Resistencia propalestina UCLA - 5
Los manifestantes pro palestinos intentaron defender el campamento de los pro israelíes. Lucharon durante casi 4 horas en una batalla constante con armas improvisadas, pirotecnia, gases o simplemente fuerza bruta con patadas y puñetazos. Shay Horse

Sidecar
Fantasmas de 1968

Las universidades estadounidenses se han transformado paulatinamente en organizaciones policiales y carcelarias público-privadas, que atienden a los «clientes» y responden ante los benefactores y los políticos, no ante los estudiantes ni el profesorado.
18 may 2024 06:12

Y ellos dirán que estamos perturbando la paz. No hay paz.
Lo que les molesta es que estamos perturbando la guerra.

Howard Zinn, Boston Common, 1971.

El 17 de abril, al alba, los estudiantes de la Columbia University acamparon en el prado que se extiende frente a la Biblioteca Butler, exigiendo que su institución desinvirtiera de las empresas cómplices de la guerra genocida de Israel. La tarde de ese mismo día, la universidad empezó a suspender a los estudiantes y llamó a la policía de Nueva York, que destruyó violentamente el campamento. Rápidamente se levantó otro. Se informó al profesorado de que, debido a que Columbia se encontraba en estado de emergencia, sus políticas habituales habían sido sustituidas por otras ad hoc, que incluían la distribución de octavillas en las que se amenazaba a los manifestantes con la detención o la expulsión. Ante la represión, el 30 de abril un pequeño grupo de manifestantes, en torno a varias docenas, tomaron Hamilton Hall, el emblemático edificio de la universidad situado en el campus de Morningside Heights, como habían hecho los estudiantes ese mismo día en 1968. Lo rebautizaron como Hind's Hall, en honor a Hind Rajab, una niña palestina de seis años a la que las Fuerzas de Defensa Israelí mataron a finales de enero, e izaron una pancarta en la que se leía «Liberation Education» desde la ventana del segundo piso, que da a Amsterdam Avenue y a la 116 Street.

Los estudiantes y el personal han estado sometidos a una vigilancia constante y a un acoso administrativo implacable y Columbia ha recurrido a agentes federales e investigadores privados

Cuando falla la autocensura en las universidades estadounidenses, algo poco frecuente, como señaló Edward Said hace tres décadas, se impone la censura abierta. Sin embargo, pocos estaban preparados para lidiar con la rapidez o con la brutalidad de la respuesta política, administrativa y policial. Ante la proliferación de campamentos por todo el país, entre el 30 de abril y el 3 de mayo se llevaron a cabo una serie de redadas policiales en los campus de la University of Texas-Austin, la University of Texas-Dallas, la Emory University, la University of Southern California, University of California Los Ángeles, la University of California San Diego, del Emerson College, Northeastern University, del Dartmouth College, la Washington University, la Arizona State University, la University of Arizona, la University de Wisconsin-Madison, la University of Virginia, la Virginia Tech, la Portland State University, la State University of New York-Stony Brook, la California State Polytechnic University-Humboldt, la Ohio State University y la Indiana University (en ambas de las cuales se desplegaron francotiradores en los tejados). Se practicaron más de 2400 detenciones. Steve Tamari, profesor de historia de la Washington University, fue golpeado hasta quedar inconsciente y hospitalizado por filmar a la policía durante su violento asalto. En la misma protesta, Jill Stein, la septuagenaria candidata a la presidencia por el Partido Verde, fue golpeada, detenida y acusada de agredir a un agente. En Dartmouth College, Annelise Orleck, una historiadora del movimiento obrero de sesenta y cinco años de edad y catedrática de Estudios Judíos, fue derribada al suelo por la policía antidisturbios, que le cortó la respiración antes de esposarla y llevarla a la cárcel. Posteriormente, la universidad le prohibió la entrada al campus, donde ha trabajado durante treinta años.

