Leila Ghanem: “La gente se pregunta hasta cuándo vamos a dejar a estos criminales dominar el mundo”

La antropóloga marxista libanesa Leila Ghanem combina un crudo diagnóstico sobre el orden imperialista que se está imponiendo en Oriente Próximo bajo la batuta de Trump, con una lúcida fe en el internacionalismo.
12 ene 2026 06:00

Periodista y antropóloga, Leila Ghanem (Beirut, 1958) llegaba el pasado octubre a Madrid en un breve episodio más de su larga trayectoria como activista internacionalista. Esta militante comunista,  Coordinadora del Foro Social de Beirut, tuvo una cita en Octubre en el madrileño Ateneo la Maliciosa, para aportar su perspectiva regional, y abordar, junto al periodista y representante del Frente Popular para la Liberación de Palestina, Majed Dibsi, cómo la resistencia palestina y de otros pueblos de la región hace frente a la agenda sionista e imperialista en Oriente Próximo. 

Redactora jefa de la revista Alternative Bada'el, Ghanem ha sido una figura central en tribunales populares para juzgar tanto los crímenes de guerra israelíes en Sabra y Shatila, como la ofensiva de Monsanto en el Iraq ocupado. En una larga conversación, la comprometida intelectual libanesa, despliega su memoria sobre el curriculum colonial de Israel y Estados Unidos en la región, mientras analiza con una mirada a la vez descarnada y abierta a la esperanza, la situación actual. 

Israel en la era Trump

Si el imperialismo estadounidense en Oriente Medio no es ninguna novedad, como tampoco lo es la crueldad del sionismo en el territorio palestino ocupado, es difícil no pensar que el histrionismo hiper sincero de Trump y el aceleracionismo genocida de Netanyahu suponen un cambio de paradigma. Viniendo de un presidente demócrata más calmado pero abiertamente pro-israelí, ¿hay una gran diferencia en las políticas trumpistas en el escenario palestino, respecto a su predecesor? 

Leila Ghanem pondera su respuesta, de un lado considera que sí, que Trump no es otra cosa que la continuidad de Biden, siendo ambos sionistas convencidos, incluso en el plano religioso, señala. Es más, recuerda cómo Biden se declaró públicamente sionista, explicando cómo su padre le había criado insuflándole un fuerte respeto al Estado de Israel. Por otro lado, continúa Ghanem, tanto el actual presidente como el anterior “tenían el mismo concepto de que la guerra genocida va a ensuciar a Israel”. Es decir, después de blindar la imagen del sionismo con “la industria del Holocausto” —un término que, precisa la autora, acuñó el judío antisionista Norman Filkestein— que junto al “monopolio del sufrimiento” garantizan impunidad a los israelíes, la guerra contra Gaza ha agrietado esta proyección del estado sionista. Así, desarrolla la antropóloga, con el fin de proteger la imagen de su aliado incondicional, los presidentes estadounidenses han perseguido convencer al gobierno israelí de que puede alcanzar sus objetivos a través de la paz.

De los objetivos de Israel, algunos son explícitos y otros no. La exigencia de liberar a los prisioneros por la fuerza y acabar con Hamás fueron una y otra vez repetidos por las autoridades israelíes. Pero Netanyahu también tenía como fin reducir notablemente la población de Gaza, una meta, apunta Ghanem, que se remonta a 2020, y que une a Israel y al círculo de Trump, —representado por su yerno Jared Kouchner— en el proyecto de construir una especie de Dubai, esa Riviera para la que les sobra una gran parte de la población local. 

“En su discurso ante la Knesset Trump le dijo a Netanyahu: ‘tienes que aceptar lo que te ofrezco porque todo el mundo se ha convertido en tu enemigo y ya no puedo protegerte’”

Así, Ghanem destaca cómo Israel no ha podido completar sus planes, se ha topado con la resistencia de los gazatíes, que no se dejarán exiliar, con “la resistencia de las brigadas de al-Qassam, que han perseverado incluso en una relación de fuerzas terriblemente desequilibrada”, y por último, lo que considera un hecho determinante: el enorme daño que el estado sionista ha sufrido en su imagen. “En su discurso ante la Knesset [el pasado  de octubre] Trump le dijo a Netanyahu: ‘tienes que aceptar lo que te ofrezco porque todo el mundo se ha convertido en tu enemigo y ya no puedo protegerte. Si quieres que Israel permanezca debes detenerte ahora’”. El compromiso de Trump, considera Ghanem, ha sido proteger a Israel de un movimiento internacional de protesta que ha alcanzado cuotas históricas, como han contabilizado centros especializados en estadística, apunta. “A escala internacional, los cinco meses que precedieron el alto al fuego, hubo unas 2066 manifestaciones por Gaza en todo el mundo, unas 15 manifestaciones al día. Esto era demasiado fuerte para ellos. Se ha convertido en algo existencial para Israel”. 

