Familias monomarentales: enfrentar la crisis de la vivienda desde los márgenes de la crianza tradicional

Un informe de Provivienda revela que la exclusión residencial afecta a un tercio de los hogares en España, pero se ceba con particular dureza con aquellos encabezados por madres solas. Una importante mayoría (79%) de ellas vive de alquiler y un 13% reside en vivienda compartida con otras personas.
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David F. Sabadell Puente peatonal sobre la M-30.
9 mar 2026 06:00

“No es la monoparentalidad la que provoca las situaciones de precariedad y pobreza que reflejan los datos, sino la falta de reconocimiento legal y de regulación estatal e integral. Hablar de monoparentalidad es mucho más que hablar de familia, es hablar de mujer, de maternidad, de las políticas que afectan a sus vidas y del lugar que ocupan sus derechos”. Así lo afirma la Federación de Asociaciones de Madres Solteras de España (FAMS), red estatal conformada por 19 entidades que está activa en 12 comunidades autónomas que lucha por los derechos de los hogares conformados por una sola progenitora en el Estado español.

Hablar de monoparentalidad es en realidad hablar de monomarentalidad casi exclusivamente en femenino, porque las que crían en solitario son en una abrumadora mayoría mujeres: lo hacen en 8 de cada 10 casos, conformando el 81,1 % de los casi 2 millones de hogares de este tipo registrados. Pero el riesgo de pobreza y exclusión residencial no afecta de igual forma a todas ellas, tampoco con la misma intensidad. Son monomarentales las madres solas (que no solteras), es decir, las que están a cargo de sus criaturas por negligencia o abandono paterno, las que quedan viudas en algún momento de la crianza, las que deciden ejercer la maternidad en solitario sin una pareja, las que migran dejando en su país natal a sus maridos hasta que logren la reagrupación familiar y un largo etcétera de casuísticas vitales.

A pesar de los compromisos de España con las normas internacionales, en el Estado español no existe una definición legal o institucional de familia monoparental. De hecho, el estatus de madre soltera no está reconocido en Madrid, aunque sí en otros territorios. A falta de definiciones oficiales, la FAMS considera monoparentales aquellos hogares “en los que sólo hay una persona progenitora, sea cual sea la razón: porque es así en el origen, por defunción o desaparición, o por pérdida o no ejercicio de la patria potestad de una de las dos personas progenitoras”. Las que crían en solitario sin haberlo deseado así desde un primer momento suelen ser las que peores circunstancias económicas atraviesan.

Cuando falla el capital económico, criar en solitario se vuelve un un factor de vulnerabilidad agregada: las dificultades de conciliación, la carga de cuidados sin ayuda, problemas para asumir los costes de la crianza con un único salario. Un informe de Provivienda indica que la exclusión residencial afecta a un tercio de los hogares, pero se ceba con particular dureza con aquellos encabezados por madres solas. “Esto se materializa en que las mujeres destinan un porcentaje mayor de sus ingresos a la vivienda, reportan menor satisfacción residencial y se ven más afectadas por un régimen de tenencia más inestable”, revela el estudio.

Mayor riesgo de precariedad residencial y pobreza energética cronificadas

La inmensa mayoría de mujeres que maternan en solitario carecen de una vivienda en propiedad. Es más, buena parte de ellas vive con sus niños en las casas de familiares o personas de su entorno que les ofrecen un hueco para poder tener un lugar donde criar. La FAMS estima que una importante mayoría (79%) de ellas vive de alquiler y, mientras el 48% de las mujeres reside en alquiler de vivienda completa y un 13% adicional en vivienda compartida, solo el 20% de las mujeres son propietarias (con o sin hipoteca).

Si en plena crisis de los alquileres conseguir un techo digno a precios asumibles para un salario promedio puede entrañar una verdadera odisea, hacerlo con un solo sueldo es directamente un sinvivir. “Hay muchas mujeres que se ven abocadas a compartir vivienda toda la vida y eso significa que los niños duermen y viven en una habitación. Aunque haya espacio compartido, el espacio privado acaba siendo el de una habitación. Lo que no es de recibo es que tengas que estar destinando un 70% de tu salario a pagar un alquiler, porque entonces no llegas a fin de mes, más teniendo en cuenta el coste de la crianza”, denuncia Carmen Flores, presidenta de la FAMS.

La Ley de vivienda desconsidera el mayor riesgo de precariedad extrema de estas familias y no da respuesta a sus necesidades habitacionales. Pero tampoco es tarea sencilla para las que deben pagar la hipoteca. Patricia, residente en Illes Balears y madre soltera por decisión, se considera “una excepción a la regla” en este sentido porque ella sí dispone de casa propia pero confiesa a este medio lo arduo de afrontar, en uno de los territorios más turistificados del Estado, los costes hipotecarios sin apoyos: “Hace más de 12 años que tengo casa en propiedad y cuesta mucho asumir el gasto cuándo solo entra un sueldo y a cargo con un hijo. Cada vez se me hace más complicado pagar la hipoteca, poder hacer la compra semanal de comida, pagar las cosas básicas de la casa, colegio, ropa...”, alega.

