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Racismo
El discurso reaccionario gana enteros en Euskal Herria

Europa vive inmersa en una ola reaccionaria que culpa a las personas migrantes, especialmente a las más vulnerables, de los problemas del sistema neoliberal. La extrema derecha ha explotado este discurso racista y xenófobo para sembrar miedo entre las clases medias y llegar al poder en países como Italia, Hungría, Polonia y Finlandia. En España, este fenómeno no es ajeno: Vox se ha consolidado como tercera fuerza política con un mensaje abiertamente antimigratorio. Incluso en Euskal Herria, donde el nacionalismo español ha sido residual y los movimientos sociales han cultivado una imagen de solidaridad hacia los refugiados, las actitudes hostiles hacia las personas racializadas también han brotado. La mera existencia y la formación de patrullas ciudadanas en Trintxerpe o Muskiz, y las manifestaciones en Donostia alertan de esta problemática. Pero también las campañas en redes y el auge de un discurso poco solidario en algunos estratos del nacionalismo vasco.
Para el filósofo Raúl Sánchez Cedillo este auge del racismo no es casualidad: “Lo que estamos viendo ahora en Europa, el predominio creciente del racismo, debemos vincularlo a un movimiento reaccionario, incluso de revolución conservadora”. Una revolución que, explica, encuentra su raíz en “la exacerbación de una estructura latente” que ha acompañado al pacto democrático y social europeo, un pacto que históricamente ha sido “supremacista, colonial y que redefine un nuevo espacio de frontera”. Los datos confirman una situación preocupante.
El discurso racista se ve reforzado con acciones políticas como las de la Diputación de Bizkaia, que decretó la situación de “excepcionalidad” ante la llegada de menores migrantes
Según el sindicato ELA, en 2023 el 64% de los delitos de odio registrados en Euskadi tuvieron un carácter racista o xenófobo, triplicando los valores previos a la pandemia. En total, se investigaron 2.268 incidentes de odio en España, con Gipuzkoa a la cabeza en la tasa de este tipo de delitos: 14,56 casos por cada 100.000 habitantes, seguida de Navarra (14,14) y Bizkaia (11,61). Estos números, extraídos del ‘Informe sobre la evolución de los delitos de odio en España 2023’, reflejan un aumento del 21,3% a nivel estatal respecto al año anterior.
Los mensajes racistas también han desembocado en acciones violentas. En el barrio pasaitarra de Trintxerpe los vecinos denunciaron en octubre la aparición de grupos organizados que recorrían las calles por la noche, encapuchados y armados con barrotes, para “dar palizas”. Una situación que se había producido con anterioridad en los barrios donostiarras de Martutene y Morlans. Las patrullas ciudadanas son de hecho una realidad. En Pasaia, la comunidad local reaccionó con firmeza, manifestándose contra la violencia y la criminalización de las personas racializadas. Sin embargo, no es un fenómeno nuevo, ya que en 2021 jóvenes autóctonos de Irun se organizaron para atacar a una cuadrilla de magrebíes a quienes consideraban delincuentes. Una de las personas migrantes murió en circunstancias no esclarecidas.
Racismo
Arun Kundnani “Arrazakeriak gizarteko baliabideen banaketarekin du zerikusia”
Más recientemente, en diciembre de 2024 en Muskiz, el alcalde Edu Briones (PSE), junto al jefe de la policía local, envió una carta al juez decano de Barakaldo alertando sobre un “pequeño conato de rebelión popular mediante patrullas de vecinos” tras una serie de robos atribuidos a un “número muy reducido de varones jóvenes de nacionalidad marroquí, con pasado o presente en el Centro de Menores de Sopuerta, que está generando una gran alarma social”. Eso sí, el alcalde se mostraba preocupado en el escrito por los bulos que a través de redes sociales llaman a la movilización ciudadana, “poniendo el foco en un determinado colectivo en razón de nacionalidad, raza o religión”. Los sindicatos de la Ertzaintza Erne, Esan y Sipe se valieron de esta situación para pedir, una vez más, que se refuercen los cuerpos policiales mientras señalaron al consejero de Seguridad, Bingen Zupiria, por “mirar a otro lado”.
Un discurso racista que se ve reforzado con acciones políticas como las de la Diputación de Bizkaia, que decretó la situación de “excepcionalidad” ante la llegada de menores migrantes. Y la diputada general jeltzale, Elixabete Etxanobe, apuntaló este marco y tensionó la situación con sus declaraciones: “Estamos al límite”. También es remarcable que el Gobierno Vasco hable en sus comunicados de “menas”, con el fuerte estigma que ha adquirido esa palabra. El lehendakari Imanol Pradales negoció con los presidentes de otras comunidades autónomas el reparto de estas personas. Al final serán 90.
