La fiebre de los centros de datos sube la temperatura de la crisis energética global

Los centros de datos han pasado a un crecimiento anual de dos dígitos merced al boom de la Inteligencia Artificial. Los síntomas de la burbuja son evidentes con respecto a un sector que emplea dosis descomunales de electricidad y agua dulce.

Se llama Asociación Española de Data Centers, se hace llamar Spain DC y es el gran lobby de los centros de datos, representa a un sector que se ha convertido en una de las grandes apuestas de los mercados en los últimos años. Pese a que Spain DC es una asociación poco conocida, entre sus socios se encuentran compañías como AWS (AWS -Amazon) o Microsoft y entre sus más de cien partners están Huawei, Siemens, las sospechosas habituales del sector del ladrillo (Azora), las infraestructuras (Ferrovial, San José) así como las grandes compañías energéticas españolas (Iberdrola, Naturgy, Repsol). Por tener, tiene hasta una expolítica de primer nivel como directora ejecutiva, la exvicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís. La afluencia de grandes y medianas empresas habla de una fiebre por los centros de datos que los propios mercados ya señalan como los posibles síntomas de una nueva burbuja especulativa.

No existe eso que conocemos como nube. Los mensajes, las preguntas hechas a las IA de moda (Claude, DeepSeek, Gemini o ChatGPT), las imágenes que bombardean nuestras vidas y las canciones que la endulzan, se encuentran en algún lugar, casi siempre en varios lugares. Son los centros de datos, almacenes con aire anodino en su exterior que, en su interior, están compuesto de cientos de racks con procesadores, que necesitan acceso constante a la electricidad y refrigeración constante, es decir, agua, mucha agua. Y que son presentados como una posible solución a la enfermedad grave del capitalismo de nuestro tiempo.

Nadie sabe muy bien cuántos centros de datos hay en el mundo, se estima que unos 12.000, pero los números se quedan cortos año tras año. Se ha calculado que ya consumen el equivalente de lo que consume toda la población de Reino Unido, y que esas cifras se quedan muy cortas con lo que está por venir. Otros informes afirman que ya absorben el 3% de la energía que se genera en la UE y que cuando termine la década ya consumirá lo mismo que consume España (una media diaria de entre 650 y 800 gigavatios -GWh). En Irlanda, uno de los países más tempranamente afectados por la fiebre de los centros de datos, ya consumen un 20% de la electricidad nacional. En Dublín, los centros de datos chupan la mitad de la energía de la ciudad.

El campo semántico asociado a la construcción de megacentros es conocido: innovación, digitalización, transformación, conexión. De manera más sustantiva, los centros de datos son considerados “infraestructuras críticas” en cuanto por ellos pasan algunas acciones y actividades necesarias para la vida en común. El 1 de marzo de 2026 se produjo el primer ataque deliberado a uno de estos centros. Ese día, las Fuerzas Armadas de Irán bombardearon dos centros de Amazon Web Services en los Emiratos Árabes Unidos. Ese bombardeo habla de la relevancia de las que se han llamado “fábricas de internet”, un nombre que sin embargo no se corresponde con los imaginarios de las fábricas de los siglos XIX y XX, entre otras cosas porque en ellos no trabaja (casi) nadie. 

Pero la construcción de megacentros de datos, llamados hiperescalares, tiene aparejados otros impactos tangibles a nivel local, regional y global: contaminación del aire, contaminación acústica, uso intensivo de electricidad y agua, acaparamiento de tierras, y, en el nivel microeconómico, un aumento de la factura de la luz constatado en los territorios en los que se ha extendido este monocultivo de unos y ceros.

Capítulo aparte está el uso de combustibles fósiles dado que, aunque en lugares como España la promoción de centros de datos aparece ligada al desarrollo de proyectos de energía renovable, en EEUU el sector ha tirado ante todo de centrales de gas y los sistemas de refuerzo de estos centros tiran de generadores de diésel.

Entre esas visiones contrapuestas, la del progreso por medio de la digitalización y muy especialmente a través de la Inteligencia Artificial (IA), y la del cuestionamiento de ese progreso y sus promesas de productividad, hay un espacio para la regulación que ha quedado hasta ahora vacante por la incomparecencia de los reguladores.