Libertad de expresión
Macartismo El historiador israelí Ilan Pappé es detenido e interrogado por el FBI
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Las fuerzas del orden federales se habían coordinado claramente con las fuerzas policiales municipales, estatales, de los condados, de carreteras y de los campus; así lo declaró el gobernador de New Hampshire. En la UCLA, un grupo de manifestantes proisraelíes atacó el campamento de solidaridad con Gaza mientras la policía de Los Ángeles se mantenía al margen (un patrón que desde entonces se ha reproducido en todo el país). Al día siguiente, cientos de policías antidisturbios dispararon balas de goma, gases lacrimógenos y granadas de aturdimiento contra los estudiantes, desmantelaron las tiendas y detuvieron a más de doscientas personas, entre ellas unas dos docenas de profesores, por cargos desconocidos. Los estudiantes del City College of New York, la universidad pública más importante de la ciudad, habían conseguido en un primer momento expulsar a la policía de Nueva York del patio del campus del norte de la ciudad. Sin embargo, más tarde la policía volvió con los efectivos necesarios e impusieron una ocupación de tipo militar en la que se destruyeron los campamentos y se detuvo a manifestantes. En la New York University, la policía irrumpió en el lugar de la protesta, Gould Plaza, y detuvo por allanamiento a más de ciento treinta personas, entre ellas algunos profesores que intentaban entrar en sus despachos. El campamento volvió a levantarse días después, pero en la madrugada del 3 de mayo la policía de Nueva York lo destruyó de nuevo y detuvo en torno a una docena de manifestantes. La misma secuencia de acontecimientos se produjo en la New School.

Con docenas de vehículos cuasi militares desplegados y manzanas enteras de la ciudad acordonadas, la policía antidisturbios ocupó los campus de Nueva York y maltrató a cualquiera que percibiera que se interpusiera en su camino. Columbia ha permanecido bajo control policial hasta el 17 de mayo. Se ha cancelado la ceremonia de graduación y algunos de los detenidos se enfrentarán a cargos penales. La policía de Nueva York afirma que aproximadamente el 30 por 100 de los detenidos en Columbia no son estudiantes, mientras que en el City College of New York eleva la cifra al 60 por 100, incluidos algunos presuntos yihadistas que aún no han sido identificados. Stanford ha enviado al FBI la fotografía de un presunto «terrorista». Los estudiantes y el personal han estado sometidos a una vigilancia constante y a un acoso administrativo implacable y Columbia ha recurrido a agentes federales e investigadores privados. Los cambios de política y las medidas disciplinarias se han anunciado generalmente a posteriori por correo electrónico o mediante octavillas, careciendo de toda transparencia y de todo protocolo de rendición de cuentas. En la New York University se ha suspendido a un académico junior por retirar un cartel proisraelí de una pared.

Los políticos de ambos partidos han contribuido a crear esta atmósfera de histeria, desempeñando los Demócratas un papel destacado en tal estrategia. El presidente Biden declaró que las protestas eran antisemitas y acusó a los estudiantes de provocar el «caos». Desde el Senado, Chuck Schumer, líder demócrata de esta cámara, llamó «terroristas» a los estudiantes. La Cámara de Representantes votó que los eslóganes de apoyo a la liberación palestina constituían incitación al odio antisemita y eran, por lo tanto, ilegales. Representantes de Nueva York presentaron en nombre de ambos partidos la Columbia Act, que se compromete a crear una comisión federal en el Departamento de Educación para supervisar el funcionamiento de los «monitores de antisemitismo» de terceras partes aprobados por el gobierno. El alcalde de Nueva York, Eric Adams, concedió una rueda de prensa en la que arremetió contra los «agitadores externos» y subrayó la importancia de identificarlos a través de la Intelligence and Counterterrorism Unit en coordinación con la administración de Columbia. Rebecca Weiner, profesora adjunta de la School of International and Public Affairs de Columbia, ocupa actualmente el cargo de comisaria adjunta de dicha unidad, que tiene una oficina en Tel Aviv, donde estudia tácticas de control de masas y tecnologías de vigilancia con las Fuerzas de Defensa de Israel. Adams señaló que Weiner había estado «controlando la situación» en los campus y que merecía el reconocimiento por los operativos de la policía de Nueva York.

