Luciana Peker: “La odiocracia es hoy una realidad, también en España”

La autora argentina repasa en su último libro las conexiones globales de las extremas derechas que intentan llevarse por delante la revolución de las hijas.
Luciana Peker 11-02-26 - 3
David F. Sabadell Luciana Peker, autora de ‘La odiocracia’.

Después de varios libros sobre el amor y el deseo entre 2020 y 2023, Luciana Peker cambia de paradigma y en su último libro escribe sobre el odio. Este giro es el reflejo de unos tiempos donde parece que hubiera pasado un siglo desde el entusiasmo de las huelgas feministas que, recuerda la autora, arrancaron en Argentina en 2017. Peker ha escrito desde España y con el corazón allá: dejó Buenos Aires a finales de 2023 tras lo que definió como una “campaña de hostigamiento”, una situación que tiene mucho (o todo) que ver con su relevancia pública como periodista feminista. Peker ha sido periodista en Página 12, ha participado en tertulias de televisión en Argentina y ha sido premiada por su trabajo por los derechos de las mujeres, lo que la convirtió en blanco de la extrema derecha política y mediática.

En La odiocracia, que acaba de publicar Libros del KO, hace un repaso de las conexiones globales de las extremas derechas, que se vinculan muy cómodamente con un tecnofeudalismo encarnado en Elon Musk, progenitor tránsfobo para más detalles de cómo se combina el odio en esta época turbo que ha querido llevarse por delante la revolución de las hijas de la que habla Peker.

Las hijas, pese a todo, resisten. A la esperanza le cuesta un poco más resistir después de la lectura de un libro hecho al pie de la actualidad, sin perder detalle a un tuit, a un recorte, y donde se desentraña la motosierra como el símbolo de unos tiempos terribles. No todo está perdido, dice. Hay un resquicio de esperanza pero para ello, dice, los varones deben estar a la altura de la interpelación que han hecho las feministas. No es tan difícil: algunos sí han entendido el “yo perreo sola”.

La odiocracia es el primer libro que publicas en España. La revolución de las hijas, publicado en 2019, Sextéame, amor y sexo en la era de las mujeres deseantes en 2020 y ¿El amor es o se hace? en 2023 son tus obras anteriores. ¿Qué ha pasado para que se produzca ese giro?
Se dice que hay que tener visiones esperanzadoras, de futuro, que hay que hablar y resaltar el amor… pero justamente yo escribí tres libros sobre amor. Mi narrativa, nuestra narrativa desde los feminismos, que yo lo siento en plural, es una narrativa que habló y que interpeló sobre el amor y que peleó por el deseo. Lo que pasa es que el backlash de ese poder hegemónico, masculino y misógino se opone a esa interpelación de las mujeres sobre el amor y el deseo, y se opone a la llegada masiva —no elitista como fue en los años 60— de las mujeres que pueden gozar del sexo y del deseo. 

la respuesta más dolorosa para LAS chicas no fue la respuesta política, sino la de sus compañeros de colegio, de instituto y la de sus compañeros sexuales y afectivos

Y después creo que es también claramente la antítesis de La revolución de las hijas, donde hay un protagonismo de las jóvenes adolescentes en la política, que fue mucho más fuerte en Argentina y en América Latina que en Europa, pero que por supuesto también se dio con la salida de La Manada, protagonizada por jóvenes. Frente a eso, la respuesta más dolorosa para esas chicas no fue la respuesta política, sino la respuesta de sus compañeros de colegio, de instituto y de sus compañeros sexuales y afectivos. Por eso, el amor y el sexo también fueron un talón de Aquiles, porque que te digan que no sos deseable o que para ser la novia de alguien tenés que volver a ser sumisa, tradwife, no tener experiencia sexual, ser una tradwife como Roro y hacerle el sanguchito a Pablo —más allá de que eso también lo podemos entender y no demonizar, que es mi idea—. Esos son mandatos que vinieron como un repudio a las chicas cuando mostraron su liberación sexual. Y entonces también fue una herramienta de dominación y de retroceso de ese feminismo que está protagonizado por jóvenes. 

