Madrid
Lavapiés retoma a las calles contra la gentrificación y el racismo institucional
Lavapiés se ha convertido, en los últimos años, el catalizador de las políticas neoliberales que han transformado los barrios de Madrid hasta hacerlos casi inhabitables. Décadas de abandono institucional, criminalización de las vecinas migrantes y racializadas, privatizaciones en cadena y regulaciones que lanzan la alfombra roja a fondos buitre y grandes tenedores han puesto al barrio en pie de nuevo.
“Lavapiés está al límite por la especulación inmobiliaria, la gentrificación y la expansión descontrolada de pisos turísticos, junto a políticas públicas que priorizan el consumo económico frente al derecho a vivir en el barrio. Las administraciones no han dado respuestas efectivas, al contrario, han sido las principales impulsoras de este modelo y sus decisiones lo único que han hecho es deteriorar más la vida del barrio”, ha sentenciado esta semana una de las portavoces de Lavapiés al Límite.
La manifestación quiere ser un “grito colectivo” contra la dejación institucional que asola con virulencia al barrio en plena oleada de precariedad habitacional
Esta plataforma, compuesta por 52 colectivos y asociaciones, ha convocado el próximo domingo 15 de febrero una manifestación para denunciar la situación extrema que sufre el barrio. Un “grito colectivo” contra la dejación institucional que asola con virulencia al barrio en plena oleada de precariedad habitacional. La acción, explican las entidades convocantes, tendrá continuidad con un calendario de movilizaciones mensuales específicas.
“Convivimos con desahucios constantes, aumento de la vulnerabilidad social, falta de espacios públicos y zonas verdes, presión turística ya insostenible y un clima de estigmatización racista y criminalización en lugar de inversión social y cuidados”, ha denunciado la entidad convocante, que aglutina a espacios tan diversos y activos en el territorio como el Ateneo Libertario de Lavapiés, Red Solidaria de Acogida (RSA), Ecologistas en Acción, el CSO La Rosa, CNT Madrid, RedInter Lavapiés o CSA La Tabacalera de Lavapiés, además de varias AFAS. Ya en junio 2024 este conjunto de entidades marchó con gran éxito por las calles de este barrio en “una llamada colectiva sin precedentes para denunciar el abandono institucional que lleva décadas experimentando el barrio de Lavapiés”.
Este año, la protesta, que transcurrirá bajo el lema ¡Levantadas por nuestro barrio!, partirá del Parque Casino de la Reina a las 12:00H, pasando después por Embajadores, y las plazas Arturo Barea, Nelson Mandela, Tirso de Molina hasta la calle Tribulete, 7, para tejer solidaridad popular y reivindicar la dignidad de un barrio cuya lucha y resistencia son parte de su ADN. Tal y como han referido en rueda de prensa, la falta de acceso a la vivienda es el problema más acuciante que enfrenta el barrio desde que los grandes fondos inversores extranjeros se hicieron con buena parte de los bloques de viviendas para especular con ellos a expensas de las vecinas.
“Muchas vecinas viven en la incertidumbre constante de no saber si podrán seguir en sus casas, con alquileres que suben sin justificación y contratos cada vez más inestables No se trata de situaciones aisladas, es una realidad cotidiana que está transformando el barrio y expulsando a quienes lo sostienen de verdad”, infiere Sabela Mascuñana, portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid.
Un largo historial de lucha contra los fondos de inversión
Los bloques en lucha movilizados con esta organización llevan más de dos años resistiendo en sus viviendas en Lavapiés “frente a la codicia y la especulación”. Algunos de ellos ya históricos, como el de Tribulete, 7, que este año ha conseguido sentar en el banquillo a la socimi Élix Rental Housing II, su casero desde 2024, por coacciones y acoso inmobiliario tras interponer una demanda colectiva. También son símbolo de resistencia las vecinas de San Ildefonso, 20, (propiedad de de ATM TYR Real Estate, que está en manos de Trier Capital), cuyo objetivo no es otro que poder permanecer en su edificio para convertirlo en una cooperativa de viviendas en régimen de cesión de uso.
Ambas han encarado a los buitres inmobiliarios siguiendo la estrategia sindical #NosQuedamos, a través de la cual buscan forzar una negociación colectiva. Hoy, las vecinas de Buenavista 25 y Zurita 22 siguen su misma estela contra la acción de la productora de cine- ahora convertida en tenedora- Gloriamundi Producciones.
