Análisis
La maquinaria digital de Mamdani

El éxito del programa de Mamdani dependerá de una ambiciosa estrategia digital que va más allá de sus buenos resultados en redes sociales.
Zohran Mamdani 3
Zohran Mamdani durante la campaña electoral, junto a Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez.
6 feb 2026 05:52

El entusiasmo generado por la exitosa campaña de Zohran Mamdani a la alcaldía de Nueva York ha electrizado a consultores políticos y encuestadores, especialmente a quienes buscan vías rápidas para generar entusiasmo por los candidatos del Partido Demócrata. ¿Podría ésta ser la panacea?

Desde el pasado junio han aparecido un puñado de candidatos por todo el país con una estética familiar: entrevistas a pie de calle, tomas en movimiento, una estricta disciplina a la hora de transmitir su mensaje y una impecable publicidad electoral. Todavía no sabemos el resultado de estas campañas, pero el estilo podría demostrarse de muy poco uso sin la sustancia. Ignoran un aspecto crucial de la campaña de Mamdani que iba más allá del ámbito de las redes sociales. Durante un año de campaña, Mamdani fijó especialmente su atención en mejorar las vidas de los neoyorquinos de clase trabajadora e inspiró a decenas de miles de voluntarios a trabajar en su elección.

Mamdani usó sus populares vídeos para convertir las elecciones en un referendo sobre la asequibilidad de la ciudad y movilizar a amplios sectores de la población

La destreza digital de Mamdani le permitió amplificar su mensaje sin tener que recurrir a los medios de comunicación tradicionales. Pero centrarse en el montaje ágil y la paleta de colores experta de sus vídeos de campaña relega a un segundo plano los métodos excepcionales con los que la campaña convirtió su viralidad online en algo material, esto es, cómo transformó los views y shares en músculo político en forma de voluntarios y donaciones. Este trabajo se hizo principalmente detrás de bastidores, usando herramientas digitales menos visibles, y con una infraestructura para recopilar correos electrónicos, números de teléfono y llevar a cabo entrevistas de seguimiento para pedir a la gente que bajase a la calle y hablase a sus vecinos. De este modo, su estrategia era similar a los viejos métodos organizativos que usaban listas en papel, pero conducida a una mayor escala.

Por este motivo la creación de Our Time –el nuevo grupo político que organiza a los voluntarios, donantes y simpatizantes de Mamdani– se encuentra entre las acciones más importantes que sus aliados han realizado desde su victoria. El pequeño grupo de Our Time está compuesto de incondicionales del robusto ecosistema organizativo de la ciudad de Nueva York así como por operadores asociados a la Democratic Socialists of America (DSA). Todo apunta a que un elemento clave de la función de la organización será el de ser capaz de mantener el ritmo en prioridades clave. En diciembre, antes del nombramiento formal de Mamdani como alcalde, lanzó una campaña puerta a puerta en los cuatro distritos de la ciudad para apoyar una subida de impuestos a las rentas más elevadas con la que financiar los cuidados infantiles.


El éxito de Our Time, y del programa de Mamdani en términos más amplios, requerirá de una ambiciosa estrategia digital durante los próximos cuatro años y más allá, una que vaya más allá de sus buenos resultados en las redes sociales. Los vídeos virales son un método excelente de llamar la atención, pero los algoritmos son antojadizos y pueden no ajustarse muy bien al trabajo menos dramático y más prosaico que hace falta una vez en el gobierno. Afortunadamente, la campaña de Mamdani siempre ha mirado más allá de su número de seguidores y compilado listas de información de contacto que pueden usarse para organizar el apoyo para las promesas electorales más ambiciosas del alcalde. Si la izquierda neoyorquina quiere asegurar las transformaciones a largo plazo a las que aspira –una ciudad asequible donde todo el mundo pueda vivir plenamente y una reconfiguración del Partido Demócrata– ha de construir a partir del importante trabajo que se ha realizando durante la campaña y encontrar maneras de animar a los partidarios de Mamdani a continuar en activo.