Y después algo que me parece muy central es el lugar de las hijas como sujeto histórico. La frase clásica machista de “no soy machista porque tengo hijas” siempre se combatió desde el feminismo diciendo: “No tenés que ser solidario por tus hijas, sino porque es una cuestión de derechos humanos”. Pero yo creo en esa frase. Yo vi transformarse a muchos varones en su lugar de padres. Hace tiempo escribí un libro sobre mujeres ferroviarias: en Argentina podés ingresar a los trenes si sos hija de un ferroviario y hasta 2012 podían ingresar los varones pero no las mujeres. Cuando eso cambió y entraron las pibas ferroviarias a trabajar, hubo un cambio. Y los padres, que eso lo vi en toda la Argentina, venían a las presentaciones acompañados con las hijas. Creo que en términos cuantitativos, de tiempos de cuidado, etcétera, no hubo cambios estructurales para nada. Pero en una posición subjetiva, la posición de “yo acompaño la transición de mi hija a ser trans”, “yo la acompaño en ser lesbiana”, “me está contando esto de sexualidad y yo la quiero escuchar”... en ese sentido, la posición de los padres fue una posición muy amorosa. Había algunas críticas sobre el sujeto político “hijas”. Para mí, es un sujeto político el ser hijas que cambiaban a los padres. 

¿Quieres decir desde 2018?
El auge fue en el 2018 con la Marea Verde, porque fue un movimiento que, más allá de que por supuesto estuvo acompañado por las pioneras de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, que son mujeres grandes, por las periodistas, por personas maduras, fue un movimiento protagonizado por una marea joven, con un millón de chicas en la calle. El símbolo más fuerte es que se ponían el pañuelo verde en la mochila de ir al colegio. Y esa interpelación llegó muy claramente a los padres. De hecho, es el único sector masculino en donde yo creo que realmente hubo algo genuino de cambio, y fue a partir de la interpelación de las hijas y a partir de la de la posición subjetiva como padres de querer estar cerca de sus hijas, o sea, del amor a sus hijas. 

La motosierra es algo que hace daño. Y yo creo que lo que tiene este neoliberalismo feroz es que no esconde querer hacer daño, sino que toma como una apología el querer lastimar

Para mí la posición de de Elon Musk, supuestamente a favor de la tasa de natalidad y preocupado por que no se tienen hijos, diciendo que su hija Vivian está muerta por ser trans —y por supuesto diciendo su nombre masculino— es la posición que muestra la antítesis absoluta a la revolución de las hijas y la posición de una paternidad sin amor, instrumental, donde no se acepta el deseo del otro, donde la paternidad no te cambia, donde no te ponés a escuchar. Es el entierro de la paternidad como un movimiento que sí te cambia y sí te permite abrir y escuchar. 

Mientras venía a este entrevista me salía en Instagram un post de Vivian Wilson posando estupenda como modelo. A pesar de eso, las hijas siguen ahí…
Exacto. En la presentación de mi libro, Andrea Aldana, que es una gran periodista colombiana, tomaba las frases de Vivian y yo creo que realmente la mayor crítica a Elon Musk, la más valiente, pero también la más precisa sin lugar a dudas. La contrapartida es que estos señores o no son padres o realmente son malos padres. Son progenitores, pero no padres en el caso de que lo sean. La preocupación por la tasa de natalidad es de una preocupación meramente posesiva sobre las otras personas, no con la transformación que implica la paternidad. Y la revolución de las hijas sigue latente, indudablemente. 

En tu libro mencionas algunos símbolos de este momento extremo, donde además de la motosierra podría caber la pala —como símbolo de que hay que mandar a los vagos a trabajar— o el dólar —por la propuesta de Milei de dolarizar la economía—. ¿Por qué se impuso la motosierra?
Elegir la motosierra es muy fuerte ya durante la campaña electoral y creo que con el transcurso del tiempo y con el valor simbólico que fue tomando en el mundo, es todavía más fuerte. Porque la motosierra es algo que hace daño. Y yo creo que lo que tiene este neoliberalismo feroz es que no esconde querer hacer daño, sino que toma como una apología el querer lastimar. Por supuesto, no son ni carpinteros ni leñadores que van a talar un árbol, que es para lo que sería la motosierra. Hay un intento de reivindicar esa masculinidad a la antigua, chapada a la antigua… entiendo que para muchas un leñador podría ser un objeto de deseo en el sentido estos estereotipos masculinos de antes, alguien que sabe hacer cosas. A mí, de hecho me erotizan los constructores de casas que saben hacer cosas, que te puedan arreglar algo. El otro día le decía a una amiga que estoy en un punto en el que me erotiza el machismo clásico [risas]. Pero estos la usan solo para destruir, no solo políticamente. 

