La solidaridad desborda Adamuz ante el accidente ferroviario: “El pueblo se ha volcado”

Los 4.000 habitantes del pueblo cordobés han echado el resto por las personas afectadas por el siniestro de dos trenes. Gonzalo, vecino de la localidad, relata cómo ayudó a la Guardia Civil a abrirse paso hacia un tren accidentado: “Lo pudo hacer cualquiera”.
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Deva Mar Escobedo Mantas apiladas en la caseta municipal de Adamuz, donde las personas que viajaban en los trenes accidentados pasaron parte de la noche.

“Menudo invierno llevamos, y ahora encima esto”, comenta una vecina de Adamuz, el pueblo cordobés que anoche vio uno de los peores, si no el peor, accidente ferroviario en la historia de la alta velocidad en España. La residente del municipio que prefiere no ser nombrada hace referencia a los tres coches fúnebres que dice haber visto la mañana de este lunes por su calle y muestra su preocupación por el creciente número de personas fallecidas, pero está satisfecha con la respuesta del pueblo ante la situación de emergencia de quienes viajaban en los trenes accidentados, que necesitaron mantas, estufas y agua en una noche en la que los termómetros bajaron hasta los 2 grados.

“Es triste que el pueblo se ponga en el mapa por un hecho así”, coincide con la vecina ya mencionada Manolo, también residente de Adamuz. El vecino, que acudió en la noche del domingo a ayudar a la caseta municipal, cuenta que había “400 personas trayendo mantas, agua, colaborando en todo”. “Por redes sociales se avisaba de 'falta eso, falta lo otro'”, explica.

“El pueblo se ha volcado ejemplarmente, mostrando todo su apoyo”, ha afirmado Rafael Moreno, alcalde del municipio.

“El pueblo se ha volcado ejemplarmente, mostrando todo su apoyo”, ha afirmado Rafael Moreno, alcalde del municipio. Una de las historias de la noche la protagonizó Gonzalo, vecino de la localidad que, tras enterarse por grupos de WhatsApp del descarrilamiento, acudió con su vehículo, una palanca y un equipo de luces al lugar donde había caído el Alvia. “Fui con la Guardia Civil y abrimos paso con la palanca a través de las vallas. Volví a casa a por un quad que tengo con un cabrestante potente para ayudar a sacar más gente”, cuenta a El Salto.

La respuesta del pueblo en el lugar del siniestro fue tan abrumadora que “llegó un momento en el que lo que hacíamos era entorpecernos entre iguales”, dice Gonzalo. Los grupos de WhatsApp que dieron la voz de alarma también sirvieron para transmitir necesidades, cuenta el vecino, que en un momento dado pidió una cizalla. “Eso que hice lo pudo hacer cualquiera”, remata Gonzalo, que asegura que no quiere ser el centro de atención porque es un vecino más.

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Gonzalo, vecino de Adamuz Deva Mar Escobedo

Fue a las 19.45 del pasado domingo que un tren de alta velocidad Iryo descarriló en un tramo de la línea Madrid-Andalucía, a la altura del municipio de Adamuz. La mala suerte quiso que un tren Alvia que cubría el trayecto Madrid-Córdoba se encontrara “a unos 20 segundos” del lugar de la colisión, según informaba el presidente de Renfe la mañana de este lunes. Hasta la fecha de publicación de esta pieza, la cifra oficial de muertos, aún provisional, habla de 39 fallecidos.

“Lo peor viene esta tarde”, augura una vecina en alusión a los trabajos de recuperación de cuerpos en los coches del Alvia que cayeron por un alud.

“Lo peor viene esta tarde”, augura otra vecina de la localidad, que al igual que la primera prefiere no ser mentada. La mujer hace así alusión a los trabajos pendientes en los coches que se llevaron lo peor del incidente: los dos o tres coches del tren Alvia que cayeron por un alud de cuatro metros tras el impacto con el ferrocarril de la operadora italiana. La mañana de este 19 de enero ha llegado ya maquinaria pesada al pueblo y 16 forenses trabajan entre los restos del tren de Renfe. La previsión es que no queden personas vivas, sino un número indeterminado de muertos. Ambas vecinas con las que han conversado El Salto hacen repetidas referencias al accidente del Alvia de Santiago de 2013, que se llevó por delante la vida de 80 personas. Tras el siniestro en la curva de A Grandeira, varios coches dieron vueltas de campana y uno llegó a situarse en la parte superior de la trinchera donde estaban las vías.

“Parábamos coches de la Guardia Civil y los llenábamos de mantas”

No solo se volcaron los 4.000 habitantes de Adamuz. Carmen estaba en Córdoba la noche del domingo cuando recibió un mensaje de su madre contándole sobre el descarrilamiento. Cuando conducía de vuelta a Villafranca, el pueblo vecino a Adamuz donde reside, el saldo de fallecidos aún iba por las cuatro personas. “Por la carretera me pasaron un montón de ambulancias, un montón de Guardia Civil que venía de Córdoba”, relata.

“La gente estaba ofreciendo habitaciones, colchones y sitio para dormir”, cuenta Carmen, residente en el pueblo vecino de Villafranca.

Al llegar a Villafranca, ya había gente ayudando. Era un grupo pequeño en la rotonda de entrada al pueblo donde hay que tomar el giro para Adamuz, a nueve kilómetros. Junto con su pareja, Carmen cogió “todas las mantas” que tenía en casa, acudió a la rotonda y, como la carretera estaba cortada excepto para servicios de emergencia, paró a coches de la Guardia Civil para colocar las piezas de abrigo en los vehículos del cuerpo castrense. “La gente estaba ofreciendo habitaciones, colchones y sitio para dormir. Había un poco de confusión y al principio decían que la caseta municipal de Villafranca también iba a servir para que la gente se quedara”, cuenta Carmen, que ofreció huecos en su casa de ser necesario.

No hizo falta hacer noche. Las personas de los trenes accidentados se subieron a autobuses que los fueron llevando a su destino. A las dos de la mañana salió de la caseta municipal de Ardamuz el último de los autocares, con destino a Huelva. A la mañana siguiente, solo quedaban en el pueblo un número creciente de familiares en busca de sus allegados.

De vuelta en Adamuz, Manolo cuenta que “hay mala sensación en el pueblo, la tristeza está en el aire”. “Pero aquí la gente es solidaria y nos juntamos mucho”, remacha el vecino.

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