Así, el proyecto sionista ha sido puesto bajo el foco mundial demostrando prácticas de una crueldad innegable, recuerda la marxista, incluyendo el asesinato por inanición de cientos de palestinos, muchos de ellos niños, frente a las cámaras. También la denuncia de las propias personas judías en todo el mundo, central en el movimiento de solidaridad internacional, ha hecho mella en los cimientos de la propaganda sionista. Ghanem pone como ejemplo la primera gran conferencia de judíos europeos y estadounidenses antisionistas, que reunió a más de mil personas en Viena el pasado junio. Ante esta crisis del sionismo, concluye Ghanem, a Israel no le quedaba otra opción que aceptar el alto al fuego. 

Sufrimiento y resistencia

En todo caso, analizar los movimientos de Estados Unidos o del mismo Israel no nos puede desviar de los efectos de la guerra genocida. Y es que nunca se hablará suficiente del sufrimiento que ha padecido (y sigue padeciendo) la población gazatí, considera Ghanem, un pueblo condenado a “errar, desplazarse a cada momento con sus fardos, con los niños en los hombros. Israel ha reducido a la gente a un estado de necesidad total, donde el problema ya no es solo tener agua para beber, es lavarse, hacer cola todo el tiempo. Nuestros amigos en Gaza nos contaban de estas colas de 200, 300 personas para poder ir al baño”. 

Del sufrimiento cotidiano, desgastante, a la ausencia: “Hay niños que vagan en las calles porque han perdido a sus padres. 2.700 familias que han sido borradas para siempre. Conocía a una familia de médicos, todos han muerto. Quedaba uno de ellos, a quien le contaron que habían matado a toda su familia. Poco después, fue asesinado en el mismo hospital”. La pérdida de vidas es muy superior a las que se publican oficialmente, recuerda Ghanem, apuntando a las estimaciones de la revista The Lancet: que ya en enero de 2025 advertía de que las cifras reales de víctimas mortales podrían superar en un 70% a las reconocidas por las autoridades gazatíes. También menciona Ghanem cómo el pasado septiembre la relatora de Naciones Unidas para los Territorios Ocupados Palestinos, Francesca Albanese hablaba ya de 680.000 personas asesinadas el pasado 15 de septiembre. Desde el “alto al fuego” aprobado el pasado 10 de octubre, Israel ha asesinado a más de 400 palestinos.

Este nivel de salvajismo, de brutalidad, considera Ghanem, refleja la pretensión por parte de Israel de aterrorizar tanto a la población gazatí como al mundo, de mostrar una venganza ejemplar, con todos estos soldados haciendo gala de su crueldad en las redes sociales. De todas las conversaciones y testimonios del terror a los que la pensadora se ha asomado estos dos años, recuerda el de un médico francés. “Un día les han llevado más de 200 heridos a él y su equipo, había que salvar a los niños, algunos tenían incluso dos miembros amputados —porque Israel utiliza armas no convencionales que cortan limpiamente los miembros del cuerpo, a veces los cuatro— y narraba, con los ojos en lágrimas, que no tenían morfina, los niños aullaban y después morían. Así, durante 48 horas, han estado curando, curando y curando como han podido. Después escucharon llantos infantiles en el patio del hospital, y este doctor quería salir a buscar a los niños. Le han dicho, no, no salgas, son drones que imitan el llanto infantil con el fin de matar a los médicos”, explica conmovida Ghanem, y sigue, porque siempre hay más: le contaron cómo había drones que imitan maullidos: ¿el objetivo? que los niños se acerquen y matarlos. “Pero no es por esto que este pueblo merece nuestra compasión. En mi opinión, la merece porque es un pueblo heroico que ha soportado todo esto sin arrodillarse”. 

