Bego Oleaga: “En aquel invierno aprendimos que no hacía falta que viniera nadie a decidir por nosotras”

A medio siglo de la masacre del 3 de marzo de 1976, Bego Oleaga nos cuenta en esta entrevista como llegó a una ciudad supuestamente “dormida” y terminó en el corazón de la revuelta.
Bego Oleaga Monolito Gasteiz
Eider Iturriaga Bego Oleaga junto al monolito en recuedo a los cinco fallecidos el 3 de marzo de 1976.
28 feb 2026 06:00

A medio siglo de la masacre del 3 de marzo de 1976, la memoria de aquellos días suele quedar atrapada en el estruendo de las balas, olvidando a menudo el murmullo asambleario que las precedió. Bego Oleaga, que llegó a una ciudad supuestamente “dormida” y terminó en el corazón de la revuelta, reconstruye en esta entrevista la crónica de aquellos meses de democracia directa.

Desde las concurridas asambleas de mujeres en los barrios obreros, su testimonio rescata la esencia de un movimiento que desbordó los muros de las fábricas para poner la vida en el centro de la política, demostrando que el verdadero peligro para el Estado no fue la huelga, sino la autonomía de una clase que aprendió a dirigirse a sí misma.

Se han cumplido 50 años de la huelga que precedió a la matanza, ¿cómo recuerdas aquella época en Gasteiz?
Yo nací en Durango y luego me moví por distintas zonas de Euskal Herria hasta que en 1975 llegué a Gasteiz con mi compañero. Los años anteriores fueron épocas de clandestinidad. Mis experiencias igual más importantes serían la participación en las movilizaciones contra la central nuclear de Lemoiz, contra el proceso de Burgos, etc. Luego las movilizaciones contra la represión, las detenciones, las torturas, etc. También a favor del euskera y del derecho a la autodeterminación.

Toda aquella época fue brutal, con la represión y los estados de excepción. Y llegamos a Gasteiz porque era una zona de reciente industrialización y las ofertas de trabajo llovían.

Si bien todo está unido, sí que tu militancia previa podría decirse que fue más política que laboral.
Sí, yo cuando llegué a Gasteiz prácticamente no tenía experiencia dentro del movimiento obrero. Por eso me impactó mucho lo de Gasteiz. Es decir, yo tenía experiencia de correr delante de la policía, mi familia fueron del bando que perdió la guerra y mis abuelos con toda su tropa de hijos estuvieron exilados.

Por eso, venir a Gasteiz y empezar a participar en asambleas y tomar la palabra, todo eso era nuevo. Lo que había hecho fundamentalmente era participar en actividades sociopolíticas manifestaciones, reuniones, reparto de propaganda y demás. Siempre en un contexto de clandestinidad y mucha represión.

¿Qué es lo primero que te choca cuando llegas a Gasteiz?
Antes de empezar todo este proceso de huelgas, a mí, por ejemplo, Vitoria sí me impactó. Noté muchísima diferencia con las realidades político-sociales que yo había vivido. Claro, yo llego a Vitoria y no conozco a nadie. No conozco el entorno político, social, de actividades que había porque yo era una persona extraña en esta ciudad. Tampoco tenía muchas relaciones sociales, eran mínimas hasta que te vas involucrando, ¿no?

Pero sí que me impactó esta ciudad, que decían que era una ciudad dormida o que era una ciudad que no había más que curas y militares y pastelerías y todas estas cosas. Pío Baroja también la define así en un momento, ¿no? Y hubo un gobernador que dijo que era una ciudad donde nunca pasaba nada.

Pero, claro, en el 72 hubo una huelga impresionante en la fábrica de Michelín, con 3.500 obreros en lucha. Fue una huelga muy larga donde la ciudad de Gasteiz se volcó. Pero yo no conocía ese dato. Luego me fui enterando de que era una ciudad en la que ocurrían cosas, que mi percepción tampoco era real.

Lo que estaba pasando en Gasteiz no surge por generación espontánea, ni porque hay cuatro iluminados, hay un contexto de mucha efervescencia político-social

¿Como que hay algo moviéndose por el subsuelo hasta que lo encuentras, no?
Claro. Por ejemplo, todavía tengo la sensación de tristeza y la extrañeza, y una percepción de silencio total que sentí en Gasteiz ante los fusilamientos de Txiki y Otaegi. Posiblemente hubo movilizaciones y la gente de Gasteiz se enfadaría si dijera que aquí no pasaba nada porque es que yo no me enteraba de nada. Pero yo decía: “¿qué pasa que aquí nadie protesta con esto?”. Luego, cuando te vas metiendo y cuando ya empiezas a formar parte del tejido social, es cuando tú también vas armando el puzzle.

