Hordago desgrana el giro ultra y el rol policial en la ola reaccionaria

Por tercera vez abrimos las puertas de Sarean para conversar sobre una nueva edición de nuestra revista en papel. Esta vez, junto a la investigadora Laura Escudero Zabala pusimos sobre la mesa al estamento policial y su papel en la reacción racista.
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La investigadora Laura Escudero Zabala (junto al editor de Hordago Miguel Virizuela) habla en Sarean sobre el giro ultra y el papel policial. Adur Galdos
23 jun 2026 05:17

Nos hemos vuelto a juntar en Sarean. Esta vez, para presentar el nuevo número de Hordago. Hace justo un año, por con el número 78 de la revista, dedicado a las transformaciones urbanas al servicio del capital, estuvimos acompañados de Itsaso Larramendi en un acto con la editora de la revista Aitziber Jiménez de Aberasturi. Varias ediciones antes, y dando paso a la nueva periodicidad trimestral, con el número 69, con Ahoztar Zelaieta y María Ruiz Aranguren, hablamos de la corrupción y sus tentáculos en la familia política del PNV, entonces conducidos por el también editor de Hordago Ander Balanzategi. Esta vez el acto lo condujo Miguel Virizuela, de nuevo del equipo editorial de la revista, y la voz experta fue la de Laura Escudero Zabala, doctora en Antropología e investigadora del racismo policial desde la perspectiva de la víctima. Agradecemos a Irola irratia la cobertura del acto y que nos haya cedido su grabación para realizar esta crónica.

La sala, una vez más cedida por las compañeras de Sarean, se llenó, a pesar de que el tema que nos había convocado no era cómodo de desgranar. En Hordago este no es un terreno nuevo, como puntualizó Virizuela desde la moderación, recordando además que llevamos años siguiendo a la policía como institución y, sobre todo, sus derivas de radicalización. [Si haces click aquí puedes ver nuestra lupa puesta sobre la Ertzaintza]. Esta vigilancia periodística ha tenido básicamente dos patas.

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Lectora de Hordago con el último número, presentado en el espacio Sarean de Bilbao. Adur Galdos

La primera es lo que llamamos el follow the money: rastrear las contratas y los socios del Gobierno Vasco y de la Ertzaintza. De esa fijación salió la investigación que firmó Ahoztar Zelaieta hace apenas unas semanas, según la cual la policía autonómica ha adjudicado más de 21 millones de euros en casi un centenar de contratos a empresas israelíes y a sus distribuidoras, desde I-Sec Aviation Security hasta Homeland Securities, la firma de un exagente del Mossad. 

El propio reportaje documentaba cómo la Ertzaintza llegó a aplicar “las mismas tácticas brutales normalizadas por las doctrinas de seguridad israelíes”, una conexión que estalló a la vista de todo el mundo con la carga policial contra el recibimiento de la flotilla en el aeropuerto de Loiu (miembros que, por cierto, presentaron una querella), cuatro detenidos incluidos, que la relatora de la ONU Francesca Albanese calificó sin rodeos de “vergüenza”. Aquella imagen saltó a Al Jazeera y a Democracy Now, junto a las cifras de contratos entre la Ertzaintza e Israel que esta revista comenzó a documentar en 2021, cuando nadie miraba, pero sobre todo confirmó que el trabajo periodístico de martillo pilón, de vez en cuando, encuentra eco internacional.

La segunda pata es la de las infiltraciones policiales en los movimientos sociales, una de las grandes investigaciones de El Salto de los últimos años (el último caso, en el movimiento propalestino), y el seguimiento del nuevo sindicalismo policial: el de Euspel, que en marzo de 2026 ganó las elecciones de la Ertzaintza con el 32% de los votos capitalizando el malestar del colectivo “asindical” Ertzainas en Lucha, y al que hemos documentado lazos con JUPOL –el “Vox policial”–, con la empresa de desahucios Desokupa (como documenta Zelaieta en esta otra reciente investigación) y con figuras como Macarena Olona. El mismo sindicato que el pasado octubre ejerció de acusación contra diecinueve jóvenes antifascistas.

Más allá del periodismo comprometido e implicado, en Hordago queríamos respuestas más complejas que nos ayudasen a ver el conjunto. Para ello estaba Escudero Zabala, a la que, por cierto, había entrevistado la también editora de la revista, Garazi Velasco del Pino, para el número en papel (y ya podéis leer en la web).

Racismo policial, frontera de la ciudad

Una escena como síntesis. Madrid, 2009. Salida del metro en Carabanchel. La policía pone contra la pared a las veinte o treinta personas que bajan del vagón. A ella, una chavala de 19 años recién llegada de Romo, Getxo, le dicen “no, tú pasa”. Al darse la vuelta lo entendió: era la única persona blanca de aquel andén. “Cosas que yo no veía en el día a día, para la gente eran lo cotidiano”, resumió. De aquel susto nacieron las Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos, en las que militó casi siete años haciendo acción directa noviolenta frente a las paradas por perfil racial. Por otro lado, desde el campo académico, empezó a investigar la institución policial. Casi nadie lo hacía desde este ángulo. El campo lo habían ocupado los criminólogos; de la sociología y la antropología, poco; y de mujeres investigándolo, prácticamente nada. “Eso me parece terrible”.