La plataforma pretende arrojar luz sobre la conversión de todas estas viviendas donde residen familias enteras en pisos turísticos, cifrados en más de 17.000 tan solo en la capital. “Cuando permitimos que se multipliquen barrios de “uso turístico”, cuando miramos para otro lado ante la publicidad masiva de anuncios sin licencia, cuando las inspecciones municipales son insuficientes. Si no actuamos, estaremos aceptando que la ciudad entera se convierta en mercancía. En el barrio de Lavapiés, vecinas de varios bloques se están organizando al ver que cada vez más viviendas han empezado a usarse para alquiler turístico sin control”, desliza el Sindicato de Inquilinas a través de un comunicado.
“Prácticamente no hay comercio de proximidad ni perecederos. No queda nada, es un bar indoor, hay ciertas calles absolutamente saturadas, la gente de la hostelería está harta, hay una eventización muy fuerte en el barrio”: Jorge Sequera
Para Jorge Sequera, vecino “itinerante” de Lavapiés y Director del Grupo de Estudios Críticos Urbanos (GECU), este barrio es el condensador de un conjunto de crisis que llevan vaticinándose desde largo. Sus efectos se sienten en la propia vida del barrio y en el proceso de sustitución poblacional por clase que padece: “Prácticamente no hay comercio de proximidad ni perecederos. No queda nada, es un bar indoor, hay ciertas calles absolutamente saturadas, la gente de la hostelería está harta, hay una eventización muy fuerte en el barrio y aquellas que vivimos allí durante mucho tiempo y que estamos en una diáspora más o menos voluntaria nos cuesta ya acercarnos a ese barrio no tiene nada que ver con el barrio que pudo ser”, alega. El investigador fecha en 2005 el momento en que la gentrificación empieza a materializarse en el barrio, previo a la entrada masiva en las ciudades de empresas inmobiliarias com Airbnb.
Redadas policiales por perfilamiento racial a la orden del día
Mientras los barrios como Lavapiés van convirtiéndose en parques temáticos para turistas, destacan desde la plataforma ciudadana, la población migrante que lleva años asentada en el territorio sufre una criminalización constante. Las redadas policiales por perfilamiento racial y las prácticas de racismo institucional están a la orden del día Serigne Mbaye, secretario de Antirracismo de Podemos, exdiputado en la Asamblea de Madrid y activista de larga trayectoria, ha destacado el clima de persecución y violencia que viven las personas racializadas. “Nos utilizan como cortina de humo frente a todo lo que está pasando. Nos paran todos los días, nos cachean delante de todo el mundo, somos el principal objetivo. Queremos trabajar en un barrio como para convivir todos en paz”, ha señalado el reconocido activista.
“Nos utilizan como cortina de humo frente a todo lo que está pasando. Nos paran todos los días, nos cachean delante de todo el mundo, somos el principal objetivo...”: Serigne Mbaye
Mbayé fue denunciado el año pasado por injurias por parte de la Confederación Nacional de Policía tras compartir en sus redes sociales un vídeo que mostraba un caso de violencia policial contra dos hombres racializados en una intervención de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en marzo de ese año. Aquel día, la Policía golpeó brutalmente a los vecinos frente a decenas de transeúntes que trataron de frenar el episodio.
En dos de estas actuaciones desproporcionadas de base estructuralmente racista, concretamente en las redadas policiales del pasado 5 de junio y 30 de octubre, las identificaciones policiales arbitrarias fueron acompañadas de amenazas y golpes: en ambas se desplegaron operativos de la Policía Nacional, aunque esta última se saldó con 27 detenidos por “infracción de la Ley de Extranjería” al estar en situación administrativa irregular.
La hipervigilancia en Lavapiés se ha evidenciado con la instalación reciente de cámaras de seguridad en cualquier rincón del barrio, obra del Ayuntamiento de Madrid, que culpa a las personas migrantes de las problemáticas socioeconómicas de la zona. Mbayé ha señalado que, desde 2012, se han instalado hasta 48 cámaras de videovigilancia, además de otras 17 adicionales que fijaron en 2022.
Las infancias, víctimas invisibles de la dejación institucional
Pero las mayores víctimas del hostigamiento hacia las vecinas migrantes, así como de la vorágine especulativa son, aseguran las convocantes, los niños y niñas. Deben ver cómo sus padres son identificados casi a diario, así como detenidos sin motivo para ello mientras se dirigen a actividades extraescolares. “Son quienes reciben el impacto más duro y más profundo del abandono institucional, de la especulación y del racismo estructural que sufre nuestro barrio”, recalcan.
