Educación
El blindaje de los guetos de clase alta en un sistema dual segregador asfixian a la escuela pública vasca
En un centro público de ciudad, un grupo de 15 alumnos de distintos cursos y clases abandonan sus aulas y se dirigen a otra del mismo edificio. Se trata de alumnos de reciente llegada al sistema educativo vasco y que están en un programa de alfabetización en euskera. Algunos vienen de América, otros de África y otros de Europa. Algunos tienen buen nivel de castellano, otros nada. Algunos han pasado por los sistemas educativos de sus países de origen y otros es la primera vez que se matriculan y pisan un aula. Algunos ni siquiera saben leer o escribir, o incluso distinguir un fonema.
El docente, el único que hay en el aula y el único responsable del programa en el centro, tiene que atender a este numeroso y diverso grupo con pocos medios. Mucho del material a utilizar, especialmente con el alumnado de la ESO, tiene que ser creado por él mismo fuera de su horario de trabajo. Además este material tiene que ser creado de un día para otro, ya que los alumnos que entran en este programa van llegando a cuentagotas a lo largo del curso. Una vez finalizadas las horas dedicadas a alfabetizarse, vuelven a sus aulas de origen donde se supone tienen que seguir el ritmo del aula en euskera, algo que para muchos resulta totalmente imposible.
Esta imagen se repite todos los días en numerosos centros educativos de la red pública vasca, ya que la inmensa mayoría de los centros adscritos a este programa opcional son de titularidad pública. Una imagen que habla por sí sola de uno de los grandes problemas —uno de tantos— que asolan a la escuela pública vasca: la segregación. Por ello, la plataforma Euskal Eskola Publikoaz Harro! ha convocado una manifestación para este sábado 29 de noviembre en Bilbao, bajo el lema “Segregazioaren kontra publikoa da bidea”.
Una de las razones para convocar esta marcha es denunciar que «las medidas que se han tomado en estos años no han servido para nada porque no han abordado el problema real, nuestro sistema dual segregador». Es ahí, en el sistema dual, donde radica una de las claves del problema. Una cuestión que no se abordó en los debates para la redacción y aprobación de la última ley educativa de la CAPV; tanto por quienes la aprobaron como por quienes retiraron su apoyo en el último momento —en una decisión poco más que cosmética—, ya que todos tienen interés en el blindaje de dicha concertación educativa.
Ordizia «es el reflejo perfecto de la dejadez del Departamento de Educación y de la falta de voluntad para solucionar el problema de la segregación escolar»
La presentación del manifiesto para la marcha del sábado se realizó en Ordizia (Gipuzkoa), ya que la situación educativa de la localidad «es un vivo ejemplo de la segregación escolar que impregna todo nuestro sistema educativo» donde la escuela pública local acoge a «la práctica totalidad del alumnado o familias con necesidades sociales [...] así como el 87% del alumnado de origen extranjero». Para la plataforma por la escuela pública, Ordizia «es el reflejo perfecto de la dejadez del Departamento de Educación y de la falta de voluntad para solucionar el problema de la segregación escolar».
No es baladí señalar que el sistema vasco es, después del madrileño, uno de los más segregadores por origen y clase social, y que la CAPV tiene el mayor nivel de segregación escolar por origen migrante de todo el Estado y la segunda mayor segregación socioeconómica, después de la Comunidad de Madrid. El Consejo Escolar de Euskadi, diversas ONGs, la plataforma Euskal Eskola Publikoaz Harro! y diversos expertos lo ratifican: el sistema educativo en la CAPV, con su sistema de concertación de la escuela privada, discrimina al alumnado de nivel socioeconómico bajo, relegándolo a la red pública.
Si bien la segregación es un problema estructural, la educación hace de espejo de este problema y, al mismo tiempo, lo perpetúa. La matriculación de la mayoría de alumnado migrante y de los sectores más precarizados de la clase trabajadora en la escuela pública crea guetos. La escuela pública es la que más alumnado becado (61%), con necesidades educativas especiales (60%) y extranjero (68%) escolariza. El nivel socioeconómico (ISEC) del alumnado de la red concertada es superior al de la pública en todos los modelos lingüísticos.
Todo esto a pesar de que desde el Departamento de Educación se viene anunciando, al menos desde 2022, una distribución más equitativa del alumnado en situación vulnerable con el objetivo de acabar con la segregación escolar. Algo que, como sigue quedando claro cada comienzo de curso, no ha ocurrido. Los tímidos intentos por derivar a la concertada unos pocos alumnos en situación de exclusión han tenido como consecuencia el estigma y el rechazo de estos alumnos en los centros que se han visto obligados a acogerlos. Muchas de estas familias se ven impedidas a pagar los altos gastos que exigen este tipo de centros como extraescolares (autobús, comedor, tablets, actividades complementarias, etc.).