“No sólo los derechos humanos, los derechos sociales o económicos, no han llegado como un regalo del capitalismo, es el fruto de las luchas sociales”

Para la pensadora libanesa hemos sido testigos de la transición de una “compasión solidaria” a una “compasión de clase” frente a un neoliberalismo depredador y bárbaro. Y especifica: “En Gaza han matado a la gente, pero hace treinta o cuarenta años que en Europa han roto todos los activos sociales conquistados. La gente ha luchado cada día durante más de dos siglos para alcanzar esta democracia, este estado de derecho. No sólo los derechos humanos, los derechos sociales o económicos, no han llegado como un regalo del capitalismo, son el fruto de las luchas sociales”. Ghanem destaca que en el marco neoliberal se ha producido un desplazamiento de la soberanía del estado a instituciones como la Comisión Europea, o el FMI. Cree que es desde esta conciencia de que la lucha es contra este capitalismo devorador y antidemocrático que la gente sale a las calles también. “Dicen, si Gaza cae, nosotros también caeremos. Han identificado sus luchas sociales con la lucha del pueblo palestino”. El ejemplo italiano, donde los sindicatos se han mostrado especialmente vocales en la lucha por los gazatíes, daría muestra de ello.  

Para la pensadora es importante este punto, sobre el que ha escrito en diversas ocasiones: la “identificación de luchas”. “Hace falta una razón para explicar por qué, de pronto, todo el mundo sale a la calle. No se trata sólo de compasión por los pobres palestinos, eso no hace salir a las masas de manera cuantitativa”. Recuerda que las movilizaciones han llegado a superar a otros hitos de la protesta como aquellas que se rebelaron contra la guerra de Vietnam o que impugnaron el apartheid sudafricano. La razón que identifica Ghanem tiene que ver con el contexto, con la constatación de encontrarse en esta fase del “capitalismo criminal”. Vuelve a la escena de Trump dirigiéndose a la Knesset, reconociendo, con Myriam Adelson presente, cómo ella y su marido donaron enormes sumas con el fin de garantizar que la embajada estadounidense se desplazara a Jerusalén, movimiento que marcó la primera legislatura de Trump. Los Adelson, apuntaba Trump, habían financiado también la anexión de los altos del Golan. “Nos está diciendo que lo que cuenta es el dinero. Es como si le escupiera a la cara al mundo entero. Ese es el nuevo capitalismo”.

Y al final, Ghanem sí que ve claramente este desplazamiento que ha traído Trump, tras el sionista Biden: “Estamos en una fase más cruel, más predadora, en la que hay gente que posee fortunas inauditas”. Así, concluye, el régimen que está imponiendo Trump es el de las fortunas mundiales. Una agenda económica que llevaría tiempo en funcionamiento: con Tony Blair, ya en 2019, proponiendo su plan para gestionar Gaza, desde el conocimiento, apunta la pensadora, de que la franja sería arrasada. Considera que Blair, con su proyecto del Canal Ben Gurion abrazado por Israel, ya tenía en mente la guerra entre Rusia y Ucrania, la cual haría necesario abastecerse de gas al margen de Rusia. Por ello, Ghanem considera que el gas en Gaza y el Sur del Líbano han sido objetivos fundamentales de la guerra genocida. “Nasrallah dijo que la resistencia defendería los yacimientos de gas en el Mediterráneo, y es lo que ha hecho hasta su muerte, por eso había que acabar con él”. Gaza además está en una posición geográfica estratégica, así que el 7 de octubre brindaría la ocasión de poner en marcha todo un programa económico para la zona que ya estaba definido”.

El dominio de los fascistas del dinero

Con estas tramas de poder a la vista, protagonizadas por actores que dominan el mundo en la impunidad, Ghanem considera que Gaza ha tenido “efectos condensadores”: Primero “vemos estas manifestaciones masivas por el mundo porque la gente se pregunta hasta cuándo vamos a dejar a estos criminales dominar el mundo, dominar los pueblos, decidir a quién se puede matar y a quién no, qué se puede destruir y qué no”. Un dominio que ha dejado grandes dosis de destrucción en Iraq, Libia, Líbano, Siria, Gaza, enumera, antes de concluir: “Hacen lo que quieren con esta región”.