Y, por supuesto, es un símbolo ultrafálico. De hecho yo creo que también por eso seduce a un cierto sector de las mujeres que sufrió este desplante masculino en lo sexual y se erotiza con eso. Pero no es un elemento erótico real porque justamente esa necesidad de suplantación, esa extensión peneana, es porque no son viriles: ellos son impotentes o frustrados, o no les fue bien con las mujeres. Es una sobreactuación de lo fálico que por supuesto tiene que ver con que los otros varones vean algo de la reivindicación masculina. Es como si fuera más patético que el campamento militar de la serie Machos Alfa. Es una farsa, pero cumple ese efecto de todas maneras. 

Luciana Peker 11-02-26 - 6
Peker dejó Buenos Aires a finales de 2023 tras lo que definió como una “campaña de hostigamiento” David F. Sabadell

Además, es un elemento muy destructivo y está basado literalmente en una película que es La masacre de Texas. La persona que hace las motosierras que regala Milei, como la que le regaló a Elon Musk, es una persona que empezó a fabricar motosierras cuando vio esta película de terror que está basada en un caso de un femicida real en Estados Unidos. No es una analogía casual, eso es lo que quieren hacer. En la Argentina hoy, el actual ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, quiere generar una ley que castigue las denuncias falsas, con lo que implica: no solo desalentar, sino criminalizar a las denuncias por abuso sexual. Y dice que la figura de femicidio que existe en la Argentina, en el Código Penal como agravante, es inconstitucional. O sea, alientan directamente que se cometan delitos y combaten directamente la posibilidad de investigarlos. Y lo hacen mientras exaltan esta herramienta.

El ataque a los feminismos es el ataque al único movimiento que fue capaz de enfrentar a este neofascismo

De todos los símbolos que podían haber elegido, ¿la motosierra es la que más directamente apunta a las feministas?
Exactamente. Es una amenaza directa. Y después, por supuesto, tiene la dimensión económica. El ataque a los feminismos es el ataque al único movimiento que fue capaz, porque estamos en otro momento del mundo y de los feminismos, pero que sí fue capaz en un momento de auge entre 2015 y 2020 de enfrentar a este neofascismo. Entonces, es una amenaza directa e implica el ajuste sobre las políticas públicas y los presupuestos estatales. 

Y en ese sentido sí para mí es muy importante decir que esa motosierra se aplica mucho más fuerte en los países del sur, o sea, se aplica mucho más fuerte en Argentina que en otros países donde igualmente se sube. Por ejemplo, Elon Musk la sube en la convención conservadora y queda como el gran símbolo de Elon Musk. Después, en Twitter, le dicen: “Hiciste mal, mostraste falta de empatía”. Y dice: “Sí, estuve mal”. Pero es la gran imagen de él. Ahora que vuelve con su idea de la luna… cohete y motosierra, sería. Lo que hay detrás es esta idea es que, si no puede romper todo, se va a ir a otro lugar. Más allá de las bases científicas que pueda tener esa posibilidad, es una posibilidad dicha con todo el contexto que acompaña el discurso de Elon Musk en el sentido destructivo: no es dicha como una construcción científica de avance y progreso sino que implica que acá ya no hay nada más que hacer.