“La realidad cotidiana de la patrulla es el aburrimiento. Y que desde el aburrimiento se toma una enormidad de decisiones que cambian vidas. La violencia, vino a decir, puede surgir en un momento de sosa pero sistémica rutina”

¿Por qué hacerlo, entonces? La socióloga lo planteó con claridad. La policía no es una institución más: es la única que puede ejercer violencia legítima, y la ejerce de forma rutinaria, poco espectacular pero constante, decidiendo a quién parar, a quién identificar, dónde intervenir y con qué intensidad. “No se crean los mismos dispositivos para un barrio como San Fran que para Indautxu”, contrapuso Escudero Zabala. Decisiones que parecen neutras y no lo son. De ahí su empeño en hacer trabajo de campo empírico, en estar presente para recoger los discursos y las prácticas en el momento en que suceden, más allá del relato institucional y también del relato de los medios, sea a favor o en contra. 

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Una lectora ojea un folleto que dice "¿Cómo denunciar un incidente de odio por el LGTBI+fobia?" Adur Galdos

Glosó para ello a Didier Fassin y su La fuerza del orden: el antropólogo francés patrulló con la policía y descubrió que, frente a la espectacularización del riesgo, la realidad cotidiana de la patrulla es el aburrimiento. Y que desde el aburrimiento se toma una enormidad de decisiones que cambian vidas. La violencia, vino a decir, puede surgir en un momento de sosa pero sistémica rutina. 

Hermetismo y opacidad

La policía es una institución hermética, opaca, con barreras “gigantes” para quien quiere investigarla desde fuera. Ella misma estuvo dos años esperando a acceder a este peculiar campo de estudio en Italia. “Es desesperante”, reconoció Escudero Zabala, “pero que no te abran la puerta ya es significativo de la institución”. No renunció. Su apuesta, subrayó, es doble: investigar de forma crítica “desde fuera hacia dentro” –frente a las pocas investigaciones cualitativas que existen, firmadas a menudo por comisarios que son a la vez criminólogos y estudian “su movida”– y hacerlo con una perspectiva feminista que atraviese el método, no solo el objeto. 

Lo ilustró con una anécdota tan menor como reveladora: un ertzaina al que entrevistó pasó hora y media sin mirarla a la cara, tocándose el pectoral y el brazo. “Eso lo haces porque a mí me interpretas como mujer”, describió, y probablemente como joven, y como heterosexual. Con otra persona delante, la misma investigación no daría el mismo resultado.

Miguel Virizuela rescató al jurista Jorge del Cura, que aquí mismo había sostenido que “la policía hace la ley, y no al revés” volvió a poner el dedo sobre la vida cotidiana como un aspecto central: quién puede sentarse en un banco a determinada hora y quién no, a quién se manda apartarse y quién pasa desapercibido, es una frontera constante que los jueces acaban ratificando gracias a la acción uniformada de la policía.

Laura Escudero Zabala recogió el guante y lo amplió: también la sanidad “hace la ley”, recordó desde su paso por el colectivo Yo Sí Sanidad Universal, cuando una barrera administrativa decidía qué persona migrante entraba y cuál no. “La ley la hace quien la practica”. Es más, los protocolos también hacen ley. Formalizan la realidad, la vuelven regla. 

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Laura Escudero Zabala y Miguel Virizuela, en la conversación en Sarean. Adur Galdos

Actualmente, la investigadora centra sus esfuerzos en una comparación de los modelos policiales italiano y español para entender las llamadas reformas de democratización policial. Son medidas que los organismos internacionales consideran obligatorias para todas las policías europeas, bajo un diagnóstico explícito que la investigadora vasca formuló así: “Hay un diagnóstico de que las policías son discriminatorias y no democráticas, entonces tenemos que hacer medidas para que ahora sean democráticas y no discriminen”.

Las socias encienden el debate

No hizo falta que la invitada lo dijera para que la sala completara el cuadro, porque ese reverso es el que Hordago lleva tiempo documentando. Existe una supuesta cara amable con equipos de diversidad en los cuerpos policiales. La policía exhibe muñequitos de la diversidad hacia fuera y llama “blandengues” y “podemitas” a quienes la encarnan hacia dentro dicha diversidad. Además, convive sin problema con una corriente de fondo que va en dirección contraria, sin esconderse. Sin ir más lejos, la realidad de los foros policiales barre de un golpe todas esas buenas intenciones. En estos foros se trabajan las amenazas, como recogía el reportaje “La Ertzaintza que viene”, de Lu Barcenilla, otro de los editores de Hordago, donde un agente fantaseaba bajo seudónimo con “recoger cadáveres” de la hinchada rival y un sociólogo bautizaba el fenómeno como “síndrome de Chuck Norris”; la de las 336 torturas atribuidas a la policía vasca en el informe de la UPV/EHU; la del sindicalismo de Euspel y sus puentes con la ultraderecha.

La paradoja que Escudero Zabala describía desde la etnografía –una institución que exhibe muñequitos de la diversidad mientras castiga internamente a quien la encarna– tiene su correlato exacto en el material que la revista ha publicado en tantos meses de periodismo y en este último número en concreto. 

El giro ultra y el PNV a los mandos

En Hordago acabamos de lanzar esta edición, la número 82 de la revista, poniendo el foco en el giro ultra gestionado por el poder y que toma tierra en instituciones como la policía. El PNV no quiere perder fuelle y, ante esa posibilidad, ha decidido abrazar el discurso de la extrema derecha. 69 números mensuales y 13 trimestrales después, Hordago sigue llenando aulas y espacios comunitarios para debatir. Esto solo ha podido ser así gracias a las socias, la base y estructura de un periodismo combativo y riguroso. Como muchas sabréis, somos más de 1.300 socias en Euskal Herria.

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Diferentes números de Hordago sobre una mesa en Sarean. Adur Galdos

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