La ciudadanía organizada donde las instituciones no llegan
Mientras las patrullas intimidan, amenazan y agreden a la población migrante, las instituciones han demostrado su incapacidad para evitarlo e, incluso, han dado la espalda al problema. Esto quedó patente con la suspensión en Donostia de las actividades del grupo Kaleko Afari Solidarioak, que sirven cenas a personas sin recursos en los barrios de la capital guipuzcoana. El 21 de octubre, una manifestación convocada por el perfil de Instagram ‘Lo que no te cuentan de Donosti’ irrumpió en el barrio de Egia para hostigar a los voluntarios que repartían cenas solidarias a personas en situación de calle.
Entre los asistentes a la protesta se encontraban los tres concejales que el PP tiene en Donostia: Borja Corominas Fisas, Jorge Mota Iglesias y Vanesa Vélez de Pablos. Tras momentos de tensión marcados por discursos aporófobos y racistas, este grupo logró su objetivo: el Gobierno local, formado por el PNV y el PSE, decidió prohibir la distribución de alimentos en las inmediaciones del centro cultural Tabakalera.

Tras este suceso se produjeron toda una serie de protestas multitudinarias en Donostia, donde vecinos y colectivos denunciaron el “fascismo” y exigieron la reanudación de esta actividad solidaria. Pocos días después, el grupo ‘Lo que no te cuentan de Donosti’ organizó otra manifestación en la plaza Easo a través de sus canales de Instagram y Telegram, reclamando “una ciudad más segura”. Esta convocatoria fue confrontada por GKS, que reunió a decenas de personas en defensa de “los derechos humanos” y contra el racismo. El grupo reaccionario, entre cuyos asistentes se encontraba nuevamente la concejala Vélez, tuvo que retirarse, pero los manifestantes antifascistas sufrieron cargas por parte de la Ertzaintza.
Desde entonces, los administradores de este grupo de Telegram no han vuelto a organizar concentraciones, aunque han replicado su modelo en Gasteiz e Iruñea. El canal de Telegram de la capital navarra cuenta ya con más de 900 seguidores y, en octubre, estuvo a punto de convocar una manifestación.
Los medios han sido clave en la construcción del enemigo racializado, con titulares que refuerzan la percepción de que las personas migrantes representan un peligro para la seguridad pública, habituales en esta estrategia de criminalización
La estrategía de escandalización mediática
El tratamiento informativo de los medios generalistas ha sido clave en la construcción del enemigo racializado por parte de estos nuevos movimientos. Los titulares que refuerzan entre la población vasca la percepción de que las personas migrantes representan un peligro para la seguridad pública son habituales para esta estrategia de criminalización. “El 64% de detenidos por delitos sexuales son extranjeros, según la Fiscalía de Bizkaia” o “la llegada de menores extranjeros desborda Bizkaia y llena los recursos de Gipuzkoa” son algunos de los ejemplos del tipo de noticias que luego son replicadas en redes sociales con fines de viralidad. Y los datos sobre su éxito a la hora de determinar algunos marcos políticos de discusión están ahí. El último sociómetro vasco señala que 1 de cada 4 jóvenes vascos cree que hay “demasiados” extranjeros.
Asimismo, no se trata solo de señalar la inseguridad asociada a delitos como robos o agresiones. Los medios también han alimentado un discurso que asocia a las personas migrantes con el abuso del sistema de bienestar. Ejemplo de ello son titulares como “la trama del senegalés que ha estafado un millón en ayudas sociales”, que intentan consolidar la idea de que las personas migrantes no solo son un problema de seguridad, sino también una carga económica. Por supuesto, nada de ello es cierto y los propios datos lo avalan.
Según un informe reciente de Idoia Mendia, exvicelehendakari y consejera de Trabajo y Empleo del Gobierno Vasco, en 2023 el 65% de las personas que recibieron la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) tenían nacionalidad española, frente a un 35% de extranjeros. Además, un 42% de los extranjeros que percibieron esta ayuda salieron del sistema al incorporarse al mercado laboral, frente a un 58% de nacionales.