Y él, como director del DOGE, no logra hacer ese ajuste en Estados Unidos, porque se pelea con Donald Trump, que quiere hacer una ley de presupuesto donde finalmente no hacen déficit cero como sí lo hacen en Argentina. Pero sí recorta en ayuda al desarrollo. De hecho, la previsión es que el corte de Estados Unidos va a significar 14 millones de muertes lo que, sumado al recorte en desarrollo de toda Europa, va a significar que en el 2030 pueda morir casi la mitad de la población de España, 22 millones de personas. Y, sin embargo, no se dice nada de ese recorte. Me parece muy simbólico también que Ayuso lo fue a ver después de pasar por Punta del Este en el verano argentino, el invierno europeo, a Javier Milei. Y él en sus redes muestra la foto con la motosierra, pero ella la recorta, porque a Europa le quiere decir que ella no va a hacer ajuste. Las extremas derechas siempre son peligrosas, pero el ajuste económico sobre los pueblos del sur global y de América Latina es muchísimo más fuerte. 

Una idea del libro es que nadie se ha tomado tan en serio el feminismo como el de la extrema derecha. ¿Qué quieres decir con esto?
Hay algo que me importa mucho decir y es que este libro está escrito con el corazón en Argentina, con la cabeza en Argentina, desde España. Y que es un libro que realmente siento que puede ayudar mucho en este momento de España. Porque la violencia no empieza cuando la extrema derecha llega al poder, sino que empieza la violencia para poder llegar al poder. España está a tiempo todavía, no solamente de que la extrema derecha no sea el poder político, sino de poder contrarrestar todo su poder cultural, de violencia. Esto se empieza a ver, por ejemplo, cuando esta semana hubo gente que tuvo que retirarse de los medios o que dio un paso al costado. La extrema derecha es tan violenta que realmente sus efectos son muy conocidos, pero en España todavía se pueden tomar medidas, no solo en lo político partidario, sino en todo el ecosistema. 

En Argentina, una de las cosas que pasó es que no solo llegaron al poder, sino que desde el poder cultural, académico y periodístico, hubo un proceso que yo llamo “machopolis” en el que sacaron a todas las mujeres y nos silenciaron completamente. Y todo volvió a salir del monopolio de la boca masculina. Había algunos analistas que habían estudiado la extrema derecha y le echaban la culpa al feminismo de haberse pasado tres pueblos. Pero además decían que nosotras no la veíamos. Mientras, nosotras no sólo la veíamos, sino que la extrema derecha nos atacó directamente a nosotras. A mí, en lo personal: Agustín Laje, que es el gran ideólogo de la extrema derecha, de lo que se llama la batalla cultural de Javier Milei, me atacaba a mí directamente en la televisión, era un hate personal. ¿Cómo no la voy a ver, si me atacaba? Mientras los hombres del peronismo, de los sectores populares, progresistas, de izquierda te subestimaban y no te escuchaban, la extrema derecha sí que escuchaba. Sí que sabía quién eras. Sí que sabía lo que estabas haciendo. Sí que te imitaban —el feminismo saca el pañuelo verde y la extrema derecha el pañuelo celeste—. Pero no te subestimaban. Creo que incluso ahora no lo hacen. 

Los hombres de izquierdas no solo no han podido asimilar las interpelaciones del feminismo, sino que directamente las han combatido

La subestimación de los sectores de izquierda, en este momento en España y en este momento del mundo con los archivos de Jeffrey Epstein, queda consolidada muy fuertemente no como una excepción, sino como una posición muy fuerte, como con una posición claramente resistente a poder escuchar y ser interpelados. La cantidad de personas de izquierda cuestionados, denunciados —con las dificultades que hay para denunciar— que además lo hicieron post Ni una menos, post La Manada… La posición de Noam Chomsky, más allá de las explicaciones de su esposa Valeria, poniendo él en un mail directamente la frase en “la histeria de las mujeres por las denuncias de abuso”, con lo que significa el estigma de la histeria en el análisis de Freud. O, por supuesto, Boaventura Sousa. Esto termina de mostrar que los hombres de izquierdas fueron resistentes, que no solo no han podido asimilar las interpelaciones del feminismo sino que directamente las han combatido, y que hay una alianza hoy de varones que es la que posibilitó este este ataque a los feminismos que implicó un retroceso. 

