Colette Rabaté: “Con su bondad y alegría Concha permitía a Unamuno olvidar la angustia existencial”

Los Rabaté repasan el exilio de Miguel de Unamuno en Hendaia, nos anuncian un nuevo trabajo sobre la esposa de Miguel, Concha Lizarraga, y valoran los descubrimientos sobre su posible asesinato.
Colette y Jean-Claude Rabaté en Bidebarrieta
Eider Iturriaga Colette y Jean-Claude Rabaté en la bilbioteca de Bidebarrieta en Bilbao.

Un destierro, con el Bidasoa a un lado y el hogar al otro, frente a una frontera que deja mirar, pero no permite pasar al otro lado. En Hendaia, exiliado sin salir de su Euskal Herria natal, vivió Miguel de Unamuno más de cuatro años, entre agosto de 1925 y febrero de 1930. 1638 días vigilado, escribiendo, conspirando y con el temor de ser desterrado de nuevo, “más allá del Loira, como Eduardo Ortega y Gasset”.

El matrimonio hispanista Colette y Jean-Claude Rabaté recorren con nosotras este exilio, las redes clandestinas y una figura clave que hasta ahora ha permanecido en la penumbra: Concha, la mujer que sostuvo la vida (y las cuentas) de su Miguel. Antes de despedirnos, les pedimos que valoren los hallazgos de los últimos años en torno a la extraña muerte de Unamuno, así como los indicios de criminalidad que evidencian las pruebas recientes.

Hablamos con un matrimonio cuya investigación especializada en Miguel de Unamuno es la más relevante a nivel internacional, ya que han publicado la más extensa obra sobre el intelectual bilbaino, incluidas dos biografías (Taurus, 2009 y Galaxia Gutenberg, 2019), compilaciones de sus artículos y cartas, así como su libro póstumoEl resentimiento trágico de la vida (Pre-Textos, 2019).

Acuden a Bilbao a presentar su última obra, Días de destierro en Hendaya (1925-1930) (Editions de la Rhune, 2025), con la que continúan su anterior volumen, Unamuno contra Miguel Primo de Rivera, un incesante desafío a la tiranía (Galaxia Gutenberg, 2023). Nos encontramos en la planta abuhardillada del hotel de la calle Bidebarrieta. Estamos en pleno corazón del Casco Viejo de Bilbao, a escasas manzanas del número 17 de la calle Ronda que vio nacer a Miguel.

Menuda vida la de Miguel de Unamuno, desde su niñez en el Bilbao sitiado por el Ejército de Navarra que narra en su primera novela Paz en la guerra hasta su muerte en arresto domiciliario por oponerse a las barbaridades franquistas, lo que dió lugar a sus notas de El resentimiento trágico de la vida, pasando por una intensa vida de pensamiento y acción constantes. El caso que nos ocupa hoy, pasa también por el destierro en Fuerteventura y por su regreso al otro lado del País Vasco: cinco años en Hendaia sin poder volver a Bilbao ni a Salamanca. ¿Qué podemos encontrar en vuestro último trabajo sobre Miguel de Unamuno?
Colette: Artículos que escribió Unamuno durante su exilio en Hendaia y muchas descripciones de paisajes. Es una edición bilingüe que revela su amor por el País Vasco, su gusto por los paisajes y por lugares como la iglesia de Biriatu o el mar.

Jean-Claude: Es una pequeña obra para dar a conocer a Unamuno en Francia. El problema es que está muy olvidado, aunque cuando llegó de Fuerteventura en el verano de 1924, tuvo una acogida fenomenal. Era muy conocido entonces. Hoy día, en cambio, fuera de las universidades y de algunos círculos académicos, la población francesa apenas lo conoce.

¿Por qué creeis que sucede eso? ¿Cómo puede ser el bueno de Miguel un personaje con tan mala reputación, teniendo en cuenta su legado? 
Colette: Eso se debe a la ignorancia de los unos y los otros. En Hendaia casi nadie conoce a Unamuno; treinta, cuarenta, cincuenta personas, quizá. Y vivió allí más de cuatro años. En Irún tampoco lo conocen; escribí a la alcaldesa [Cristina Laborda] y nunca me contestó. Y parece que es historiadora. Salamanca es un lugar privilegiado porque fue rector durante 14 años. Madrid es Madrid. 

