Opinión
ICE Age: la frontera en casa

Cuando la frontera se internaliza y se interioriza, nadie está completamente fuera de ella, porque hoy es la persona migrante, pero mañana puede ser cualquiera que incomode.
Protesta contra el ICE en San Francisco.
Cientos de personas se congregaron en la playa Ocean Beach de San Francisco para formar una pancarta con la leyenda "Fue asesinato 🇺🇸 ¡Fuera ICE!", en protesta por la muerte a tiros de Renee Nicole Good a manos de un agente federal de inmigración en Minneapolis.

Sociólogo

19 ene 2026 05:39

La política migratoria de Donald Trump no se limita a vigilar un límite territorial. En los Estados Trumpidos la frontera se interioriza, se desplaza de los mapas a los cuerpos, de los desiertos a los barrios, de los pasos fronterizos a las esquinas donde se desenvuelve la vida cotidiana. En esa lógica, la frontera deja de ser un lugar y se convierte en un principio de gobierno.

La actuación de Immigration and Customs Enforcement (ICE) cristaliza este giro. No se trata solo de expulsar a quien cruza una línea, sino de buscar, identificar y perseguir dentro del país. La caza se normaliza. El control se vuelve omnipresente. La sospecha se vuelve método y la excepcionalidad norma.

La deshumanización como política

Toda política que necesita funcionar permanentemente bajo el signo de la excepción requiere una operación previa: deshumanizar. La persona migrante deja de ser una persona y pasa a ser un “caso”, una “amenaza”, un “ilegal”. La lengua burocrática y policial no es neutral: produce realidad. Al nombrar así, habilita la violencia.

En este sentido, la política migratoria trumpista es un laboratorio de lo que Ulrich Beck y Zygmunt Bauman analizaron desde hace décadas: la construcción política del extraño. El “otro” ya no es alguien lejano, es el vecino. Y el vecino, bajo determinadas condiciones, puede convertirse en enemigo. En la Alemania nazi fue el judío; hoy, en todo el mundo, es la persona migrante. El mecanismo es el mismo: una identidad convertida en amenaza ontológica.

La frontera ya no está “allí”, en el sur, sino aquí, en el interior: en el trabajo, en la escuela, en la calle

La novedad de esta política no es solo su dureza, sino su desplazamiento espacial. La frontera ya no está “allí”, en el sur, sino aquí, en el interior: en el trabajo, en la escuela, en la calle. ICE no patrulla un borde, patrulla la vida cotidiana.

Esto produce un efecto devastador: la normalización del miedo. No solo entre personas migrantes, sino en el conjunto de la sociedad. Cualquiera que observe, cuestione o simplemente esté presente puede convertirse en sospechoso. El asesinato en Minneapolis de Renee Nicole Good ejemplifica este salto cualitativo: la violencia migratoria ya no es marginal ni lejana; es urbana, inmediata, doméstica.

Ice Age”: la edad del hielo moral

Hablar de ICE Age no es solo un juego de palabras. Es una metáfora precisa. El hielo congela, insensibiliza, vuelve rígido lo que antes era flexible. Esta política enfría el vínculo social, congela la empatía, suspende la obligación moral de reconocer al otro como semejante.

ICE actúa como un glaciar administrativo: avanza lentamente, de manera constante, aplastando historias individuales bajo categorías abstractas. No importa quién eres, sino qué representas dentro del relato securitario. Y en ese relato, la vida humana es un daño colateral aceptable.

La represión contra la población migrante brutaliza el mundo que habitamos, nos acostumbra a ver redadas como escenas normales, a tolerar que la violencia estatal se ejerza sin escándalo

Esta política no solo daña a las personas migrantes. Brutaliza el mundo que habitamos. Nos acostumbra a ver redadas como escenas normales, a aceptar la militarización del espacio civil, a tolerar que la violencia estatal se ejerza sin escándalo. La pregunta ya no es quién es expulsado, sino qué tipo de sociedad se consolida cuando la persecución se convierte en rutina.

La ICE Age no es solo una política migratoria, es un proyecto cultural hegemonista que busca entrenarnos para vivir en un paisaje moral congelado, donde la compasión y la solidaridad son interpretadas como debilidad y la crueldad se disfraza de orden.

Esta lógica no es un fenómeno exclusivamente estadounidense ni un exceso exótico de la política de Trump. Sería un error tranquilizador pensar que estamos a salvo. La interiorización de la frontera empieza a insinuarse también en nuestras ciudades, en espacios que todavía nos empeñamos en llamar cotidianos y seguros. En Bilbao, por ejemplo, no hay tiroteos sistemáticos, aunque en Barakaldo ya se cruzó esa línea.

El problema no se reduce al uso letal de la fuerza. Se manifiesta en prácticas más silenciosas y normalizadas: identificaciones fenotípicas, despliegues desproporcionados de varias patrullas para infracciones menores, actuaciones policiales que convierten determinados cuerpos en sospechosos permanentes. Es así como la frontera se filtra sin ruido, como el hielo que avanza sin estruendo: cuando advertimos su presencia, ya está instalada en la forma de mirar, de vigilar y de intervenir.

Cuando la frontera se internaliza y se interioriza, nadie está completamente fuera de ella. Hoy es la persona migrante; mañana, cualquiera que incomode. Resistir esta lógica no es un solo gesto humanitario, es una defensa radical de la vida en común. Porque una sociedad que acepta la deshumanización de algunas y algunos termina aprendiendo a deshumanizarse a sí misma.

Estados Unidos
La izquierda de EEUU declara la guerra al ICE tras el asesinato de Renee Nicole Good
Los activistas proderechos, los colectivos de ayuda a personas migrantes y la izquierda política convocan manifestaciones, presentan demandas judiciales y un repositorio de recursos para frenar el crecimiento de la agencia de fronteras de EEUU.
Opinión
Autorregistrar las agresiones racistas para seguir combatiendo la violencia policial
Colectivos antirracistas ponemos a disposición una forma cercana y anónima de señalar el racismo policial mediante una ficha de registro que puede enviarse por correo o entregarse en distintos locales de Bilbao.
VV.AA.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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