Rodrigo Karmy: “Asistimos a una sionización del capital y una palestinización de las formas de resistencia”

El filósofo Rodrigo Karmy, autor de obras como ‘Palestina sitiada. Ensayos sobre el devenir Nakba del mundo’, reflexiona sobre la “guerra civil global” a partir del genocidio.
15 may 2026 06:48

El filósofo chileno-palestino Rodrigo Karmy, lleva años analizando la cuestión palestina desde una perspectiva que bebe tanto de la filosofía clásica árabe como del pensamiento contemporáneo. Profesor e Investigador del Centro de Estudios Árabes y del Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, Karmy ha impartido conferencias en Universidades de América Latina y Europa, y participa en varios medios de prensa chilenos.

El pasado abril, el académico fue invitado a las segundas Jornadas Estatales de la Red Universitaria por Palestina (RUxP), visitando los campus de Valencia, Zaragoza o Madrid. Autor de obras como Palestina. Anatomía de un genocidio  (Ed. LOM, 2024), Palestina sitiada. Ensayos sobre el devenir Nakba del mundo (Ed. LOM, 2024) o , Intifada. una topología de la imaginación popular (Ed. Metales Pesados, 2020) Karmy reflexiona sobre descolonización y resistencia internacionalista, centrando su mirada en la imaginación.

Palestina va a contrapelo de una determinada forma de conocimiento hegemónico que tiene por objetivo la separación entre teoría y práctica

En primer lugar te quería preguntar por el contexto de tu visita, de la mano de una red que articula a numerosas universidades del Estado en defensa del pueblo palestino. Me resulta interesante cómo desde el ámbito universitario se conjugan las acción política, el pensamiento crítico, y el análisis histórico en relación con Palestina. 
Una de las cuestiones que caracteriza tanto al activismo como al trabajo académico sobre Palestina es que la cuestión intelectual respecto a la cuestión de la acción política van absolutamente de la mano y eso es una cuestión histórica, en el sentido de que muchos de los términos que usa el activismo palestino, muchos conceptos, han tenido que ver justamente con elucubraciones esencialmente intelectuales, académicas, muy de peso. Y al mismo tiempo, esas elucubraciones intelectuales, muy de peso, se han ido forjando precisamente a partir de la crudeza y de la devastación de la Nakba en los años de colonización sobre Palestina. 

Entonces, una cuestión que me parece que es crucial entender acá como punto de partida, es que no es una casualidad la existencia de la Red Universitaria por Palestina, precisamente porque el activismo palestino no puede nunca convertirse en un movimiento anti intelectualista de un lado o en un movimiento que se restringe a un intelectualismo sin compromiso alguno, de otro lado, como si eso fuera eventualmente posible. Es precisamente esa escisión la que el modo de producción de conocimiento contemporáneo de la universidad actual trata de hacer.

Palestina no solamente va a contrapelo de la colonización sionista en el propio territorio palestino. No solamente Palestina va a contrapelo de los tentáculos, por así decirlo, que tiene el conjunto de la industria sionista a nivel global. También va a contrapelo de una determinada forma de conocimiento hegemónico que tiene por objetivo la separación entre teoría y práctica, y donde, como te decía, la imbricación entre una apuesta comprometida del intelecto por un lado y por otro lado, una fuerza intelectual de la acción resulta absolutamente clave y esencial.

La universidad también es un espacio de disputa. A lo largo de estos años hemos visto cada vez con más claridad cómo estos tentáculos sionistas a los que haces referencia, se ciernen sobre los campus del continente americano o europeo.  
Primero, esto deja en evidencia que la universidad no es un espacio neutral. Segundo, deja en evidencia que el discurso sobre la universidad neutral es un discurso esencialmente característico de la cultura de derecha. Y en tercer lugar, no hay que olvidar que no es que las universidades israelíes sean cómplices de la colonización sobre Palestina, si no que las universidades son dispositivos coloniales directos de la colonización sobre Palestina. En ese sentido también, las universidades como aparatos de saber y poder, tienen un despliegue, una fuerza que posibilita dispositivos de silenciamiento, dispositivos de escisión del conocimiento, discursos de supuesta neutralidad donde precisamente la cuestión Palestina queda nuevamente invisibilizada del registro del saber, pero sobre todo de la crítica. 

Creo que si Palestina ha logrado ingresar al campo universitario, a los distintos campos universitarios, tiene que ver justamente con que su lucha concierne a una distinta manera de entender el conocimiento que, como te decía, va a contrapelo de esa escisión entre teoría y praxis que es el modus que el conocimiento contemporáneo quiere proponer. En este sentido, la universidad por supuesto que es un campo de disputa, donde la cuestión Palestina resulta ser siempre un gran problema para la universidad porque Palestina en último término plantea una pregunta, organiza una pregunta que tiene que ver con la cultura posterior a la Segunda Guerra Mundial, y tiene que ver con el modo en que se practica el conocimiento en las universidades contemporáneas. En ese sentido, Palestina es un dispositivo de impugnación, un dispositivo de interpelación. Dicho de otra manera, es una pregunta organizada.