El 12 de octubre Unamuno defendió a Cataluña y al País Vasco frente a ataques en el Paraninfo. Su nacionalismo no excluye, intenta integrar

¿Cómo va la presentación de vuestro último trabajo y cómo ha sido la acogida?
JC: Unamuno sigue siendo la bestia negra para algunos nacionalistas de ayer y de hoy. Si lo leyeran verían el cariño extraordinario que sentía por esta tierra, por su País Vasco. El 12 de octubre defendió a Cataluña y al País Vasco frente a ataques en el Paraninfo. Su nacionalismo no excluye, intenta integrar. 

C: Más allá de la política, es un gran escritor. Algunos critican su poesía, yo no; me gusta mucho, no toda, pero sí. Sus novelas y artículos de prensa son miles y miles, en total más de cuatro mil. Estamos publicando poco a poco su correspondencia: cartas que hemos podido recopilar, autógrafos o cartas ya editadas.

Llevamos unas 3.000 cartas pero sabemos que él escribió muchas más (quizá 20.000) y que recibió alrededor de 30.000. Tuvo 9.000 corresponsales. La edición ocupará ocho tomos; por ahora hemos hecho tres. En Salamanca cuidan bien la edición, aunque tardan mucho y ya somos casi ancianos. Si hace falta, nuestro hijo seguirá con este proyecto. Ya está involucrado. Es también hispanista.

Unamuno 1924
Unamuno a su llegada a Amara (Donostia) en enero de 1924 (Foto: kuatxateka.eus)

Destierro en Hendaia

En octubre presentasteis por primera vez Días de destierro en Hendaya (1925-1930) en la ciudad labortana, de la mano de la asociación Los Amigos de Pierre Loti que ha traducido este libro y, ahora, habéis vuelto a hacer escala en Hendaia. ¿Qué se recuerda del paso de Unamuno, en ese particular exilio sin cambiar de país al que tan acostumbradas estamos el pueblo vasco?
JC: El destierro en Hendaya ocurrió cuando Miguel salió de París porque se sentía amenazado. El embajador Quiñones de León lo vigilaba porque ya conspiraba en París con los exiliados. París era una ciudad peligrosa: tenía amigos antifascistas italianos y a veces llegaban pistoleros de Barcelona. La prueba de que se fue de París, de repente, es que vino alguien a buscarlo, un personaje misterioso.

En Hendaia vivió en un hotel muy pequeño que conocemos; ahora ha fallecido la dueña y lo van a vender. Apenas hay un recuerdo: una placa de madera con cuatro versos dedicados al Bidasoa. Dentro de poco, vendrán, derribarán el hotel con maquinaria y allí de Unamuno no quedará nada. 

C: No seas tan pesimista. Cuando aún vivía en París Miguel ya iba a Hendaia algunos días, porque su familia estaba en Salamanca y allí lo podía visitar mejor; además le gustaba menos París: a Unamuno nunca le gustaron las grandes ciudades; no le gustaba Madrid. Esa fue una de las razones por las que se fue.

También se dedicó a la política: intentó difundir la resistencia en España, aunque fue muy tibia. Los españoles aceptaron bastante la dictadura de Primo de Rivera. Se trataba de abrir un foco de resistencia y publicar periódicos clandestinos desde París y zonas contiguas, como España con Honra y Hojas Libres.

En Hendaia se reunía varias veces por semana con Eduardo Ortega y Gasset, que tenía su casa al lado del hotel. Fue un motor, un equipo. Eduardo Ortega y Gasset ha sido olvidado; no es José, pero gracias a él pudieron publicar esas Hojas Libres que cruzaban clandestinamente la frontera y se difundían por España. Fue un trabajo ingrato porque Eduardo fue injustamente desconocido.