Editorial
Neofascismo La peste en Euskal Herria
Tampoco señalan esos mismos medios que la población autóctona copa la casi totalidad de las dos grandes partidas del gasto público, la de pensiones y la de salud, en ambos casos con una población migrante muy por debajo de la media, dada la mayoría juvenil o de edad intermedia entre la población llegada de otros países.
Los medios estatales también han usado el pretexto de la inseguridad que difunden los medios locales –centrándose especialmente en el arquetipo habitual, la calle San Francisco de Bilbao, o ciertas zonas trabajadoras de Donostia– para introducir discursos de corte ultraderechista. En un ejercicio de lo que la federación para el acompañamiento a personas migrantes y refugiadas Red Acoge ha denunciado como “inmigracionalismo”, ABC ha llegado a comparar la delincuencia común con el terrorismo de ETA en un artículo firmado por Chapu Apaolaza, en el que titulaba los siguiente: “San Sebastián, de paraíso urbano a nuevo Bronx del Cantábrico”.
El texto, que afirmaba que se han triplicado las agresiones sexuales y doblado los hurtos, insinuaba que señalar a los migrantes sería políticamente incorrecto, pero necesario para “defender la ciudad”. De manera implícita, lanza una consigna clara: proteger Donostia de quienes supuestamente lo están destruyendo. De nuevo, este discurso teñido de un ‘make Donostia great again’ encuentra eco entre sectores de clase media más preocupados por mantener su estatus quo que por cuestionar las desigualdades estructurales del sistema.
El posicionamiento de la izquierda abertzale
El caldo de cultivo para el auge de discursos de odio en Euskal Herria no parece preocupar a los partidos políticos que gobiernan. De hecho, como se ha demostrado en Donostia y otras localidades, tanto nacionalistas como socialistas han permitido concentraciones que, aunque presentadas como demandas de mayor seguridad, han servido para alimentar el odio en las calles.
Las miradas se posan ahora sobre EH Bildu y la línea política que pueda adquirir sobre la cuestión migratoria. La ejecutiva nacional de Sortu ha querido cerrar filas sobre este asunto y ha señalado que “hay que hacer frente a las visiones reaccionarias que se abren tanto en la derecha como en la izquierda”. Además, ha apuntado a la “pobreza” como el foco del problema, al asegurar que “la gran mayoría de personas migrantes no ha cometido nunca un delito, y la pequeña minoría que sí lo ha hecho, no ha sido por ser migrante”. Y creen que desde la “euskaldunización y la educación” se pueden “dar pasos cualitativos en el proceso de liberación nacional”. La izquierda abertzale ha fijado la migración como otra reivindicación soberanista, considerando que la solución pasa por transferir las competencias sobre esta cuestión al Gobierno Vasco.
“Nosotros formamos parte de una nación que tiene su identidad en riesgo, necesitamos ser soberanos para poder regular nuestras políticas de migración” (Arnaldo Otegi)
El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, ha afirmado en varias entrevistas que la izquierda debe abordar los problemas que genera la migración, señalando la prioridad de que la población extranjera se pueda quedar en sus países de origen, poniendo también sobre la mesa el marco punitivista de que “los inmigrantes y todo el mundo” deben cumplir las reglas y “la comunidad tiene derecho a plantear medidas para proteger ese derecho”. “Nosotros formamos parte de una nación que tiene su identidad en riesgo, necesitamos ser soberanos para poder regular nuestras políticas de migración”, concluye.
El debate se intensificó en otoño tras la publicación de un artículo de José María Olarra, militante de la izquierda abertzale, en el que planteaba que la llegada de personas extranjeras a Euskal Herria amenazaría la lucha nacional. Describía a los migrantes como “gente desestructurada, marginal, sin recursos iniciales, con difíciles condiciones de supervivencia hasta que se adaptan”, quienes no sentirían apego ni adhesión por el proyecto nacional vasco. Argumentaba que este supuesto “choque cultural” genera tensiones, volviendo a la sociedad “agresiva y estresante”. Y aunque mencionaba la integración como una opción, también abría la puerta a medidas propias de la extrema derecha: “Seguro que hay otras opciones, discutibles, ocasionales, matizables (expulsiones, represión, seguridad, cárceles, muros, campos de refugiados...)”.