La concertación y la segregación educativas perjudican gravemente al euskera, creando guetos blancos de clase media aspiracional que poco tienen que ver con la realidad y alejando a la mayoría del alumnado de origen migrante del contacto con nuestra lengua
Los alumnos que se mencionan al comienzo de este texto son, en su inmensa mayoría, de un nivel socioeconómico muy bajo. Muchos de ellos viven en hogares precarios, donde varias familias comparten un mismo piso, y cuyos progenitores trabajan en una situación también precaria. Su inclusión en un gueto y su segregación educativa, perpetúan la exclusión social, la precariedad laboral y la miseria vital. Los recluye en las capas más precarizadas de la clase trabajadora. Los alumnos recién llegados que tienen un nivel socioeconómico medio o alto, en cambio, suelen matricularse en el modelo A que ofertan algunos centros educativos concertados, en su mayoría de carácter religioso. Surge, de esta manera, otra guetificación en este tipo de centros donde, en algunos casos, la mayoría del alumnado es de origen extranjero.
Pero estos guetos también surgen a la inversa, y esta es una de las claves del éxito de la red concertada en nuestro territorio: la necesidad de algunas, muchas, familias por matricular a sus hijos en guetos blancos. La excusa suele ser una mejor calidad de la educación (algo que los resultados de la Prueba de Acceso a la Universidad desmienten), así como una apuesta por un ecosistema euskaldun. Algo que, sin entrar a valorar el fondo de las motivaciones reales, es poco menos que una falacia.
Y es que la concertación y la segregación educativas perjudican gravemente al euskera. La falsa complacencia en los denominados arnasguneak recluyen al euskera a una suerte de reserva indigena. Por un lado, crean guetos blancos compuestos por hijos de la clase media aspiracional que se educan en un hábitat que poco tiene que ver con la realidad social. Por otro lado, se aleja a la mayoría del alumnado de origen migrante del contacto con el euskera, lo que les impide ver el idioma como algo natural, algo con lo que convivir y de lo que ser parte.
La segregación educativa perpetúa la exclusión social, ya que el aislamiento de las clases medias en escuelas concertadas es el caldo de cultivo perfecto para la aporofobia y el clasismo
Así como se sumaron a la defensa y aprendizaje del euskera los hijos y nietos de quienes llegaron a Euskal Herria en los años del desarrollismo franquista, el uso del euskera no va a avanzar sin hacer partícipe de ello a quienes han migrado a nuestra tierra en las últimas décadas. El éxito de las ikastolak en los años 80 y 90 se debió, en gran medida, a la escolarización y euskaldunización de los descendientes de esos mismos migrantes.
Fruto de aquello —y de la matriculación en el modelo D que ofrecía la escuela pública— se han alcanzado unas cotas de euskaldunización nunca vistas: el porcentaje de jóvenes entre 16 y 24 años con conocimiento de euskera pasó del 25% en 1991 al 74,5% en 2021 (VII. Inkesta Soziolinguistikoa, 2021). Sin embargo, el euskera corre el riesgo de convertirse en una herramienta para que esa clase media aspiracional mantenga su estatus frente a la precarización de la clase trabajadora, especialmente de los migrantes. Ese mismo aislamiento de las clases medias en escuelas concertadas es el caldo de cultivo perfecto para la aporofobia, el clasismo, la xenofobia y el racismo.
En su afán por los “acuerdos de país” y los pactos por las causas más nobles, el Gobierno Vasco ha puesto en marcha una mesa contra la segregación con el rimbombante y vacío nombre de “Escuela excelente para todos”. Otra iniciativa más para aparentar abordar un problema sin atacar las raíces del mismo, sin tomar medidas reales. Otra iniciativa más que llega masticada desde arriba y en la que los participantes, tal y como ha denunciado la plataforma Euskal Eskola Publikoaz Harro!, simplemente pueden aportar matices. El departamento que dirige Begoña Pedrosa busca maquillar un problema cuya raíz no pretende solucionar y que ese mismo departamento creó en el pasado y mantiene en el presente: el blindaje de la escuela concertada.
Frente a esta situación urgen medidas específicas y radicales que se alejen de la imperiosa necesidad del Departamento de Educación por generar titulares de prensa auto-agasajadores. Urge bajar ratios y aumentar recursos, garantizar la gratuidad de todo el proceso educativo, primar la matriculación en la pública frente a la sobre-matriculación y sobre-financiación de la concertada. Urge buscar una integración educativa y social real del alumnado en riesgo de exclusión y migrante, que no los condene a la precariedad laboral y vital, que no los aísle en un gueto.
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