Trabajo doméstico
La mitad de empleadas del hogar racializadas admite haber sufrido episodios de discriminación y violencia
La Federación SOS Racismo presentó el mes pasado el estudio “Expresiones de racismo y violencia contra las trabajadoras del hogar y de cuidados en el Estado español”, que junto al Informe estadístico sobre casos de racismo y discriminación, publicado en julio, constituyen para esta entidad una fotografía anual en torno a esta realidad. El trabajo fue elaborado a lo largo de 2025 y describe las expresiones de racismo y discriminación que las personas racializadas que trabajan en el ámbito del empleo doméstico y de cuidados han sufrido en el desempeño de su trabajo.
En el caso del informe de las empleas domésticas se realizaron encuestas y entrevistas a 431 personas racializadas en Aragón, Bizkaia, Catalunya, Galicia, Gipuzkoa y Navarra /Nafarroa cuya actividad profesional realizan en el ámbito del empleo doméstico, técnicas de orientación laboral y personas y familias empleadoras.
La investigación de SOS Racismo, además de documentar incidentes racistas y sexistas señala también las dificultades que tienen las personas afectadas para denunciar estas situaciones, ya que trabajan, en gran medida, en el ámbito privado sin testigos, a lo que se suma un contexto en el que los imaginarios y estereotipos raciales condicionan las relaciones laborales y humanas en este sector.
Insultos, humillaciones, comentarios racistas y despectivos por origen, nacionalidad o color de piel
Las conclusiones reflejan que un 50,5% de las trabajadoras encuestadas afirma haber sufrido discriminación racial, mientras que un 15,4% declara haber sido testigo de actos racistas hacia otras compañeras. En este mismo sentido, el 85,0% de las técnicas de intermediación laboral reconoce tener conocimiento de incidentes racistas, ya sea por relatos de terceros (50,4%) o por haberlos presenciado directamente (34,2%).
En expresiones racistas explícitas como “tú no tienes derecho nada en este país” se concretan algunos de los insultos, comentarios despectivos o humillaciones recibidos por estas mujeres, o burlas sobre el acento, el color de piel o la supuesta 'incapacidad' para realizar algunos trabajos, refleja el informe.
Las personas participantes señalan como motivos de discriminación étnica-racial más recurrentes el origen (30,7%), la falta de documentación (25,9%), nacionalidad (14,8%) o color de piel (12,7%)
“Al inicio me trató muy mal. Me decía que era una negra, qué haces acá… cosas así, horribles. Yo no lloraba en su cara, pero me iba a mi cuarto y me ponía a llorar para mí”, describía el testimonio de una empleada que cuidaba a un hombre mayor, y es solo uno de varios que recoge el informe sobre experiencias de violencia, abuso y desgaste emocional. Las personas participantes señalan como motivos de discriminación étnica-racial más recurrentes el origen (30,7%), la falta de documentación (25,9%), nacionalidad (14,8%) o color de piel (12,7%).
Violencia sexual y sus consecuencias
Otros testimonios cuentan situaciones de acoso y abuso sexual, como “Sueño con ese señor casi todos los días y he tenido sueños perturbadores… Me he quedado con miedo, porque me parece que alguien viene y le tengo miedo a los hombres, cosas que no le tenía miedo antes”, o “La psicóloga me decía: es que ha abusado de ti. Me quedé: No, no me puede estar pasando esto a mí, pero sí… Y decía: 'igual provocó esta situación', yo misma me he culpado”. A este respecto la Federación de SOS Racismo reconoce que es uno de los resultados del informe que más les preocupa: la violencia sexual a la que están expuestas las empleadas de hogar y los cuidados, y que dejan secuelas profundas. Afectaciones como el insomnio, miedo constante, ansiedad prolongada, pesadillas, caída del cabello y falta de confianza hacia potenciales empleadores.
Señalan la salud mental y emocional como principal impacto (52,2%). Estrés emocional o ansiedad (32,6%) es el problema más mencionado, seguido por depresión (19,6%)
Con ello se comprueba que este tipo de episodios, algunos incluso tipificados como delitos, han tenido consecuencias directas en las personas que han dado su testimonio en esta encuesta. Así, señalan la salud mental y emocional como principal impacto (52,2%). Estrés emocional o ansiedad (32,6%) es el problema más mencionado, seguido por depresión, agotamiento u otros problemas de salud mental (19,6%).
