Materias primas
Tierras raras, el nuevo petróleo en la carrera por la hegemonía mundial
Durante todo 2025 y parte de 2026 hemos asistido a los envites de la guerra comercial que Donald Trump ha utilizado como herramienta de coerción contra prácticamente todo el globo. Analizando más de cerca la gran mayoría de sus acciones, tanto las comerciales como las bélicas, se dibuja un trasfondo claro: la guerra por la hegemonía mundial con China. En cambio, a Pekín no le gusta ni practica la bravuconería. Sus acciones son más silenciosas, diplomáticas, estratégicas, no miran el corto plazo, sino que son de visión larga, no dan bandazos sin sentido ni se tiran faroles que luego les obligan a recoger sus cartas perdiendo la mano. Pero, eso sí, son más efectivas y saben dónde golpear.
En octubre de 2025, tras la ampliación de las restricciones a las empresas tecnológicas chinas por parte de Trump, Pekín endureció sus normas de exportación de tierras raras y puso el mundo en jaque
Tras varios ataques mediante subidas de aranceles a los productos chinos, que llegaron a alcanzar el 145%, el Gobierno de Xi Jinping dio un golpe en la mesa silencioso pero más efectivo que 50 publicaciones de Trump en su propia red social: en abril de 2025, China empezó a poner restricciones a las concesiones de licencias de exportación de tierras raras a los fabricantes de automóviles y las industrias de defensa. La Casa Blanca creyó que sus aranceles podrían amedrentar a la “fábrica del mundo” e impuso unos aranceles mayores a las importaciones chinas, además de otro tipo de controles tecnológicos para dificultar el desarrollo de la industria china y la amenaza de que supere a Estados Unidos en la carrera. Pero no funcionó. Al contrario. En octubre, un par de días después de la ampliación de dichas restricciones a las empresas tecnológicas chinas, Pekín endureció sus normas de exportación de tierras raras y puso el mundo en jaque.
Desde ese momento, el concepto de “tierras raras” o de “materias críticas” ha cooptado las portadas de periódicos, los debates sobre geopolítica o los movimientos y acuerdos negociados por los mandatarios de las primeras potencias del mundo. Los principales polos de poder del planeta han empezado a buscar alternativas que no les haga depender del gigante asiático. Los tratados de comercio de Estados Unidos con Australia o Chile, las amenazas de apoderarse de Groenlandia o el acuerdo que la Casa Blanca firmó con Zelensky para poder explotar el subsuelo ucraniano a cambio de seguir mostrando su apoyo al país ante la invasión de Putin tienen como marco estos materiales tan valiosos.
¿Qué son las tierras raras?
Empecemos por el principio, por su definición más básica. Las tierras raras son un conjunto de 17 elementos químicos con unas propiedades fisioquímicas muy similares. De ellos, 14 se encuentran en la fila superior de esas dos que se encuentran separadas en la parte baja de las tablas periódicas: Lantano (La), Cerio (Ce), Praseodimio (Pr), Neodimio (Nd), Prometio (Pm), Samario (Sm), Europio (Eu), Gadolinio (Gd), Terbio (Tb), Disprosio (Dy), Holmio (Ho), Erbio (Er), Tulio (Tm) e Iterbio (Yb). A estos habría que sumar otros tres que se encuentran en la tercera columna vertical empezando por la izquierda: Lutecio (Lu), Escandio (Sc) e Itrio (Y).
Las tierras raras son necesarias para mantener el estatus de país hegemónico actual para Estados Unidos; para luchar por sustituirlo en un futuro próximo para China; y para no caer en el precipicio de la irrelevancia para la Unión Europea
¿Por qué son tan valiosas? Estos materiales tienen unas altas propiedades magnéticas, ópticas, luminiscentes y electroquímicas. Estos atributos los han hecho indispensables en el desarrollo de chips, dispositivos electrónicos de todo tipo, motores eléctricos, baterías, molinos eólicos, radares, satélites de comunicación o en los aviones y armamentos de última generación entre muchas otras cosas. Es por ello que las tierras raras se consideran ‘minerales estratégicos’, es decir, son fundamentales para no caerse de las tres carreras que marcan el devenir geopolítico mundial: la transición energética, la tecnológica y la armamentística. En definitiva, las tierras raras son necesarias para mantener el estatus de país hegemónico actual para Estados Unidos; para luchar por sustituirlo en un futuro próximo para China; y para no caer en el precipicio de la irrelevancia para la Unión Europea y el resto de potencias, las viejas y las emergentes.