Has empezado diciendo que España “está a tiempo”. ¿Está a tiempo de tomarse en serio esa interpelación de las feministas?
Yo creo que con la victoria de Milei, que sin lugar a dudas es el gran laboratorio de la extrema derecha en América Latina, pero con los lazos innegables con España, tendría que haber tomado una posición mucho más fuerte contra el crecimiento de las extremas derechas. Antes también, pero una fecha clave fue el 10 de diciembre del 2023. De hecho, Javier Milei ataca directamente a Pedro Sánchez, saca al embajador de España, que ahora vuelve. Se intentó que la extrema derecha fuera un fenómeno latinoamericano y que se siguiera usando económicamente la explotación de los recursos naturales del sur para conservar una Europa con valores democráticos. Ese planteo, que era un planteo neocolonial, fracasó porque la extrema derecha se la lleva puesta, y porque los barones de extrema derecha hacen alianza con los de izquierda, y la extrema derecha hace alianza entre Argentina y España. En cambio, la izquierda española cree que se puede salvar sola usando los recursos de América Latina, pero se hunde, que finalmente es lo que pasa. 

Por ejemplo, va Javier Negre a Argentina, compra la mitad de La derecha diario y desde Argentina incita a que haya las agresiones en Paiporta a Pedro Sánchez, entre otros. La extrema derecha está unida y promueve acciones desde Europa contra de Argentina, pero por el otro lado también aprende de cómo se profundiza la extrema derecha en Argentina para ejercer esos mismos mecanismos. De igual modo que Elon Musk es quien apoya a Javier Milei en Twitter o en X, en más de cuatro reuniones, subiendo la motosierra y hoy ataca directamente a Pedro Sánchez. 

El gran ejemplo de cómo contrarrestar a Elon Musk es Lula da Silva en Brasil. Y, de nuevo, cuando lo hace Lula se lo deja solo. Ahora también lo hace España, pero como si nadie lo hubiera hecho antes cuando para mí el gran estadista que hoy se opone a los tecnofeudalistas es Lula da Silva, por supuesto desde un país latinoamericano. Pero aunque Brasil sea una potencia económica por población, por extensión territorial, un país con mucha potencia... no puede hacerlo solo. 

Creo que, aún cuando se tendría que haber empezado antes, España está a tiempo. Está a tiempo de que la extrema derecha no sea el gobierno. Está a tiempo de reconocer y fortalecer a los feminismos como una gran resistencia donde por supuesto tienen que ir aliados al antifascismo y al antirracismo. No hablo nunca de un feminismo solo, sino de un feminismo popular y antirracista, con las migrantes, especialmente en España y en Europa. Y está a tiempo de entender también cómo defenderse de eso que la extrema derecha llama una “batalla cultural”, que tiene muchas formas: leernos, escucharnos, encontrarnos. También creo que una de las cosas que están mal planteadas es pensar que todo pasa por los resultados electorales. Hoy la extrema derecha está avasallante. No es la alternancia de antes, PP-PSOE o, en Argentina, radicalismo-peronismo; no es una alternancia electoral, es una derecha antidemocrática. 

Has dicho que a veces echabas de menos el machismo clásico. Vamos a acabar echando de menos la alternancia de partidos clásica.
Me pasan cosas con la derecha clásica. Ya estoy en ese punto muy claramente. 

Estás haciendo conexiones globales, pero vamos a ir a pararnos en Argentina. Dice Lucía Lijtmaer en el prólogo que Milei no es una “anomalía excéntrica”. Y yo pienso: vale, no es una anomalía, pero... un poco excéntrico sí, ¿no?
A España y en general el mundo lo que más le llama la atención son esas características de loco. Hay un libro de de José Luis González que se llama El loco, en general dicen “es un loco”. Sin lugar a dudas. Más allá de que en todo hay estrategias electorales, yo no creo que sea una estrategia electoral, sino que él es así. En la campaña electoral hubo un analista de derecha que es muy de culto y que todos escuchamos y leemos con mucho respeto... Los periodistas de la derecha clásica también nos erotizan [risas]... Esto es en serio: hay una derecha, tanto periodística como política, con la que uno puede disentir, pero que tiene información, que tiene respeto, que tiene valores, que pasa a ser escuchada y valorada. Este periodista se llama Carlos Pagni, es un analista de La Nación y de TN. Y Pagni decía que no puede llegar al gobierno alguien con esta inestabilidad emocional. 