Estas posiciones no son nuevas. En 2022, el escritor y fundador de la editorial Txalaparta, José María Esparza, publicó un texto titulado “¿Migración? No, gracias”. En él, sostenía que “se puede y se debe hacer política antimigratoria desde la izquierda, el internacionalismo y la solidaridad entre los pueblos”. Argumentaba además que, de esta manera, se evitaría dejar “resquicios a la derecha y a las ratas de Vox”, a pesar de asumir su ideario con la apelación a ideas reaccionarias como la del gran reemplazo. Aunque fuera reprobado por EH Bildu en un comunicado, Esparza ha recibido posteriormente el premio del mundo nacionalista vasco Monzon-Ganuza, acto al que acudieron los principales dirigentes de la formación soberanista.
Habrá que ver si la posición estratégica que ha adoptado la izquierda independentista será suficiente para contener un nuevo fenómeno que se ha evidenciado durante el último año con la proliferación en Euskal Herria de pancartas con lemas como “Aberria defendatu, etorkinak kanpora” o “islamizaziorik ez”, acompañadas de símbolos de corte abertzale como el lauburu. Estas acciones, algunas de ellas reivindicadas por el grupo ‘Arbasoen mendekua’, parecen ser obra de pequeños colectivos que operan desde el anonimato, quizás organizados a través de plataformas digitales como WhatsApp o Telegram. Aunque su capacidad para movilizar grandes protestas parece limitada, han roto el tabú de expresar abiertamente ideas racistas y confían en que su mensaje puede calar en sectores más amplios de la población.
Los sectores reaccionarios plantean una nación que conserve los valores tradicionales vascos en los que no tienen cabida la diversidad cultural o racial
Este racismo de corte nacionalista vasco, todavía minoritario, que parece obsesionado con preservar la “pureza” de Euskal Herria frente a la llegada de población migrante, especialmente musulmana, ha llevado su discurso a las calles de Bilbao y Donostia con pegatinas que defienden tanto el territorio vasco como la “protección” de Europa. En redes sociales como X (antes Twitter) y TikTok se han valido de herramientas como la inteligencia artificial para producir contenido que idealiza una Euskal Herria cristiana, abertzale e independiente. Ya existen varios perfiles que publican montajes distópicos de un Bilbao futuro “invadido” por mezquitas, contrastados con imágenes de un paraíso abertzale lleno de ikurriñas, herri kirolak y símbolos religiosos como el Santuario de Arantzazu.
Este discurso, que acumula miles de visualizaciones y reacciones en redes sociales, configura una nueva corriente racista adaptada a los nuevos tiempos. Estos sectores reaccionarios plantean en sus publicaciones en redes una nación que conserve los valores tradicionales vascos en los que no tienen cabida la diversidad cultural o racial. A largo plazo, se podría abrir la puerta al nacimiento de una formación ultra como ha sucedido en Cataluña con Aliança Catalana, cuya líder y alcaldesa de Ripoll, Silvia Orriols, ha sido acusada de negar el empadronamiento a personas migrantes de origen islámico.
Estos perfiles ya mencionados también ensalzan la figura de la ultra catalana como solución en Euskal Herria. “Hay muchos esqueletos en el armario de los movimientos independentistas, que se plantean como de liberación nacional, pero que están protagonizados por los sectores de rentas más altas con una alianza entre clases subalternas que deja fuera a las personas migrantes y racializadas”, resume Sánchez Cedillo.
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Hay personas que están incumpliendo la ley, con delitos contra la propiedad e integridad sexual, sobre todo de las mujeres. Cuando lo hace uno de aquí o allí hay que aplicarle la ley. El discurso de parte de la izquierda que nunca se puede criticar a un inmigrante, aunque delinca, me parece infantil. Es normal que socialistas o abertzales traten el tema.
Los pasos dados en esta ,llamada historia reciente" la lucha antifranquista que surgió para defender nuestros postulados de clase ante la ofensiva reaccionaria franquista, ultracatolica, racista, xenofoga, machista y conservadora consiguió" que se lograra avances significativos en derechos y en niveles de bienestar para las capas menos pudientes, sin embargo las fuerzas reaccionarías existentes siguieron insistiendo en dividir al movimiento con una oleada machita que hizo que surgiera un movimiento feminista que con su lucha está consiguiendo un reconocimiento importante dentro de la población y como era de esperar la clase dominante 🤑 no ceja en su empeño en dividir a la población trabajadora, la ola racista y xenofoga está intentando conseguir lo que hasta ahora era una convivencia de clase con los más desfavorecidos, cuando la pobreza es el enemigo a batir en ésta sociedad. La lucha por la igualdad es la lucha que nos sigue animando en los años pasados y en los actuales y no el color de nuestra piel, el origen, el sexo y más contradicciones que ésta sociedad capitalista nos depara
AURRERA 💪🏾