¿Y son raras? Pues, en realidad, no. Muchos de esos elementos se encuentran en gran abundancia en la corteza terrestre. Los más abundantes, el cerio o el lantano, están tan presentes como el litio o el cobre. La gran mayoría son decenas de veces más abundantes que el oro. “Donde hay hierro, por ejemplo, suelen ser bastante abundantes y el hierro es abundante en sí”, explica a El Salto Alicia Valero, catedrática de ingeniería mecánica en la Universidad de Zaragoza y directora del Grupo de Ecología Industrial en el Instituto Energaia. Valero apunta a la condición que redefine su valor más allá de una supuesta escasez: “Al ser tan parecidas, desde un punto de vista físico y químico, son difíciles de separar”. Ilustra y simplifica su explicación con un ejemplo de colores: “Si una cosa es roja y otra cosa es azul, es sencillo separarlo porque se ve a simple vista. Pero las tierras raras es como si cogiéramos distintas tonalidades de azul muy muy similares y tuviéramos que separarlas”.
Dicho proceso de separación no es tan solo complicado, sino costoso y supone riesgos. “Requiere mucha energía para separarlas, procesos muy complejos”, afirma Valero. “Además, están asociados a elementos radiactivos, por lo que su extracción y separación están sujetas a impactos ambientales y sobre la salud”, dice la experta. Aquí es donde empieza, o mejor dicho donde empezó, la primera de las carreras que ahora marcan el futuro de la contienda: China lleva décadas invirtiendo en el control de toda la cadena de valor.
Antes de continuar es necesario incluir otro concepto en la ecuación: el de materias críticas, en el que se incluyen las tierras raras y el resto de minerales considerados estratégicos. La definición y acotamiento de las críticas responden más a su importancia económica, industrial y tecnológica que a su composición química. Los factores para clasificarlas como críticas son la alta dependencia de estas, la demanda masiva que tienen por su necesidad para industrias florecientes y necesarias como la energética, y que existan riesgos en la cadena de suministros que podrían afectar a dicha demanda masiva. De la misma forma que las tierras raras, algunas de las consideradas críticas existen en abundancia, pero se necesitan en grandes cantidades y, en muchas ocasiones, esas reservas se encuentran en lugares muy concretos. La Unión Europea considera críticas algunas de las materias que ya componen la tecnología que nos rodea desde hace muchos años como el litio, cobalto, grafito, galio, germanio, wolframio o el tántalo. Pero también algunos que llevan con nosotros siglos, pero cuya alta demanda y concentración ha provocado que se les acabe poniendo esta misma etiqueta de críticos como es el caso del níquel o el cobre.
No solo importa quién lo tiene, sino quién lo procesa
China va despacio pero segura. No tiene que dejarse llevar por las fuerzas de los mercados. La mano invisible no dicta sus avances y la estrategia de todos sus actores económicos lo hace un gobierno con mirada a largo plazo. Pekín tuvo una visión estratégica mucho antes de que otros países ni se lo plantearan. “Desde los años 80 y 90, el Gobierno chino consideró las tierras raras como un sector estratégico y apoyó su desarrollo mediante empresas estatales, financiación pública y consolidación industrial”, explica a El Salto Juan Vázquez Rojo, doctor en Economía, profesor e investigador en la Universidad Camilo José Cela y experto en el modelo económico chino. Además, señala que China invirtió en dominar la tecnología de separación química, “el proceso más complejo de toda la cadena”.
China tiene una posición dominante, no solo por ser el mayor extractor, con alrededor del 70% de la producción mundial, o por tener las mayores reservas del mundo, sino que Pekín controla el 90% de la capacidad para refinar y procesar estos materiales
Esa inversión y control de la parte más complicada y costosa del proceso se suma a lo que ha ocurrido con tantos otros sectores: se han externalizado a China porque allí son más baratos o porque los países y empresas del norte no se tenían que preocupar por los efectos ambientales no deseados o por los derechos laborales de aquellos que fabrican lo que consumimos en los países del norte global. “Muchos países occidentales abandonaron esta industria cuando China apostó por ella —dice Vázquez—, lo que permitió integrar toda la cadena de valor: minería, refinado, producción de metales y fabricación de imanes”.
Esto coloca a China en una posición dominante en el mercado actual. No solo por ser el mayor extractor, con alrededor del 70% de la producción mundial, o por tener las mayores reservas del mundo, sino que Pekín controla el 90% de la capacidad para refinar y procesar estos materiales. “Incluso aunque un país o una empresa pueda tener acceso a reservas de estos materiales, sin la tecnología y capacidad para procesar, dependería de China”, apunta el doctor.