Hay una segunda cuestión que interpela a la gente: “se trata de tener regímenes fuera de la ley, apartheids, estados que practican la limpieza étnica a la vista de todos”. En tercer lugar, considera Leila, los pueblos estarían reconsiderando el rol de occidente. No son pocos, explica, los pensadores franceses como Emmanuelle Todd o Frédérick Lordon “que hablan del fracaso del hombre blanco, el fracaso de la democracia occidental o de las reivindicaciones de los derechos humanos. Eso interpela a los europeos: ¿En qué nos hemos convertido? ¿dónde está nuestra civilización?”

“Los nuevos fascistas del dinero que dominan el mundo, los medios de comunicación, las multinacionales… son depredadores que van a por todas las riquezas de la tierra”

Y aquí llega una cuarta cuestión, el temor ante el hecho de que ciencia y tecnología estén en las peores manos. “Los nuevos fascistas del dinero que dominan el mundo, los medios de comunicación, las multinacionales… son depredadores que van a por todas las riquezas de la tierra, el agua, el trigo…”. Ghanem ha sido muy activa respecto a este último punto. Sin ahondar en su trayectoria ofrece un dato ilustrativo: Cómo Monsanto llegó con los tanques estadounidenses a Iraq, después de que el ejército destruyeran “200 tipos de grano iraquí, obligando a la población a comprar a la empresa grano ‘terminator’, del que no salen nuevas semillas para continuar con el ciclo agrícola, por lo que los agricultores se veían obligados a seguir comprando a la multinacional cada año”, en una clara muestra de uso de la tecnología con el único fin de la acumulación de capital. 

Respecto a la IA, alerta de hasta qué punto los controles biométricos, instalados en toda Europa, extreman la vigilancia de todo el mundo. “En lugar de ser utilizada para el bien de la humanidad, ¿por qué la IA parece dirigirse a destruir al hombre y la naturaleza?”. Y es que, considera, la Inteligencia Artificial llega a cambiar completamente las reglas del juego en la confrontación, como ha hecho estos años Israel usándola para descabezar a Hamas o Hezbollah, cuyas milicias habían consiguieron hace veinte años —en otro orden bélico distinto— expulsar al ejército israelí de Líbano.

Leila Ghanem - 2

Hezbollah y Hamas

Llegadas a este punto, la antropóloga hace una pausa: “Para mí Hezbollah y Hamas son libertadores que han puesto por delante la cuestión nacional, no la cuestión religiosa. En la región hay gente religiosa, pero Hezbollah jamás ha reivindicado crear un Estado Islámico”. La antropóloga se dispone a aclarar algo que no ve nunca explicado en los medios europeos: “En Palestina, Hamas tiene dos facciones, la facción política islamista, que vive en Qatar, y Al-Qassam, que viven en Palestina. Estos últimos estaban representados por la línea de Yahya Sinwar. Es una línea que viene de la segunda intifada, no de los hermanos musulmanes”. En sus escritos defienden que son “un movimiento de liberación nacional que constituye una continuidad del movimiento que ha formado Yasser Arafat en 1965, pero también con Georges Habach, quien es marxista, ateo, no religioso”. De  hecho, apunta, la mayoría de la izquierda árabe es de confesión cristiana, lo que nunca ha sido un óbice para aliarse. “La primera lista que Sinwar presentó para la liberación de los rehenes incluía la liberación de Marwan Barghouti, que pertenece a Fattah, de Ahmad Saadat que es el jefe del FPLP (Frente Popular por la Liberación de Palestina), y de Georges Ibrahim Abdallah, que es un militante de la izquierda libanesa encarcelado en Francia”. Ghanem puntualiza que este último (liberado finalmente en julio de 2025) no cometió ningún crimen, pero fue sentenciado a cadena perpetua por las presiones de Francia, Estados Unidos e Israel.

“La gente sigue los medios privados, oficiales, y estos demonizan la lucha de los movimientos de liberación nacional”, la antropóloga explica que ella prefiere llamar a estos movimientos “teología de la liberación”. Y es que, recuerda de nuevo: ponen la cuestión nacional por delante de la religiosa. “No reivindican un estado islámico, sean religiosos o no”. Y es contra esa resistencia nacional contra la que lucha Estados Unidos, considera. Si ha atacado a Líbano, es porque desde el mismo 8 de octubre Hezbollah ha declarado una guerra de apoyo a Gaza. “Todos los mártires que hemos tenido, más de siete mil, han muerto por Palestina”.