Ausencia de regulación

Varias ciudades (Maryland, Missouri), condados y hasta un Estado como Maine, en EEUU, han impuesto ya moratorias a la construcción de centros de datos. En julio de 2025, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicó el informe “El nexo entre el agua y la energía” en el que se pedía una moratoria de la puesta en marcha de centros de datos. 

La Comisión Europea copió “casi palabra por palabra” el artículo proporcionado por las big tech para eximirse de la publicación de métricas de consumo energético y contaminación

La lucha contra los megacentros de datos ha aparecido en el último informe anual sobre la situación de los derechos humanos en el mundo de Amnistía Internacional. Este documento de referencia establece que el crecimiento IA en todo el mundo, ha “generado una creciente explotación de recursos naturales —como minerales para el hardware y agua para la refrigeración— y de energía”. Como señala la organización con sede en Londres esto “ha tenido efectos en los derechos humanos, entre ellos la degradación medioambiental en torno a los centros de datos y el menoscabo de los derechos laborales”.

Pero el boom de los centros de datos ha sido previo a su regulación en el continente. Las resistencias surgen cuando ya se ha abierto la puerta a estos mostrencos por parte de ayuntamientos y regiones.

La Unión Europea prevé triplicar la construcción de estas infraestructuras en los próximos cinco años y algunos territorios, como Aragón, aspiran a convertirse en los receptores de una parte importante de estos proyectos. Para cuando la Comisión Europea ha comenzado a recopilar la información necesaria sobre consumo energético, los grandes tiburones del sector ya tenían una estrategia preparada. 

El pasado 17 de abril la cooperativa de periodistas Investigative Europe publicaba una investigación sobre cómo Digital Europe (lobby formado por Google, Amazon y Meta) y Microsoft han maniobrado para que la Comisión Europea bloqueara el acceso público a la información sobre el impacto ambiental de los centros de datos. De esa manera, “la información sobre el impacto preciso de los centros de datos individuales se mantiene fuera del alcance de las comunidades afectadas, los académicos, los periodistas y el público en general”, después de que la Comisión Europea copiase “casi palabra por palabra” el artículo proporcionado por las big tech para eximirse de la publicación de métricas de consumo energético y contaminación. 

En el Reino de España, el pasado 20 de marzo, el Boletín Oficial del Estado publicaba el Real Decreto-ley 7/2026 con el “plan integral de respuesta a la crisis en Oriente Medio” en el que se introduce la necesidad de un reglamento que ponga cierto orden en un sector que, como apunta el texto, ha experimentado un “crecimiento exponencial del interés inversor”. En la actualidad, los centros no están obligados a detallar cuánta agua ni cuánta energía consumen. A esto se suma que la rapidez en la aprobación de proyectos ha impedido presentar alegaciones a la ciudadanía, según denuncian desde Ecologistas en Acción.


La norma constata que los permisos de acceso ya concedidos a este tipo de proyectos “superan en varias veces las estimaciones más ambiciosas de despliegue para los próximos años”. Una auténtica fiebre que el Gobierno quiere asociar al despliegue de la energía renovable. En el caso de que se cumplan las inversiones comprometidas en la actualidad, la necesidad de energía se estima en 10 GWh, la mitad aproximada de la demanda promedio por hora del país. Además, los centros de datos dependen también de sistemas de respaldo (backup) basados en combustibles fósiles, este es el motivo de que siguieran funcionando en el día del apagón de abril de 2025.

En 2025, el banco Barclays ponía sobre la mesa el concepto de burbuja para referirse a los centros de datos, el megafondo KKR también ha usado la palabra para nombrar a un sector desbocado

El Decreto, sin embargo, no introduce las medidas de limitación. Luis García Valverde, quien forma parte del grupo de estudio sobre centros de datos de Ecologistas en Acción, admite que están expectantes de conocer cómo se desarrolla el decreto en ese punto. “Llevamos tiempo pidiéndolo porque ahora mismo es el salvaje Oeste”, resume. “En verano [de 2025] se anunció y se puso en periodo de información pública la transposición de una directiva europea con la que se iban a regular los centros de datos, Ecologistas en Acción y otras organizaciones presentamos alegaciones, pero ahora mismo no hay una normativa específica en España”, señala.

