Nicholas Mirzoef - 1
Nicholas Mirzoeff, teórico de la cultura visual y profesor en el Departamento de Medios, Cultura y Comunicación de la Universidad de Nueva York.​

Nicholas Mirzoeff: “Si se permite el genocidio, todo es posible”

En ‘Mirar en la Oscuridad. Palestina y el activismo visual desde el 7 de octubre’, Mirzoeff analiza cómo las imágenes difundidas en las redes sociales han contribuido a trascender la “mirada blanca” que justifica la guerra contra Gaza.
25 jul 2026 09:43 | Actualizado: 25 jul 2026 11:38

En los primeros meses de la guerra contra Gaza, millones de personas de todo el mundo accedían cotidianamente a través de sus teléfonos móviles al desarrollo de un genocidio. Barrios arrasados, cuerpos de niñas, de hombres y mujeres, sangre y llanto, padres que corrían desesperados con sus hijos en brazos: las consecuencias de la ofensiva israelí se mostraba sin filtros en nuestras pantallas. Pero no era solo la manifestación de la violencia lo que las redes sociales ponían en circulación, también en estos vídeo se reflejaban narrativas más amplias sobre lo que estaba sucediendo, las propias personas palestinas, o activistas de todo el mundo, mostraban a quien quisiera mirar qué era el colonialismo, qué implicaba el sionismo.

En este contexto, el teórico de la cultura visual Nicholas Mirzoeff escribía con urgencia Mirar en la oscuridad. Palestina y el activismo visual desde el 7 de octubre (Tercero Incluido, 2026). En el libro, el director del Departamento de Medios, Cultura y Comunicación de la Universidad de Nueva York, retomaba algunos de los conceptos que ya había desarrollado en otras obras como White sight: Visual politics and practices of whiteness (MIT Press, 2023) o Cómo ver el mundo. Una nueva introducción a la cultura visual (Paidós, 2016). Su objetivo, reflexionar sobre cómo Gaza ha cambiado nuestra visión sobre el mundo y pensar en las formas de activismo y resistencia que esta nueva mirada posibilita.

En este mundo saturado de imágenes, ¿qué significa mirar en la oscuridad?
Mi impresión es que, a lo largo de un extenso período de tiempo, desde el siglo XVII y la fundación de colonias de asentamientos en todo el planeta, evolucionó una forma de ver el mundo que conocemos íntimamente, porque es la que aún usamos: una perspectiva estrecha, limitada, que mantiene solo ciertas cosas bajo el foco y excluye todo lo que las rodea.

Esa es la mirada de los poderosos. Es la mirada del capataz en la plantación, del rey en su corte. Y en nuestro propio tiempo, es la mirada del dron que ve en una ventana muy estrecha. El dron puede matar todo aquello que ve. Hay en realidad un término militar para esta zona de exterminio: kill zone. Como hemos visto y seguimos viendo a diario en Gaza, cualquiera que esté en esa zona muere. Así son las cosas en el área que queda a la luz para la mirada blanca. No tiene nada que ver con el color de la piel, sino con la forma en que el colonizador ve al colonizado, la forma en que el dominante ve al dominado.

La oscuridad es todo lo demás, la oscuridad es esta área mucho más grande que esta zona en la que el rey o el supervisor o el dron se enfoca. La oscuridad no es literalmente oscura. A veces sí que lo es: a veces las personas esclavizadas usan la oscuridad como vía de escape de la plantación. Puede ser un recurso para los combatientes de la resistencia. Pero, sobre todo, es una forma de concebir nuestra visión para no ver las cosas desde una perspectiva jerárquica que mira desde arriba hacia abajo, hacia lo que quiere dominar. 

Se trata de ver a las personas en las que confiamos, buscando maneras de invitar a la gente a que nos vea. Y si eligen hacerlo, entonces podemos mirarnos. Mientras yo te miro y tú me miras, algo surge entre nosotros dos que no pertenece a ninguno de los dos. Es común. Ese es, entonces, un espacio en el que podemos trabajar. Es también un espacio que es difícil, a veces casi imposible, de representar en los medios de comunicación tradicionales, a través de sus cámaras.

