Opinión
Instantes de diez años de la Caravana Abriendo Fronteras

La Caravana Abriendo Fronteras lleva diez años partiendo, con personas de distintos territorios, con destino a las fronteras europeas.
Caravana Abriendo Fronteras Calais 3
Caravana Abriendo Fronteras. Fatima Maleki, junto a su madre Laila, recuerdan a sus familiares fallecidos en el naufragio de Cutro, Calabria. (Foto: Diego García Márquez).
26 jul 2026 06:00

La Caravana Abriendo Fronteras ha cumplido diez años. Cada verano, centenares de personas de distintos territorios se juntan para denunciar las muertes en las fronteras y su militarización, el racismo institucional y las violencias específicas contra las mujeres migrantes. La Caravana ha pasado por Grecia, Melilla, Ceuta, Canarias, los Pirineos, los Alpes, los BalcanesCalais y  la frontera Sur. Aquí se recogen algunos pequeños instantes de todo lo compartido en ese tiempo.

I.

En la acera se arremolina un grupo de personas. Tienen maletas y mochilas de las que cuelgan aislantes. También llevan pancartas y banderas azules. El asfalto escupe un calor incómodo, pero no impide los abrazos de los que se llena la acera junto a la que está aparcado el autobús al que, poco a poco, se van subiendo.

II.

Amanece en el polideportivo, o en el gimnasio, o en el campo de fútbol. Decenas de personas se mueven en un caos tranquilo. El campamento se recoge rápido. Son muchas manos y muchas piernas y muchas ganas de dejarlo todo igual que lo encontraron. 

Hay círculos de gente charlando. En cualquiera de los lugares por los que pasan, unas sobre las otras, se apelotonan sin empujarse conversaciones sobre las fronteras. Sobre política. Sobre educación. Sobre música. Sobre trozos de la vida de cada cual. Casi siempre con risas que ayudan a descargar el drama de las historias de personas migrantes que se quedan pegadas a la piel.

Ocurre. No de repente. Pero siempre sucede. En este espacio en el que se junta gente de distintos lugares para romper las fronteras  se establece un sentido común diferente al habitual. La comida de cada cual no es solo suya, todo se comparte. Se pregunta a personas cuyo nombre no conoces “¿cómo estás?”. Los turnos para las tareas logísticas de la comida y las recogidas se llenan de voluntarias. Cualquiera puede hablar en cualquier círculo de los que se forman sintiéndote incluida. Distintas personas ponen al servicio del común sus habilidades, sus saberes.

Quizás esto que ocurre en la Caravana Abriendo Fronteras, este otro sentido común que se establece, abre otra forma posible de lo que podría ser estar en el mundo.

III.

Con la Caravana viajan siempre personas que son testigos de lo que ocurre en las fronteras. Se escuchan muchos testimonios de quienes tienen la piel arañada por tratar de atravesarlas. Personas que vienen con sus historias agarradas en las manos.

Las madres son las guardianas de la memoria de lo que pasa en las fronteras. Es su forma de no rendirse

Algunas son madres que no encuentran el cuerpo de sus hijos.Mujeres a las que les duelen las fotos de familia que quedaron incompletas. Muchas convierten su dolor en una lucha contra las políticas migratorias que matan. Contra el silencio. Saben también que el tránsito, si eres una mujer, pobre y racializada, está atravesado por todas las violencias.

“No nos preocupan los techos de cristal sino las mujeres que limpian los cristales. Son las que sostienen al capitalismo gracias a su trabajo”. Dice una de ellas. Las madres son las guardianas de la memoria de lo que pasa en las fronteras. Es su forma de no rendirse.

IV.

Hay varias personas sentadas en círculo. Sujetan con las manos una tela blanca. La llaman la “Manta de la memoria”. Está llena de nombres bordados con hilo rojo. Nombres de personas muertas o desaparecidas tratando de atravesar fronteras.

Junto a la manta guardan un cuaderno. Hojas blancas. Letras rojas. El cuaderno tiene escritas las historias de los nombres que están bordados en la manta. En esas historias aparece por qué se fueron. La manta es un símbolo de lucha. Es un acto de memoria para que esas personas sigan presentes. Lleva todas las vidas bordadas.

Bordar puede ser, también, un acto político. Bordar como una forma de tejer prendas contra el frío.

V.

Hay algo que se repite en todas las fronteras ya estén hechas de agua o de concertinas o de muros. Algo macabro. Trágico. Cruel.

Los ojos del lado donde se construyen las fronteras son testigos de las muertes que el mar o el desierto acogen y entierran. Cuerpos que los países enriquecidos dejan a la deriva. No se puede detener al viento, se puede, en todo caso, entretenerlo. Eso pasa, también, con las personas migrantes cuando deciden iniciar su viaje hacia otro lugar.

 Si el olvido se impone dejaremos de preguntarnos quién les empujó a iniciar ese viaje

Los testimonios de las personas que no consiguieron llegar están, si hay suerte, en el cementerio.  Tumbas sin nombre. Sin epitafio. Blanco anónimo que invita a olvidarlos. Testigos incómodos. Si el olvido se impone dejaremos de preguntarnos quién les empujó a iniciar ese viaje.