Cuando llegó Unamuno a Hendaia, el gobierno francés, presionado por Primo de Rivera, quería desterrarlo más allá del Loira, estuvo a punto de ser desterrado a Bélgica, como otros republicanos

Cuando llegó Unamuno a Francia, el gobierno francés, presionado por Primo de Rivera, quería desterrarlo más allá del Loira, lo que habría sido un segundo destierro y probablemente mortal para él. Ortega, en 1929, fue exiliado al norte del Loira. Unamuno estuvo a punto de ser desterrado a Bélgica, como otros republicanos.

En la frontera había un núcleo en Irún y San Sebastián, alrededor del diario republicano La Voz de Guipúzcoa y tenía muchos amigos; hay una foto en la playa de Ondarroa que reúne unos 300 amigos: venían de Irún, San Sebastián, Vitoria, Bilbao, etc.

Todos eran republicanos y formaban parte de una red fuerte sobre todo en Francia, la Liga Francesa de los Derechos del Hombre, que ayudó mucho. Fue un combate político: lo amenazaron con alejarlo de la frontera, pero consiguió quedarse en Hendaia.

¿Cómo logró evitar ese segundo destierro? 
JC: Unamuno era conocido en Francia: durante la Gran Guerra había sido aliadófilo y escribió en la prensa contra los alemanes. Aprovechó su estancia para realizar traducciones de muchas de sus novelas y ganó bastante dinero para mantener a su familia en Salamanca. Tenía una familia numerosa: la esposa y nueve hijos (quedaron ocho al morir uno). Los mayores ayudaron; cuando se fugó de Fuerteventura se autoexilió porque Primo de Rivera lo había amnistiado.

Unamuno se casó por amor con Concha, era una vasca fuerte, una matriarca que todo lo manejaba, como muchas vascas. Él siempre la elogió y durante el destierro le escribió muchas cartas

C:  En julio del 24 estuvo a punto de regresar pero no quiso volver a España porque era peligroso: la censura le habría impedido escribir y crear. Prefirió quedarse en Francia, aunque fue un gran sacrificio para la familia. Estuvo 1.638 días en Hendaia y lo peor era las noches; lo describe en sus artículos: “cuando hay una boda en el pequeño hotel no pegas ojo”. ¿Cómo lo soportó? Gracias a su familia y a su esposa.

Concha era la mujer de su vida. Fueron pareja durante unos años; ella se fue a Gernika con 12 años y él la visitaba; se casaron tras doce o trece años de noviazgo. Se escribían mucho; muchas cartas se han perdido y mejor así, porque no deberían publicarse. 

Vivieron en Salamanca; Concha estaba acostumbrada a las ausencias de Miguel por sus obligaciones: era rector y viajaba por España y por el extranjero. El primero de sus hijos nació en 1892, Fernando; y el último en 1910, cuando Concha tenía 46 años. Unamuno tenía la misma edad que ella. Fue una madre ejemplar.

Estoy segura de que Unamuno se casó por amor con ella, era una vasca fuerte, una matriarca que todo lo manejaba, como muchas vascas. Antes la mujer no trabajaba fuera; fue su mayor apoyo. Él siempre la elogió y durante el destierro le escribió muchas cartas. En la Casa Museo Unamuno, conservamos estas cartas de Concha a Miguel. 

JC: No os extrañe que los llamemos Concha y Miguel, en lugar de “Don Miguel”. Los tratamos como familia: llevamos 25 años conociéndolos.

A la vuelta del exilio, el primer día de clase en Salamanca, Unamuno parafraseó a Fray Luis de León: “como decíamos ayer...”, y dijo a sus estudiantes algo así como: “volveré con la libertad, no la mía, que no vale nada, sino la de todos”

C: Estoy harta de lo de “Don Miguel”. En las cartas se ve cómo ella manejaba las cuentas con ayuda de los dos hijos mayores, que ya tenían trabajo: uno arquitecto, otro dentista y el tercero cobraba paga de militar. Al principio, Miguel pedía que le mandasen las cuentas porque estaba lejos.

