El capital contra la vida: dos voces feministas denuncian el despojo, la deuda y la guerra

La inauguración de las Jornadas de Economía Crítica 2026 arrancó en Bilbao con una silla vacía. La mexicana Raquel Gutiérrez intervino por videollamada después de ser detenida en un viaje y volver a figurar en una lista de personas de interés de seguridad. Junto a la argentina Flora Partenio sostuvo que el extractivismo, la financiarización y la militarización forman hoy un “triángulo maldito” contra la trama de la vida.
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Raquel Gutiérrez interviene junto a Flora Partenio en la inauguración de las Jornadas de Economía Crítica (JEC2026), titulada «El capital contra la vida. La reproducción social en la encrucijada».
11 jun 2026 07:00 | Actualizado: 11 jun 2026 08:24

El día antes, el movimiento feminista de Euskal Herria se había reunido en el Hika Ateneo de Bilbao para discutir la potencia política de los cuidados y el riesgo de que ese concepto se vacíe, cooptado tanto por lo privado como por lo público. La conversación llegó el día siguiente al Aula Magna de la Facultad de Economía y Empresa como la mesa que abrió las Jornadas de Economía Crítica (JEC2026), titulada «El capital contra la vida. La reproducción social en la encrucijada». Y arrancó con una ausencia que terminó funcionando como tesis.

Raquel Gutiérrez Aguilar, feminista, internacionalista, integrante del grupo de investigación Entramados Comunitarios y Formas de lo Político y autora este mismo año de Apostar por lo común en un mundo dañado (Bajo Tierra), no pudo viajar. Lo explicó conectada desde México: “Volví a aparecer en una lista de personas de interés de seguridad”, relató, después de una detención en la ciudad de Panamá al regresar de una Bolivia “tremendamente movilizada”. Decidió no moverse “para no volver a exponerme a otro momento tremendo”.

A su lado, en la sala, intervino Flora Partenio, profesora de la Universidad Nacional de San Martín, coordinadora de la Escuela de Economía Feminista de la red DAWN (Mujeres por un Desarrollo Alternativo para una Nueva Era, por sus siglas en inglés) y presidenta de la Asociación Argentina de Investigación en Estudios de Género e Historia de las Mujeres. 

La propia Gutiérrez, cofundadora del Ejército Guerrillero Tupac Katari, encuadró su ausencia en lo que venían a discutir. “Esto es parte de lo que estamos hablando”, advirtió, antes de anunciar que la mesa abordaría “la creciente militarización de este continente” y “cómo eso juega en contra de las luchas por la vida”.

De Nairobi 1985 a las “seis M”

Partenio eligió empezar por la “memoria”, una palabra que recorrería toda su intervención. Reconstruyó la Tercera Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en Nairobi en 1985, cuando los feminismos del Sur Global denunciaron los efectos de los programas de ajuste estructural sobre la vida cotidiana. Recuperó la frase con la que una economista resumió aquel rechazo –“no queremos una porción mayor de un pastel envenenado”– y un documento de la red DAWN de aquel mismo año cuya vigencia subrayó: “La supuesta escasez de recursos no ha impedido unos gastos militares disparados, en espiral”, citó, “tanto en los países avanzados como en los llamados del Tercer Mundo”.

En opinión de la economista argentina, los tres conflictos que dividieron aquella conferencia fueron Palestina, el apartheid y la deuda latinoamericana, y reivindicó esa genealogía como herramienta de trabajo: “Nosotras creemos profundamente en reconstruir esas genealogías feministas, y dentro de la economía esto es clave”.

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Raquel Gutiérrez atiende a las JEC 2026 por videollamada tras su detención y Flora Partenio desde el Aula Magna dea Facultad de Economía de la EHU.