La oscuridad es entonces una forma de imaginar una manera diferente de mirar. También se trata de afrontar cosas que son difíciles. Se trata de mirar las complejidades, las formas en que fallamos, porque lo más difícil para los que nos solidarizamos con Gaza es darnos cuenta de que cómo les hemos fallado, y seguimos fallándoles. No logramos prevenir esta guerra, no logramos ponerle fin, ni siquiera logramos que el genocidio sea debidamente juzgado.

La idea de ver en la oscuridad es difícil, es algo en lo que debemos seguir trabajando. Ha demostrado ser un recurso para la imaginación: es decir, “¿Cómo podemos imaginar hacerlo mejor? ¿Cómo podemos imaginar ayudar a la gente de Gaza? ¿Cómo podemos imaginar que ellos nos vean y nosotros les veamos a ellos?

En el libro señalas cómo, desde el 7 de octubre, los vídeos e imágenes compartidos en las redes sociales nos han permitido ver más allá de esta mirada blanca, comprender así mejor el colonialismo o el sionismo. ¿Cómo ha contribuido esto a construir un sujeto político global con una narrativa compartida?
Lo sorprendente, y lo que creo que no esperábamos, fue esta ola global de solidaridad que se ha producido; de hecho España ha sido central en esta ola. Sorprendentemente, esta solidaridad ha sido posible gracias a los vídeos grabados con teléfonos móviles y a los vídeos cortos difundidos por plataformas que no fueron concebidas con ese propósito, pues su objetivo, en realidad, es obtener beneficios. 

Pero cuando cogemos el móvil y lo sostenemos cerca de la cara, es algo muy íntimo. Literalmente lo tenemos delante. Es parte de nuestro cuerpo. Y se convierte en parte de nuestro mundo de una manera muy profunda. Otro aspecto clave es que confiamos en este tipo de vídeos porque los hacemos nosotros mismos: estamos acostumbrados a estos vídeos cortos que muestran lo que está sucediendo.

Y lo tercero es que se ha repetido: un vídeo no basta, diez vídeos no bastan, pero cien sí. Y en ese momento, empiezas a darte cuenta de que lo que te muestran en los medios de comunicación convencionales, sobre todo en este país extraordinariamente sesgado hacia la narrativa difundida por Israel y las Fuerzas de Defensa de Israel, no es cierto.

Hay una nueva línea moral. Una forma de ver el mundo, Una forma de decir:  “esto es inaceptable”

No puedo hablar de ningún otro país que no sea en el que vivo actualmente, que es Estados Unidos. Es muy difícil cambiar las opiniones políticas de la gente en este país. Estamos muy divididos en casi todo. Hemos presenciado un cambio enorme, en todas las formas en que se podría medir, en términos de activismo, en términos de encuestas de opinión que muestran un apoyo a Palestina y un alejamiento del apoyo a Israel. Se trata de un cambio notable, y es un cambio que ha surgido desde abajo. Una élite política en este país sigue haciendo todo lo posible por impedirlo. Incluido, de hecho y especialmente, el Partido Demócrata, supuestamente el más izquierdista de los dos partidos. Ahora hay más críticas a Israel en la derecha, en la extrema derecha republicana, que en la llamada centroizquierda.

Pero lo que también hemos visto, entonces, es este movimiento que surge desde abajo. En Nueva York, donde yo estoy, una de las razones por las que Zohran Mamdani fue elegido fue que adoptó una postura muy clara sobre Palestina. Y no transigió. Cualquier otro político, al llegar a las elecciones, diría: “Bueno, ya veremos cómo se desarrollan las cosas, y obviamente hay que ceder en todo esto”. Pero Mamdani no hizo eso. Fue absolutamente claro: esta es una línea moral que no cruzará.