VI.

La muerte en las fronteras está organizada. A veces se juntan, casi todos son hombres. Desde sus despachos, con una temperatura constantemente agradable, los políticos dictaminan las estrategias que la policía y los militares perfilarán y pondrán en práctica. Firman leyes y acuerdos que determinan la vida o la muerte de quien sale de su país sin una documentación que le abra las fronteras. 

El proceso de militarización de las fronteras necesita crear un miedo que asegure el silencio ante el negocio. Las políticas migratorias tienen un único objetivo: hacer que la vida de las personas en tránsito sea lo más penosa posible.

Cada vez hay más razones para migrar, el cambio climático, el expolio de recursos y agujerear la tierra para extraer lo que ella no está ofreciendo son algunas de ellas. Los bienes naturales, a diferencia de las personas de los territorios donde se encuentran, sí tienen las fronteras abiertas.

VII.

¿Qué pasa por la cabeza de las personas que hacen un viaje migratorio sin papeles? ¿Cuáles son sus miedos? ¿Piensan en la muerte? ¿Qué pasa con los cuerpos que se quedan en los bordes de las fronteras? ¿Van a algún lugar? ¿Se desecha alguna vez la idea de tratar de atravesar la frontera? ¿Cómo se piensa en el futuro cuando las fuerzas se gastan? ¿De quién es la responsabilidad de estas muertes? ¿De los habitantes de qué lado de las fronteras? ¿Nuestra? ¿De los países que hablamos de derechos humanos? ¿Se podían haber evitado las muertes? ¿Todas? ¿Se puede cerrar el duelo de la pérdida de un familiar cuyo cuerpo nadie encontró? ¿Nos acostumbraremos a esta masacre?

¿El futuro está predeterminado o dependerá de cómo actuemos ahora? 

VIII.

Un trozo de dignidad queda colocado en un pedazo de valla cuando se llena de flores. Es un intento de reparar parte del daño. De romper una esquina de la impunidad. Las flores quedan de este lado. Los cuerpos vivos y muertos que no han podido pasar, del otro. Las personas migrantes van tomando la palabra. Hablan de dolor y de buscar la justicia con dignidad. De pie. De luchar por una vida mejor para todas las personas.

Todas las fronteras tienen un color semejante. Sucio. Tramposo. Descosido.

A este lado de la valla hay un olivar. Brisa suave. Suficiente para llenar un poco los pulmones. Un cernícalo sobrevuela de un lado a otro de la frontera. Sin pedir permiso. Todas las fronteras tienen un color semejante. Sucio. Tramposo. Descosido.

El sol va bajando. Las puestas de sol son bonitas excepto si las tienes que ver a través de una valla con concertinas. Venimos para que no se olvide la memoria violenta de las fronteras.

IX.

Algunas personas migrantes dicen que vienen buscando un lugar seguro. La Caravana Abriendo Fronteras quiere que este territorio sea justo eso, un lugar seguro para quienes llegan. Y saben que construir un lugar seguro es desobedecer a las leyes injustas. Que un lugar seguro es no dejar a nadie a la intemperie y generar conflicto ante la barbarie. Que un lugar seguro se construye cuando conoces las vidas de las personas a las que más les duele el mundo y se crean lazos de comunidad. 

Saben que construir un lugar seguro es  no permitir que se te escurra el deseo de cambio, deshacerse de la impotencia, no rendirse hasta mantenernos vivas, todas. Saben que construir un lugar seguro es conservar la memoria de quienes no pudieron llegar. Que es juntarse con otras y tener la certeza de que, aunque a veces parecemos fragmentos, llega un día en el que nos encontramos en la revuelta y, entonces, todo cambia.

X.

De día se ve más el polvo que cubre las fronteras. Viento y polvo. Esa combinación es difícil para los ojos. Pero los mantienen abiertos a pesar de todo. Suenan voces. Corros de gente hablando. Las nubes se mueven rápido porque el viento es ágil en este lugar. Se escucha un pájaro, uno de esos que tiene más libertad para atravesar fronteras que las personas.

Hay una furgonetas de antidisturbios. Siempre hay policía en las fronteras. Pistola. Guantes. Porra. Chaleco antibalas. La manifestación que la Caravana Abriendo Fronteras ha organizado con los colectivos locales comienza. Hay lemas en distintos idiomas.

Llevan diez años juntándose con la convicción de que lo importante no es cambiarlo todo sino saber si estamos dispuestas a intentarlo

“No a la Europa fortaleza, los derechos humanos no se negocian”. “Carovane migranti. Rompere el silenzio”. “Tots els drets per a totes les persones”. “Ongi etorri errefugiatoak”. “Ouvrez frontiérs”. Una pancarta en la que se lee “No más sueños ahogados” pasa justo al lado de una pintada en una pared: “Me quiero salvar haciendo la revolución”.

Son pocas. Un puñado de personas.  Saben que muchos cambios sociales fueron impulsados por grupos minoritarios.  Saben que solo hay que borrar la palabra imposible cuando se ponen a imaginar el mundo. Llevan diez años juntándose con la convicción de que lo importante no es cambiarlo todo sino saber si estamos dispuestas a intentarlo.

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