¿Qué es lo que empiezas a notar que sí está ocurriendo y qué es lo que te empuja a participar en la primera asamblea o en las primeras movilizaciones?
Pues yo encontré trabajo, me metí en una fábrica y empezamos a organizar grupos de fábrica para analizar las contradicciones que existían en los puestos de trabajo, porque las condiciones eran terribles.

Se empezaron a coordinar los grupos de fábrica que había en un contexto muy concreto: había subgrupos militantes de partidos políticos, de sindicatos o de movimientos asamblearios.

Lo que estaba pasando en Gasteiz no surge por generación espontánea, ni porque hay cuatro iluminados. A nivel de Estado español hay un contexto también de mucha efervescencia político-social.

Esas comisiones representativas eran elegidas por la gente y no tenían ningún poder de decisión, que estaba en la asamblea

Centrándonos en la huelga del invierno del 76, ¿cómo recuerdas esos primeros momentos?
Yo trabajaba en Orbea. Ahí no se fue a la huelga. A excepción de unas cuantas mujeres, los trabajadores no salieron para nada: a ninguna huelga, a ningún paro, ni nada. Mi compañero [Imanol Olabarria] sí estaba en huelga. Entonces compartíamos experiencias y vivencias.

Yo en las huelgas generales salí a nivel individual. Entonces trabajaba a turnos y dependiendo de eso acudía a las asambleas de fábrica, que eran abiertas, aunque yo no votaba, lógicamente, porque no pertenecía a esas fábricas a las que acudía. Luego estaban las asambleas de San Francisco, de Zaramaga, etc., que ahí iba todo el mundo. Ahí iban incluso mujeres con criaturas que andaban por ahí jugando.

¿Como recuerdas aquellas asambleas?
Las asambleas estaban prohibidas en las fábricas. Entonces las asambleas se hacían dependiendo del sindicato vertical, de los jurados de empresas, etc. Pero ya una vez iniciamos este proceso, las asambleas son de otra manera. Son unos lugares de debate, donde se toman decisiones y se nombra una comisión representativa.

De hecho, la huelga se cargó al Sindicato Vertical. Aunque es cierto que yo he oído de gente que había sido de los jurados, que también luego fueron elegidos por los propios trabajadores para formar parte de las comisiones representativas que eran elegidas por la propia asamblea. Pero eran elegidos por los propios trabajadores y no tenían ningún poder de decisión. Eran simplemente portavoces.

Todos éramos iguales y no sobraba nadie, todo el mundo podía opinar y manifestar lo que fuera, De alguna manera eso te dignifica mucho

En las asambleas de fábrica elegíais a los delegados o representantes que luego iban a las comisiones representativas, y esos delegados eran revocables.
Esas comisiones representativas eran elegidas por la gente y no tenían ningún poder de decisión. El poder de decisión estaba en la asamblea. Eran portavoces y eran revocables en todo momento. Esa era la metodología.

En cuanto a los contenidos señalar que en los grupos de fábrica participaban también gente que estaba organizada política y sindicalmente en la clandestinidad, y que después de valorar las situaciones de las diferentes fábricas, se fue capaz de superar esos partidismos y de llegar a formar una plataforma reivindicativa común para todas las empresas que defendía fundamentalmente un aumento salarial lineal de 5.000 pesetas al mes, la jornada laboral de 40 horas o la jubilación a los 60 años, entras reivindicaciones.

Durante el proceso esa plataforma reivindicativa también se fue modificando, se fue politizando, porque se decidió que no se negociaba si había detenidos o despedidos.

Estabas en huelga y estabas en una asamblea donde se informaba, se debatía y se tomaban las decisiones a mano alzada y, sí no se veía muy bien que había unanimidad, se seguía discutiendo al día siguiente

En aquella época la fábrica, con la excepción de Areitio, es un mundo muy masculinizado; muy de obrero de mono azul. ¿Cómo era ser mujer en esas asambleas de fábrica?
Areitio fue una fábrica de mujeres, prácticamente, aunque los mandos intermedios eran hombres. Estas mujeres tenían exactamente la misma metodología y la misma manera de funcionar que las otras fábricas.