En tu trabajo reflexionas sobre lo que supone Palestina para el nuevo imperialismo, apuntando al “devenir Nakba del mundo”, ¿qué claves nos da Palestina respecto a esta etapa de la historia?
El devenir Nakba del mundo es una expresión que, en realidad, hay que inscribir dentro de una constelación de pensamiento de carácter colectivo. Es parte del trabajo que hacemos al interior del general intellect. Cineastas palestinos, colegas y amigos en Chile hemos tratado de pensar la cuestión de Palestina como paradigma, sin necesidad de comunicarnos entre nosotros. Porque lo que nosotros vemos es que, de alguna manera, primero Palestina es el catalizador de la nueva época histórica y segundo, es el catalizador, también, porque el conjunto de dispositivos de control y seguridad que se despliegan a nivel global encuentran su momento extremo los territorios palestinos.

En tercer lugar, cuando planteé la idea del devenir Nakba del mundo, en realidad la planteé a partir de una figura que usa Achille Mbembe. En su Crítica a la razón negra, este autor sostiene la idea de que estamos asistiendo al devenir negro del mundo. Lo que en esa tesis se juega es la reproducción de las lógicas esclavistas en la nueva fase del neoliberalismo, y lo que yo diría es que deberíamos cambiar el sujeto negro por el proceso de la catástrofe, que en árabe es precisamente la Nakba. Al desplazar el sujeto negro por la noción de proceso de catástrofe, me parece que hermenéuticamente podemos pensar de una manera más amplia, en un devenir que se cristaliza en la reproducción de formas de precarización a nivel global por parte del capitalismo contemporáneo, donde ese capitalismo en la actualidad está completamente exento de mediaciones institucionales, o las mismas mediaciones institucionales funcionan cada vez de manera más policial, cada vez de una manera más apuntalada a partir de dispositivos securitarios.

Rodrigo Karmy - 4

En esa medida, el devenir Nakba del mundo designa la situación en que el orden se rige absolutamente por el régimen de la fuerza y en ese sentido, el devenir Nakba del mundo tiene dos componentes centrales: un poco como nos enseñó Marx, la cuestión siempre pasa por la existencia de una contradicción. Por un lado ese orden de la fuerza que se impone, ese orden de la fuerza que es el orden del capital. Pero por otro lado, el devenir Nakba, supone insurrecciones múltiples frente a ese orden de fuerza que se impone de manera sistemática por todas las vías. Entonces, el devenir Nakba del mundo es una conceptualización contradictoria y precisamente porque es contradictoria es exacta. Es contradictoria y es precisa, porque da cuenta de el proceso por el cual se impone la fuerza y al mismo tiempo se levantan multitudes y que podríamos denominar en otro registro, como por ejemplo lo ha pensado el Comité Invisible, como guerra civil planetaria.

Me parece que eso es justamente el momento en el que estamos viviendo, donde, por así decirlo, los pactos institucionales, las mediaciones jurídicas, el derecho internacional, han implosionado y estamos contemplando su reverso. Como explicaba también en una de las conferencias que he tenido el privilegio de dar acá, no se trata de que este orden de la fuerza, se impone simplemente porque viene de afuera, sino que es el mismo régimen institucional del orden internacional que es heredero de la Segunda Guerra Mundial el que desarrolló una fuerza interna que lo modificó, haciéndole implosionar y mostrando su propio reverso para desplegarse.

El orden instalado después de la Segunda Guerra Mundial mantuvo el supremacismo blanco gracias a la creación del Estado de Israel

El problema de la incubación, de la aparición de los nuevos fascismos, todo eso que aparece cotidianamente no es, por decirlo de alguna manera, una anomalía al sistema que este mismo orden de la fuerza impugna. Si no que proviene de la intensificación de ese mismo orden. Es decir, son las posibilidades del mismo orden internacional instalado en la Segunda Guerra Mundial las que terminan precisamente catalizándose en la forma del régimen de la fuerza. Básicamente porque el orden instalado después de la Segunda Guerra Mundial mantuvo el supremacismo blanco gracias a la creación del Estado de Israel.