A pesar de que en 2025 la ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, puso de uñas al sector al hablar de una “burbuja de centros de datos”, la regulación se ha hecho esperar más de un año, como lamenta García Valverde. Mientras, los anuncios de nuevos proyectos se multiplican.

Al frente está Jorge Azcón y su apuesta por convertir a Aragón en la “Virginia europea”, en referencia a ese Estado de EEUU, que acapara en estos momentos más de un tercio de los data centers de todo el mundo. Les siguen proyectos como los de Picassent, Talavera de la Reina, Valdecaballeros y Navalmoral de la Mata (Cáceres), el Polígono Arasur (Araba) y A Coruña, que son algunas de las localidades donde se proyectan centros con capacidad/demanda energética superior a 200 MW.

La burbuja de los centros de datos

Parece que fue en otro tiempo, pero hace solo cuatro años OpenAi lanzó su programa ChatGPT. Este sentó las bases para la carrera de la IA Generativa, que ha creado una demanda en teoría imparable de infraestructuras para soportar las peticiones de un público enganchado a las monerías de la IA: cables submarinos, chips, satélites y, por encima de todo, centros de datos cada vez más grandes destinados en gran medida a procesadores GPU, los utilizados para las operaciones de la IA. Esos procesadores necesitan más de todo (electricidad y agua) que los procesadores CPU por los que discurre el internet sin IA. 

La hiperconectividad, el uso masivo de servicios de streaming y de redes sociales solo explican una parte de la pregunta de por qué crecen los permisos y los proyectos de centros de datos en todo el mundo. Los centros de datos, que habían crecido sin prisa pero sin pausa desde la expansión de internet, han pasado a un crecimiento de dos dígitos merced al boom de la Inteligencia Artificial (IA). La promesa de beneficios sin límite de la IA, aparejada a un crecimiento de la productividad —previa destrucción de empleos— es el imán que ata a los mercados a la IA, también el que ha creado la fiebre de los centros de datos, que comenzó por Estados Unidos. 

Rystand ha vaticinado que, en los próximos diez años, los centros de datos en EEUU consumirán hasta 100 GWh, equivalente al abastecimiento de entre 75 y cien millones de hogares

El 10% del total de los centros de datos ya se dedican a la IA. En el caso de los hiperescalares, los peces grandes se han hecho con el mercado: Amazon, Google, Microsoft, Meta y las compañías chinas Tencent y Alibaba copan este tipo de megacentros, con un mínimo de 5.000 servidores por emplazamiento y una potencia instalada en torno a 50 megavatios (MW).

La pasión por los centros de datos recuerda demasiado a la locura por los bulbos de tulipanes del siglo XVIII que dio lugar a la primera crisis financiera del capitalismo moderno. Las alertas han venido de dos actores privilegiados del sector financiero. A finales de 2025, el banco Barclays ponía sobre la mesa el concepto de burbuja para referirse a los centros de datos. Su informe señalaba que la demanda de centros de datos seguirá creciendo durante la próxima década, pero alertaba de los problemas derivados de las limitaciones energéticas que pueden encontrar estos megacentros, cada vez más grandes, más voraces, y cada vez más concentrados en manos del big tech. Le seguía el megafondo KKR, que advertía en un análisis en su blog de los cuellos de botella generados por la obtención de autorizaciones, permisos y acuerdos, es decir, por un conato de control sobre un sector que hasta ahora ha navegado con el viento de la desregulación a favor. 

En una entrevista reciente, una reguladora del sistema eléctrico estadounidense apuntaba “que el número de solicitudes de centros de datos potenciales para conectarse a la red eléctrica es entre cinco y diez veces mayor que el número de centros de datos que realmente se construirán”. Las dudas proceden de dos certezas: de que se trata de una burbuja semiespeculativa, esto es, que se basa en proyecciones sobre planes de construcción todavía no iniciados, y porque la expansión de los centros de datos pende de otro sector señalado como la gran burbuja que parece a punto de estallar, la de la propia inteligencia artificial.