Yo no tuve ningún problema de machismo o misoginia en ese sentido. Yo iba a las asambleas, me sentaba, escuchaba y aprendía. Porque para mí era una experiencia totalmente nueva. Yo había participado en encierros relacionados con los temas políticos de la actualidad y ahí se hablaba, pero esto era otra cosa. Era diferente, porque estabas en huelga y estabas en una asamblea donde se informaba, se debatía y se tomaban las decisiones a mano alzada. Sí no se veía muy bien que había unanimidad se seguía discutiendo al día siguiente.

Todos éramos iguales, todos éramos imprescindibles y no sobraba nadie. Seas hombre o mujer, autóctono o migrante, todo el mundo podía opinar, podía estar y podía manifestar lo que fuera. De alguna manera eso te dignifica mucho.

Bego Oleaga 2
Bego Oleaga en el barrio de Zaramaga. Eider Iturriaga

¿Y cómo eran las asambleas de los barrios?
Las asambleas de San Francisco las organizaban las Comisiones Representativas. Cada fábrica tenía su propia asamblea y su propia comisión representativa. Luego se reunían para ver cómo habían quedado en cada fábrica, para unificar la información. Finalmente, informaban en la iglesia de San Francisco de lo que se había decidido, de los problemas que hubiera, o lo que fuera. Recuerdo que eran multitudinarias.

En el pasado he visitado Marinaleda en varias ocasiones y acudí a bastantes asambleas. Me recordaban a las asambleas de la iglesia de San Francisco, porque en Marinaleda estaba todo el pueblo: las madres, las abuelas, las criaturas dando vueltas por allá. Pues esa imagen tengo yo de de de la iglesia de San Francisco. Posiblemente había gente de Zaramaga que no tenía nada que ver, que no estaba involucrada directamente en una empresa en huelga, pero estaban en la asamblea.

EN Las asambleas ya ponian en practica ese concepto de poner la vida en el centro

Llega un momento en el que veis la necesidad de crear una asamblea específica de mujeres.
Una cosa que me impactó mucho en la asamblea de San Francisco, fue una ocasión en la que habló una mujer que dijo que estaba separada y tenía varios hijos. Le habían llamado para ir a trabajar a la fábrica de Areitio y ella lo denunció, hizo un llamamiento a las mujeres en su misma situación. Dijo que era más digno comer una sopa de ajo que una chuleta en el plato; que aguantaran y que no cayeran en esa trampa.

En muchas casas había un solo sueldo. Entonces, a la tercera semana de huelga, a medida que el conflicto se va alargando, el dinero falta. Empiezan a surgir miedos. Creo que fueron las mujeres de Areitio las que dijeron que habría que organizar una asamblea de mujeres de trabajadores en lucha; un lugar donde se podían expresar tus miedos y pensar en voz alta de lo que te estaba pasando.

Había mujeres más politizadas y que venían de organizaciónes políticas. Eran mujeres que eran tremendamente respetuosas con las gentes que podían ser más débiles. Para muchísimas de ellas era su primera experiencia en el espacio público.

Ahora también pasa que en muchos espacios, a la gente le cuesta más hablar porque tienes inseguridades, porque crees que no tienes nada importante que decir y porque así nos han educado a las mujeres.

Estas mujeres a mí me impresionaron mucho porque empezaron a expresarse, a pensar en voz alta. Nos decían cómo aguantar, cómo estirar el dinero para la alimentación, para limpiar la casa y que sea todo más barato. Eran clases de auténtica economía doméstica basadas en su propia vida y en su propia experiencia.

Otra cosa que a mí me impresionó muchísimo fue cuando una mujer dijo, “esta huelga la tenemos que ganar. ¿Con quién se desahogan nuestros maridos cuando las cosas vienen mal de las fábricas? Pues con nosotras. Entonces como no ganemos esta huelga nuestra convivencia va a ser terrible”.

A mí me parecieron que esas asambleas eran muchísimo más ricas que las de los hombres, porque ellas abordaban ese concepto que nos ha llegado ahora del movimiento feminista tan profundo y tan político que es poner la vida en el centro. Estas mujeres ya lo hacían. Ves cómo se van transformando esas asambleas, cómo nos vamos transformando, como nos vamos empoderando y cómo estas mujeres se fueron convirtiendo en sujetos políticos.

Ellas empezaron a coordinarse con los hombres y a organizar acciones como ir a las fábricas a esperar a los esquiroles

Al principio era una asamblea para apoyar la huelga de los hombres y poco a poco se fue convirtiendo en una asamblea de mujeres donde decidían las actividades a realizar. La metodología era la misma que la de la asamblea de fábrica y había una comisión representativa elegida por la propia asamblea.

