Opinión
A 50 años del 3 de marzo, seguimos tejiendo los hilos rojos de la memoria
@juan_ibarrondo
No es posible negar que existe una intención mediática e institucional para convertir la memoria del 3 de marzo en una efeméride más del calendario de sucesos. En los libros de estilo ocultos de los grandes medios de comunicación y en las pomposas declaraciones institucionales, el término masacre se cambia por tragedia, como si el asesinato impune de los cinco jóvenes trabajadores fuera cosa del destino y no de Fraga o Martín Villa.
Además, los asesinatos se llaman sucesos, “los sucesos del tres de marzo”, a lo que a veces se añade, “los luctuosos sucesos” o “los trágicos sucesos”, “cuando se produjeron cinco muertos”, en vez de decir que cinco trabajadores fueron asesinados. Sin embargo, a pesar de esos intentos, la memoria popular del 3 de Marzo se resiste a ser tergiversada y disecada, es decir privada de su verdad y potencia transformadora.
La memoria del 3 de marzo continúa muy viva en Gasteiz, como trauma al habersele negado la verdad y la justicia, pero también como momento revolucionario de unidad de clase, determinación obrera, solidaridad popular y ejemplo de lucha
La memoria del 3M continúa muy viva en el imaginario colectivo de la ciudad, como trauma, pues el duelo no ha podido realizarse al haberse negado la verdad y la justicia de lo sucedido, pero también como momento revolucionario que nos fortalece de cara al futuro, porque recordamos la unidad de clase, la determinación obrera y la solidaridad popular de aquel momento como ejemplo de lucha.
Hay un hilo rojo que une el 76 con las luchas posteriores, que tiene su expresión más clara en la manifestación anual, siempre masiva; no sólo en recuerdo de la masacre y en exigencia de verdad, justicia y reparación, sino también de reivindicación obrera, feminista, contra la discriminación a las personas migrantes —como migrantes eran los cinco obreros asesinados—, y ahora, frente al fascismo rampante.
La intrahistoria de ese hilo conductor va transmitiendo la memoria y la mantiene viva, la revive constantemente ante los intentos de cosificarla y contenerla en su potencial transformador. Existen sagas familiares: de madres luchadoras, de padres consecuentes, de tías ejemplares..., que han transmitido su legado a sus descendientes y estos a sus hijes. A cualquiera le vienen a la cabeza ejemplos de ello.
Pero los hilos rojos de la memoria conforman un tejido más rico y complejo que la transmisión familiar. El poeta gasteiztarra Javier Alonso suele contar en sus recitales una historia preciosa, la de Manolo Rabanera, un obrero de MEVOSA —una de las primeras fábricas en salir a la huelga en 1976— que para completar su escaso salario trabajaba de peluquero a domicilio.
Cuenta el poeta, que la primera vez que escuchó la palabra plusvalía fue de su boca, durante la primera adolescencia, mientras Manolo le cortaba el pelo. Momento que el inusual peluquero aprovechaba para hablarle también de asambleas, de huelgas, y de un tal Jesús Fernández Naves, del que citaba frases enteras de sus intervenciones en las asambleas de la fábrica.
A Jesús Naves lo conocí yo en el Ateneo, un piso del casco viejo de Gasteiz que en los años 80 tenían alquilado algunas familias obreras, que habían participado en primera línea en las luchas del 76. Aquellas gentes solidarias decidieron compartir el piso con colectivos como Resiste, que editaba la revista autónoma del mismo nombre, o Komite Internazionalistak, muy activos en las últimas décadas de siglo pasado.
Naves formaba parte del grupo de obreros con los que compartimos piso. Recuerdo que para mí era como un mito, pues lo conocía de escucharle en asambleas donde mostraba autoritas y liderazgo con su verbo contundente. Sin embargo, en el trato con las personas jóvenes del Ateneo era una persona muy cercana, de hablar pausado y dulce, que enseguida nos encandiló sin que se notara.
En el Ateneo se fueron confeccionado los tejidos de la memoria del 3M: de la no delegación, de la desconfianza en las vanguardias dirigentes, de la revolución del pueblo, de la solidaridad de clase y del poder de la asamblea
De forma natural, en aquel piso se fueron confeccionado los tejidos de la memoria del 3M: de la no delegación, de la desconfianza en las vanguardias dirigentes, de la idea de que la revolución la hará el pueblo o no se hará, de la solidaridad de clase, del poder de la asamblea, de la necesidad de discutir de todo y entre todes, en conversaciones hasta el amanecer...
De allí salieron no sólo ideas sino también hechos, pues nos dimos cuenta de que la práctica tenía que ser la base de la ideología y no al revés. Algunas de las iniciativas de aquellas fértiles décadas de fin de siglo, en lo cultural, lo social, lo político, en Gasteiz, nacieron entre las paredes del Ateneo, entre otros espacios.