Los rectores pueden verse obligados a dimitir aunque cuenten con un fuerte apoyo entre los estudiantes y el profesorado, como ha sucedido en Harvard

¿Qué explica la magnitud de esta respuesta? El semestre termina entre finales de abril y mediados de mayo. ¿Por qué no esperar a que los campamentos se hubieran desmontado, negociando y ofreciendo concesiones simbólicas para ganar tiempo? Lo sucedido en los campus estadounidenses es en parte el reflejo de los cambios que las universidades, como muchas otras instituciones, han experimentado durante décadas de neoliberalización. A mediados de la década de 1970, los Republicanos identificaron las universidades públicas como una fuente crucial de sentimiento antiautoritario y exigieron una reorganización institucional integral de las mismas. El proceso de privatización ulterior, que ha hecho que el coste de las matrículas sea prohibitivo para la mayoría de los futuros estudiantes de los respectivos estados, ha sido catastrófico para los principios y prácticas democráticos. Las universidades, receptoras de enormes dotaciones no gravadas fiscalmente de decenas de miles de millones de dólares, se han transformado paulatinamente en organizaciones policiales y carcelarias público-privadas, que atienden a los «clientes» y responden ante los benefactores y los políticos, no ante los estudiantes ni el profesorado.

En Columbia, cuya dotación es de 13 millardos de dólares, los estudiantes deben pagar 90.000 dólares anuales más gastos de viaje, lo que supone un aumento espectacular desde la década de 1980. Los puestos y salarios administrativos han aumentado en relación con los puestos ocupados por el profesorado, mientras el número del personal no titular no ha dejado de crecer. A escala nacional, tres cuartas partes del profesorado no tiene la titularidad y, por lo tanto, carece de libertad académica. La minoría privilegiada del profesorado titular no ha hecho nada para luchar contra esta tendencia, ni ha participado en los esfuerzos de los profesores adjuntos por sindicarse, ya que el sistema actual les permite disfrutar de permisos de investigación y años sabáticos. Ahora parece improbable que la propia titularidad docente sobreviva, dado que es objeto de ataque por parte de los políticos republicanos, los consejos de administración y las administraciones universitarias. Durante los últimos años se ha producido un auge del activismo laboral entre los estudiantes de posgrado y el profesorado adjunto, algunos de los cuales han conseguido derechos de negociación colectiva, pero la lucha de estos colectivos está muy lejos de lograr la redemocratización del mundo académico.

Otro factor crucial es la influencia de los llamados «shot callers»: se trata de tipo específico de donantes multimillonarios, quienes a menudo actúan a través de políticos o miembros del consejo de administración de la respectiva universidad, que cuenta con el poder suficiente como para forzar cambios institucionales o conseguir el despido de determinadas personas mediante la amenaza de retirar la financiación a la correspondiente institución. A medida que las universidades se han ido pareciendo más a las empresas, cuyas obligaciones principales son para con sus accionistas, los administradores se han vuelto cada vez más dóciles ante los donantes y sus representantes. Los rectores pueden verse obligados a dimitir aunque cuenten con un fuerte apoyo entre los estudiantes y el profesorado, como ha sucedido en Harvard; o, a la inversa, pueden ignorar una importante oposición interna, porque sus patrocinadores externos les apoyan, como ha sucedido en Columbia. (Uno de los donantes que práctica del modo más conspicuo esta injerencia es el demócrata Robert Kraft, propietario del equipo de futbol americano los New England Patriots, que respondió a las protestas revocando una donación y sacando anuncios a toda página en los principales periódicos que denunciaban el «odio antisemita» y exigían una mayor «protección» en los campus).