Algunos dicen que Unamuno era tacaño pero, con tantos hijos, escribía artículos para mantener a su familia; Concha le enviaba los ingresos y con el tiempo Unamuno se fiaba tanto que dejó las cuentas en manos de ella: hay una libreta en la Casa Unamuno con su letra pequeña y las cifras y ahí se ve que a partir de 1926 dejó a Concha totalmente a cargo de la contabilidad. 

Concha lo amaba y lo trataba casi como a un hijo; en Hendaia decía “voy a acostar al estudiante”, refiriéndose a él. Era muy creyente, tenía una fe sencilla y muy fuerte. Desde Hendaia, solía ir a un pueblo cercano, Biriatu, donde la iglesia, el cementerio y el frontón mostraban la vida de un pueblo tradicional vasco. Allí, a Miguel le gustaba oír el coro de niñas cantando en euskera; esa costumbre le ayudó en su exilio.

Hemos descubierto que Concha fue a la escuela hasta los 12 años, algo notable para las chicas de su tiempo: escribía bien en español. Unamuno, en 1907, tuvo una correspondencia con una poeta argentina, Delfina, que se enamoró de él y le escribió casi 200 cartas.

En una obra escrita durante este destierro en Hendaia, Cómo se hace una novela, que fue publicada en Argentina pero no vio la luz en España hasta 1950 (con modificaciones); Unamuno hace referencia a este asunto.
C: Ajusta cuentas con esta argentina, y dice que su mujer sabía escribir, a veces mejor que ella. A Unamuno le encantaban las mujeres inteligentes y guapas, pero eso no impidió su fidelidad. Cuando Concha murió, en el 34, él se sintió perdido. Ella era la que organizaba todos los viajes y las cuestiones del hogar con las hijas; tres hijas que no hicieron estudios ni carrera, como era habitual.

Fue una familia unida; la política no logró dinamitar, al contrario, la consolidó, gracias también a los dos hijos mayores: Fernando (arquitecto) y Pablo (dentista). Han sido el sentido de la familia. 

Proclamación de la República

Caído el régimen, Unamuno volvió a su Salamanca querida para allí alzar la bandera tricolor y proclamar la Segunda República. ¿Es cierto que en su primer día de clase parafraseó a Fray Luis de León: “como decíamos ayer...”?
JC: No se marchó directamente a Salamanca, la primera noche durmió en Irún en casa de un familiar republicano mayor y pronunció su primer discurso esa tarde. Luego fue a Bilbao para ajustar cuentas con algunos por un discurso que Primo de Rivera había hecho mientras Unamuno estaba exiliado en Fuerteventura.

Nunca le perdonó a algunos lo que pasó y tuvo acogidas multitudinarias en Salamanca, aunque en la universidad hubo resistencias hasta que recuperó su plaza en abril del 31. 

El primer día de clase en Salamanca, parafraseó a Fray Luis de León: “como decíamos ayer...”, y dijo a sus estudiantes algo así como: “volveré con la libertad, no la mía, que no vale nada, sino la de todos” —Aquello fue todo un símbolo, la vuelta de un símbolo.

Muchos reprocharon a Unamuno haber apoyado en algún momento a Franco o al movimiento, preocupado por la situación de la Iglesia en los primeros años de la República, pero pronto reconoció su error y lo confesó

Hay una foto del 14 de abril de 1931 que lo muestra proclamando la república desde el balcón del ayuntamiento ante una multitud. Años después se fueron torciendo las cosas y todo se precipitó en el 36: el golpe de estado militar provocó la guerra y Unamuno casi fue linchado en el paraninfo de la USAL escasos meses después, aquel histórico 12 de octubre de 1936.
JC: No es necesario hablar mucho del 12 de octubre: muchos le reprocharon haber apoyado en algún momento a Franco o al movimiento. Miguel era ya un hombre mayor, con hijos en casa y miedo al desorden, preocupado por la situación de la Iglesia en los primeros años de la República. Pero pronto reconoció su error y lo confesó. 

