El frente de izquierdas tantea la carta Urtasun aunque debate si por Barcelona o Madrid

Más Madrid, los ‘comuns’, IU y Movimiento Sumar consideran seriamente impulsar la candidatura del ministro de Cultura tras el rechazo de Bustinduy y la falta de avances con Rufián. Algunos desean que su nombre esté en la papeleta de la capital catalana o la del Estado. El frente ya tiene nueva marca y pronto la presentarán.
Urtasun consejo ministros
Ernest Urtasun, Ministro de Cultura, durante la rueda de prensa tras un Consejo de Ministros.

Los tiempos se acortan. Acaba de comenzar el nuevo curso político y a la vez, ha empezado el último nuevo curso de esta legislatura, que a pesar de los intentos de las derechas y de dar por acabado a Sánchez, se prolongará por cuatro años, o poco menos. Pero el clima de precampaña electoral ya se vive y las formaciones que se han fijado suceder a la coalición Sumar están en plena búsqueda de certezas.

Los cuatro partidos (Más Madrid, los ‘comuns’, Izquierda Unida y Movimiento Sumar) que conforman la plataforma que han llamado ‘Un Paso al Frente’ tienen previsto para mediados de octubre —aunque no se descarta que sea antes— el esquema jurídico con el que se presentarán a los comicios, las normas de convivencia y un reparto aproximado de lugares en las papeletas, según han informado fuentes calificadas del espacio. Pero sobre todo, quién será el dirigente que llevarán como candidato a presidente del Gobierno.

Según han confirmado a El Salto cuatro fuentes, está prácticamente decidido que, de no mediar algo inesperado —un cambio de opinión de Pablo Bustinduy, por ejemplo—, el nombre que impulsarán como candidato es el del ministro de Cultura, Ernest Urtasun.

El exeurodiputado es considerado un dirigente de consenso (ha sido clave en la solución de unidad que hubo en Movimiento Sumar, como anticipó El Salto en junio) y creen que podrá amalgamar positivamente no solo a las cuatro formaciones sino atraer pactos con otras fuerzas que antes integraron el frente que lideró Yolanda Díaz, como son Compromís, Ara Més de Balears, y la Chunta Aragonesista.

Si bien el exdirigente de la catalana ICV responde negativamente cuando en su entorno le preguntan si desea ser candidato, muchos creen que es una táctica para evitar hacer crecer un globo-sonda que pudiera acabar desinflado, pero que en realidad está por la labor, si es convocado. Lo cierto es que Urtasun no se ha descartado públicamente para la sucesión de Díaz, cosa que sí han hecho otros nombres como Unai Sordo o el propio ministro de Derechos Sociales.

Pero, antes de jugar la ‘carta Urtasun’, en el frente deben ponerse de acuerdo en algo sobre lo que todavía debaten: por dónde competiría. La duda es si Madrid o Barcelona

Quienes más entusiastas son con respecto a la candidatura del barcelonés son los ‘comuns’, Sumar y Más Madrid. Admiten que preferirían a Bustinduy pero su ‘no es no’ sigue inamovible. Las conversaciones con Gabriel Rufián no han prosperado (hay acusaciones mutuas entre ambos sectores de poco ahínco en tenerlas), y además cuenta con la espada de Damocles de Oriol Junqueras, quien persiste en decir que ERC no compartirá papeleta con ninguna otra fuerza.

Pero, antes de jugar la ‘carta Urtasun’, en el frente deben ponerse de acuerdo en algo sobre lo que todavía debaten: por dónde competiría. La duda es si Madrid o Barcelona. Los ‘comuns’ desean que sea la capital catalana y en Sumar prefieren que sea Madrid.

Que Urtasun vaya por Barcelona no impide que sea candidato a presidente y que participe en los debates televisivos, mientras que eso lo deje asentado legalmente la plataforma electoral. Algunos en el frente creen que enviaría un mensaje de “plurinacionalidad” apropiado.

A los cerebros detrás de la estrategia de Más Madrid también les gusta esta opción porque tendría doble beneficio: permitiría contentar a Emilio Delgado y a su sector interno ubicándole en el primer lugar de la papeleta en la circunscripción Madrid, pero a la vez sería un dique de contención para sus aspiraciones, ya que el foco mediático estaría en el candidato a presidente y no en el número 1 por Madrid, que además no sería el que acudiría a los debates, elemento clave).


Desde Más Madrid tienen la expectativa de tener como mínimo a tres de los primeros cinco lugares de la lista (esperan conseguir cinco o seis diputados) y ese será el horizonte con el que negociarán los puestos. Otra decisión tomada es que no compartirán papeleta con la candidata de Podemos, Irene Montero.