Yo escribí una nota donde decía que el problema no es que esté roto, loco, quebrado o con problemas emocionales, porque en realidad los varones están así, están rotos, están quebrados, tienen problemas emocionales. Es parte de lo que pasa con el fenómeno incel y todas sus subespecies, que es que terminan siendo misóginos. Pero cuando uno escucha o lee hay un dolor muy fuerte ahí. Finalmente Milei llegó a un establishment al que en muchos casos no le hace gracia esa locura. Probablemente en España no pudiera llegar alguien tan roto, porque la crisis económica genera gente más rota. Si bien el fenómeno incel o de varones que odian o las mujeres es un fenómeno global, la masculinidad está más rota en países donde hay más crisis económica. Y Milei es un símbolo de eso, por eso le sirve y por eso ni siquiera es el lugar en el que más me gusta atacarlo, porque representa eso. 

Luciana Peker 11-02-26 - 8
Luciana Peker en un momento de la entrevista con El Salto. David F. Sabadell

¿Por qué un hombre que no tuvo hijos, que no está casado, que va a un programa de televisión y dice que él está “invicto” es el que te dice tradición, familiar y propiedad? Porque los varones se identifican con un varón que para mí, dentro de las descripciones de las descripciones de Laura Bates [en Los hombres que odian a las mujeres], es esto que llaman MGTOW, o sea, un varón que huye de las mujeres. Milei es eso. Es alguien que te dice que en la quinta presidencial no quiere vivir, sino que se fue a vivir al cuartito de las herramientas y dice que cuando termine el mandato se va a vivir solo con los perros.

Me dices cosas que me cuesta creer y pasan cosas que cuesta creer aunque las esté viendo retransmitidas al momento...
Es un punto esto que dices, el no poder creerlo. Porque hay un punto donde todo es tanto que la gente no asimila y por lo tanto no reacciona. Así que en esa frase tuya hay un montón de cosas, cuando ya la realidad no es asimilable. 

Para intentar explicar lo que está pasando hoy con la extrema derecha nos pasamos años diciendo que había complejidades, que no todo era malo o bueno. Pero, ahora, estos son malos y son algo monstruoso

Yo me lo imagino como Stranger Things. Se han abierto unos portales y lo que antes estaba dentro y era imposible de ver y creer ahora está fuera. Se ha quebrado algo y lo terrible ahora no es subterráneo sino que viene de cara. 
Leí una nota de un periódico italiano de un periodista antifascista que se llama Leonardo Bianchi, que en su newsletter hizo una descripción de las analogías políticas de Stranger Things con Estados Unidos. Y contaba algunas censuras de Netflix, y cómo los creadores tuvieron que bajar muchas referencias a teorías conspirativas. Yo creo que parte del éxito de la serie es que hay algo de lo monstruoso que está pasando. Para intentar explicar lo que está pasando hoy con la extrema derecha nos pasamos años diciendo que había complejidades, que no todo era malo o bueno. Pero, ahora, estos son malos y son algo monstruoso, hacen referencia y apología de lo monstruoso. Y a la vez, sin espoilear [alerta spoiler], hay algo también ahí, en la figura de Once, de que la única que puede derrotar a esos monstruos es una mujer finalmente… que es muy inteligente, con mucha cabeza, y está la cuestión de si esa mujer se tiene que morir o no. Hay algo del sacrificio que se les pide a las mujeres que se han enfrentado a esos monstruos. Y, sí, me parece que es una serie que no solo evoca, digamos, a los 80, sino que muestra algo de lo que pasa, que es algo que no estaba en nuestra imaginación, que no estaba en lo posible.

La odiocracia es hoy una realidad y lo es también en España; hace dos años era inviable que aquí se amenazara directamente a periodistas

¿Estamos en un proceso de hacia la odiocracia o ya es una realidad en países como Argentina, Polonia, Hungría, EE UU? 
La odiocracia es hoy una realidad y lo es también en España. Creo que España tiene que hacer los máximos esfuerzos posibles para que no tome el poder político este sistema de odiocracia. Pero la odiocracia existe hoy también en España. Odiocracia contra las mujeres y las periodistas que denuncian abusos sexuales como Ana Requena, odiocracia contra Cristina Fallarás a quien Vox ha puesto en una página web, contra Sarah Santaolalla, o contra las dos personas que tuvieron que dejar los espacios televisivos o de redes.