De ahí saltó al presente para mapear lo que llamó el “autoritarismo electoral”, el que “no solo utiliza distintas formas de violencia, sino que ha combinado eso con la llegada a través de las urnas”. La activista feminista ordenó ese avance en seis palancas, las “seis M” que dijo trabajar con la economista Gita Sen: el dinero, los mensajes, las instituciones –con un poder judicial cada vez más central para “sancionar” y “criminalizar la protesta”–, la mano dura, el militarismo y la “manósfera”. Partenio cargó especialmente contra la primera, el “insoportable capitalismo cripto-bro y bro-ligarca” que, sostuvo, no solo profundiza el extractivismo sino que “ha dinamitado cualquier narrativa que pueda amarrar lo digital a la materialidad”. Y reactivó una pregunta de raíz antimilitarista que atravesaría toda la mañana: “¿Por qué sigue habiendo más plata para balas para la guerra que para la educación?”.

“Desarrollo es destrucción“

Raquel Gutiérrez tomó el relevo para profundizar un poco más en el diagnóstico del problema. Describió cómo, desde 1985 hasta comienzos de este siglo, los planes de modernización procedentes de Estados Unidos se impusieron “a rajatabla” en América Latina de la mano del neoliberalismo y de una democracia liberal que llegó “acotada y monopolizada por partidos”, impugnada una y otra vez tanto por las luchas feministas como por los pueblos indígenas. Frente a ese modelo, contrapuso una consigna acuñada en las luchas de defensa territorial mexicanas: “Desarrollo es destrucción”. La glosó sin rodeos: “Desarrollo del capital es ataque sistemático a las condiciones de sostenimiento de la trama de la vida”.
Gutiérrez sostuvo que la criminalización de la protesta “se está quedando corta” frente a un “control armado de los territorios” que se expande “de manera dramática” por México, Guatemala, Ecuador y el Cono Sur, articulado en torno a la guerra contra el narcotráfico y el control migratorio
Sobre esa base, la matemática y socióloga mexicana nombró lo que considera el núcleo del problema contemporáneo, un “triángulo maldito” de “militarismo, extractivismo y financiarización de la vida” que, planteó, “arma las condiciones contemporáneas de guerra contra la reproducción social”. Su alerta más insistente fue la militarización. Gutiérrez sostuvo que la categoría de criminalización de la protesta “se está quedando corta” frente a un “control armado de los territorios” que se expande “de una manera muy dramática” por México, Guatemala, Ecuador y el Cono Sur, articulado en torno a la guerra contra el narcotráfico y el control migratorio, fenómenos que atribuyó a la desarticulación de los Estados provocada por el neoliberalismo. “Si no paramos esa cantidad inmensa de capital que se va a financiar las armas, los ejércitos, los equipos de vigilancia, estamos en peligro todos”, remató, recurriendo a la idea de “patrones de arruinación” de la antropóloga Anna Tsing: mover el agua, cambiar sus usos, acumular energía “para reforzar esos términos de control y de saqueo”.

Una deuda para vivir y para comer

Si Gutiérrez puso el marco continental, Partenio bajó el diagnóstico al presupuesto de los hogares con el concepto que vertebró su segunda intervención: la “gestión monetaria de los cuidados”. Explicó que, conforme el Estado se retira también de los servicios públicos y recorta las prestaciones sociales, esa carga “se retira a los hogares”, donde recae sobre las mujeres y se traduce en endeudamiento. No el del manual del Banco Central, matizó –“no estamos hablando de la deuda para la vivienda ni para el emprendimiento que las va a empoderar”–, sino otro tipo de deuda: “Estamos hablando de una deuda para vivir y para comer”, comprar en el súper con la tarjeta o pedir un préstamo por el móvil para los medicamentos que ese mes no se pueden pagar.