Sin embargo, han sido las secuelas del 11-S las que han propiciado que la universidad neoliberal abrace más intensamente el Estado de seguridad nacional. En el período previo a la segunda invasión de Iraq, los campus fueron testigos de una nueva ola de organización política que implicó a estudiantes y profesores, incluida la formación de grupos como Historians Against the War (que sigue activo hoy en día). La iniciativa Boicot, Desinversión y Sanciones se fundó en 2005 y tomó impulso al final del segundo mandato de Bush, atrayendo la ira de las administraciones universitarias. Al mismo tiempo, los académicos radicales se enfrentaron a un mayor escrutinio y, a menudo, a una vigilancia directa. Alan Dershowitz, tras haber sido desenmascarado como plagiario por Norman Finkelstein, utilizó sus conexiones para conseguir que se denegara la titularidad de Finkelstein en DePaul University. Finkelstein nunca volvió a encontrar trabajo en una. Institución académica. Aijaz Ahmed, destacado crítico del imperio estadounidense, fue despedido de la Universidad York de Toronto por sus escritos sobre Palestina.

Pero el caso más emblemático ha sido el de Sami Al-Arian, profesor de informática de la University of South Florida, que trabajó en la Casa Blanca de Clinton y que fue objeto de vigilancia federal por su labor de defensa de la causa palestina. En 2003 fue acusado falsamente de proporcionar «apoyo material» a los «terroristas» de la Yihad Islámica, despedido de su trabajo, recluido en régimen de aislamiento durante tres años y acosado por los tribunales. Los fiscales federales no lograron condenarlo por ningún cargo. Las únicas pruebas que presentaron fueron las declaraciones públicas y los escritos de Al-Arian sobre la liberación palestina. En 2014 el gobierno retiró todos los cargos y Al-Arian fue deportado a Turquía al año siguiente.

Los rectores de las universidades no pueden tomar ninguna medida que satisfaga a los legisladores de extrema derecha, porque estos últimos no pierden nada continuando su ofensiva

Tras la crisis financiera de 2008, la austeridad se puso a la orden del día para todo el mundo, excepto para los banqueros, las grandes empresas tecnológicas y los inversores, y las universidades públicas se quedaron sin financiación. El activismo y la actividad intelectual y académica antiimperial retrocedieron en general, mientras Obama intensificaba los ataques con aviones no tripulados en Afganistán y Pakistán y abría nuevos frentes en Libia, Siria, Yemen y Somalia. Su presidencia fue crucial para consolidar la relación entre el sector de la educación superior y el establishment demócrata. En 2012 los principales donantes de su campaña fueron el profesorado, el personal académico, los estudiantes, los antiguos alumnos y los administradores de la Universidad de Berkeley, con Harvard y Stanford situados a corta distancia. La irrupción de Black Lives Matter en 2014-2015 hizo poco por cambiar esta tendencia y puede que incluso la haya acelerado. En la medida en que era un movimiento con todas las letras, en lugar de un puro ejercicio de creación de una marca, nunca representó una amenaza para el ala clintonista del Partido Demócrata y mucho menos para la clase donante. Simplemente ayudó a convertir el credo de la diversidad, la equidad y la inclusión en políticas más rígidas y constrictivas utilizadas, especialmente por los departamentos de recursos humanas, para mantener a la gente a raya. Las universidades se han convertido ahora en fábricas en las que la ideología del Partido Demócrata se produce en masa y se difunde en las esferas mediática, cultural, del entretenimiento, tecnológica y científica. Al señalar esto, y al acusar deshonestamente a las instituciones de enseñanza superior de no apoyar suficientemente a Israel, los Republicanos esperan mejorar sus credenciales «antielitistas» y atacar un bastión clave del poder del Partido Demócrata.

Cuando los rectores de las universidades fueron conminados a presentarse ante los legisladores republicanos para responder a una serie de cínicas preguntas sobre la «incitación al odio» en los campus, hacía tiempo que habían cortado la rama en la que tenían que apoyarse. Tras haber pasado décadas silenciando las críticas a Israel, no podían invocar los derechos de la Primera Enmienda ni la autonomía académica. En su lugar, simplemente han tratado de cumplir con la represión liderada por los Republicanos. Por supuesto, como señaló Trotsky, jugar limpio con aspirantes a fascistas rara vez funciona. Los rectores de las universidades no pueden tomar ninguna medida que satisfaga a los legisladores de extrema derecha, porque estos últimos no pierden nada continuando su ofensiva, porque esta les permite enfrentar a las bases demócratas con la dirección del Partido y con la clase donante sionista a la que este responde, lo cual incrementa la probabilidad de una victoria republicana en noviembre.