Lo que para mí es muy importante que se entienda es esto: no es que si llega al poder la ultraderecha eso va a empezar, sino que eso ya empezó. Hace dos años era inviable que se amenazara directamente a periodistas dentro de España, hoy empieza a ser aceptado y normalizado. Esa odiocracia ya existe en España. Te decían que en España era inviable, imposible, que hubiera ataques directos contra migrantes como sucedió en Reino Unido, por supuesto por Apología de Elon Musk. Y, sin embargo, sucedió en Murcia. Entonces todo lo que parecía que no pasaba ya está pasando. Eso tiene resistencias a la vez. Por ejemplo, la convalidación de la regulación me parece la medida más valiente de España, por supuesto surgida del movimiento Regulación Ya y del movimiento migrante. 

Pero España tiene una virtud, que es que se está confrontando y, de hecho, Elon Musk ataca en esta semana a Pedro Sánchez y a Irene Montero. Y más allá de las particularidades —que en España es difícil hablar de de las particularidades porque es un país con muchas internas— yo creo que la política y la sociedad debería unirse en que un tecnofeudalista no pueda atacar ni a su presidente ni a una eurodiputada, más allá de las diferencias. Porque Elon Musk tuvo una intromisión directa en la política alemana, en la política del Reino Unido, en directamente en fomentar ataques directos a hoteles de refugiados y migrantes. España es el gran objetivo de la extrema derecha. Esto está dicho por el presidente de la Fundación Heritage, parte del movimiento Maga, porque es un lazo indudable, es un contrapunto dentro de la Unión Europea a la extrema derecha y un lazo con América Latina. Entonces, España es un punto muy clave, una ficha de ajedrez muy clave. Y yo creo que es muy importante oponerse a eso. 

Dentro de las medidas que de hecho se están proponiendo, yo también creo que es importante entender que hoy ninguna medida sola va a terminar con este tecnofeudalismo, pero que es mejor que se tomen medidas incluso que en otro momento nos hubieran parecido mal. Por ejemplo, en general sabemos que prohibir no es una solución, pero en este momento es importante tener autoridad frente al autoritarismo. Si no se tiene un poco de autoridad, el autoritarismo después no va a respetar ningún paradigma democrático. 

Acabas diciendo: “La única atención masiva democrática, es la construcción feminista”. A pesar de todo, ¿sigues confiando en el potencial de esa construcción feminista como la que puede plantar cara a lo que está pasando?
Hoy la realidad es un feminismo criminalizado, perseguido, amenazado. Y deslegitimado, no solo por la extrema derecha, como decíamos antes. Hay una comediante argentina que se llama Malena Pichot, que habla de “camaradería peneana”. Esta camaradería peneana se une para decir: “Esto se discute, pero entre machos”. A mí, en un libro periodístico me interesa hacer un diagnóstico realista. No decir una utopía como que el feminismo va a renacer. En el nivel en el que estamos hoy de amenaza, de criminalización, de silenciamiento, no se puede renacer de la nada. Y también la sororidad o la solidaridad entre mujeres y diversidades es una construcción histórica muy chiquita y evidentemente lo que pasó es que también vuelven competencias, divisiones que son absolutamente nocivas para incluso la supervivencia. Ahora vos das con la palabra justa porque es el ‘potencial’. El potencial es un potencial de encuentro. Es un potencial de potenciarnos, es un potencial de tener una gran masa popular. Es un potencial de estar unidas absolutamente contra el racismo, contra el fascismo, contra la discriminación. Y hoy nunca sería el feminismo solo, sino con los movimientos sociales. Por eso el feminismo elitista, el feminismo que solo quería una agenda de género para algunos derechos o privilegios, eso es una ONG elitista. Eso no tiene nada que ver con el feminismo como construcción popular. 