Sin embargo, no están en desacuerdo en que Montero concurra en el frente pero en la circunscripción Barcelona y tienen previsto ser flexibles en cuanto al resto de las provincias y no rechazar un acuerdo con la formación morada en todo el resto del Estado.

En este contexto de búsqueda de definiciones, las mismas fuentes han revelado que tras los estudios cualitativos y demoscópicos encargados en la primavera ya se ha escogido cuál será la marca electoral para la nueva coalición, que incluirá la palabra “frente”.

Las ‘Murcias’ de España

Entre tantas especulaciones sobre el destino de la izquierda confederal, esta semana ha ocurrido algo que puede servir como un recordatorio de lo que está en juego y de las reglas con las que los partidos y los votantes deben jugar.

El miércoles, después de la primera sesión de control, el diputado Javier Sánchez Serna anunciaba su decisión de dejar la dirección de Podemos Murcia tras siete años y de no renovar su escaño tras dos mandatos. El paso al lado llega luego de varios meses de desacuerdo con el rumbo y la estrategia de alianzas y discurso con la ejecutiva de la formación morada.

Serna ha propuesto como sucesor al exdiputado de la Asamblea murciana, Víctor Egío, aunque el Consejo Ciudadano murciano deberá decidir el nuevo secretario general. Pero allí se abre otro interrogante: se va un dirigente experimentado con varias legislaturas a cuestas en una circunscripción difícil para la izquierda y con un escaño ganado cinco veces, todas en alianzas electorales (las dos últimas, Unidas Podemos y Sumar).

Murcia es un retrato del reto que afronta la izquierda transformadora para no perder más escaños ni capacidad de sumar para una mayoría de investidura. La Región es uniprovincial y reparte 10 escaños. Hay que trasladarse a 2011 para saber de unos comicios en los que este espectro ideológico no consiguió representación (en esa oportunidad el PP arrasó quedándose con ocho y dos fueron para el PSOE).

Desde entonces, los diferentes frentes de izquierdas (todos con Podemos como vehículo principal) han obtenido en cada una de las elecciones generales un escaño, una proeza siendo el murciano un electorado hostil para la izquierda y sociológicamente de los más conservadores del Estado español.


La unidad hizo la fuerza. Tal es así que en la repetición electoral de fines de 2019, Unidas Podemos no estuvo muy lejos de perder el escaño a manos de Ciudadanos. Hubo tan solo 10.200 votos de diferencia (un 1,2% del total). No es difícil imaginar que si Izquierda Unida hubiera competido separada de Podemos, el asiento hubiera sido para la desaparecida formación naranja.

En este contexto, y con el desgaste del progresismo en general, es difícil creer que no acudiendo en papeleta de unidad, la izquierda confederal pueda quedarse con uno y no se lleven todo el PP, Vox (segunda fuerza allí) y PSOE. El sistema D’Hont es letal para la fragmentación y castiga con dureza a todo lo que no huela a bipartidismo en las circunscripciones pequeñas.

Podemos, IU, Movimiento Sumar y Verdes Equo tienen en sus manos intentar (al menos) repetir resultado y no llevarnos de nuevo al 2011

Pero Murcia no lo es tanto, de hecho está en el tercio que más escaños reparte sobre el total. En un momento sociológico de dos grandes bloques subdivididos en dos o tres partes, con táctica de alianzas no sería difícil que obtenga representación. Egío se ha manifestado alguna vez a favor de la política de alianzas (Serna claramente lo está) pero no se sabe si podrá articular un gran acuerdo allí.

Por ahora Podemos va en solitario. Pero hay varias ‘Murcias’ en España. Circunscripciones como Alicante, Zaragoza, Bizkaia, Balears, Las Palmas, Tenerife, Cádiz y Málaga, todas reparten entre siete y once escaños y son propicios para que la izquierda confederal pueda sumar diputados, como lo ha hecho en 2023. La fragmentación y el desencanto pueden arruinar esa posibilidad. “Así como están las cosas y las encuestas, vamos a tener solo 12 diputados”, comentaba esta semana a El Salto un diputado de Sumar, calculando solo que se conseguiría representación en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Asturies. No es el único que piensa esto.

No hace falta comparar la foto actual con la de 2016, en un momento sociológico muy diferente, cuando UP rompió el techo con 71 escaños (y si se cuentan EH Bildu y ERC, la izquierda más transformadora sumó el hito de 82 diputados). Pero sí es más comparable con un momento 2023.

Podemos, IU, Movimiento Sumar y Verdes Equo tienen en sus manos intentar (al menos) repetir resultado y no llevarnos de nuevo al 2011. Un año que abrió un período de ajuste, recortes y malos recuerdos. Los datos son los datos y son públicos. Que no se dé ninguno por sorprendido y luego se queje de que nadie se lo advirtió.

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