Quedarse sin abastecimiento de tierras raras puede suponer convertirse en los rezagados en las carreras más importantes que están corriendo las grandes potencias ahora mismo
Hay un factor más en la estrategia a largo plazo del Partido Comunista Chino que también se aplica a las tierras raras y los minerales estratégicos: “China ha construido su dominio con inversiones estratégicas en países que tienen reservas y no suelen ser tratados o acuerdos comerciales, sino inversiones, crédito, participaciones en proyectos mineros, acuerdos de suministro…”, enumera Vázquez, que pone como ejemplos de esta estrategia de win-win por parte de empresas chinas que participan en proyectos de minería en África, Australia o Latinoamérica.
Misión: no depender de China
Llegado este punto, es fácil entender el nerviosismo de Trump cuando China contraatacó en la guerra arancelaria con restricciones a las exportaciones de este tipo de materiales. En medio de una carrera tecnológica, de tensiones geopolíticas que están empujando el gasto militar al alza o de prisas por depender menos de los combustibles fósiles, quedarse sin abastecimiento de tierras raras puede suponer convertirse en los rezagados en las carreras más importantes que están corriendo las grandes potencias ahora mismo. No depender de China y abrir nuevas cadenas globales o conformar nuevas alianzas estratégicas ha sido la principal obsesión de Washington y Bruselas en los últimos meses.
El control de China sobre las materias raras le ofrece un lugar privilegiado no solo en las carreras tecnológica o armamentística, sino también como escudo contra los ataques comerciales
El primero en mover ficha fue Trump. En sus habituales pataletas y sin reconocer que quien ha desatado la guerra comercial ha sido él, tachó la medida china de “una postura extraordinariamente agresiva y extremadamente hostil en materia comercial”. Primero amenazó con aumentar aún más los aranceles a los productos chinos, otro 100% sobre los ya impuestos. Pero la dependencia de China es mayor que la chulería del magnate republicano y Trump tuvo que rebajar el tono y reunirse con Xi Jinping para llegar a un acuerdo sobre los aranceles y el bloqueo en las exportaciones de tierras raras desde el gigante asiático. China demostraba así que no le hace falta aranceles ni poner en marcha su ejército para doblar el brazo a Trump. Su control de las materias raras le ofrece un lugar privilegiado no solo en las carreras tecnológica o armamentística, sino también como escudo contra los ataques comerciales.
Rebajado el tono con China, Estados Unidos sabe que no podía seguir dependiendo de ellos para abastecer a sus industrias. Además, China no es Venezuela, no es un país que se pueda invadir para robarle sus recursos. Pocos días después, a mitad de octubre de 2025, Trump y el primer ministro australiano, Anthony Albanese, firmaron un acuerdo sobre minerales críticos y tierras raras en el que EEUU se comprometía a invertir dinero en proyectos mineros en Australia, agilizar el proceso de estos materiales y proteger sus respectivos mercados frente a “prácticas comerciales desleales”, en una clara referencia a China. Tirando de nuevo de bravuconería, Trump alardeó tras la firma del acuerdo que en un año iban a tener “tantos minerales críticos y tierras raras que no sabremos qué hacer con ellos”.
Pero la realidad es más dura que una declaración del presidente y, desde entonces, la Casa Blanca no ha cesado en su empeño por intentar asegurar su independencia de China en este asunto. La última ha sido en marzo, en medio de las tensión de Oriente Medio y la guerra en Irán, Trump aprovechaba que Chile ha girado hacia la derecha para que su nuevo presidente, José Antonio Kast, hiciera lo mismo que el dictador Augusto Pinochet hizo con Richard Nixon: asegurarle el flujo de minerales desde sus minas. El nuevo presidente chileno y el vicesecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, estrecharon manos para firmar un acuerdo para promover proyectos de extracción, procesamiento y suministro de tierras raras y materiales críticos desde el país latinoamericano hacia su vecino del norte.
El Proyecto Bóveda de Estados Unidos pretende generar unas reservas estratégicas de tierras raras que le den margen en su dependencia externa
No ha sido lo único. Trump también anunció en febrero una nueva política de alianzas con el rimbombante nombre de Proyecto Bóveda. Con una dotación inicial de 12.000 millones de dólares, este plan pretende generar unas reservas estratégicas de tierras raras que le den margen en su dependencia externa. En su presentación, el presidente no escondió sus motivaciones: “No queremos volver a pasar lo que pasamos hace un año”, en referencia a la incómoda posición en la que quedó cuando China amenazó con cortar el suministro de estos materiales al exterior.
