacional así como reflexionando y repensando nuestra práctica socio sindical para poder ofrecerle a la clase trabajadora de Euskal Herria una herramienta de organización y lucha eficaz también en este ámbito.
Desde LAB hemos participado en conflictos liderados por otros agentes del movimiento de vivienda de Euskal Herria, realizado análisis y propuestas propias y confluido en movilizaciones como la del pasado 14 de diciembre
En este camino, desde LAB hemos participado en conflictos concretos liderados por otros agentes del incipiente movimiento de vivienda de Euskal Herria, hemos realizado análisis y propuestas propias y confluido en movilizaciones más generales como la del pasado 14 de diciembre. Pero sobre todo, hemos tratado de asumir la tarea de crear espacios organizativos y de lucha desde los que articular un sindicalismo de clase y de contrapoder.
Lo decíamos a principios del 2025, LAB cuenta hoy con asambleas de vivienda en su seno, organizadas en el territorio y en las que realiza asesoría colectiva y diseña su intervención sindical. Ya hemos paralizado desahucios, logrado prorrogar contratos de alquiler en condiciones más favorables y celebrado las primeras victorias.
La crisis habitacional se caracteriza por hacer de la vivienda un producto de inversión que tiene un papel cada vez más central en la economía y por el desarrollo de unas políticas públicas destinadas a garantizar la vivienda como mercancía. Esta tendencia global tiene su proceso y expresión concreta en cada territorio. Por lo que la forma de hacerle frente debe partir de esta premisa.
Derecho a la vivienda
Derecho a la vivienda El 5 de abril, nueva fecha clave para que la vivienda deje de ser un negocio
Cuando decimos que en Hego Euskal Herria se repite el guión, que si no hacemos nada esta crisis nos pasa por encima y que el acceso a la vivienda es un elemento central en el empobrecimiento del conjunto de la clase trabajadora vasca -que impacta más directamente sobre los cuerpos y vidas de mujeres*, personas migradas y/o racializadas o jóvenes- también tenemos claro que la realidad es bien distinta a la del conjunto del Estado. Y principalmente, creemos que lo es por dos motivos:
El primero es que si bien es cierto que tanto en la CAV como en la CFN las políticas de vivienda se han venido desarrollando desde una lógica neoliberal en la que se prima el negocio a su función social, no podemos obviar que el parque público de vivienda es el mayor del Estado, que existe una ley que reconoce el derecho subjetivo en la CAV desde el 2015 o que Nafarroa será en el conjunto del Estado la segunda comunidad en declarar prácticamente el territorio entero como Zona Tensionada. Tampoco el sistema de prestaciones sociales es el de Madrid.
No seremos nosotras quienes defendamos como la panacea esta arquitectura política, ni mucho menos. Pero negar que gracias a una correlación de fuerzas diferente a la del Estado, la clase trabajadora vasca viene disputando durante décadas el reparto de la riqueza y a obligado a que se desarrollen políticas sociales- también política de vivienda- más favorable a los sectores populares es no reconocer todas y cada una de las victorias (parciales) de la clase trabajadora y los sectores populares, y sobre todo, es no ajustarse a la realidad que vivimos.
Del mismo modo, afirmamos rotundamente que lo que en el pasado podía servir de bálsamo para grandes sectores sociales, hoy en día ya no sirve ni para eso. El acceso a la vivienda en Hego Euskal Herria se complica y empobrece a cada vez más gente.
Hay más de 100.000 demandantes de vivienda pública en la CAV y 20.000 en Nafarroa y aunque la mayoría ya vive de alquiler el esfuerzo económico que deben realizar actualmente es inasumible
Actualmente, son más de 100.000 personas demandantes de vivienda pública en la CAV y 20.000 en Nafarroa. La mayoría ya vive de alquiler pero el esfuerzo económico que debe realizar actualmente es inasumible. Se ha roto la falsa promesa neoliberal en la que el alquiler era una fase transitoria hacia la supuestamente necesaria vivienda en propiedad; el colchón familiar cada vez es más necesario para adquirir una vivienda y el presupuesto de programas como Gaztelagun y Emantzipa se triplica cada año, augurando un política pública de prestaciones que no es sostenible a largo plazo. Transferir dinero público directamente a manos de los arrendadores sin ninguna medida de protección a inquilinas es una política que solo logrará mantener los precios al alza y realizar esfuerzo público en la dirección equivocada. Una dirección errónea en la que se profundiza con deducciones y todo tipo de beneficios fiscales para propietarios.