En 1968, un Partido Demócrata dividido entregó la presidencia a Nixon en un momento en que la mayoría de los ciudadanos estadounidenses apoyaba la guerra de Vietnam y se oponía a los manifestantes pacifistas. Hoy la mayoría de los votantes de Biden quieren que se detenga el genocidio en Gaza y la mayoría de los estadounidenses apoyan las protestas estudiantiles. Son malas noticias para el actual presidente. De sus votantes en 2020, el 10 por 100 piensa ahora apoyar a Trump. Si un número significativo de independientes, que representan el 43 por 100 del electorado, o de «progresistas», que suman alrededor del 35 por 100 y votan regularmente al Partido Demócrata, deciden quedarse en casa o apoyar a otro candidato, el presidente se encontrará en una situación complicada. Si añadimos a ello el creciente bloque de delegados no comprometidos contrarios a Biden, la posibilidad de que se produzcan disturbios masivos durante el verano y la decisión tomada por los activistas de concentrarse en Chicago con motivo de la celebración de la Convención Demócrata, parece que se repetirán algunos aspectos de 1968, aunque esta vez como si un Lyndon B. Johnson muy debilitado hubiera decidido presentarse a la reelección. Las últimas encuestas indican que si Biden gana, será porque el aborto moviliza a las mujeres suburbanas predominantemente blancas en un número suficiente. La fracasada estrategia demócrata desplegada en 2016 –«por cada voto demócrata de origen obrero que perdamos en el oeste de Pensilvania, recogeremos dos votos republicanos moderados en las áreas suburbanas de Filadelfia, y ello puede repetirse en Ohio, Illinois y Wisconsin»– parece ser la única que la dirección del Partido Demócrata es capaz de implementar.

Hemeroteca Diagonal
Entrevista The Weather Underground: “Compartimos un plan con vosotros”
Bernardine Dohrn y Bill Ayers formaron parte de la banda armada The Weather Underground, la respuesta de estudiantes de clase media blanca al imperialismo estadounidense de los años 60.


La ocupación del Hamilton Hall en 1968 en protesta por la complicidad de la universidad en la guerra, por su racismo, por su rapacidad inmobiliaria en Harlem y por su actitud autoritaria hacia los manifestantes estudiantiles, fue filmada, junto con la brutal toma del edificio por la policía, que se saldó con más de setecientas detenciones. Al difundirse las imágenes, las protestas se extendieron a institutos y a otros campus de todo el país. En los dos años siguientes, la marea de la historia cambió. Võ Nyugên Giáp, arquitecto de la Ofensiva del Tet, afirmó que Estados Unidos nunca podría ganar en Vietnam a pesar de su superioridad militar. ¿Por qué? Porque «el factor humano» era decisivo. No importaba cuántos vietnamitas matara Estados Unidos. Siempre habría suficientes dispuestos a luchar y morir en defensa de su país. El objetivo del FLN y de Hanoi era doblegar la voluntad del gobierno estadounidense de continuar la guerra. Finalmente, con la ayuda del movimiento estudiantil y del movimiento antibelicista estadounidenses, lo consiguieron.

Desde entonces, el llamado factor humano ha desempeñado un papel crucial en otras luchas antiimperialistas. La intuición del general Giáp ha sido válida en Brasil, Bolivia, Chile, Angola, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Líbano, Sudáfrica, Colombia, Afganistán, Iraq, Siria y Somalia, Cisjordania y ahora en Gaza. En ninguno de estos casos las bombas, la artillería, la tortura, la tecnología de vigilancia o el contraespionaje, ya sean utilizados por militares estadounidenses o por sus apoderados, han garantizado la victoria absoluta de la potencia hegemónica. Los movimientos de resistencia, algunos de ellos populares y democráticos, han perdurado.