Una estrategia política digital en una campaña contemporánea tiene dos funciones principales: la comunicación (modelar el mensaje, informar de la cobertura en los medios tradicionales y fomentar el conocimiento del candidato) y la movilización (reclutar a simpatizantes para donar o trabajar voluntariamente en la campaña, o al menos difundirla). Una presencia vibrante en redes sociales puede reforzar ambas funciones. Mamdani usó sus populares vídeos para convertir las elecciones en un referendo sobre la asequibilidad de la ciudad y movilizar a amplios sectores de la población para apoyar su programa.

En una campaña política, la tarea más importante de un programa digital es construir una lista interna de partidarios a los que contactas regularmente, por lo común a través de correo electrónico y servicio de mensajería. Estos puntos de contacto directo permiten a la campaña reclutar voluntarios, recaudar dinero o movilizar a su base.

La campaña de Mamdani elaboró sus listas de manera tradicional: recopilando información para donativos, impulsando las inscripciones vía web a través de mensajes en redes sociales, y puerta a puerta. Pero también fue pionera en una práctica remarcablemente eficaz, una que canalizó seguidores de Instagram y Facebook directamente de los mensajes de Mamdani a la base de datos interna de la campaña, sin que sus partidarios ni siquiera hubiesen de abandonar sus aplicaciones de redes sociales.

La campaña de Mamdani envió más de 144.000 mensajes automáticos usando Manychat, generando más de 45.000 clics en sus llamadas prioritarias a la acción

Gabriella Zutrau, una especialista en estrategia digital que asesoró a la campaña de Mamdani en redes sociales, pilotó esta integración en una plataforma llamada Manychat, que normalmente usan influencers y gente del mundo del e-business. Un mensaje de Mamdani en redes sociales pediría a los usuarios que comentasen una palabra clave (como por ejemplo “congelación” en una publicación sobre los alquileres), lo que iniciaría una respuesta automatizada de mensajes directos, proporcionando al usuario un enlace para pasar a la llamada a la acción que hubiese elegido. El bot también respondía a mensajes y respuestas de stories preguntando por el nombre del usuario, su dirección de correo electrónico y código postal, que luego se incorporarían automáticamente a la base de datos interna de la campaña. Los resultados fueron sorprendentes.

De acuerdo con Zutrau, la integración añadió un total de 10.000 nuevos contactos en tan sólo los dos últimos meses de la campaña principal y únicamente costó unos 318 dólares. En total, la campaña envió más de 144.000 mensajes automáticos usando Manychat, generando más de 45.000 clics en sus llamadas prioritarias a la acción, incluyendo puerta a puerta, llamadas por teléfono, donaciones y registro de votantes. Es razonable asumir que algunos de estos partidarios –incluyendo muchos votantes de la GenZ– puede que no hubieran recibido los mensajes de no haber sido por esta táctica.


El éxito de la estrategia digital de Mamdani ha sacudido al mundo profesional de la política, atrayendo el interés de los partidos y consultores de todo el mundo. Esto se debe, en parte, a la creatividad de la campaña de Mamdani. Zutrau mantiene que el equipo de Mamdani, que incluye a muchos miembros que no pertenecen al perfil habitual de asesores, “ha abrazado una cultura auténtica de experimentación”, en particular en lo que se refiere a la participación online. “No tenían miedo de probar algo nuevo si parecía prometedor”, me explicó, “porque, en última instancia, lo que les importaba eran unos resultados excelentes, que pudiesen ganar y desplegar su programa.”

Mamdani entra en la Gracie Mason —al residencia oficial de los y las alcaldes de la ciudad—enfrentándose a la hostilidad bipartidista del establishment político pro-empresa, un cuerpo policial temperamental y a menudo volátil, una administración Trump que tiene el poder de arrebatar a la ciudad los fondos federales (por muy amistoso que fuese el primer encuentro entre ambos políticos) y unos medios de comunicación mainstream que siguen estando en contra de su agenda.