Ante estos datos, SOS Racismo considera urgente atajar los padecimientos de salud mental que afectan a las trabajadoras del hogar a través de la puesta en marcha de medidas urgentes en este sector laboral “caracterizado por largas jornadas, exigencias afectivas, presión constante y, en muchos casos, aislamiento, o la sobrecarga emocional y física que recae sobre las trabajadoras internas, especialmente cuando cuidan a personas con problemas de salud mental".
En muchos casos, para poder evitar o poner fin a las situaciones expuestas en el informe, “la única forma de escapar de la violencia es abandonar forzosamente el empleo, ante la ausencia de mecanismos institucionales de protección o canales seguros de denuncia”, explica el informe.
Las “quitamaridos” y otros estereotipos que operan en el inconsciente colectivo de empleadoras/es
El estudio aborda también los estereotipos trasnochados por los que muchos empleadores/as se guían para contratar a las personas que cuidarán de “los que más quieren” o que compartirán el hogar familiar. Es aquí, señala la investigación, donde “la intersección del racismo y la violencia de género genera formas específicas de violencia estructural hacia las mujeres migrantes y racializadas”, teniendo en cuenta que en un 90%, quienes realizan el trabajo doméstico y de cuidados son mayormente migrantes no blancas.
Los estereotipos sexistas que siguen operando en buen aparte de la sociedad colocan a las empleadas de hogar en una posición de inferioridad, “lo que incrementa la exposición al acoso y al abuso sexual
Para SOS Racismo no se trata solo de discriminación laboral, “sino de un entramado donde los cuerpos de estas mujeres son 'hipersexualizados y sometidos a sospecha moral'. Las figuras de 'quitamaridos', 'la exótica' o de 'chica fácil' revelan cómo los estereotipos raciales y sexistas las colocan en un lugar de disponibilidad sexual permanente y de deslegitimación moral”. Por tanto, estos estereotipos sexistas que siguen operando en buen aparte de la sociedad colocan a las empleadas de hogar en una posición de inferioridad, “lo que incrementa la exposición al acoso y al abuso sexual en un contexto laboral privado y sin testigos ni supervisión.
Los testimonios recabados en el estudio “Expresiones de racismo y violencia contra las trabajadoras del hogar y de cuidados en el Estado español” han permitido identificar un continuum de violencias simbólicas, sexuales y racistas, que atraviesa a las personas que se dedican a este sector. Se detalla que van “desde el control de la apariencia, la vigilancia de horarios y comportamientos y hasta el acoso sexual explícito y la convivencia forzada con los agresores”, es decir, una serie de mecanismos de control moral y corporal que actúan como “dispositivos de disciplinamiento patriarcal y racista”.
Empleadores: principal agente discriminador
El 51,4% de las mujeres encuestadas, y otros agentes en un 58,6%, coinciden en que la persona empleadora es quien más ejerce discriminación, lo que sin duda “expone una relación laboral altamente asimétrica, donde quien contrata tiene poder de decisión para estipular el salario, las condiciones laborales, normativas y la continuidad en el empleo. Se trata, por tanto, de un vínculo atravesado por relaciones de poder, clase y origen”.
Ante estas situaciones, el estudio también revela las estrategias, tanto individuales como colectivas, que las trabajadoras despliegan como forma de resistencia y afrontamiento, y enumera: “En el plano individual predominan las estrategias de resistencia silenciosa, 'aguantar' (29,1%), renunciar al empleo (22,8%) e intentar negociar directamente con la persona empleadora (16,6%), como formas de autoprotección frente a un entorno laboral percibido como hostil y con escasas garantías”. Tales respuestas están mayormente condicionadas por “las responsabilidades familiares transnacionales, y por el hecho de que 'no todas pueden denunciar' sin arriesgar trabajo, vivienda o el propio proyecto migratorio”.
'Aguantar' y 'renunciar' aparecen como estrategias de supervivencia”, el 21,6% recurren a redes de apoyo entre amistades, familiares y otras compañeras trabajadoras del hogar y de cuidados
Aunque el estudio admite que 'aguantar' y 'renunciar' aparecen como estrategias de supervivencia, el 21,6% recurren a redes de apoyo entre amistades, familiares y otras compañeras trabajadoras del hogar y de cuidados, así como un 8,2% ha contactado con asociaciones de trabajadoras del hogar y de cuidados. Sin embargo, el silencio y la no denuncia siguen siendo mayoritarios (63,8%), ya sea por desconfianza en las instituciones y el recelo al proceso de denuncia (35,4%), o bien por la normalización de la discriminación racial y desconocimiento de los canales de denuncia (30,05%) e inseguridad laboral y económica (28,9%).