Por ejemplo, en otro piso rebelde no lejos de allí nacía la Asamblea de Mujeres de Araba, también muy influenciada por el espíritu del 3M, como cuenta Zuriñe Rodriguez Lara en su libro sobre el papel de las mujeres en las luchas del 76 .
A la revista Resiste, le pusimos el apellido de izquierda anti autoritaria y en el primer número definimos nuestra “ideología” como una mezcla de Marx, Kropotkin, Asterix&Obelix y Camarón de la Isla
La necesidad de tener canales de expresión propios y autónomos dio lugar a la creación de la radio libre Hala Bedi y de la revista Resiste, y también de espacios colectivos donde poder desarrollar sin trabas nuestra alborotada creatividad punk, como “la casa de la colina” convertida en el flamante Gaztetxe de Gasteiz.
A la revista Resiste, le pusimos el apellido de izquierda anti autoritaria, que ahora suena más actual que nunca, y en el primer número definimos nuestra “ideología” como una mezcla de Marx, Kropotkin, Asterix&Obelix y Camarón de la Isla.
El germen de Resiste nació en Gasteiz, en aquel Ateneo, pero pronto fuimos tejiendo alianzas y amistades con otras gentes de Euskal Herria —nuestro ámbito de querencia territorial, política y vital— del Estado español y del mundo, que nos enriquecieron y nos dieron la posibilidad de viajar y conocer, y así de crecer como personas y como colectivo, en tiempos en que las redes sociales eran todavía dignas de ese nombre y no el sacacuartos de cuatro sinvergüenzas.
En Errekaleor, todos los años el 3M se recuerda a Romualdo Barroso frente a al piso donde vivió, en lo que fue un barrio obrero organizado y combativo que se quiso destruir pero resiste con nueva vida
Se dice que la memoria es “topófila”, es decir que se fija en lugares físicos, que llamamos espacios de memoria. En 2013, un numeroso grupo de jóvenes ocupó la iglesia de San Francisco —la zona cero de la masacre de 1976— y en un proceso de asamblea permanente decidieron okupar el barrio de Errekaleor. Hoy es el barrio okupado más grande del Estado español, donde han puesto en marcha un proceso de autogestión de la energía y de la vida.
Enseguida descubrieron que allí vivió Romualdo Barroso —uno de los asesinados el 3M— y, todos los años, el 3M se recuerda a Romualdo frente a al piso donde vivió, en lo que fue un barrio obrero organizado y combativo, que se quiso destruir por intereses especulativos, pero que ahora resiste con nueva vida.
Los hilos que conforman el tejido de la memoria también son sonoros, como las más de cincuenta canciones de todos los estilos que se han compuesto y escrito sobre la masacre del 3 de Marzo, una lista que cada año continúa creciendo; o incluso olfativos, pues no en vano las canciones y los olores son los recuerdos que más profundo se imprimen en nuestra memoria: olores de barrio y de humo policial.
En 2018 se creó Memoria Gara, un colectivo que —junto con la Asociación de Víctimas del 3M— trata de convertir la Iglesia de San Francisco en un Memorial público, que no sea un contenedor de recuerdos nostálgicos ni contenga el potencial transformador de la memoria colectiva del 3 de marzo, sino una herramienta para seguir tejiendo hilos rojos de la memoria.
Está siendo difícil, los responsables de las instituciones no lo están poniendo nada fácil, con sus dilaciones interminables, sus miedos a perder el control, sus peleas electorales, o la mirada interesada del Obispo, que cede el uso temporal de la iglesia ( medio en ruinas y sin uso desde hace años) pero quiere sacar algo a cambio.
El mandato de Memoria Gara se origina en la decisión de la víctimas, de sus familiares y personas allegadas agrupadas en Martxoak 3 elkartea, que llevan décadas peleando contra la impunidad y el olvido
El mandato de Memoria Gara se origina en la decisión de la víctimas, de sus familiares y personas allegadas agrupadas en Martxoak 3 elkartea, que llevan décadas peleando contra la impunidad y el olvido. Un mandato que nos da fuerzas para seguir ahí, en un entorno fuera de nuestra zona de confort, siempre respetando sus decisiones, como hacían los representantes obreros en las asambleas del 76.
La práctica dará o quitará razones sobre este proyecto, pero de lo que no cabe duda es que la memoria del 3M es parte ya del imaginario colectivo de la ciudad de Gasteiz, pues como dijo Jesús Fernández Naves en el funeral de los asesinados: estos son los muertos del pueblo de Vitoria.
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