Y creo que esto es lo que distingue a este sujeto político del que me hablas. Hay una nueva línea moral. Una forma de ver el mundo, Una forma de decir:  “esto es inaceptable”. Si eso es inaceptable, ¿qué consecuencias tiene? y tiene muchas consecuencias en cuanto a con quién nos identificamos, cómo gastamos el dinero, cuál es la naturaleza del orden social. 

¿Cuál sería ese orden social que tanta gente ya no quiere aceptar?
Lo que Trump y Netanyahu nos están diciendo es: “Estamos intentando restaurar un orden colonial”. Trump quiere apoderarse de Groenlandia, quiere apoderarse de Panamá, de todos esos lugares, Venezuela, etcétera. Netanyahu quiere apoderarse del Líbano, Cisjordania, Gaza, Siria y ahora Irán: Todo esto es una especie de claro resurgimiento de un orden colonial dominante. Creo que la gente lo ha visto y ha dicho: “No”.

Es cierto que no contamos con los recursos necesarios en cuanto a armas, misiles, para contestar, pero, en última instancia —los teóricos políticos lo saben desde hace 500 años— el consentimiento es esencial para el funcionamiento del Estado. Si pierden ese consentimiento, la única opción que les queda es imponerse desde el autoritarismo que es la opción que han elegido. Pero esa siempre es una solución a corto plazo.

Ahora estamos viendo este tipo de surgimiento de una nueva política. Lo he visto en el Reino Unido, con el surgimiento del Partido Verde, que de nuevo son claros sobre Palestina, claros sobre la crisis climática, claros sobre el agotamiento de los recursos. Y esto se observa en toda Europa, e incluso en todo el mundo. Por lo tanto, es en esto en lo que debemos trabajar: en apoyar ese movimiento.

Y dentro de este marco que acabas de describir, ¿cómo definirías el activismo visual? ¿Cuál es su función?
Llevo tiempo usando la expresión “activismo visual”. Con ella me refiero precisamente a la idea de activar este espacio más allá de la estrecha perspectiva de la blanquitud. Se trata de ver lo que hay que ver y comprenderlo. Esto implica varias acciones, una de ellas es reconocer —y aunque parezca obvio, esto aún no sucede— que cada individuo es plenamente humano e igual a los demás.

Esto no es lo que pasa en la guerra contra Gaza. Una guerra que se basa en decir que la gente allí no es completamente humana, el régimen israelí los ha descrito como animales, animales humanos. Una guerra que se basa en asumir que no son dignos de igualdad de estatus. La ley israelí dice esto: la ley fundamental dice que solo los judíos como yo tenemos derecho a la ciudadanía plena. Es, pues, una jerarquía racial encarnada en la ley fundamental de Israel. Y para mí, como judío, eso va fundamentalmente en contra de todo lo que significa ser judío. Y eso ahora es ley.

Entonces, existe la obligación activista de simplemente decir no y rechazarlo. Mi impulso para escribir este libro surgió de ser una persona que es antisionista y judía. Tengo la necesidad física de decir no. No doy mi consentimiento a esto. No acepto esto. No hagan esto en mi nombre, que es como se está haciendo, hablando además de esta supuesta ola de antisemitismo, que es que no es real. Apoyar a Palestina no es antisemita, pero esta es la operación que estamos presenciando. 

Así que, en este caso, el activismo no significa necesariamente apoyar a un partido político en particular ni promover a un candidato específico. Si aparece un candidato, si aparece un Mamdani, entonces sí, le apoyaré. Pero eso no es fundamental para lo que estoy explicando aquí. Lo fundamental para mí es, ante todo, rechazar esto. Simplemente decir: “No”, y ver qué sucede después.

Mi impulso para escribir este libro surgió de ser una persona que es antisionista y judía. Tengo la necesidad física de decir no. No doy mi consentimiento a esto

Retomas de Silvia Federici la afirmación “Palestina es el mundo”.  ¿Cómo lo que sucede en Palestina encapsula la oposición entre opresores y oprimidos?
Silvia Federici lleva tiempo diciendo esto. Lo dijo por primera vez en 2002 y la volví a oír decirlo en Nueva York en 2024. Fue en una sala llena de cientos de personas. Era una reunión para conmemorar los avances del feminismo global de los últimos 30 años y esto fue lo primero que dijo.