El proceso de turistificación que viven nuestras ciudades y todo el litoral del País está generando que la crisis de vivienda avance a la vez que se extienden condiciones laborales cada vez más precarias y desreguladas. Esta realidad como la apuesta por la denominada vivienda asequible, que más allá de responder a las características socio-económicas de las personas demandantes de vivienda pública es la oferta a promotores inmobiliarios para promover construcción más rentable, son a día de hoy debates y líneas de actuación donde pensamos que es necesario crear conflicto. Lo mismo, por ejemplo, que la intención de rebajar la proporción de vivienda pública en la Ley del Suelo de la CAV.
A nuestro entender, en nuestro contexto, dar la batalla frente a las políticas públicas vigentes es totalmente necesario. Esa fase aquí no está agotada y hay luchas por hacer y victorias por lograr.
Eso sí. Sabemos que la interpelación política, por mucho que pueda generar avances y medidas concretas, no va a ser suficientes. Cambiar el modelo actual, sobre todo y ante todo, necesita de politización, activación popular, organización y lucha.
Organización y lucha frente a un sistema rentista que abre la puerta a grandes propietarios para que hagan negocio con nuestros hogares, que genera un sentido común que defiende que es legítimo extraer la plusvalía de quien está en una posición más desfavorable para mantener su posición social. Hace falta organización y lucha para politizar, ganar poder de negociación en conflictos concretos y generar nuevas herramientas de presión como las huelgas de alquileres. Debemos construir, sobre todo, para crear poder. Poder con el que situar la vida y los intereses de la clase trabajadora en el centro.
Y esto, no lo podemos hacer solas. Esa es la segunda realidad concreta. Compartimos el análisis de parte del movimiento de vivienda cuando afirma que estamos en el inicio del movimiento. Ese inicio, en nuestra opinión, debe además de constituirse en el entorno del que es parte: junto, entre otros, a un Movimiento Feminista capaz de organizar una Huelga Feminista General, un Movimiento de Pensionistas inquebrantable que tras victorias y alguna derrota lleva recogidas más de 90.000 firmás para una ILP que garantice unas pensiones mínimás dignas o una realidad sindical en la que la confrontación y el contrapoder son hegemónicos en sus planteamientos y en la que el segundo sindicato del País, de manera humilde pero con determinación, decide ser un agente activo y directo en el conflicto de la vivienda.
Mientras en el Estado se llenarán las calles bajo la reivindicación que apoyamos de acabar con el negocio de la vivienda, en Euskal Herria se convocan movilizaciones por unos salarios y unas pensiones mínimás dignas, suficientes y para todas
Es esta realidad la que marca agenda y debate, con la que se pueden -y creemos, se deben- generar alianzas para ganar posiciones, crear estructuras estables y politizar y organizar a más gente. Y el ejemplo más claro es el propio 5 de abril, en el que mientras en el Estado se llenarán las calles bajo la reivindicación de acabar con el negocio de la vivienda (a las que si no ha quedado claro, mostramos nuestro más sincero apoyo) en las cuatro capitales de Hego Euskal Herria se convocan movilizaciones por unos salarios y unas pensiones mínimás dignas, suficientes y para todas. Ser ajeno a esta realidad, en nuestra opinión es una estrategia igual de legítima que inoperante en términos políticos.
Las movilizaciones de este 5 de abril nacen de una lucha iniciada allá por el 2020 bajo una convocatoria de Huelga General en Hego Euskal Herria, en las que entre otras se reivindicaban salarios, pensiones y vidas dignas. Una convocatoria en clave ofensiva, que si bien la realidad del Covid 19 detuvo, las relaciones y alianzas se transformaron, han generado una posibilidad real para que se logren las reivindicaciones históricas de un Salario Mínimo Interprofesional y un complemento de pensión propios que se adecuen a la realidad social, económica y política de aquí. No podemos permitirnos abandonar esta batalla que es central y golpea de lleno a las estructuras del Capital beneficiando las condiciones de vida del conjunto de la clase trabajadora vasca.
El 5 de abril salimos a la calle a favor de salarios y pensiones mínimas dignas. Sin duda, estas movilizaciones servirán también para que el movimiento por la vivienda siga fortaleciéndose y genere nuevas condiciones para que las luchas sociales y sindicales de Euskal Herria continúen tejiendo alianzas y puntos en común con el fin de ofrecerle a la clase trabajadora vasca y sus sectores populares unas vidas dignas en estos tiempos que corren. Nos vemos en las manis.