Jennifer, por su parte, ha vivido prácticamente toda su vida en Gijón, en 2006 compartía piso con una amiga en el centro cuando quedó embarazada de su primer hijo. Desde que recibió la noticia tuvo claro que habría de hacerse cargo de la crianza en solitario “ya que sabía que el padre no iba a ejercer ni responsabilizarse de ninguna manera”. Poco antes de dar a luz quedó en paro y hubo de buscar una alternativa habitacional en tiempo récord porque su compañera prefería no veía con buenos ojos convivir con un bebé.

Tras buscar por tierra y aire un lugar donde establecerse, incluso a través de los servicios sociales de su comunidad, en un primer momento solo obtuvo respuestas negativas y silencio administrativo: “Me cerraban puertas por todos lados y lo único que me decían era que ‘me deshiciera de él’ en un momento en que el aborto no era legal y yo estaba de 5 meses de embarazo, pero yo tenía claro que lo quería tener porque unos años atrás ya había tenido un aborto y aquello me había dejado muy marcada”, cuenta en conversación con El Salto. Finalmente, consiguió entrar en un piso temporal de protección social, donde pudo quedarse hasta que el niño cumplió los ocho meses y después pudo ahorrar hasta alquilar la casa donde ahora lleva 13 años.

Muchos caseros “Lo primero que te preguntan cuando vas a alquilar es si tienes hijos. Lo segundo que te preguntan si tienes hijos es si tienes pareja”

En aquella época los propietarios exigían mucha menos documentación para alquilar que ahora, a penas requerían avales o nóminas y los barrios no estaban tan tensionados por el auge de los precios de mercado. El contexto ha cambiado radicalmente desde entonces. “Ahora me vería en la calle, las trabas que te ponen son enormes, los requisitos son incluso más para alquilar que para comprar un piso”, infiere. Aún así, ya años atrás muchos caseros ponían pegas a las madres solas con hijos: “Lo primero que te preguntan cuando vas a alquilar es si tienes hijos. Lo segundo que te preguntan si tienes hijos es si tienes pareja”, explica.

La presunción de pobreza y el estigma que envuelve a los hogares monomarentales es una de las barreras que actúan a la hora de impedir que puedan acceder a alquileres en las mismas condiciones que las parejas heterosexuales. Pero de fondo hay otro factor más profundo y estructural de base: los niños son considerados un grupo vulnerable y gozan de una protección especial frente a desahucios. Por ello muchos propietarios evitan alquilar consideran a madres con niños porque es más complicado expulsarlas de la vivienda a placer saltándose los procedimientos judiciales. Ahora, desde que cayó la moratoria antidesahucios como parte del escudo social con los votos en contra de Junts y el PP, la escasa protección de la que disfrutaban estos hogares ha desaparecido.

Además, muchas inmobiliarias exigen como garantía un mínimo de dos nóminas, un requisito que en las familias de un solo miembro es imposible de garantizar. La Ley de Familias está actualmente paralizada y en el Estado español no existen prestaciones específicas para madres solas en materia de vivienda. “No entendemos por qué cuesta tanto sacar esto, entendemos la crispación política que hay, entendemos que tengan que negociar, pero con los derechos de las familias, de las personas más vulnerables, no habría por qué negociar”, desliza Flores.

Hasta la fecha lo único que existe es una ampliación de los permisos de cuidados de 32 semanas para madres solteras y beneficios para las que tengan dos o más hijos. Las que solo tienen una criatura (el 70% de las familias monomarentales no tiene más de un hijo) se quedan fuera de esta algunas de estas ayudas, muy dispares en función del territorio donde se encuentre la madre.

Las disidencias familiares continúan excluidas de las políticas públicas

Existe cierto consenso entre las entrevistadas sobre que las políticas públicas de vivienda, de ocio, etc siguen diseñándose en base a los modelos tradicionales biparentales, lo que a menudo acaba excluyendo a las disidencias familiares. Esto se traduce en una hegemonía de la crianza biparental y en una legislación invisibilizante con respecto a la diversidad familiar y los núcleos que desafían la heteronorma. “Se trata de un modelo en el que la moral religiosa y el control estatal juegan un papel fundamental frente a la libertad individual para tomar decisiones que afectan a sus proyectos vitales. Por este motivo, no es posible hablar de monoparentalidad sin adoptar una perspectiva feminista”, aclaran desde FAMS.