Federici fue la primera persona en hablar en esta gran sala, y cambió la atmósfera de inmediato. Esta idea la considero una especie de activismo visual, porque cambia la perspectiva. Si vemos a Palestina como una excepción, como una especie de problema que está al margen del mundo social… un problema incómodo, quizás difícil, pero no realmente central, entonces no vamos a entender que representa el mundo. Yo, por el contrario, y siguiendo a Silvia, creo que Palestina nos muestra el mundo. Nos dice que la política ha priorizado esta idea de persistir en la jerarquía racializada, en la colonización, en la disposición a usar la violencia de forma indiscriminada, desproporcionada respecto a cualquier necesidad que uno se pueda imaginar.

Si has estado en Palestina, sabrás que es una zona muy pequeña. He recorrido Gaza de punta a punta en coche y se tardan unos 15 minutos, yendo despacio. En ese espacio había, en aquel momento un millón y medio, ahora 2,2 millones de personas hacinadas en ese pequeño espacio. Y esto nos indica que la forma en que se concibe este orden social gira, ante todo, en torno al encarcelamiento, en torno a las prisiones.

Vivo en un país donde el encarcelamiento masivo es la norma. Donde la solución a los problemas de salud mental es el encarcelamiento, donde la solución a los problemas migratorios es el encarcelamiento y la deportación. Cuando vemos a hombres, mujeres y niños asesinados a tiros en la calle por agentes enmascarados del Estado estamos ante un ejemplo de lo que sucede cuando se tolera —si es que se puede llamar así—, cuando se permite, la idea del genocidio. Llegados a ese punto, todo está ya permitido.

Si se permite el genocidio, todo es posible. Y creo que hemos visto cómo esa permisividad se ha extendido por todo el mundo. Se manifiesta en la tolerancia de un racismo atroz, la hostilidad hacia los migrantes, hacia las personas trans, las personas queer, las mujeres, los niños… la lista es interminable. Si no ves que el genocidio no solo es moralmente incorrecto, sino también políticamente incorrecto, entonces no puedes decir nada. Así que lo primero que tienes que decir es eso: Palestina es el mundo. Crecí escuchando:  “nunca más”. De acuerdo, lo entiendo, mi tía abuela, muchos de mis primos, murieron en la cámara de gas. Pero ese  “nunca más”, es ahora.  

No se trata de que me estén atacando a mi por ser judío, que es una afirmación ridícula: yo estoy perfectamente a salvo, estoy absolutamente a salvo.  ¿Pero qué está pasando en Palestina? La Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio ha sido muy clara al respecto. No es genocidio porque se alcance una cifra enorme de asesinatos, no es genocidio solo cuando hablamos de 10 millones o 100 millones de muertes, eso es absurdo. Ya es un genocidio incluso si se trata de una sola persona, cuando la matas porque no quieres que esa gente exista. Y eso es lo que está sucediendo. Por lo tanto, es muy importante partir de esta simple afirmación y dejar que a partir de ahí se derive todo lo demás.

En el libro hablas sobre el contraste entre disociación y asociación, y la necesidad de poner fin a la disociación para comenzar a asociarse con los demás. ¿Cómo se llega a esta idea?
Constantemente nos invitan a disociarnos. La policía nos dice: “Sigan adelante, aquí no hay nada que ver”. Ese es precisamente su objetivo, para eso están ahí. En realidad  lo que nos dicen es: “No miren, no se involucren”. Así, para sobrevivir como seres sociales, aprendemos desde pequeños a disociarnos de lo que vemos.

Cuando nos mudamos a Nueva York, mi hija tenía seis años y se encontró por primera vez con una persona sin hogar. Nos preguntó: “¿Qué es esto?”. Tuvimos que explicárselo y se echó a llorar. Y todos deberíamos hacer lo mismo, ¿verdad? Pero no podemos. No puedes vivir llorando; en cada cuadra, en cada estación de metro, te vas a encontrar con algo que, si eres un ser humano normal, debería hacerte llorar. Así que lo ignoramos, lo dejamos de lado, no lo registramos. Lo vemos, pero no lo registramos.