En los barrios populares, denunció, ese vacío lo ocupa ya el narcotráfico. “Hoy los prestamistas en los barrios son los narcos”, afirmó, y lo ilustró con un caso límite: una organización que no tenía cómo pagar el sepelio de una compañera y recurrió a los 500.000 pesos que aportó “el narco del barrio”. “Ya no es ni dejar morir”, concluyó, “ya es gestionar la deuda para morirse, para poder enterrar a una persona”. Apuntó además a las fintech y a las billeteras virtuales, que “prestan más fácil que un banco y con unos intereses inalcanzables”.

Partenio enlazó esa financiarización con el ataque al mundo del trabajo. Repasó las reformas laborales regresivas que recorren la región –sintetizadas, dijo, en la disyuntiva con la que Bolsonaro resumió el chantaje: “Ustedes qué quieren, ¿más derechos o más trabajo?”– y recordó que “tener trabajo ya no garantiza salir de la pobreza”: en Argentina hay “trabajadoras y trabajadores formales que son pobres”. Señaló el lobby de las tecnológicas en Ginebra contra una norma internacional que regule el trabajo de plataformas, y subrayó que en esa batalla, dentro de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), van “a la cabeza” las trabajadoras remuneradas del hogar y las cuidadoras domiciliarias, porque “los cuidados se transformaron en un lugar de negocios” –lo mismo que denunciaban, recordó, las compañeras que impulsan la huelga de cuidados prevista para el año que viene en Bilbao.

Finalmente, la destacada economista y activista feminista argentina advirtió de que la última reforma laboral en su país, votada en febrero, obliga a “pedirle permiso al jefe para hacer una asamblea” y amplía la categoría de “trabajo esencial” a unas 47 actividades en las que ya no cabe el derecho de huelga: “Es un ataque a la organización colectiva futura”.

El ahorro de los trabajadores, vuelto contra ellos

Raquel Gutiérrez añadió un cuarto frente: el saqueo financiero del ahorro de la clase trabajadora. Reconoció avances en el México actual –pensiones a personas mayores, becas estudiantiles, “cosas meritorias, cosas a valorar”–, pero marcó su techo. Los sistemas de pensiones individuales, las Afores mexicanas o las AFP de otros países, acumulan “montos inmensos de dinero” que, una vez bursatilizados, “van a los megaproyectos, a ampliar estas condiciones de destrucción de las estructuras de sostenimiento”. De ahí que hiciera una pregunta central para salir del atolladero: “¿Cómo armar una postura feminista para que el ahorro de generaciones anteriores se vuelva estructura de sostenimiento de lo nuevo y no estructura de saqueo?”.
Situó ahí “uno de los límites más duros de los gobiernos progresistas”, incapaces de tocar esos fondos de reserva con los que antes se construyó “lo que tenemos de moderno”: un sistema universitario amplio, un sistema de salud público. Y lo conectó con la calle: mientras México vivía “un delirio de fútbol” en vísperas del Mundial, una “gigantesca movilización” de las maestras del sector estatal peleaba contra ese sistema de Afores. “Cómo recuperar la riqueza producida y reapropiarnos de ella”, planteó, “es una de las discusiones centrales si queremos recuperar base material para sostener otra forma de producir vida”.

Epistemología, alianzas y cuerpos en la calle

La tercera ronda, dedicada a las estrategias, devolvió a Partenio al terreno de las alianzas. Reivindicó la economía feminista como “una apuesta epistémica” –“pregúntense de dónde viene la plata”, repitió, citando a Cristina Carrasco– y como “una invitación a pensar un programa político” frente a una conversación pública secuestrada por “la economía con sus aspectos financieros, no la economía real, la de la vida concreta de las personas”. Alertó de que el desfinanciamiento de universidades y organizaciones “nos está llevando a competir entre nosotras y nosotros mismos”. Y avisó contra la fragmentación de las agendas: el ataque a los derechos sexuales y reproductivos, dijo, “es un ataque al cuerpo, a las libertades, a la soberanía sobre el propio cuerpo”, pero también un “gran negocio para la extrema derecha”, con “muy buena financiación” y capacidad de “explotar la división entre Norte y Sur”.