Aurora Gómez Delgado, activista del grupo de referencia internacional Tu Nube Seca Mi Río explica que la burbuja especulativa en España tiene una dimensión que califica de brutal: “Hasta el punto de que la Comunidad de Madrid tiene más peticiones de conexión a la energía de las que tiene todo el estado de Virginia”.

Luis García Valverde, de Ecologistas en Acción, señala que es tan peligroso es si se trata de una burbuja como si no lo es: “Creemos que es una burbuja, aparejada a la de la IA, pero, por otro lado sí puede tener un impacto brutal; si explota la burbuja de la inteligencia artificial podemos enfrentarnos a un territorio devastado, expoliado”.

A pesar de esos indicios de que se está tocando el límite a nivel global, el sector en España se ha venido arriba y plantea sextuplicar la potencia instalada actualmente, que en 2025 fue de 439 MWh de potencia. Esto supone un problema para la propia Red Eléctrica de España, dado que el requerimiento puesto encima de la mesa —que suele rondar los 100 MWh en los proyectos— cierra el paso a otras demandas. El propio informe de Barclays señala que en 2035 los centros de datos representarán entre el 14 y el 24% de la demanda eléctrica de España.

La consultora estadounidense Rystand ha vaticinado que, en los próximos diez años, los centros de datos de EEUU consumirán hasta 100 GWh, equivalente al abastecimiento de entre 75 y cien millones de hogares. La experiencia de otras regiones europeas señala la voluntad de vampirizar la energía necesaria para los centros de datos. El sector ya consume el 40% de la demanda total de Frankfurt, el principal nodo europeo. Un reportaje de Algoritme Watch explicaba cómo los operadores han dejado casi a cero la posibilidad de demanda energética de la ciudad, a lo que se suma la ocupación de territorio en la ciudad y las protestas vecinales por ruido y contaminación. 

Gómez Delgado explica que estas peticiones tensan a la red eléctrica de España, en cuanto las solicitudes cierran el paso a otras industrias y servicios, incluso a escuelas. A medida que se infla la burbuja, las previsiones son más inconmensurables. Es lo que desde Tu Nube Seca mi Río se llama “gentrificación energética”, que supone el desplazamiento de otras industrias, y de sectores como la movilidad y la climatización que deben ser electrificados por compromisos ambientales, a favor de esta acaparación del flujo eléctrico por parte de las grandes tecnológicas.

Contestación contra los centros de datos en medio mundo

Los informes sobre el posible pinchazo de la burbuja especulativa de los centros de datos no se refieren a un tercer elemento. La oposición ciudadana a la construcción de estos centros, cada vez más articulada en todo el mundo. 

Desde Aragón hasta Queretaro (México), pasando por Virginia, Irlanda y los Países Bajos, la contestación a los centros de datos ha ganado relevancia en el debate público. Los motivos, el desmesurado gasto energético, la ocupación de suelo, la contaminación asociada, el uso intensivo de agua y la baja, pero muy baja, compensación en términos de empleos creados. 

Aurora Gómez Delgado, portavoz e impulsora de Tu Nube Seca mi Río se refiere a las decenas de peticiones de información, tanto de medios internacionales como de comunidades afectadas, que han recibido después de echar a andar un colectivo que combina la “pasión por la informática” con una crítica radical a la Inteligencia Artificial. El principal problema es la dependencia digital creada por la IA, que Gómez Delgado define como “una manera de controlar la sociedad”, idea que explica: “Todo lo que teníamos antes descentralizado, con más o menos fallos, ahora pasa a depender solamente de cinco empresas: toda la información pasa por ellos”. La portavoz pone el ejemplo de las universidades españolas, que han puesto su pasado, presente y futuro en manos de Microsoft. “Aunque se trate de una burbuja especulativa, eso no remedia el daño”, apunta, “la desescalada requiere de habilidades que no es fácil adoptar”.


Desde ese planteamiento, Tu Nube Seca mi Río ha establecido conexiones con grupos similares, especialmente de Irlanda, Países Bajos y Alemania, tres de los países señalados por el big tech como zonas de explotación. La cantidad de datos que se necesitan para el funcionamiento de la IA “solamente se pueden hacer con un sistema ultra extractivista”, resume Gómez Delgado, que defiende que no es posible pensar una IA no controlada por los intereses del capitalismo.