Planteo que lo que Gaza ha hecho es obligarnos a empezar a asociarnos. ¿Cuál es la diferencia? Si te desvinculas, te rindes. Dices, “sí, tal vez esto sea algo malo, pero ¿qué podría hacer yo?” Pero, cuando nos asociamos del ¿qué puedo hacer? pasamos al ¿qué podemos hacer? La gente me pregunta, ¿y tú qué has hecho? Y yo les digo: lo que hice fue organizarme con otros judíos que están en contra de este genocidio, para pensar cómo podemos reivindicar que este crimen no se haga en nuestro nombre.  

Ante esta violencia aterradora que se desata cada día, no podemos renunciar a esa lucha, simplemente no existe la posibilidad moral de renunciar a ella

Esto no era fácil de hacer en octubre de 2023, ahora es más fácil. Pero no es fácil ponerse en la línea de una maquinaria muy bien financiada y muy bien organizada que es extremadamente eficaz para identificar a las personas y acusarlas de ser una cosa u otra. Por eso es importante hacerlo con otras personas. Si lo haces solo, te pueden eliminar. Así que asociarse implica tanto reconocer lo que existe como trabajar con los demás. Incluso, y sobre todo, diría yo, en proyectos locales a pequeña escala. 

Si estás en una universidad, ¿invierte tu universidad en Israel? ¿Puedes visibilizar esa inversión? Si trabajas en un periódico, ¿qué cobertura se le da a Palestina y a Oriente Medio? Y así sucesivamente. Asumir este tipo de responsabilidad no implica que depende de ti y de mí acabar con el genocidio mañana mismo; aunque por supuesto que acabaríamos con él cuanto antes si pudiéramos. Pero lo que sí depende de ti y de mí, es empezar a eliminar las condiciones que lo hacen posible. Ese es un proyecto a largo plazo.

Esta es una de las cosas que aprendo de los palestinos y de su energía —si se quiere llamar así—. Al principio del genocidio, vi a un hombre que estaba siendo entrevistado, no quiso dar su nombre. Dijo: “Esta es mi lucha. Esta es la lucha de mis padres, ellos la heredaron de sus abuelos. No está en mi lucha la posibilidad de rendirme”. Y creo que tiene toda la razón. Es decir, ante esta violencia aterradora que se desata cada día, no podemos renunciar a esa lucha, simplemente no existe la posibilidad moral de renunciar a ella, así que tienes que encontrar los espacios en los que puedas trabajar.

¿Y este libro es uno de esos espacios?
Este libro nos permite tener esta conversación, provocar conversaciones, hacer que la gente simplemente reflexione sobre ello, que comparta el libro con otra persona y le diga: ¿Qué te parece? Y que tal vez vayan a tomar un café y hablen de ello, y luego tal vez llegue otra persona y también hable, y sigan todas conversando, mucha gente me ha dicho que lo ha hecho así, y eso para mí justifica la existencia del libro. Para eso sirve.

Y en esta versión concreta del libro, la traducción al español, todos los ingresos que genere van directamente a Gaza, a un colectivo llamado Hassala— que es un grupo maravilloso con el que me encontré a través de mi propio trabajo de activismo— que apoya económicamente a artistas y trabajadores culturales en Gaza, no mediante un pago único, sino mediante un salario digno que se asigna a lo largo del tiempo. Lo que importa en Gaza es que puedan seguir manteniéndose a sí mismos y a la gente que los rodea. Se trata de un proyecto a pequeña escala. Financia a unos 65 artistas y trabajadores culturales, pero ellos dan apoyo a unas 250 personas. Y eso es algo tangible. A pequeña escala. Eso sí que podemos hacerlo, nadie se arruina —no tiene sentido sacrificar tu vida para intentar salvar la de otra persona— pero sí marca una verdadera diferencia.