Me interesaba también tu perspectiva desde Chile. ¿Es posible que con la llegada de Jose Antonio Kast el país asuma el mismo camino que ha marcado Javier Milei en Argentina, en cuanto a adhesión radical al sionismo?
Sí, pero con matices. Te diría varias cosas sobre Chile para contextualizar un poco el lugar de Kast. Primero, desde la época de Pinochet hay un monopolio del armamento israelí en el contexto de las Fuerzas Armadas. Segunda cuestión, hace muchos años la embajada israelí está intentando hacer lobby, no solamente para profundizar esa relación de la industria armamentística, sino también para profundizar la relación de la industria acuífera, con Mekorot. Tercero, hoy día todas las derechas, salvo muy pocas excepciones, son sionistas: se han sionizado las derechas. El caso de Kast no es la excepción, salvo por el hecho de que, a diferencia de Milei, Kast no es un personaje que viene de fuera del sistema político.

Kast es un Milei que viene desde adentro de la propia cosa pública, y lo que ocurre hoy día es que, pese a los mínimos esbozos que intentó hacer Gabriel Boric como suspender a Israel de la participación de la FIDAE, que es la exposición de la industria armamentista mundial en Chile, o sus declaraciones en torno a los derechos humanos que no se respetan en Palestina —vaya novedad—,  Boric no terminó con romper relaciones con Israel. 

Sin embargo, esos mínimos gestos que había hecho el gobierno anterior —que iban en una buena senda, me parece a mí, a pesar de la total insuficiencia—, el gobierno Kast los va a revertir. Va a volver a potenciar la industria armamentística israelí en la Fuerzas Armadas e incluso, uno de los asesores más importantes que tiene Kast, en lo que se conoce como el segundo piso de La Moneda, que es donde está todo el aparataje intelectual del gobierno, es Eitam Bloch, un joven de nacionalidad israelí e hijo de un rabino argentino que fue asesor de la Embajada de Israel en Chile. Por lo tanto, yo creo que lo que va a ocurrir en Chile, como en otras partes del mundo, es una sionización de las oligarquías, una sionización del capital, y al mismo tiempo una palestinización de las formas de resistencia por parte del pueblo.

Estas élites sionizadas parecen atacar desde todas partes.
Yo creo que lo que está ocurriendo desde ya, es que se está desplegando la Guerra Civil planetaria. Para definir bien lo que entendemos por guerra civil planetaria: estamos presenciando básicamente una miríada de conflictos, de carácter polidimensional, cuyo objeto primario son siempre las poblaciones civiles, que, o son objeto de la masacre indiscriminada, como el caso de Gaza, o son al mismo tiempo —también en el caso de Gaza— sujetos de insurrecciones múltiples, de distintas formas de insurrección. 

Lo que me parece que se augura en la nueva época, es decir, en la época cristalizada por la fuerza, es la intensificación de la guerra civil. Y ya sabemos lo que Marx decía sobre la guerra civil. En un acápite que muy pocos leyeron del Manifiesto Comunista, explicaba que la guerra civil es un momento sigmático, un momento crítico del ordenamiento burgués, donde precisamente salen a relucir todas las contradicciones. Parece que esa guerra civil es en la que estamos, pero es una guerra civil que tiene múltiples matices y tiene gradaciones. 

Es decir, uno podría decir en ciertas metrópolis como en las metrópolis europeas, o en ciertas metrópolis estadounidenses —aunque cada vez menos— que la guerra civil parece no tener lugar, pero el problema es que la guerra civil es global y por lo tanto funciona con gradaciones, en cualquier minuto, en cualquier momento, por razones justificadas o no justificadas, se puede desatar un conflicto de esta naturaleza. Por eso yo sostenía y sigo sosteniendo, que cuando Israel decía vamos por Hamás y vamos por Hezbolá, en realidad estaba yendo por todos nosotros, siempre está yendo por todos nosotros.

Cuando Israel decía vamos por Hamás y vamos por Hezbolá, en realidad estaba yendo por todos nosotros

¿Qué resistencias se pueden imaginar en esta guerra civil globalizada?
Se pueden imaginar múltiples formas de resistencia. Resistencias populares y pacíficas. Resistencias a nivel institucional y político. Resistencias microfísicas en espacios también microfísicos. Y también resistencias armadas. Lo que está ocurriendo hoy día, es que lo que denominamos la resistencia, en realidad es una forma de vida en el contexto de la guerra civil planetaria. Y esa forma de vida se puede expresar de distintas maneras: vía armada o vía popular, vía —entre comillas— agónicamente democrática, como estamos viendo en ciertas partes del mundo, vía institucional o política, vía microfísica. 

Cuando digo vía microfísica, me refiero a tanta gente que no puede organizarse abiertamente y tiene que asistir a determinados actos por razones de trabajo, por razones personales, y se pone la chapita de la sandía frente a una autoridad sionista, o una autoridad prosionista. Ese tipo de gestos me parece que son también importantes de destacar, porque están ubicados en esta forma de vida que los palestinos han llamado de una manera muy particular, que es el Sumud, el Sumud es la forma de vida que coincide enteramente con la resistencia. No hay una, sino que son múltiples formas de resistencia que tienen que ver con el contexto en que se despliegan.

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