C: Hemos publicado sus confesiones. El resentimiento trágico de la vida es una obra difícil; me llevó dos años comprenderla. En ella, reconoce los errores y critica la violencia de ambos bandos, afirmando que hay que renunciar a la venganza: son palabras de un cristiano, porque Unamuno no fue católico practicante pero sí cristiano.

Eso también lo alejó un poco de la República, ya que hubo leyes que prohibieron congregaciones religiosas, por ejemplo, los jesuitas fueron expulsados de España.
JC: Sin embargo, votó a favor del Estatuto de Cataluña y fue amigo de Manuel Azaña hasta cierto punto. Miguel no tenía un programa político y aborrecía los partidos; era pasional, desafió la censura, recibió golpes, multas, procesos y estuvo a punto de ir a prisión o al destierro en más de una ocasión durante su vida. Sufrió una agonía moral terrible, al final, abandonado por Salamanca y amigos. 

'San Manuel Bueno, mártir' resume la lucha de Miguel entre creer y no poder creer y el ansia de eternidad, sirve de hilo conductor de su vida

Su vida e historia están vinculadas a la historia de España; durante años se habló sólo de su Niebla, del Sentimiento trágico de la vida, de su dimensión religiosa y filosófica. Y se ocultó el resto: más de cuatro mil artículos, dispersos en más de trescientas revistas y diarios de España, Europa y sobre todo de Hispanoamérica. No existen hoy obras completas de Miguel accesibles para comprar.

C: Nosotros, los Rabaté, no tenemos que añadir nada nuevo sobre obras como San Manuel Bueno, mártir, queremos aportar algunas novedades. San Manuel resume la lucha de Miguel entre creer y no poder creer y el ansia de eternidad: sirve de hilo conductor de su vida. Concha fue su ancla, su costumbre; por su carácter bondadoso y alegre le permitía olvidar su angustia existencial durante momentos.

Biografía sobre Concha Lizarraga

Acumuláis una extensa obra sobre la figura de Miguel de Unamuno, cuyos artículos y cartas seguís editando. Después de tanto tiempo de análisis, ¿sigue sorprendiendoos Unamuno?
C: Seguirán apareciendo aspectos sorprendentes. Al hacer la primera biografía me sorprendió, por ejemplo, su pacifismo y su postura anticolonial: dejar a los pueblos elegir su destino y su propia lengua, algo que dijo a finales del siglo XIX. Al trabajar en la biografía de Concha he descubierto que fue un padre muy atento con sus hijos; Unamuno parece alguien hierático pero sus hijos recuerdan que la más severa era la madre; él no era violento, buscaba explicar y comprender.

JC: Tenemos el proyecto de seguir editando las cartas: he reunido, mientras Colette trabajaba en la biografía de Concha, unos 300 discursos y artículos políticos de la dictadura para una edición en Madrid, disponible para todos. Creo que esto puede matizar la personalidad de Unamuno: en Francia era visto como de izquierdas por sus valores de libertad, igualdad, fraternidad, semejantes al eslogan de la revolución francesa y al de la Liga de los Derechos del Hombre. No fue masón pero tuvo amigos masones; el hijo mayor fue aprendiz de masón en Valladolid (el arquitecto, Fernando) y su yerno perteneció al Partido Comunista. Yo lo veo, en general, como alguien de izquierdas.

La biografía que preparo sobre Concha pretende mostrar mejor a Unamuno en su contexto familiar, su familia es un bloque y Concha fue quien templó a su marido y mantuvo la unión de los hijos

Pero en la República, Unamuno se volvió más conservador: tenía miedo de la política de masas. Condenó con fuerza a Mussolini y no parece que leyera a Hitler; consideraba a Hitler un deficiente intelectual. Aun así, sus relaciones con algunos falangistas fueron ambiguas: era capaz de tener amigos de extrema derecha sin ser de extrema derecha. Por ejemplo, asistió al mitin de José Antonio Primo de Rivera y parece que compartió una cena con ellos.

C: La biografía que preparo sobre Concha pretende mostrar mejor a Unamuno en su contexto familiar: no se puede hablar de Concha aislada; su familia es un bloque y ella fue quien templó a su marido y mantuvo la unión de los hijos. Concha también vivió la dictadura, en sus cartas se puede ver cómo criticaba a Primo de Ribera.