Sobre la violencia machista, Flora Partenio recuperó a Rita Segato –“hay una guerra contra las mujeres”– y, en sintonía con Gutiérrez, advirtió: “Esa militarización nos va a impactar a todas y a todos”.

Como contrapeso, enumeró ejemplos de resistencia. Citó el movimiento brasileño Pensar la vida más allá del trabajo, impulsado por colectivos trans, lésbicos y gais al calor del debate por la reducción de la jornada laboral, y desgranó cinco movilizaciones masivas en apenas cuatro meses en Argentina como “hilos fundamentales de la trama de la vida”: los 50 años del golpe cívico-militar –“en Argentina la dictadura no fue solo responsabilidad de los militares, también del poder empresario”–, la defensa de la universidad pública, la sanidad, el 11º aniversario de Ni Una Menos –“en Argentina se mata a una mujer, una trans o una lesbiana cada 30 horas”– y el velorio multitudinario del músico Indio Solari, un millón de personas bailando en la calle. “La gente decía: necesitábamos esto, necesitábamos salir a la calle”, relató, para reivindicar el reencuentro y la cultura como cuidado colectivo. Sobre la violencia machista, recuperó a Rita Segato –“hay una guerra contra las mujeres”– y, en sintonía con Gutiérrez, advirtió: “Esa militarización nos va a impactar a todas y a todos”.

Gutiérrez cerró con dos hilos sobre los modos de organización. Reivindicó las formas feministas reactualizadas “masivamente” en el continente en la última década, basadas en “la convergencia y la sintonía” y no en “estructuras de articulación formales, sistemáticas, permanentes”, y defendió, frente a “la ansiedad de síntesis” y “las mismas voces que dan las mismas soluciones”, la potencia de los “pensamientos no plenamente sintéticos” y del “mapeo sistemático” de las economistas feministas. Y planteó una urgencia material: construir autonomía financiera desde abajo. 

¿Cómo vamos a cuidar nuestra autonomía política en una economía que no dependa tanto de los asuntos brutales que se nos vienen en contra?“, preguntó Raquel Gutiérrez: “una estrategia de refugio”, para “pasar esta tormenta y empezar a reconstruir entre estas ruinas que vemos”

En su intervención final documentó la “ofensiva brutal” contra las cajas de ahorro y resistencia de los pueblos indígenas de Mesoamérica, que servían para “financiar los entierros” o para esquivar “intereses usurarios”, y celebró que esas “estructuras financieras bajo control social, más pequeño, manejado por mujeres” empiecen a reaparecer. “¿Cómo vamos a cuidar nuestra autonomía política en una economía que no dependa tanto de los asuntos brutales que se nos vienen en contra?”, preguntó, antes de proponer la imagen con la que se despidió: “una estrategia de refugio, los varios refugios”, para “pasar esta tormenta y empezar a reconstruir entre estas ruinas que vemos”.

En el turno abierto, una investigadora de la UNAM interpeló a ambas sobre en qué ha fallado el feminismo ante el giro conservador y por qué la teoría económica crítica sigue siendo minoritaria en la academia. Gutiérrez reivindicó “dar la lucha dentro de la universidad” contra su “neoliberalización gigante” y cuestionó un modelo que se limita a “producir rápidamente un joven o una joven profesional desempleada”.

Partenio, en la misma línea, llamó a “encender un faro de alerta” ante el recorte de becas en ciencias sociales, la censura sobre los estudios de género, trans y queer –“no es muy lejano de lo que pasa en la nueva era Trump”– y la presión para “raspar” los conceptos nacidos al calor de las luchas cuando llegan a las aulas. Su propuesta fue tejer “alianzas impensadas”.

Como dijo antes de sumirse entre los cientos de aplausos del público: “El espanto está muy grande en todos lados del mundo. Por ahí es momento de que, frente a ese horror, nos unamos más”.

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