Opinión
Vivir bajo el ruido creciente del aeropuerto de Bilbao
En los últimos meses ha estado de actualidad la ampliación del aeropuerto del Prat pactada entre el Gobierno de España y la Generalitat y rechazada por grupos ecologistas y, en el plano político, por ERC, Comuns o Podemos. La formación morada pactó con el Ministro de Transportes retrasarla hasta 2031, lo que aporta cierto balón de oxígeno para seguir trabajando la negativa a esta inversión en plena crisis climática.
La ampliación del Prat es una de las inversiones más importantes del recientemente presentado plan DORA III (Documento de Regulación Aeroportuaria III), pero no la única. El 17 de septiembre, en un evento que contó incluso con la presencia del presidente del Gobierno, AENA presentó su plan de inversiones para el período 2027-2031 por un total de 13 millones de euros, entre los que se encuentran los tres aeropuertos vascos. En concreto, para el aeropuerto de Bilbao, en Loiu, se planifica, entre otras cuestiones, un alargamiento del edificio de La Paloma por ambos lados para aumentar las posiciones de embarque, lo que permitirá seguir aumentando el tráfico aéreo.
El aeropuerto de Bilbao, en Loiu, no ha parado de crecer en vuelos en los últimos años. Según datos de AENA, en 2024 esta infraestructura contabilizó un total de 52.539 operaciones, un 2,1% más que el año anterior. En 2023 el aumento fue del 14,5% respecto al año anterior y en lo que va de año 2025 el aumento es del 3,5%. Como viene siendo habitual en tantos otros sectores, estas cifras van siempre acompañadas de una orquesta de felicitaciones y triunfalismos por parte de las instituciones y del PNV y PSOE, incapaces de pensar más allá de la caja del desarrollismo.
Pero no es la cantidad el único problema. Paralelo al crecimiento, también se ha incrementado el uso de la “configuración oeste”, principalmente para el despegue. Según datos oficiales, el 76% de los despegues y el 28% de los aterrizajes se hacen desde o hacia el mar, sobrevolando los barrios de Andra Mari, Algorta, Artaza, Peruri, Mendibile, San Bartolomé, Elexalde… en Getxo y Leioa.
Las molestias por ruido de aviones no son novedad para otros municipios: Derio, Erandio, Loiu, Sondika y Zamudio están dentro de la servidumbre aeronáutica acústica desde 2018, lo que conlleva la obligación de establecer medidas contra el ruido tales como subvencionar ventanas aislantes.
Getxo es una de las zonas con mayor población afectada al sobrevolar sus núcleos urbanos en la mencionada “configuración oeste” del aeropuerto de Loiu
Sin embargo, sí es algo nuevo para Leioa y Getxo. Leioa entró en 2023 dentro de este grupo de municipios cuya afectación se ha reconocido. Getxo de momento queda fuera, pero las quejas entre los vecinos y vecinas no paran de crecer. Dos muestras de esto: la primera, ya el informe de seguimiento anual de 2019 en Getxo recogía tantas quejas como del resto de municipios incluidos en la zona de servidumbre. La segunda, según el último borrador del Plan de Actuación contra el Ruido en el Aeropuerto de Bilbao elaborado por el Ministerio de Transportes, Getxo es una de las zonas con mayor población afectada al sobrevolar sus núcleos urbanos en la mencionada “configuración oeste”. No es para menos, el mapa de ruido del aeropuerto dibuja la zona de afectación hasta Leioa, a 500 metros de la muga con Getxo.
Los aeropuertos no son infraestructuras inocuas para nuestro día a día ni para nuestro planeta. Recientemente, un estudio ha detectado un aumento de los casos de hipertensión, diabetes e incluso demencia en las poblaciones cercanas a los aeropuertos más grandes del Estado. Además, no debería hacer falta recordarlo pero, lamentablemente, a algunos y algunas “se les olvida” que en 2015 con el Acuerdo de París los países se comprometieron a limitar el calentamiento global por debajo de los 1,5ºC. La realidad 10 años después es que ya rondamos entre los 1,2 y 1,4 ºC y el grado y el límite se sobrepasará con total seguridad en 2030, en cinco años.
El crecimiento en este modelo económico y la sostenibilidad es un oxímoron. Con una mano, las instituciones nos regañan por no comprarnos un híbrido con un crédito bancario. Con la otra, invierten en seguir aumentando el tráfico aéreo, sector del transporte cuya descarbonización es más difícil (si no imposible). Según datos de Stay Grounded reconocidos por la Comisión Europea, en 2018 las emisiones de la aviación ya representaban un 5,9% de todo el calentamiento global generado por la humanidad.
“Mientras, las olas de calor seguirán siendo cada día más frecuentes y la conversación en la calle o la siesta con la ventana abierta más imposible bajo el ruido de los aviones”
¿Se puede seguir aplaudiendo el incremento de vuelos y la ampliación del aeropuerto de Loiu a la vista del incremento de molestias? ¿No deberíamos ser consecuentes con la situación de emergencia climática y trabajar en la congelación (cuando no decrecimiento) del tráfico aéreo? Se hacen declaraciones triunfalistas, incluso hablan de mayor empleo sin aportar un dato, pero nadie contrasta esto con los efectos negativos en la salud y en el día a día. Hablamos de salud, bienestar y calidad de vida. ¿Acaso se nos ha preguntado si queremos sacrificar esto para tener un vuelo directo Bilbao-Nueva York?
Los partidos defensores del capitalismo verde, del brick reciclable en medio de un mar de basura o de la placa solar para cargar las baterías del SUV, seguirán aplaudiendo acríticamente el desarrollismo y el incremento de emisiones escondiéndolo en bonitos discursos de desarrollo sostenible. Mientras, las olas de calor seguirán siendo cada día más frecuentes y la conversación en la calle o la siesta con la ventana abierta más imposible bajo el ruido de los aviones.
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