Desde el anuncio, la Casa Blanca ha firmado once acuerdos sobre tierras raras y materias críticas con especial foco en el resto del continente americano. Trump está dispuesto a que Latinoamérica vuelva a ser su “patio trasero” y el petróleo ya no es suficiente, este tipo de elementos necesarios para la carrera geopolítica se colocan en el medio del debate y las acciones de Estados Unidos. Además de Chile, Perú, Argentina, Ecuador y Paraguay (todos bajo gobiernos liberales afines a Trump) firmaron acuerdos sobre estos materiales.
Europa, siempre rezagada en las carreras
En los análisis sobre las implicaciones que supone la gran guerra por la hegemonía entre Estados Unidos y China siempre surge la misma pregunta: qué papel juega la Unión Europea. El viejo continente siempre llega tarde, su techo es la tercera plaza en todas las carreras. Y, en algunos casos, ese podio no está asegurado o peligra. En materias raras y materiales críticos no es diferente. Europa depende de las importaciones, su industria interior no está desarrollada, se enfrenta a muchos obstáculos —como los ecológicos y la confrontación social a la minería— y depende de China o de otros países donde sigue aprovechándose de políticas colonialistas. “Europa importa la mayor parte de las tierras raras que utiliza y reconoce que el refinado de los materiales necesarios para sus imanes permanentes depende casi completamente de China”, explica Juan Vázquez, que señala que las limitaciones de la industria son muy grandes “porque es una industria que no se puede cambiar en el corto plazo, sobre todo con la ventaja que lleva China”.
En esa misma línea apunta Valero, que además remarca el problema social y medioambiental: “Nadie quiere tener una mina ni una fábrica contaminante cerca y, tanto la minería de estos materiales como su procesamiento, tienen sus impactos”. Durante décadas, como se ha comentado antes, la Unión Europea ha externalizado esos impactos en China, pero ahora se han dado cuenta de que estratégicamente no fue lo más acertado. “Además de la oposición social, abrir una mina, entre conseguir permisos y ponerla a funcionar, puede costar más de 15 años”, afirma Valero.
Es por ello que la UE, también con prisas, ha aprobado la Critical Raw Materials Act (Ley de Materias Primas Fundamentales), con la que busca aumentar la producción, procesamiento y reciclaje de estos materiales dentro de Europa. Los objetivos son que de aquí a 2030 “un 10% de las necesidades anuales de la UE se cubra con la extracción, un 40% con transformación y un 25% con reciclado”. Además añade un límite a la dependencia de un solo importador: “Como máximo, un 65% del consumo anual de la UE de cada materia prima estratégica en cualquier fase pertinente de la transformación debería proceder de un tercer país determinado”.
En la misma línea con lo que alertaba Valero, apunta la analista y profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la Universidad Complutense de Madrid Ruth Ferrero-Turrión: “Es altamente contaminante y colisiona directamente con las demandas de mantenimiento y protección del medio ambiente”. Esas tensiones entre los intereses geopolíticos y mineros de las instituciones europeas y los grupos sociales que protestan contra la contaminación traerán, en su opinión, “problemas en el ámbito local”. “Habrá que ver cómo se gestionan esas contradicciones, una vez más, dentro del marco de la Unión Europea”, señala.
Además del incremento de las capacidades propias, Ferrero-Turrión señala que existen otros dos ejes fundamentales que guían las políticas europeas sobre este asunto. El segundo sería la diversificación de proveedores y alianzas. “Vemos cómo se están firmando acuerdos específicos con África, América Latina y Australia para permitir asegurar unas cadenas de suministro más diversificadas y que permitan evitar dependencias estratégicas sustantivas”, explica la profesora. El tercer eje que añade es “el reciclaje de minerales críticos e incluso operar con reservas estratégicas de tierras raras para que no haya interrupciones en el suministro”, de una forma similar al Proyecto Bóveda de Trump.
“Estados Unidos y Europa se han dado cuenta bastante tarde de la dependencia que tienen de China en este sector”, explica el doctor en Economía Juan Vázquez
En resumen, para Ferrero-Turión la UE “tiene en su cabeza su planteamiento estratégico en el que quiere dejar de ser solo importadora para construir una cadena de valor propia que esté más diversificada, pero eso le conlleva otro tipo de tensiones en el marco de lo social y sobre todo lo medioambiental”.