En EEUU la contestación a los proyectos de megacentros está más que consolidada. El observatorio de los centros de datos ha calculado que la “oposición local bloqueó o retrasó decenas de proyectos de centros de datos que representaban una inversión potencial de 152.000 millones de dólares”. Ya hay cientos de grupos organizados y los centros de datos han sido el tema de campaña en elecciones estatales. No se trata solo de grupos ambientalistas, los primeros movilizados contra los centros de datos, sino de organizaciones de otra índole. No en vano, uno de los efectos reconocidos por la voracidad del negocio es la subida de la factura de la luz, que ha sido de hasta 70 dólares en estados como el de Ohio.

En España, el caso paradigmático hasta la fecha ha sido la organización de varios colectivos, entre los que están Tu Nube Seca mi Río, Ecologistas en Acción o la cátedra Unesco Desarrollo Humano Sostenible para plantear un recurso por lo contencioso-administrativo contra la autorización de cinco instalaciones de Amazon en el territorio.

El caso de Aragón

En España, el problema en torno a los centros de datos ha ido creciendo a medida que estos proyectos se han presentado como una solución mágica por parte de gobiernos autonómicos. El caso más claro es Aragón que, de la mano del gobierno popular de Jorge Azcón, quiere convertirse en referencia europea. Cuenta para ello con una baja densidad demográfica —su población está muy concentrada en torno a Zaragoza— y con potencia para convertirse en productor puntero de renovables gracias al viento y al sol. El presidente de la comunidad aragonesa estuvo en noviembre de 2025 en el estado estadounidense de Virginia para presentar la candidatura de la región a convertirse en el “nuevo 'hub' de infraestructura digital” europeo.

Si salen adelante los planes previstos, Aragón dejaría de ser un exportador neto de energía a necesitar importarla

Para lograr ese objetivo, la Diputación General de Aragón había aprobado un mes antes una “exención de impuestos” a Blackstone para sus ocho centros de datos en Calatorao (Zaragoza) dentro del Proyecto Rhodes con el que este fondo buitre pretende situarse en cabeza de este nuevo sector, al mismo tiempo que ha comenzado a desinvertir en la cartera de vivienda que le llevó a situarse como el primer casero de España. Azcón ha promovido esas ayudas a través de dos mecanismos, las Declaraciones de Interés General de Aragón (DIGA) y los Proyectos de Interés General de Aragón (PIGA), que permiten modificaciones de normativa urbanística, reducción de trámites y exenciones de impuestos como la otorgada a Blackstone.

Manifestación contra centros de datos en Aragón
Manifestación contra los centros de datos en Aragón convocada en 2025 por la plataforma 'Zaragoza no se vende.


Junto con tres colegas, el investigador Jorge Torrubia, máster en Energías Renovables y Eficiencia Energética, ha publicado este año el artículo: “El dilema de la transición digital y verde: ¿Hay espacio para todo? Reflexiones de la próxima década (2025-2035) en Aragón (España)”. En el mismo, toman los proyectos de centros de datos y de plantas de hidrógeno verde que ya han sido presentados en esta comunidad para hacer distintas proyecciones de consumo eléctrico y consumo de agua. En el caso de la electricidad, el consumo puede multiplicarse entre seis y quince veces desde 2026 a 2035 si se llevan a cabo los proyectos. En 2025, el consumo medio anual de electricidad de Aragón se sitúa en 10.068 gigavatio-hora (GWh), en el escenario proyectado ese consumo casi se cuadruplicaría hasta llegar a 36.600 GWh.

“Una cosa importante que puede ocurrir es que Aragón pase a ser una comunidad autónoma que necesita importar energía y esto cambiaría el sistema eléctrico nacional, porque Aragón siempre ha sido una comunidad que ha exportado más o menos la mitad de la energía que produce”, indica Torrubia a El Salto. La opción de importar esa electricidad crearía un hueco energético importante, pero en el caso de que, como ha pedido Azcón la demanda de esos centros de datos se cubra mediante renovables, el panorama puede cambiar completamente el paradigma territorial del país tanto como el energético. 