La antropóloga libanesa considera que una herramienta clave en el descabezamiento de Hezbollah o los ataques a Irán es el uso de armamento prohibido, de alto tonelaje, y de bombarderos como el B-2, “capaz de matar 22 miembros del estado mayor iraní refugiados en un búnker en un solo ataque, algo de lo que Donald Trump se vanaglorió”. Un Trump que se mostraba como un líder todo poderoso, en la cumbre de Sharm Al Sheij del pasado otoño, ante un desfile de mandatarios postrándose ante él. Como el presidente de Pakistán, quien le susurró algo al oído, para que, poco después, en plena rueda de prensa, el líder estadounidense revelase, ante la vergüenza profunda del mandatario pakistaní, que este le había dicho que merecía el premio nobel: “el presidente de Pakistán está muerto de miedo. Es decir, con el discurso que ha escuchado en la Knesset, ha entendido que en cierto modo él también está en el punto de mira, pues también cuenta con armas nucleares. Así que Trump puede decir que va a eliminarlas. Quién va a impedírselo. Puede hacerlo”. 

El miedo, entiende Ghanem, se extiende entre los clásicos aliados de Estados Unidos, un ejemplo clave es Arabia Saudí, que entrega miles de millones a un Washington que no se detiene en exigir más y más. Fruto de este temor a la incontrolabilidad de Trump, el reino saudí habría firmado un acuerdo de defensa mutua con Pakistán: “van a surgir alianzas con los estados asiáticos islámicos para protegerse”, concluye la antropóloga. Trump ha dejado patente cómo espera que los países petroleros árabes financien la reconstrucción de Gaza siguiendo su plan “‘ellos pagarán la reconstrucción, ni yo, ni Israel’ eso lo ha dicho, alto y claro, toda esa crueldad, los crímenes que han cometido, los expresa sin ninguna restricción. Esto nos da una idea del mundo en el que vivimos. ¿Cómo se puede esperar que la gente no salga a la calle? Esto también les afecta a ellos, ¿quién dice que Europa no acabará en el punto de mira?”.

“Quieren mostrar a la gente que van a destruir Gaza, porque Gaza ha desafiado a Israel, y por lo tanto ha desafiado al protector de Europa. No tenemos derecho a desafiar nuestras hegemonías”

Toma de conciencia global

A pesar del tremendo diagnóstico, Ghanem ve un horizonte de transformación posible. Señales de este horizonte son la magnitud de los movimientos de solidaridad internacional, los innumerables escritos de denuncia, las miles de peticiones contra este orden impuesto por Trump, o las numerosas dimisiones que ha habido en la estructura de Naciones Unidas. “La humanidad se ha dotado de algo formidable cuando ha creado las Naciones Unidas. Así que cuando un estado pone en cuestión el derecho internacional y quiere evitar que haya un árbitro moral en el mundo, transitamos a un mundo de inmoralidad”, denuncia.  La antropóloga cita de nuevo a Frédéric Lordon quien “ha escrito un libro muy importante donde explica por qué Gaza hoy condensa todas las causas, conectándola con las migraciones, o con la relación de Europa con los árabes. ¿Por qué criminalizar las manifestaciones? Se las criminaliza porque cuestionan la hegemonía occidental, la hegemonía imperial. Quieren mostrar a la gente que van a destruir Gaza, porque Gaza ha desafiado a Israel, y por lo tanto ha desafiado al protector de Europa. No tenemos derecho a desafiar nuestras hegemonías”. 

Ghanem también explica en qué consiste para ella el riesgo al que se enfrenta la democracia: el progresivo ataque contra todas las instituciones estatales, esas instituciones que permiten, por ejemplo, recaudar impuestos, redistribuir la riqueza, sostener el estado social, materializar las conquistas sociales. “Si destruyes las instituciones, no puedes hablar de democracia. Se convierte en el poder del dinero, incluso el voto, el relevo del poder, se convierte en un asunto de dinero: quien puede pagar gana las elecciones”. 