Una vez en el poder, la habilidad excepcional de Mamdani para comunicarse con sus seguidores se encontrará entre sus herramientas más importantes para contrarrestar los ataques de los medios de comunicación tradicionales (legacy media), incrustados en el statu quo (incluso el New York Times se ha pasado meses atizando la aprehensión entre sus lectores). Sus redes sociales le proporcionan un altavoz para hablar directamente a millones de neoyorquinos en sus propios términos. Con todo, su equipo necesita todavía desarrollar una estrategia de comunicación exhaustiva y enérgica para modelar un discurso en la televisión tradicional, la prensa impresa y las emisiones radiofónicas, que siguen siendo las principales fuentes de información para millones de neoyorquinos.

En el aspecto organizativo, Mamdani y sus aliados también llegan armados con una de las operaciones de militancia de base a escala subestatal más potentes de la historia política reciente: un cuerpo de voluntarios de más de 100.000 personas, junto con decenas de miles de donantes individuales. Esta base será primordial cuando llegue el momento de presionar a los objetivos que traten de obstaculizar las metas del alcalde.

Cabe esperar que el equipo de Mamdani evite los errores de Obama for America. Poco después de que Obama fuese elegido presidente, y bajo presión del Partido Demócrata, el equipo del candidato disolvió su organización de campaña de dos millones de voluntarios y transfirió los datos de sus miembros al Partido Demócrata, donde languideció, virtualmente intacta por el aparato nacional del partido, que no tenía ningún interés en la política de base. Obama, por su parte, apenas ofreció resistencia para preservar su “ejército de militantes de base”, aparentemente satisfecho con cabalgar a lomos de su energía (y trabajo gratis) hasta el Despacho Oval antes de dejar que se desvaneciese.

Our Time ha sido establecida para canalizar la energía de sus partidarios durante los próximos años. Como organización de categoría 501(c) 4 no se le permite coordinarse directamente con el equipo de gobierno de la alcaldía, pero teniendo en cuenta cuán explícitas son las prioridades de Mamdani, esto no debería suponer un problema. En cuanto al (c)(4), estará menos restringida a la hora de cómo puede recaudar y gastar el dinero en la ciudad, especialmente en comparación con un Comité de Acción Política (PAC). Según David Duhalde, antiguo director político de Our Revolution, el (c)(4) inspirado por Sanders, “el (c)(4) es la posición de consenso hacia la que las organizaciones post-electorales se dirigen en el futuro próximo en ausencia de cambios significativos en la legislación para la financiación de campañas electorales”.

Con el clic de un botón, las listas de SMS y correo electrónico de Our Time tienen el potencial de recaudar decenas de miles de dólares para financiar campañas a las primarias a nivel local y estatal

De acuerdo con informaciones publicadas por Gothamist, la campaña de Mamdani ya ha donado su lista de voluntarios a Our Time, lo que significa que la organización puede flexionar su músculo de militancia de base desde el primer día. Esto tendrá un valor especialmente incalculable en los momentos en los que se requiera una respuesta rápida, por ejemplo, si el gobernador rechaza cooperar con las decisiones del alcalde o un número de miembros del Consejo Municipal de Nueva York bloquea la financiación de una política prioritaria. Our Time será capaz de alcanzar con precisión a sus partidarios, de manera desagregada y geolocalizada, según se trate del Consejo Municipal, la Asamblea Estatal, el Senado Estatal y el Distrito del Congreso Federal.

En cuestión de minutos, miles de partidarios de Mamdani en un distrito electoral concreto serán notificados vía mensaje de texto o correo electrónico con una llamada a la acción, ya sea para telefonear a la oficina de un miembro electo, asistir a una convocatoria o protestar en un evento. Los políticos locales están, de lejos, muy poco acostumbrados a enfrentarse a este nivel de organización y celo de sus votantes, y pueden acabar plegándose a su presión mucho más fácil de lo que imaginamos.