Según un estudio de la Universidad de Murcia, el 18,9% de los hogares monoparentales tuvo retrasos en los pagos relacionados con la vivienda principal

Esta falta de consideración hacia la diversidad se palpó especialmente durante el covid-19. Flores recuerda que cuando estalló la pandemia “hubo mujeres que se quedaron sin trabajo o que no podían compatibilizar el cuidado con el trabajo y se vieron abocadas a dejarlo para tener que cuidar de sus hijos puesto que tenían que quedarse en casa” de manera que el riesgo de precariedad y pobreza energética de las madres solteras y solas se incrementó considerablemente: “En el momento en el que te falla la vivienda o el trabajo, aumenta tu peligro”, establece. En esa etapa, según un estudio de la Universidad de Murcia, el 18,9% de los hogares monoparentales tuvo retrasos en los pagos relacionados con la vivienda principal (hipoteca/alquiler, recibos, etc.).

Para Irene, que vive en el distrito de Arganzuela, en Madrid, mientras el mercado inmobiliario siga desregulado y no existan garantías de estabilidad residencial, las redes de cuidados seguirán siendo más esenciales que nunca. Ella vive desde julio de 2020 en un piso compartido con seis amigas y, aunque la crianza de su pequeña de dos años la lleva a cabo en solitario, la vida en la casa es completamente comunitaria. “Todas las que vivimos aquí militamos en movimientos sociales, lo cual hace que la organización sea mucho más fácil, nos asambleamos generalmente una vez al mes, tenemos turnos de limpieza y turnos de cocina y cada día de la semana cocina una persona para el resto. Somos como una familia muy grande”, relata.

“Las madres solteras que conozco por aquí en Lavapiés viven en casas de familiares, no en casa propia ni de alquiler porque es muy difícil alquilar si tienes un salario normal”

Una o dos veces por semana, una de sus compañeras, que también es madre, lleva a su niña al colegio y, si lo necesita, duerme con la pequeña para que Irene pueda descansar del tirón. En otras ocasiones, si necesita acudir a una reunión, se hacen cargo de la niña durante ese rato. En tres años se les acabará el contrato del piso y las siete deberán decidir qué hacer “con la incertidumbre de si encontraremos algo aunque sea temporal porque no me gustaría tener que vivir sola con mi niña, tanto por los costes como porque mi idea es vivir en comunidad”, comenta. Aunque su sueldo de monitora de ensayos clínicos le permite gozar de cierta tranquilidad tanto económica como habitacional, la mayoría de madres en su situación en su ciudad sufren con virulencia los embates de la crisis de vivienda: “Las madres solteras que conozco por aquí en Lavapiés viven en casas de familiares, no en casa propia ni de alquiler porque es muy difícil alquilar si tienes un salario normal con los precios de 2026”, infiere.

Precisamente para afrontar colectivamente estos obstáculos que no paran de multiplicarse, muchas madres monoparentales han ido creando sus propias redes de apoyo mutuo a través de canales digitales. Irene formó parte de uno integrado por cerca de 400 madres cercanas a movimientos sociales. Para las que no cuentan con familiares cercanos cuidadores, la existencia de este tipo de espacios es un soplo de aire fresco: “Es un lugar común donde contar tus problemas, preguntar dudas etc. Ha habido durante meses un encuentro semanal aquí en el casino de La Reina, que se llama Monopies, que consistía en los viernes por la tarde recoger a las peques de la escuelita y quedarnos ahí para poder intercambiar y tener un momento más de ocio, porque muchas mujeres no tienen si no ratos de descanso y disfrute”, esgrime.

“Yo he tenido dos amigas que han sido como dos pilares mientras no encontraba donde vivir, si no hubiera sido por ellas me habría quedado completamente sola...”

Pero también salvan de la soledad no deseada a otras mujeres que, como Jennifer, no cuentan con familias sanas o estables: “Yo he tenido dos amigas que han sido como dos pilares mientras no encontraba donde vivir, si no hubiera sido por ellas me habría quedado completamente sola, porque no tengo una familia sana con la que contar”, traslada. Pero no basta con salvar el día a día, las madres entrevistadas convergen en que es preciso implantar políticas públicas que garanticen un acceso universal a la vivienda atendiendo a la inmensa diversidad familiar que existe actualmente. Organizada desde hace un año con el Sindicato de Inquilinas de Asturias, Jennifer lucha junto a sus compañeras de Gijón por una vivienda 100% pública, contratos indefinidos y medidas que pongan coto a la acción especulativa de los fondos buitre.

Laboral
La pobreza laboral alcanza al 17% de las familias con hijos y al 32% de los hogares monomarentales
La falta de ingresos suficientes por parte de las personas adultas del hogar propicia la situación de pobreza de niños, niñas y adolescentes que viven en estos hogares.
Maternidad
La discriminación de las familias monoparentales por los permisos de nacimiento llega al TEDH
Una familia monoparental demanda al Estado español por entender que se ha vulnerado su derecho a la no discriminación.
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