Tampoco las redadas policiales militarizadas, que traen a casa las operaciones de contrainsurgencia, pueden vencer a los fantasmas de 1968. Gracias a los organizadores estudiantiles, junto con una minoría crítica de profesores, intelectuales, científicos, trabajadores técnicos, abogados, activistas de derechos humanos y productores culturales, personas a lo largo y ancho de Estados Unidos se están movilizando en defensa de los derechos de la Primera Enmienda y contra el genocidio israelí de la población de Gaza. Están haciendo historia y lo saben. Una variante cada vez más autoritaria del neoliberalismo no les detendrá. Tras un eclipse que ha durado cuarenta años, ¿podríamos asistir al renacimiento de lo que Said llamó crítica democrática o de lo que Mike Davis denominó el proyecto socialista revolucionario, como antídoto contra el nacionalismo etnorreligioso, el imperio y la tanatocracia?

Sidecar
Artículo original: Ghosts of ’68 publicado por Sidecar, blog de la New Left Review y traducido con permiso expreso por El Salto. Véase Ernest Mandel, «Lessons of May», NLR I/52.
Resistencia propalestina UCLA - 1
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Durante los primeros días de ocupación de la UCLA ya hubo contramanifestantes pro Israel. Los pro-israelíes intentaban cualquier cosa para conseguir una reacción de los estudiantes pro-palestinos. Esta pareja se acercó y se cubrió con una bandera israelí. Mientras esto ocurría, los otros manifestantes pro Israel empezaron a llamar "perra apestosa" y otros insultos despectivos a una manifestante pro Palestina. Cada vez que aparecía un manifestante palestino, los jóvenes pro israelíes lo insultaban. El hombre situado a la derecha del encuadre se acercó y dijo: "chicos, escuchad, yo sangro azul y blanco y esto está mal..... nos estáis haciendo quedar mal a todos....". La pareja intentó explicar a los manifestantes pro palestinos que pensaban que los chicos pro israelíes estaban llevando esto demasiado lejos. Los pro israelíes empezaron a llamar a la pareja falsos judíos por no estar de acuerdo con ellos.
Durante los primeros días de ocupación de la UCLA ya hubo contramanifestantes pro Israel. Los pro-israelíes intentaban cualquier cosa para conseguir una reacción de los estudiantes pro-palestinos. Esta pareja se acercó y se cubrió con una bandera israelí. Mientras esto ocurría, los otros manifestantes pro Israel empezaron a llamar "perra apestosa" y otros insultos despectivos a una manifestante pro Palestina. Cada vez que aparecía un manifestante palestino, los jóvenes pro israelíes lo insultaban. El hombre situado a la derecha del encuadre se acercó y dijo: "chicos, escuchad, yo sangro azul y blanco y esto está mal..... nos estáis haciendo quedar mal a todos....". La pareja intentó explicar a los manifestantes pro palestinos que pensaban que los chicos pro israelíes estaban llevando esto demasiado lejos. Los pro israelíes empezaron a llamar a la pareja falsos judíos por no estar de acuerdo con ellos.
Resistencia propalestina UCLA - 2
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Manifestantes pro Palestina cuparon una plaza frente al Royce Hall, en el campus de la UCLA, en contra del genocidio en Gaza. Los manifestantes formaron un muro humano alrededor del campamento para que la gente tuviera tiempo de instalarse. En ese momento ya habían sido acosados por manifestantes contrarios, por lo que la tensión empezaba a aumentar.
Manifestantes pro Palestina cuparon una plaza frente al Royce Hall, en el campus de la UCLA, en contra del genocidio en Gaza. Los manifestantes formaron un muro humano alrededor del campamento para que la gente tuviera tiempo de instalarse. En ese momento ya habían sido acosados por manifestantes contrarios, por lo que la tensión empezaba a aumentar.
Resistencia propalestina UCLA - 3
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En poco tiempo el campamento llegó a contar con cientos de personas. Se levantaron docenas de tiendas y la gente se atrincheraba para pasar la noche.
En poco tiempo el campamento llegó a contar con cientos de personas. Se levantaron docenas de tiendas y la gente se atrincheraba para pasar la noche.
Resistencia propalestina UCLA - 4
