Opinión
Liberémonos del petróleo
Los recientes sucesos geopóliticos como el criminal bloqueo energético a Cuba o el cierre del estrecho de Ormuz como reacción a la brutal agresión contra Irán capitaneada por Trump y Netanyahu han traído el debate sobre la energía a la primera línea política y ha dejado al desnudo nuestra grandísima dependencia energética.
El 77% del consumo energético de Euskal Herria depende directamente del gas y el petróleo (sin contar los fósiles utilizados en la producción eléctrica), que provienen al 100% del exterior. Su principal puerta de entrada es el Puerto de Bilbao, que acoge cada año unos 360 buques petroleros y 60 metaneros.
Pero nuestra dependencia energética no acaba ahí, ya que una parte muy importante dela electricidad que consumimos (el 39%) viene de fuera. Por colocarlo en cifras, el consumo eléctrico de Euskal Herria es de aproximadamente 22.000 GWh, de los que 12.500 GWh se producen en Euskal Herria, 5.000 de fuentes renovables y 7.500 usando fósiles (gas).
Es decir, si quisiéramos tener un sistema energético 100% renovable (lo deseable desde el punto de vista climático), necesitamos primero una gran transformación para electrificar nuestro metabolismo social y una implantación muy importante de renovables. Pero para que esto sea justo, viable tecnicamente y deseable social y ecológicamente, debe ir acompañado de una gran reducción del consumo energético, una realidad innegable que los apologetas del capitalismo verde se empeñan en esconder.
Con una reducción de 50% del consumo energético, Euskal Herria necesita 31 GW de potencia instalada renovable, lejísimo del 2,5 GW con que contamos hoy en día
Estudios que manejan un 50% de reducción del consumo energético, cifran en 31 GW la potencia instalada renovable necesaria para sostener un sistema energético 100% renovable en Euskal Herria. Hoy en día contamos con 2,5 GW. Podemos adelantar que para alcanzar la cifra de 31 GW no sería suficiente con solo instalar renovables en los tejados, puesto que el potencial de generación de los tejados es de 4 GW. A vista de este diagnóstico esta claro que hace falta una gran implantación de renovables en Euskal Herria.
Sin embargo, este diagnóstico no debe servir para dar un cheque en blanco a la multinacionales energéticas, sino que debe servir para impulsar un movimiento popular que consiga arrebatarles el control de la energía al oligopolio petro-eléctrico e implemente un sistema energético bajo control popular. Años de capitalismo “verde” nos han demostrado que una transición energética guiada por el capital no tendrá la velocidad necesaria. ¿Alguien se imagina que Repsol o Iberdrola lideren el desmantelamiento de la industria fósil? No, solo con presión popular se puede conseguir el desmantelamiento de la industria fósil que achicharra el planeta y enferma nuestros pulmones.
Repsol o Iberdrola no van a liderar el desmantelamiento de la industria fósil que achicharra el planeta y enferma nuestros pulmones, solo la presión popular puede conseguirlo
Además una transición ecológica capitaneada por el capital tendría costes ecológicos muy importantes, ya que cuándo es el ansia por maximizar beneficios quien manda, el respeto por la biodiversidad no es sino papel mojado. Cuánto más barato el terreno más goloso será para las multinacionales. Por eso es más sencillo que un parque eólico se instale en un encinar centenario de Teruel que en un eucaliptal de Berango: No es casualidad que la mayoría de la potencia renovable instalada en el estado se concentre en la llamada “España Vaciada”.
El medio ambiente no sería el único perjudicado de este modelo de transición. La lógica del capital no entiende de democracia ni de justicia social, ejemplo de ello son los cortes de luz a las familias de clase trabajadora y las imposiciones autoritarias de proyectos energéticos.
Por ello debemos ponernos manos a la obra para articular un movimiento popular que sea capaz de empujar hacia una transición energética justa que imponga la necesidad de una planificación democrática y destierre la dictadura caótica del máximo beneficio.
Frente a este reto vemos imprescindible mantener dos líneas de actuación. Por un lado, la lucha por el control público de la energía para que la transición energética sea justa, democrática y deseable. Por otro lado, impulsar las luchas concretas que reduzcan el consumo energético. Es decir, luchar contra nuevos proyectos de carreteras, contra subvenciones a aviones, incidir en los conflictos laborales en el tejido industrial (Aiaraldea, Mecaner…) impulsar a gran escala el transporte público o favorecer la soberanía alimentaria.
La tarea no es fácil pero el horizonte claro, si queremos un futuro deseable, no nos queda otra que liberarnos cuanto antes del capitalismo y su sangre fósil. Para ello, no es suficiente con una transición energética. Es necesaria una transformación radical de nuestra sociedad.
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