Así las cosas, las trabajadoras no perciben la denuncia como una vía de protección sino como una amenaza, ya que las orilla a decidir entre asegurar sus ingresos o defender sus derechos laborales y sociales, “muchas veces postergando cualquier acción hasta lograr una alternativa laboral que reduzca el riesgo de represalias o el desempleo”, sostiene el informe.
El estudio observa ciertos “procesos de agencia y reconfiguración subjetiva, a medida que las trabajadoras acceden a información sobre sus derechos...”
A su vez, los datos del estudio han mostrado que “cuando la información y el conocimiento son limitados, la capacidad de las trabajadoras para prevenir, identificar y afrontar la discriminación racial y sexual se ve seriamente debilitada”. Y es que, el trabajo en el ámbito privado, la precariedad y estatus administrativo irregular genera situaciones de indefensión. A pesar de ello, el estudio observa ciertos “procesos de agencia y reconfiguración subjetiva, a medida que las trabajadoras acceden a información sobre sus derechos y comienzan a nombrar determinadas prácticas como abusivas, aumenta su disposición a reclamar mejores condiciones laborales y a establecer límite”, como por ejemplo, reclamar su derecho a un día libre.
En este sentido, “la alta prevalencia de experiencias racistas (un 65,9% expuestas a algún tipo de discriminación) y la naturalización de muchas de ellas evidencian la urgencia de políticas y dispositivos que no solo reconozcan estas violencias, sino que las hagan visibles y las traduzcan en herramientas de denuncia, acompañamiento y organización colectiva”, expone SOS Racismo.
Diez medidas
El estudio finaliza plasmando un decálogo de propuestas que ayuden a poner fin a situaciones laborales injustas para las trabajadoras del hogar y los cuidados así como “resarcir y sanar el daño sufrido por estas personas”. Entre las medidas recogemos: regularizar a aquellas víctimas de discriminación en el ámbito del empleo doméstico y de los cuidados; ofrecer mecanismos ágiles y seguros como puedan ser canales específicos para reportar, de forma confidencial y anónima, potenciales delitos y que se creen protocolos de acompañamiento y atención a víctimas denunciantes coordinando a su vez diversos recursos (servicios sociales, sanidad, juzgados, oficinas de igualdad, etc.).
Ofrecer a la persona o familia empleadora información previa a la contratación, sobre cuestiones relacionadas no solo al ámbito laboral, sino que también aborde cuestiones relativas a la discriminación
Asimismo, se proponen algunas más concretas como la creación de la figura de 'alertadores fiables' para la denuncia de ofertas abusivas y/o discriminatorias y una red de antenas que canalicen, a nivel provincial, las denuncias en materia de discriminación. Resaltamos tres propuestas dirigidas a la persona o familia empleadora: una, ofrecer información previa a la contratación, sobre cuestiones relacionadas no solo al ámbito laboral, sino que también aborde cuestiones relativas a la discriminación; dos: vincular las ayudas a la dependencia a una evaluación de las condiciones reales de la persona contratada, y tres: fiscalización de las empresas intermediadoras de dependencia, servicios de atención a domicilio.
Otra medida importante que se indica en el decálogo: “la reciente entrada en vigor del Real Decreto 893/2024 –por el que se regula la protección de la seguridad y la salud en el ámbito del servicio del hogar familiar–, presenta una oportunidad para incorporar la mirada antidiscriminatoria y frente a las violencias en la relación contractual, teniendo en cuenta la necesidad de dotar de medios suficientes para aquellas personas y/o familias que sin ser formalmente empresarios deben contratar estos servicios”.
Así también, y es de justicia, que se consideren “dentro de los riesgos inherentes al empleo doméstico, enfermedades y/o patologías derivadas de la discriminación, acoso o abusos sexuales”. Y no menos importante, que todas estas medidas fueran acompañadas por una “campaña de información /sensibilización masiva que permitiese no sólo valorizar el empleo doméstico y de cuidados, sino que permitiese visibilizar las discriminaciones y vulneraciones de derechos que se dan en esta relación laboral”, finaliza el informe.
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