Respecto a la hoja de ruta imperialista para la región, la antropóloga ve, desde la invasión de Iraq, una agenda clara: “Lo que quieren, es una guerra civil permanente en Oriente Próximo”. Así ha sucedido en Libia o Siria.  “Aún Iraq no se ha recuperado de sus heridas. No tenemos un estado democrático, sino una panda de corruptos que se pasan el poder entre ellos, que se enriquecen mientras el pueblo iraquí se empobrece”. El mismo destino le augura a Siria, con un Al Jolani (el presidente sirio ahora conocido como Ahmed al Sharaa)  al que define como “hijo de la CIA”, “que ha cometido crímenes con sus propias manos”, al que se le reconoce en el poder, “como si el pueblo sirio no pudiese merecerse otra cosa”. El resultado, la expulsión de todos los soldados, la destrucción de la aviación, de la agricultura. Nombrar a Tom Barrak como enviado de Estados Unidos en Siria y Líbano —como cuando se nombró a Paul Bremer administrador de Iraq en 2003— forma parte de esta agenda imperialista, apunta Ghanem.

“Mira Gaza, ahora, la segunda parte del plan, ¿cúal es? Es la gestión de Gaza por Tony Blair [finalmente excluido en diciembre de 2025], el criminal de guerra, por Steve Witkoff, quien tiene un pasado muy oscuro. Y está Jared Kushner, el yerno de Trump”. “Mientras, no hay ninguna claúsula en este plan Trump en la que se hable del derecho del pueblo palestino a autogobernarse”. Un panorama tan tremendo que hasta el propio Abu Mazen, apunta Ghanem, el controvertido presidente de la Autoridad Palestina, se niega a aceptarlo, pues implica la negación de un Estado palestino. 

Pensando en el plan de Trump, es fácil imaginarse una especie de versión gazatí de Dubai, con la cosmovisión del resort de lujo como utopía imperialista. Sin embargo, la antropóloga libanesa no cree que esto vaya a materializarse como lo han planeado, puesto que no han conseguido una expulsión masiva de la población al no contar con la colaboración de países como Egipto o Jordania (que por mucho que se les pague, no pueden aceptar a miles de refugiados palestinos sin poner en riesgo sus respectivos regímenes). Los gazatíes supervivientes, considera Ghanem, serán la mano de obra para esa reconstrucción de Gaza financiada sobre todo por los países árabes, ocupando la famosa Riviera solo una parte de la costa de la franja, dejando a los gazatíes relegados al interior.  

Otro escenario distópico viene a la mente si se cruzan los diversos intentos israelíes de alcanzar acuerdos para enviar a personas palestinas a estados fallidos como Sudán del Sur, con las pretensiones de Estados Unidos y la Unión Europea de deportar a migrantes y solicitantes de asilo a terceros países. ¿Será que habrá estados que se especialicen en recibir a las personas expulsadas a cambio de dinero? Ghanem se niega a asumir un horizonte así: “No nos gustaría ver ese escenario lúgubre en perspectiva. Nos gustaría ver cómo los pueblos, a pesar del sufrimiento, continúan resistiendo, siguen en pie, se niegan a desarmarse”. 

“Los imperialistas, tienen un proyecto lúgubre, siempre lo han tenido, esto no es nuevo. Solo que son cada vez más claros y crudos. Lo que nos falta es un poco de gramscismo”

Contra la claudicación, Ghanem relata cómo en Líbano se han empezado a aliar con los palestinos para pensar juntos en perspectivas políticas de futuro. Entre ellos un manifiesto que  llama a “una lucha internacionalista antimperialista contra los dictados estadounidenses sobre nuestra región y en todo el mundo. Hay que rechazar las guerras, hay que rechazar que seamos gobernados por una oligarquía depredadora, así que vamos a comenzar montando una red con todos los grupos que han emergido a escala internacional”. Una red muy activa que espera consolidar nodos en los Estados Unidos, Europa y el Mundo árabe. 

“Los imperialistas, tienen un proyecto lúgubre, siempre lo han tenido, esto no es nuevo. Solo que son cada vez más claros y crudos. Lo que nos falta es un poco de gramscismo”, a este punto, Ghanem cita a los italianos, cuando decían, en plenas manifestaciones masivas: “‘tenemos la impresión de que Gramsci estaría feliz entre nosotros’. Esto significa que la unidad no es circunstancial, se ha convertido en algo existencial”. Así, la pensadora apela a la solidaridad internacional, algo que, considera, se ha fortalecido estos años y va por el buen camino, solo hace falta continuar. Y trae una conocida frase de Rosa Luxemburgo para cerrar la conversación: “Es solo en movimiento cómo podemos romper nuestras cadenas”.

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