En primer lugar, la infancia suele ser la mayor víctima en las situaciones de desahucio. Los niños y las niñas no solo sufren una pérdida de hogar, sino que sufren una ruptura total de su vida. Pierden su casa, pierden su colegio, pierden el entorno conocido, sus amistades y su estabilidad emocional cuando su familia es expulsada del barrio”, ha asegurado Sara B., miembro de varias AFAS que componen la plataforma, quien sostiene que las criaturas acaban normalizando la violencia institucional desde bien pronto.
Además, tal y como recalcan a través de un comunicado las representantes de las AFA en lucha, los niños sufren de primera mano el abandono de los espacios públicos y la depauperación de los servicios. En un contexto de emergencia climática y escasez de zonas públicas de encuentro y ocio digno, “Lavapiés no tiene ni plazas adecuadas, ni zonas verdes, ni árboles suficientes, ni sombras, ni en general espacios seguros para que la adolescencia y la infancia puedan jugar y encontrarse. Un barrio que no cuida sus espacios comunes es un barrio que expulsa a su infancia y por tanto expulsa a sus familias”, aseveran. Así pues, una demanda clave en este llamado es la instauración de servicios públicos de calidad, unos recursos tan esenciales como desarticulados.
Pero también, en consecuencia, hay una sed social de políticas que pongan a la infancia y la juventud en el centro, medidas que atiendan a las personas con diversidad funcional para hacer el barrio más inclusivo, apoyos de cuidado y total asistencia hacia las personas ancianas y dependientes, el acceso universal a la salud sin distinción administrativa y presencia de intérpretes y mediadores en las lenguas mayoritarias del barrio.
“Exigimos soluciones reales, vivienda digna, cuidados, políticas que pongan la vida en el centro y un barrio libre de violencias y de discriminación”
Entre las principales demandas ciudadanas también se halla la implantación de un programa de limpieza que atienda a las necesidades del territorio, un centro permanente de atención a personas drogodependientes, y regulaciones municipales que limiten la actividad de los fondos buitres y los pisos de alquiler vacacional. “Exigimos soluciones reales, vivienda digna, cuidados, políticas que pongan la vida en el centro y un barrio libre de violencias y de discriminación. Se trata de un acto de reivindicación y denuncia, pero también de propuestas para un territorio que habitamos desde la diversidad, que se va a manifestar asumiendo el conjunto de reivindicaciones”, afirman desde Lavapiés al Límite.
Si hay algo que ha marcado la resistencia del barrio ante todos los embates institucionales ha sido la resistencia arraigada y sostenida en el tiempo. Los centros sociales autogestionados han sembrado la semilla de la organización colectiva contra las dinámicas aislacionistas que amenazan al tejido social comunitario. Algunas de ellas, como el CSA La Rosa –espacio integrante de la plataforma convocante– son agentes claves en este sentido, tal y como ha defendido este jueves en Teatro de, Barrio Andrés López, militante del espacio. “Lavapiés es un barrio con un tejido vecinal amplio y eso es posible gracias a la existencia de espacios compartidos sean ocupados, alquilados o cedidos. En estos espacios podemos cooperar y ponernos a trabajar políticamente en torno a objetivos comunes y también podemos compartir tiempos de dosis y tiempos libres”, ha recordado. Por eso, proteger el barrio implica a su vez luchar por la permanencia de sus espacios vecinales.
Sequera, por su parte, hace énfasis en la capacidad de resiliencia de la ciudadanía de Lavapiés, en especial la de la población racializada: “Frente a toda la entrada especulativa que ha habido en el barrio y que sí ha sido posible expulsar a clases medias blancas hay otra población que ha tenido la capacidad de seguir con sus comercios, seguir con sus restaurantes, quedarse en el espacio público, y esto yo creo que hay mucho que aprender de ellos”, indica.
En su manifiesto inaugural, Lavapiés al Límite refuerza la idea de que hablar de barrio implica hacerlo en términos de “ diversidad y convivencia”, de manera que “muchas vecinas no vamos a desistir en la tarea de construir unas relaciones humanas que no estén basadas en el miedo y la injusticia”. “Ha sido así por el tesón de un vecindario organizado, que a pesar del abandono institucional crónico ha sabido resistir cuando ha estado unido. Lo ocurrido en los últimos tiempos no puede ser un motivo de enfrentamiento entre iguales sino la oportunidad para seguir construyendo tejido asociativo y cooperación social”, concluyen a escasos días de la manifestación.
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