En los tres escenarios previstos el consumo de suelo sería importante: entre el 5 y el 6% del territorio para cubrir la demanda de los centros de datos en el escenario más conservador, entre el 7 y el 9% en el escenario intermedio. El tercer escenario fue calculado en base a los propios anuncios de la DGA: “Aunque el informe que utilizamos para obtener la demanda que iba a producirse en los próximos años, la situaba más o menos en los tres GWh instalados de centros de datos. El Gobierno de Aragón anunció que podrían llegar a ser ocho gigavatios. Entonces, considerando estos ocho gigavatios para dentro de diez años, el área total cubierta necesaria con renovables para los centros de datos únicamente serían entre el 25% y el 33% de la comunidad autónoma”. Molinos y turbinas hasta donde se pierde la vista. Como dato, se debe repetir que la demanda promedio del Estado español es de 20 GWH, es decir, la promesa de 8GWh supondría más de un tercio de lo que se consume en condiciones normales en todo el país.

“El nexo entre el agua y la energía”, elaborado por el relator de la ONU Pedro Arrojo puso sobre alerta a los gobiernos mundiales al respecto de esas “importantes y preocupantes demandas de agua”

Para Torrubia hace falta un debate y una mayor planificación que, desde su punto de vista, no se ha producido: “Parte de esto es una industria crítica para el desarrollo tecnológico, pero una cosa es reconocer esto y otra es hacer una auténtica avalancha de estos proyectos sin tener en cuenta su impacto global en la economía”, señala. “El problema está en la escala, en la velocidad y en el impacto acumulado. No tengo claro que hayan tenido en cuenta ese impacto conjunto a la hora de autorizar los proyectos”.

Luis García Valverde alerta de que la construcción de datos “va a cambiar completamente la economía y la industria de la región”, y que esa apuesta no es conocida por la mayoría de la población; “sería interesante hablar de energía, hablar de agua, hablar de ocupación del suelo… y casi lo más importante es hablar de transparencia, es imposible poder tener un debate sobre el número de centros de datos sin saber qué consumo están teniendo”.

El consumo de agua

A mediados de abril, la prensa regional daba la palabra a los sindicatos agrarios de Aragón para alertar de los problemas derivados de la sequía y el aumento inusual de las temperaturas sobre los cultivos de cereal y proteaginosas (guisantes, habas, etc). La crisis climática ha dado una relevancia extraordinaria al problema del agua y del derecho al agua.

El citado informe “El nexo entre el agua y la energía”, elaborado por el relator de la ONU y aragonés Pedro Arrojo puso sobre alerta a los gobiernos mundiales al respecto de esas “importantes y preocupantes demandas de agua” que requieren los megacentros de datos. El informe señalaba el mismo punto que resaltaba García Valverde hace unas líneas: “la falta de transparencia, participación, acceso a la información y rendición de cuentas” bajo la que han proliferado.

Evologistas ha calculado que por cada KWh consumido, Stellantis crea 106 veces más empleo que el proyecto de Blackstone, incluso aunque lleguen a cumplirse las previsiones de la empresa

El informe “Cómo reducir el consumo de agua en la IA: Descubriendo y abordando la huella hídrica oculta de los modelos de IA”, citado por el equipo de Arrojo, señala que la demanda de inteligencia artificial requerirá en 2027 hasta 6.600 millones de metros cúbicos de extracción de agua, la mitad de todo lo que consume Reino Unido. En EEUU el consumo podría cuadruplicarse en los próximos años y Morgan Stanley ha hecho sus propias estimaciones sobre los centros especializados en IA, que pueden llegar a consumir un billón de litros anuales en los próximos dos años. 

Otro estudio, de Boris Gamazaychikov y Sasha Luccioni, refleja que los centros de hiperescala consumen hasta 20 millones de litros de agua diarios, lo que consume una ciudad de entre diez y 50 mil habitantes. Una sesión de 20 preguntas con uno de los modelos de IA consume aproximadamente una botella de agua dulce de medio litro. En 2025, un portavoz de ChatGPT confirmó que se producen 912.000 millones de solicitudes al año; eso son unas cuantas botellas de agua dulce, un recurso que solo supone el 3% del agua de todo el planeta.