Pasaba mucho tiempo fuera de casa por sus obligaciones como rector, es cierto, pero nunca faltó a clase: fue ejemplar, aunque tenía enemigos en Salamanca, en el claustro. Fue un hombre muy perseguido y castigado, desde luego, no fue un oportunista; su lema durante los primeros años del siglo XX fue: “antes la verdad que la paz”. Era un filósofo con amplia formación. Leía centenares de libros, los anotaba e incluso traducía; trabajaba mucho, incluso en el tren, y dormía lo necesario.

Próximos trabajos

Vuestro acto en Bilbao, organizado por la Asociación Unamuno Elkartea, fue en la Biblioteca Bidebarrieta, presidida simbólicamente por el propio Miguel. ¿Os gusta venir a su ciudad natal? ¿Hay archivos interesantes en Bilbao para estudiar a Unamuno? 
JC: Nos gusta Bilbao. En cuanto a archivos interesantes aquí, sí: en el archivo foral he encontrado cosas; es como quien va a buscar setas y encuentra sitios buenos. Ayer descubrimos otra carta aquí: breve pero sorprendente. Unamuno recibió una invitación para dar clases en Suiza durante el destierro, en Berna y en otras ciudades; y hay un borrador de un artículo filosófico encontrado esta mañana.

Las cartas de Miguel tienen mucho valor, unos 2.000 euros cada una. Nosotros tenemos 3.000, aunque muchas son copias. Tenía una letra magnífica y su firma parece la de un dibujante. Enseñó a sus hijos el dibujo y perdura la tradición: uno de los nietos, Pablo, en Salamanca, sigue dibujando pajaritas.

C: Le encantaban los niños: lo demuestra desde sus cuadernos juveniles hasta el nacimiento de su primer nieto, Miguelín. 

¿Cuáles son los siguientes trabajos que proyectáis sobre el intelectual vasco más importante de la historia?
C: Queremos aportar novedades porque siempre se repite lo mismo; sobre Concha nadie ha escrito mucho y yo voy a escribir unas 300 páginas. He tardado dos años en investigar porque ella no dejó más que cartas (casi 200) y fue difícil encontrarlas, pero quiero mostrar su autonomía y su papel como mujer fundamental en la vida de Miguel, porque representa a muchas mujeres de esa época, que no tuvieron vida pública pero fueron esenciales.

El título será Concha: Sombra y Sol de Miguel de Unamuno. Es bonito; a todos les gusta. Creo que a finales de abril lo habré terminado; quizá el otoño próximo podré publicarlo y volveremos aquí a Bilbao para hablar de ello.

También seguimos con el proyecto de editar la correspondencia. Aquí en Bilbao, estoy haciendo el árbol genealógico porque nadie lo había hecho: hace medio siglo hubo un periodista, Manuel Bazas, que publicó un artículo, pero nada más.

¿Extraña muerte o asesinato?

Agradecemos inmensamente vuestra labor. Nos gustaría pasar a una cuestión que ha despertado últimamente el interés de la audiencia unamuniana y del público en general, preocupada por los hallazgos que desde hace años están apareciendo en torno a las extrañas circunstancias en las que murió Miguel. Fue la nochevieja de 1936, durante la visita de un agente doble de Falange, que en contra de lo que se había repetido mil veces, no era alumno suyo. ¿Qué relectura hacéis Jean-Claude y tú al respecto?
C: Nosotros analizamos cartas: estudiamos las cartas de Unamuno desde hace 30 años, donde habla de que va a ser asesinado hacia el final de su vida, pero no es una prueba. 