Hablas en el libro de persistir, de no permitirse abandonar la lucha, pero la desesperación es inevitable. Por un lado, tenemos un status quo en el que Israel hace lo que quiere sin ninguna consecuencia; y por otro, sufrimos un shock tras otro, una concatenación de noticias sobre ataques y asesinatos que nos consume la energía.  ¿Cómo podemos evitar que nos paralice esta situación?  
Creo que una de las primeras cosas que podemos hacer es simplemente comprender que una de las misiones del genocidio es crear una sensación de desesperación. Frente a ello, en el libro, propongo la idea del crítico de arte británico John Berger, quien acuñó la frase “desesperación imbatible”. Es una paradoja: te desesperas sí —¿cómo no hacerlo, viendo lo que hemos visto?—, pero te niegas a que eso te venza. 

Hay que pensar que lo que quieren es que nos sintamos derrotados y desesperados. Que digas simplemente: “Vale, me rindo. Lo intentamos, hicimos lo que pudimos. Pero se acabó”. Esa ha sido la estrategia de Israel durante mucho tiempo: simplemente continuar con la violencia. Y lo que los palestinos han hecho es perseverar. Hay una expresión de los pueblos originarios en Norteamérica que dice: “La existencia es resistencia”. Y creo que, una vez más, se trata de seguir negándonos a que esto nos destruya. Pero también, de tomar esta resistencia como principio fundamental.

¿Tiene sentido que marchemos juntos por cientos de miles? No, si pensamos que el objetivo de la marcha es convencer a los que están en el poder. Esto no lo hemos logrado. Pero sí, si necesitamos el apoyo moral de estar con cientos de miles de personas que piensan y sienten igual que nosotros. Entonces podemos compartir ideas y unirnos. Y ese  es el objetivo.

Hay que pensar que lo que quieren es que nos sintamos derrotados y desesperados. Que digas simplemente: “Vale, me rindo. Lo intentamos, hicimos lo que pudimos. Pero se acabó”

La cuestión no es convencer a los poderosos, porque a ellos no les importa. Si les importara, habrían cambiado. Pero entonces debemos replantearnos qué acciones podemos emprender. Creo que debemos imaginar un conjunto de acciones, en lugar de una sola gran iniciativa, porque la gran iniciativa es el resultado de múltiples pequeños cambios a lo largo del tiempo.

Cuando hablamos de todos esos pequeños focos de resistencia, los veo como si formaran un “murmuro”, esa reunión espontánea de aves de la que hablo hacia el final del libro. Las aves son una mascota muy popular en Palestina y la gente se identifica claramente con ellas como símbolo de libertad. La “murmuración” es una forma de concebir la organización que no depende de ningún partido político ni de una única acción decisiva, sino que une a las personas en patrones y dinámicas en constante cambio para crear una sensación de movimiento y de pertenencia a un movimiento.

¿Cómo aplicar esta idea de resistencia a la mirada?
Persistimos. Tenemos esta conversación. Pensamos en lo que nos dijeron durante estos casi tres años. Pensamos en lo falso que fue todo al principio: la falsa sede de Hamás que nos mostró el ejército sionista en televisión —que era una habitación debajo de un hospital que tenía un calendario en la pared— mientras trataban seriamente de afirmar que allí se había organizado algo.  

También analizamos cómo la situación de los medios de comunicación lo ha transformado todo. Y debemos comprender ahora cómo esta situación está experimentando otra transformación: la invención de la IA y su capacidad para crear cosas que parecen reales pero que no lo son. Lo hemos visto durante la guerra actual en Irán, donde este país ha producido vídeos de LEGO bastante interesantes generados por IA que han tenido cierto impacto cultural.

En esta última transformación, vemos cómo esa oportunidad que tenían los vídeos cortos para influir en la opinión pública se está agotando; de hecho, puede que ya se haya agotado. Y la razón es precisamente que se trata de un medio obsoleto. Las plataformas ya no invierten en él, sino en la IA. Ahí es donde centran toda su atención, así que realmente no les importa. ¿Qué está pasando entonces con los vídeos de formato corto? ¿Podemos mantenerlos? ¿Podemos aprovecharlos y desarrollarlos aún más? ¿Podemos pensar en otros medios alternativos que podamos usar para visibilizar a las personas contando sus historias?