En el abismo de las tierras raras
Como todo material no renovable extraído de la tierra, las capacidades y los yacimientos son finitos. Tal y como se ha explicado antes, las tierras raras no son tan raras como indica su nombre, pero el uso tan intensivo y exponencialmente creciente de la última década y los cálculos futuros apuntan a que la carrera tecnológica se enfrente a la escasez, lo que provocará mayores tensiones entre las potencias que necesitan de estos materiales para no quedarse atrás.
De hecho, muchos de los que eran abundantes, ahora se consideran escasos debido a que se les ha encontrado utilidades en estas nuevas carreras tecnológicas. “Quién iba a pensar que el cobre, el níquel o la bauxita iban a ser elementos críticos”, se pregunta Valero, que apunta a que habrá distintas formas de escasez. “La primera es la disponibilidad inmediata de recursos”, explica. Según los cálculos de su departamento, aumentamos un 3% anual la necesidad de este tipo de materias primas, porcentaje que se incrementa en algunas de las tierras. “Eso significa que en 25 años habremos más que doblado lo consumido y habremos consumido en ese periodo tanto como en toda la historia de la humanidad”, alerta la ingeniera química.
En el centro de ese aumento de la demanda no está sólo la carrera armamentística o la de nuevas tecnologías, sino la inclusión de esos materiales en productos cotidianos. Hoy en día hasta una lavadora o una cafetera puede tener chips compuestos por estos materiales críticos. “La tecnologización de todo que hace cada vez las cosas sean más complejas, todo aquello que es electrónico se incluye estos elementos”, apunta Valero. La experta utiliza una expresión muy económica para mostrar el problema: “La oferta no está en equilibrio con la demanda”.
Lo que nos lleva a una pregunta clave: ¿Es posible una transición energética y digital basada en estos compuestos? Valero pinta un futuro en el que no todo el mundo podrá acabar la carrera. “Podrán hacerlo los que lo hagan rápido, pero la pregunta es si esa transición la podrán hacer todos, porque según nuestros cálculos no habrá suficiente litio, cobalto o incluso habrá escasez de cobre para que todos puedan realizar la transición”, dice Valero, que remata afirmando que “ya estamos en el abismo de varias materias críticas”.
El futuro de esta carrera
Los acuerdos se firman, los políticos los ponen en su agenda y las empresas se apresuran a intentar cerrar contratos que no les dejen sin estos valiosos materiales, pero la dependencia de China no es sencilla de eliminar. “Estados Unidos y Europa se han dado cuenta bastante tarde de la dependencia que tienen de China en este sector —afirma Vázquez— ahora, con el auge de la transición energética y las tensiones geopolíticas han cambiado la percepción del problema”. El doctor en Economía es cauto: “El control de los materiales no garantiza el poder absoluto, pero sí una ventaja en sectores tecnológicos fundamentales, pero al final China es el centro de una cadena global de las tierras raras que ha construido durante décadas”.
“Por muchas armas que tenga Estados Unidos, se hacen con tierras raras, y China es quien las controla”, dice Alicia Valero, catedrática de Ingeniería Mecánica
“Tenemos la batalla perdida con China”, afirma tajante Alicia Valero. “Un coche es una tabla periódica con ruedas —usa como ejemplo—, y si te falta una pieza que fabrica China, no puedes fabricar el coche. La cadena de control está en manos de los chinos”. Pero, tras el ejemplo automovilístico, apunta a otro más delicado: “Por muchas armas que tenga Estados Unidos, se hacen con tierras raras, y China es quien las controla”. Lo que falta por ver es la reacción de aquellos que van perdiendo la carrera, sobre todo del actor que aún ostenta la hegemonía y que, ahora mismo, está presidido por un empresario que parece estar dispuesto a todo por hacer su país grande de nuevo.
En los próximos años, las tierras raras y los materiales críticos pasarán a formar parte del lenguaje político y social habitual, se citarán en las conversaciones de bar. Ocuparán un espacio fundamental en las políticas de desarrollo económico y comercial. Serán las nuevas herramientas de coerción, imprescindibles para el desarrollo ya no solo de las economías, sino del día a día de las naciones. Tal y como resume Ferrero-Turrión: “Las tierras raras y los minerales críticos están teniendo un papel muy similar al que tuvo el oro en siglos anteriores o el petróleo en el siglo XX, cuando ya no son solo recursos económicos, sino que son instrumentos de poder geopolítico”.
Extractivismo
España, meca europea de la fiebre por los minerales críticos
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!