Ninguna biografía ni ensayo se había ocupado hasta hace pocos años de las circunstancias de la muerte y de los indicios de criminalidad, con excepción de la descatalogada y nunca traducida ni referenciada biografía de Margaret Rudd de 1963, The Lone Herethyc, publicada por la Universidad de Texas, en la que entrevistó a testigos presenciales, incluida Aurelia (hija que estaba en la casa) y al propio Bartolomé Aragón, de quien la norteamericana señaló las fuertes contradicciones. Ana Chaguaceda desde la USAL nos anunció su próxima traducción y publicación, ¿tenemos que revisar esta obra con atención para reinterpretar las posibles causas de la muerte de Unamuno?
JC: Te diré algo, si pueden probar que lo asesinaron, no sé de qué manera, nunca podrán probar quién lo hizo. Detrás de un posible autor material hay siempre otros autores. Tenemos ideas, pero no las diremos aún. En varias cartas Unamuno confiesa que tenía miedo. Os repito lo que os dije por teléfono preparando la entrevista: Las palabras de Miguel de Unamuno, utilizadas por su nieto Miguel de Unamuno Adarraga en un prólogo: “mi abuelo murió por la guerra civil”. Fue una agonía moral tremenda para Miguel.

Las palabras “España se salvará” no son de Unamuno; son atribuidas por un colega suyo, casi desconocido. ¿Qué te parece? Es raro que casi un desconocido vaya a ver a Unamuno la tarde del 31 de diciembre

Como quizá sabeis, se ha montado un equipo de investigación vasco y salmantino, en el que Hordago El Salto también participamos, con forenses, criminólogos, historiadores, penalistas y otras académicas, empeñadas en indagar a fondo la muerte y el posible asesinato de Miguel de Unamuno. ¿Desde vuestra amplia experiencia, ¿qué consejos podríais darnos?
JC: Pocos saben esto: su mayor enemigo fue el general Martínez Anido, apodado el verdugo, carnicero de Barcelona, responsable de asesinatos en los años 20. En sus artículos y poesías Unamuno criticó con violencia a ese general.

¿Sabéis que pasó el 15 de septiembre de 1936? Ese general, durante la República, se compró un piso en Italia, por si acaso; el 18 de julio de 1936 tomó contacto con el general Mola, hay una carta en la que Alfonso XIII, en Italia, dice que hubiera querido que Martínez Anido sustituyera a Franco. El general vivió en Valladolid y a mediados de septiembre escribió a Unamuno.

Creo que Miguel no estaba bien, tenía miedo: su peor enemigo vivía a escasos cien kilómetros. Es una vida de película. Puede pedir excusas, puede reconciliarse, pero lo escrito no se borra. Fue la guerra: hubo tantas cosas…

En este país hay muchas lagunas en la historia de la guerra civil. Unamuno murió en el contexto de la guerra civil, no cabe duda [esa misma noche en Salamanca hubo once fusilamientos] pero no es lo mismo una muerte natural o por enfermedad, que una muerte por motivos violentos. 
C: Siempre pensamos que había algo extraño pero nunca se ha demostrado. Nuestro estudio de Unamuno concluye en el momento de su muerte.

JC: Las palabras “España se salvará” no son de Unamuno; son atribuidas por un colega suyo, casi desconocido. ¿Qué te parece? Es raro que casi un desconocido vaya a ver a Unamuno la tarde del 31 de diciembre. Hay que decir más: en 1906 Unamuno escribió un poema describiendo su propia muerte; pensaba que iba a morir.

Lo interesante es que Bartolomé Aragón publica en enero un libro de derecho económico y Ramos Loscertales hace un prólogo en el que cita ese poema; para nosotros eso es imposible porque se publicó en una edición muy rara en 1907. Hay un relato falso que puede desmontarse. Lo demás me parece ficción e imaginación: del lado de Franco, de la universidad o de enemigos. Es posible, porque Miguel tenía muchos enemigos.

…………

Entre Hendaya y Salamanca —entre el hotel que puede desaparecer y la casa convertida en museo— Miguel vuelve a ser frontera geográfica, política, moral. La pregunta por su muerte queda abierta pero no en el vacío: sostenida por cartas, por contradicciones, por una época que todavía tropieza al contarse.

Y en el centro, por fin, una promesa de reparación narrativa: Concha, saliendo del margen en sombra donde tantas mujeres sostuvieron lo esencial sin vida pública, sin placa, sin madera con versos al Bidasoa.

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