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Los contramanifestantes israelíes utilizaron fuegos artificiales para asaltar el campamento de apoyo a Palestina, mientras llevaban altavoces con música de canciones infantiles israelíes y de Ozzy Osbourne. Los contramanifestantes pro Israel intentaron usar pirotecnia para asustar y dañar el campamento y a su gente. Se oían los gritos de los manifestantes pro palestinos cada vez que se producían las detonaciones.
Los contramanifestantes israelíes utilizaron fuegos artificiales para asaltar el campamento de apoyo a Palestina, mientras llevaban altavoces con música de canciones infantiles israelíes y de Ozzy Osbourne. Los contramanifestantes pro Israel intentaron usar pirotecnia para asustar y dañar el campamento y a su gente. Se oían los gritos de los manifestantes pro palestinos cada vez que se producían las detonaciones.
Resistencia propalestina UCLA - 5
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Los manifestantes pro palestinos intentaron defender el campamento de los pro israelíes. Lucharon durante casi 4 horas en una batalla constante con armas improvisadas, pirotecnia, gases o simplemente fuerza bruta con patadas y puñetazos.
Los manifestantes pro palestinos intentaron defender el campamento de los pro israelíes. Lucharon durante casi 4 horas en una batalla constante con armas improvisadas, pirotecnia, gases o simplemente fuerza bruta con patadas y puñetazos.
Resistencia propalestina UCLA - 6
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Los estudiantes intentaron por todos los medios mantener alejados a los sionistas. Los manifestantes a favor de Palestina eran suficientes para defender su campamento, pero los ataques fueron constantes y no cesaron. Al parecer, la policía de Los Ángeles también permitió que la situación se agravara al no aparecer hasta la madrugada del 1 de mayo.
Los estudiantes intentaron por todos los medios mantener alejados a los sionistas. Los manifestantes a favor de Palestina eran suficientes para defender su campamento, pero los ataques fueron constantes y no cesaron. Al parecer, la policía de Los Ángeles también permitió que la situación se agravara al no aparecer hasta la madrugada del 1 de mayo.
Resistencia propalestina UCLA - 7
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El equipo de seguridad del campamento propalestino acudió finalmente a uno de los puntos de control cuando la policía de Los Ángeles se acercaba para ordenar a la gente que cesara la violencia y dejaran las armas.
El equipo de seguridad del campamento propalestino acudió finalmente a uno de los puntos de control cuando la policía de Los Ángeles se acercaba para ordenar a la gente que cesara la violencia y dejaran las armas.
Resistencia propalestina UCLA - 8
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Los estudiantes utilizaron sus cuerpos y contenedores de basura para impedir que la policía entrara en el campamento.
Los estudiantes utilizaron sus cuerpos y contenedores de basura para impedir que la policía entrara en el campamento.
Resistencia propalestina UCLA - 9
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Las pintadas y la fachada del campamento solidario justo antes de ser destruido por la policía.
Las pintadas y la fachada del campamento solidario justo antes de ser destruido por la policía.
Resistencia propalestina UCLA - 10
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La policía detuvo a más de 120 personas durante los disturbios por la defensa del campamento propalestino en el campus de UCLA.
La policía detuvo a más de 120 personas durante los disturbios por la defensa del campamento propalestino en el campus de UCLA.
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Max Montoya
Max Montoya
18/5/2024 12:36

Muy buen artículo. Calidad. Gracias.

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Asanuma
18/5/2024 8:27

Impecable. Parecen los tiempos de represión por las protestas contra la guerra de Vietnam, lo sosprendente es que ahora en Europa la represión también es brutal. Estaría bien volver a leer "Los ejércitos de la noche", de Norman Mailer, novela inspirada sobre la marcha sobre el Pentágono de 1967. Siempre hay que tener a Howard Zinn de cabecera.

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