El impacto de los centros de datos es triple. Se requiere agua sin impurezas (es decir, tratada, lo que aumenta el consumo) para la fabricación de chips y otros materiales, se requiere agua para las centrales eléctricas que suministran la energía y se requiere mucha agua dulce para la refrigeración. Este último agua se evapora en gran medida, con lo cual nunca regresa al ciclo del agua. 

Data center principal
Interior de las instalaciones de un centro de datos. Fotografía: IMarco Herrera. CC BY-NC


Ese recurso es tomado de los acuíferos locales. “Es una pequeña cantidad de agua para unas pocas consultas, pero toda se extrae de una misma cuenca donde se ubica ese centro de datos; son miles y miles de galones de agua que se extraen de un solo lugar para que personas de todo el mundo realicen sus consultas de IA”, explicaba un artículo del Lincoln Institute.

En el caso de Aragón, a comienzos de 2025, AWS (Amazon) pidió un aumento del 48% de sus permisos de agua para sus tres centros de El Burgo de Ebro y Villanueva de Gállego (Zaragoza) y Plhus (Huesca). Según publicó entonces El Periódico de Aragón, la cantidad solicitada es la misma que la que pidió la planta de Stellantis en Figueruelas, con una diferencia importante. En la industria automovilística zaragozana hay 5.000 empleos directos, mientras que en los centros de Amazon no se llega al centenar de puestos de trabajo. 

La promesa de los empleos

Las experiencias en EEUU han dado lugar a un escrutinio ciudadano progresivo sobre la realidad de los centros de datos. Policy Matters Ohio ha sido uno de los grupos que más ha trabajado sobre otro de los aspectos presentados como reclamo para la construcción de centros de datos: los empleos creados. Según este grupo, cada empleo creado cuesta casi un millón de dólares a las arcas públicas en exenciones fiscales.

En el caso de Aragón, las perspectivas de Ecologistas en Acción son similares, las mareantes cifras de inversión en Calatorao, un proyecto de 11.500 millones de euros, al que Azcón ha puesto la alfombra roja, contrastan con la escasa mano de obra requerida una vez esté puesto en marcha. “La realidad es que [los centros de datos] no crean casi empleo, el que crean no es de calidad y está relacionado con limpieza, seguridad y administración, de baja cualificación”, explicaba esta organización a Arainfo en octubre de 2025, “por cada KW consumido, Stellantis crea 106 veces más empleo que este proyecto y Pla-Za [Plataforma logística de Zaragoza], 354 veces más, incluso aunque lleguen a cumplirse las previsiones de la empresa que, hasta ahora, no se han cumplido en ningún caso”.


El Colectivo Educativo Bajar de la Nube presentó, a comienzos de año, un análisis de los tres centros operativos de AWS en Aragón, con conclusiones como que, de los 300 empleos prometidos, se ha pasado a un número de 62 empleados entre los tres.

Pese a la promesa de una regulación, el Ministerio de Transición Ecológica sigue comprando el marco de la creación de empleo “y de todas las mentiras que trae el lobby”, denuncia Luis García Valverde, quien refiere que están más que abiertos a hablar con el Ministerio “para tratar de empujar la legislación hacia donde debe ser, es decir, hacia la regulación”. Mientras tanto, desde su grupo se aboga por establecer una pausa: “Creemos que una moratoria sería lo idóneo en esta situación, en la que todavía no hay legislación específica, mientras todavía es un tema que ni los legisladores ni muchos ayuntamientos a lo que le implantan un centro de datos tienen mucho conocimiento sobre el tema”, resuelve.

La resistencia contra la fiebre de los centros de datos, que a menudo es criticada como un resto de ludismo, parte de un diagnóstico claro. la transición climática derivada del calentamiento global y el desarrollo de la economía digital se han presentado como transiciones gemelas, pero no lo son. No hay más que echar un vistazo al catálogo de socios y colaboradores del principal lobby español de los centros de datos para comprobar que quien está empujando para el desarrollo de estos megamostrencos son las mismas empresas que aparecen en el listado anual de emisiones de CO2.

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