Como persona mayor, me he dado cuenta de que gran parte de mi tiempo lo dedico a compartir mi experiencia de los últimos 50 años. Los jóvenes no necesariamente conocen esta historia. Desconocen la historia de la Nakba, y ciertamente no conocen la historia del imperialismo británico que condujo al Mandato Británico, ni el legado de violencia que se manifiesta a través de él. Por lo tanto, hay mucho que enseñar y aprender para que, como ya he dicho, podamos cambiar las condiciones que permiten perpetuar el genocidio.

Esto sigue en marcha, hay que detenerlo. Pero lo más importante, en cierto modo, es asegurarnos de que nunca vuelva a ocurrir. Esta es la lección de esta historia, una historia que ha sido pervertida y distorsionada en este genocidio.

¿Cómo mirar en la oscuridad puede ayudarnos a encontrar esas formas de asociación de las que hablabas?
Creo que tener una conversación transnacional como esta, la forma en que surgió este libro, también nos habla de una forma de asociarnos. El primer capítulo fue traducido por un grupo de activistas en Quito, Ecuador. Lo publicaron en línea. Me preguntaron si me interesaría ver el libro en español, y contactaron con la editorial Tercero Incluido en Barcelona, y esto fue ​​lo que lo hizo posible. Luego en Tercero Incluido me preguntaron: “¿Te gustaría que los ingresos del libro se destinaran a Gaza?”. Y ahí les hablé de Hassala, a quienes no conocían. Hassala pudo escribir el prólogo del libro y así tener mayor visibilidad.

Es fácil decir que todo esto es a pequeña escala, y por supuesto que lo es, pero construye mundos. Construye un mundo diferente al que nos dicen que hay. Es importante comprender que otros mundos, no sólo son posibles, sino que ya existen. Sí, esto es solo una gota en el océano. Pero es una gota que me da esperanza. Podemos crear este tipo de conexiones, y podemos hacer este trabajo. 

No se trata de generar superganancias, se trata de compartir ideas y ayudar a las personas que necesitan ayuda. Esto es lo que marca una pequeña, pero no nula diferencia. Como individuos, frente a un genocidio aniquilador, eso, repito, no es insignificante. Y en este sentido, agradezco también la oportunidad de hablar con vosotros hoy y de llegar a personas en una parte diferente del mundo, no por mí, sino como parte de generar estas formas de asociación.

Francia
Rima Hassan
“Llegará un momento en que para nuestros políticos será muy costoso seguir apoyando a Israel”
La eurodiputada de La France Insoumise (LFI) se enfrenta el 7 de julio a un juicio por “apología del terrorismo”. Desde LFI denuncian persecución y vulneración de sus derechos más fundamentales.
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La politóloga antirracista Françoise Vergès radiografía el momento de quiebre en el que se encuentra el relato del excepcionalismo occidental que abandera Israel, y analiza los movimientos que le plantan cara desde las acampadas o el Sur global.
Literatura
“El sionismo es evitable”
En ‘Oreja Madre. Mi cuestión judía’, el autor argentino indaga en la memoria de su familia y desarma, desde la escucha y la espiritualidad política, los pactos de silencio y la cristalización identitaria de las que se nutre el sionismo.
Palestina
Rodrigo Karmy
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El filósofo Rodrigo Karmy, autor de obras como ‘Palestina sitiada. Ensayos sobre el devenir Nakba del mundo’, reflexiona sobre la “guerra civil global” a partir del genocidio.
Pensamiento
Rabab Abdulhadi
“El sionismo es un fenómeno pasajero, pero no va a desaparecer por sí solo”
Activista antes que profesora, Rabab Abdulhadi defiende la resistencia contra la colonización y el genocidio por todos los medios. Su vida ha estado marcada por la lucha por el pueblo palestino y por la justicia social en todo el mundo.
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