Ellas empezaron a coordinarse con los hombres y a organizar acciones como ir a las fábricas a esperar a los esquiroles. Yo me acuerdo de haber estado entonces en Gabilondo y en Forjas esperando a los esquiroles que salían de trabajar y abuchearles.

Las mujeres iban a las tiendas a negociar el que se les sirviera gratis hasta que acabara la huelga, hubo bares que daban de comer a los hijos e hijas de los obreros, las marchas a la Virgen Blanca con las bolsas vacías, etc.

También estuvieron negociando con las instituciones y acompañando a otros hombres de otras fábricas. Fue muy importante la organización de una caja de resistencia, tanto en especie como en dinero, para que se pudiera aguantar la huelga. Y también las mujeres salíamos a recoger dinero los fines de semana o por las tiendas a poner huchas.

Las mujeres estaban ahí presentes, exactamente igual que los hombres, y controlando todo el proceso.

Esto rompe mucho con la imagen que se tiene de la participación de la mujer en el conflicto del 76.
Esto es, en todas las fábricas estaba la misma plataforma reivindicativa, unos denominadores comunes en donde todo el mundo se sentía reflejado. Entonces esa plataforma reivindicativa también se fue modificando, se fue politizando, porque se decidió que no se negociaba si había detenidos o despedidos.

Yo me acuerdo que las primeras salidas que hacíamos a los esquiroles, fundamentalmente, nos acompañaban los hombres por las esquinas, como protegiéndonos. Íbamos todas las mujeres a una fábrica y nos protegían hasta que se dieron cuenta que no nos tenían que proteger. En la calle, en las marchas que hacíamos, al Sindicato Vertical, o a donde fuera, nos sentíamos fuertes. Fuertes porque estábamos unidos y unidas.

El riesgo era que ese modelo de autonomía se extendiera a otras ciudades, y se lo cargaron como hacen siempre: matando y sembrando el terror

¿Cómo es el ambiente que se vive en barrios como Zaramaga o Abetxuko? ¿Cómo se siente la vida de los barrios durante el conflicto?

Las asambleas de fábrica se realizaban en las iglesias de diferentes barrios de Gasteiz y la de San Francisco era la asamblea general. El propio barrio estaba involucrado totalmente. Supongo que también habría mucha gente en contra porque rompes un poco la tranquilidad de un barrio.

Por lo que ocurrió en la propia iglesia, el barrio es como un icono y creo que rompe mucho con la imagen esa que se tenía de Zaramaga como un barrio dormitorio. Era una ebullición constante y diaria. Eso te lo da el propio proceso y, en ese proceso, el aprendizaje. El pensar en voz alta, manifestarte y decidir. Como ser humano eso te enriquece muchísimo.

Fraga dijo que eso de Vitoria era un soviet. Parecía que teníanmiedo a una posible revolución. ¿Lo vivíais así?
Pues, fíjate, sí. Eso dijo Fraga, pero es que fuera de Vitoria no se hablaba de lo que estaba pasando. Hasta que mataron a la gente y no tuvieron más remedio que contarlo.

Entonces, creo que buscaron expandir la idea de que había cuatro iluminados que querían destrozar una ciudad, o que están buscando la revolución, sin pensar que había todo un proceso y que se vivía en una sociedad donde las condiciones económicas eran penosas, que la gente no podía vivir, que había una represión franquista de la que él formaba parte y asumir que la gente somos seres pensantes, que somos capaces de tomar decisiones y que no hace falta que venga la iluminada o el iluminado de turno para decidir.

Eso no lo podían permitir, porque corría el riesgo de extenderse. Y se lo cargaron cómo hacen siempre: matando y sembrando el terror.

El capitalismo o te mata con las armas o te mata de tristeza y Si no te resistes a que entren dentro de ti, no hay esperanza

¿Qué valoración haces de la memoria de aquello que ocurrió? Porque muchas veces se pone el foco justo en el día 3 de marzo y se olvida todo lo que ocurrió los meses anteriores.

Esto acabó como acabó, que fue terrible, y hay que hablar de ello. Luis Llach lo define perfectamente en su canción “Campanades a morts”: asesinos de razones y de vidas. Fue un proceso rico, en el que pudimos soñar que se podían hacer las cosas de otra manera y que quedó truncado de la manera que acostumbra el capitalismo: matando.