La fuerza material de esta extensa operación digital pronto se manifestará de manera clara. Con el clic de un botón, las listas de SMS y correo electrónico de Our Time tienen el potencial de recaudar decenas de miles de dólares para financiar campañas a las primarias a nivel local y estatal, o para reclutar a decenas de voluntarios para apoyar las metas políticas de Mamdani. Si se escala correctamente, la operación digital de Mamdani podría convertirse en una maquinaria política moderna, con la capacidad de doblegar las políticas locales a su antojo.


Durante su campaña presidencial de 2020, Bernie Sanders activó a millones de personas en todo el país al servicio de una revolución política que reimaginaría la sociedad estadounidense. Para sacar partido de su entusiasmo orgánico, su campaña construyó un gigantesco programa digital que ayudó a impulsar a Sanders a la condición de candidato principal a las primarias.

Hasta febrero de 2020, la campaña de Sanders superó a sus contrincantes Demócratas en las primarias tanto en las recaudaciones de menor cantidad como en métricas de voluntarios (por no mencionar métricas en redes sociales). Se demostró como la operación más tecnológicamente avanzada del ciclo electoral, sin miedo a emplear nuevas herramientas que desafiaban la sabiduría convencional. La aplicación BERN, que fue el motor del programa organizativo relacional de mayor éxito (un método de organización en el que los partidarios metódicamente contactaban a sus familiares y amigos) hasta la fecha fue una de estas intervenciones.

A pesar de sus éxitos iniciales, las aspiraciones presidenciales de Sanders terminaron de manera abrupta el supermartes. El coloso de Sanders –incluso con su fuerte presencia digital– se estrelló contra la dura realidad de la política estadounidense: el compromiso de la maquinaria del Partido Demócrata con el statu quo estaba demasiado arraigado, y su poder político era demasiado fuerte como para ser superado a escala nacional. Su control sólo podía debilitarse con una serie de esfuerzos enérgicos de desafiar cada estructura de poder a nivel local.

Cinco años después, el triunfo de Mamdani representa la victoria electoral más significativa que la izquierda Demócrata ha disfrutado desde las primeras victorias de la campaña de Sanders durante las primarias. Es una victoria que, en su esencia, ha tenido como motor un mensaje constante de asequibilidad, uno que se ha tomado en serio la situación de los neoyorquinos trabajadores y ofrecido en respuesta soluciones redistributivas tangibles. Es un mensaje que ha alcanzado a millones de personas en toda la ciudad (y el mundo) gracias, en parte, a un enfoque muy preciso de la comunicación online. Pero sin las herramientas digitales para convertir ese entusiasmo en una acción a escala, Mamdani habría sido poco más que una celebridad en redes sociales. En otras palabras, mientras todos aquellos vídeos virales atraían la atención de la gente, fueron las acciones de seguimiento emprendidas por la campaña –los esfuerzos para conseguir la información de sus simpatizantes y preguntarles que donasen dinero y se presentasen como voluntarios– lo que aseguró que la atención se encauzase hacia algo más poderoso.

Con Mamdani ahora en el poder, debe comenzar la “larga marcha a través de las instituciones” (por citar al activista estudiantil germano-occidental Rudi Dutschke) si se quiere que esta revolución política aguante. Los talentos comunicativos de Mamdani lo hacen muy apto para dirigir el apoyo recibido y traer a la mayor ciudad del país una nueva política, y, quizás, convertir a Nueva York en un baluarte contra el repulsivo fascismo descarado del Partido Republicano. Pero no existe cantidad de astucia digital capaz de sustituir un proyecto político, la energía y el apoyo de los movimientos de base, algo que el nuevo alcalde haría bien en recordar.

Dissent Magazine
Arvin Alaigh es historiador y antiguo organizador de campañas electorales. Su primer libro, sobre la izquierda católica antibelicista y el juicio a los siete de Harrisburg de 1972 ha sido publicado por Liveright (en EEUU) y Oneworld (en Reino Unido).Publicado por DissentMag. Traducido por Àngel Ferrero con permiso del medio.
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