Pero eso a quienes lo vivimos no nos lo pueden quitar. Aprendimos mucho, también de la violencia del Estado y hasta dónde son capaces de llegar. Tienen el monopolio de la violencia.

Han pasado 50 años y no hay reparación, ni responsabilidad por parte del Estado en estos crímenes. Como dice la Asociación 3 de Marzo, sería un reconocimiento digno para las víctimas de Gasteiz, de Basauri, de Tarragona y de Roma, de la gente que mataron y de todos los heridos, y para toda una ciudad que quedó en shock. Que el Gobierno de España reconozca “la responsabilidad principal y directa del Estado en los crímenes del 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz”.

La matanza del 3 de marzo y el fin de aquella experiencia a veces nos lleva a desarrollar el relato de la gran derrota obrera, como que después de aquello ya no hay esperanza. Como si aquella derrota hubiera sido la definitiva.
Comparo la sociedad de ahora con la de hace 50 años y esta es una sociedad muchísimo más compleja. Encima nos hemos creído el timo de la democracia representativa. Hemos delegado partes importantes de nuestras vidas y la sociedad de consumo nos ha colonizado por dentro.

El 3 de marzo supuso una explosión con la muerte, pero también fue una explosión de vida por todo el proceso, y porque la ciudad de Gasteiz nunca volvió a ser como antes. La ciudad cambió. Cambió también porque con la reciente muerte de Franco se iniciaba otra etapa nueva, aunque estaba ahí el timo de la Transición, pero se fue generando una ciudad mucho más viva.

Luego llegó la universidad, las ikastolas, el movimiento en pro del euskera, el gaztetxe, las asambleas de mujeres, el feminismo…, cantidad de cosas que en ese momento eran impensables. Todo esto convirtió a Gasteiz en una ciudad mucho más calidoscópica, mucho más rica y más comprometida.

En Euskal Herria están presentes todos los problemas planetarios, los tenemos delante de nuestras narices y lo que hay que hacer es buscar tu lugar en el mundo y plantar cara a lo que tienes

¿Esperanza? A mí me parece que ante este desastre hay que resistir, pero realmente el problema no está solamente en Vitoria. Tenemos un panorama impresionante, un desastre. Como decía Zorba el griego: “un desastre esplendoroso”.

Hay una frase de Angela Davis que dice: “Es importante actuar como si fuera posible cambiar el mundo, hacer realidad un momento en la historia del planeta en el que la explotación, el racismo y la guerra no sean las características principales de la sociedad humana”.

En los años 70 leí un trabajo de un grupo autónomo italiano que se llamaba Los Indios Metropolitanos. Se me quedó clavada la frase que decía que el capitalismo o te mata con las armas o te mata de tristeza. Y eso es verdad. O te resistes a que entren dentro de ti o desde luego no hay esperanza. El capitalismo es eso, es un sistema criminal. No les podemos permitir que entren dentro de nosotros. Tenemos muchas razones para resistir y para cambiar este desastre.

En nuestras ciudades, en Euskal Herria, están presentes absolutamente todos los problemas planetarios. Desde la pobreza, la migración , la exclusión, las multinacionales, las empresas armamentísticas. O sea, todo lo tenemos delante de nuestras narices. Entonces, lo que hay que hacer es buscar tu lugar en el mundo y plantar cara a lo que tienes.

Si la guerra empieza aquí, porque aquí hay doscientos y pico empresas implicadas  en la producción militar, pues vamos a plantarles cara. Si queremos comprometernos, tenemos pequeños espacios donde juntarnos e ir dando pasos. Te tienes que organizar y coordinar con otras personas. Buscar denominadores comunes para plantar cara y para, de vez en cuando, hacer cosas importantes.


Hemeroteca Diagonal
El 3 de marzo y la modélica transición

La represión de la huelga de Vitoria como una muestra del bloqueo a toda costa de una salida rupturista con el régimen franquista.

3 de marzo de 1976
El Baskonia homenajea a los familiares de las victimas de la masacre del 3 de marzo
Familiares de los cinco obreros asesinados en 1976 han sido homenajeados por el Saski Baskonia en el marco de los eventos por el 50 Aniversario de la masacre de Gasteiz
3 de marzo de 1976
A 50 años del 3 de marzo, seguimos tejiendo los hilos rojos de la memoria
Un hilo rojo une el 76 con las luchas posteriores, expresado en la manifestación anual en recuerdo de la masacre y en exigencia de verdad, justicia y reparación, reivindicación obrera, feminista, por las personas migrantes y frente al fascismo.
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