Por eso yo hablo de feminismo en términos populares y de construcción básicamente latinoamericana, una construcción que tiene tejido social, que tiene un tejido con los territorios, que tiene tejido con el ambientalismo, que tiene tejido con los movimientos afro, con los pueblos originarios, que tiene una tradición de encuentros multitudinarios, que tiene una tradición autónoma y horizontal, no en un sentido elitista, europeo, de ONG, que hoy ya está finiquitado, salvo como una agenda muy chiquita que sostenga algunos privilegios mientras los pueda sostener. Pero el feminismo como movimiento social sí tiene esa potencia de ser una bicicleta que empuje y acompañe a otros movimientos, sin lugar a dudas. Ahí sí yo creo que es un momento en donde no es el feminismo, las mujeres y las diversidades solas, sino junto con los varones, porque este es un momento de otra dimensión social. Y lo de Benito lo demuestra. 

Benito nombrando a América con todos los países de América Latina es la respuesta más importante que se ha dado a este odio que nace contra América Latina

Yo creo que Benito nombrando a América con todos los países de América Latina es la respuesta más importante que se ha dado a este odio que nace contra América Latina. Y, a la vez, Benito diciendo “yo perreo sola” es algo que nace de escuchar a los movimientos feministas contra el acoso. Hay algo que va por ahí que es juntos. Por eso los varones tienen que estar a la altura de la interpelación feminista, porque ahora necesitamos estar juntos. Los hombres solos, sin las redes que ha creado el movimiento feminista, no van a poder, porque siguen estando en un guiño-guiño de la misoginia que propone la extrema derecha. Y los feminismos solos hoy no tienen ningún sentido, solo tienen sentido con los movimientos sociales. 

Turboneoliberalismo, ultracolonialismo, tecnocensura, fascismo trash, catecismo woke. ¿Necesitamos un montón de palabras nuevas para entender un fenómeno nuevo? ¿O es lo mismo de siempre con unos aumentativos?
Creo que lo que estamos viendo ahora no es lo mismo de siempre y que por eso es necesario escribirlo. Y yo creo también que por eso es tan importante que los escribamos desde el periodismo. Porque, más allá de que usemos palabras para definir estas nuevas realidades que pasan, lo intentamos explicar de una manera sencilla, no académica y no elitista, que forma parte del feminismo popular. Nosotras pudimos transmitir cosas y que se entendieran, ese fue un éxito de la narrativa feminista y yo creo que por eso es tan importante que ahora lo hagamos con lo que está pasando. 

Luciana Peker 11-02-26 - 5
Peker invoca al antifascismo y al antirracismo, además de al feminismo en la lucha contra la extrema derecha. David F. Sabadell

Y creo que también es muy importante que podamos seguir escribiendo mujeres y feministas porque también el silenciamiento por las amenazas, por el hostigamiento, por el descrédito, por la asfixia en todo sentido, hizo que muchas nos tuviéramos que callar y dejar de escribir. Y porque esta alianza masculina toma venganza también de que las mujeres hayamos podido llegar a la industria editorial, a los libros, etcétera y con todo el valor que tiene, se deja que sigan haciendo literatura —vayan, e inventen… que no es algo menor, por supuesto—. Pero los hombres volvieron a ser los que toman la palabra sobre cómo explicar lo que pasa en el mundo. Para mí es imposible explicar la extrema derecha sin una visión feminista. Entonces, que no se asusten por las palabras, porque se entiende, hacemos todo lo posible para que se entienda. 

La extrema derecha y los líderes de esta batalla cultural nos odian, pero no nos minimizan. Nos amenazan, pero no nos subestiman. El periodismo feminista hoy es uno de los primeros enemigos de de los odiócratas

En este contexto de optimismo que hubo con las huelgas, con los logros, feministas, de forma muy clara con la Marea Verde en Argentina, creo que también hubo mucho entusiasmo con el periodismo feminista. ¿Sigues entusiasmada con el periodismo feminista? ¿O se lo ha llevado por delante este nuevo contexto global?
La extrema derecha y los líderes de esta batalla cultural nos odian, pero no nos minimizan. Nos amenazan, pero no nos subestiman. El periodismo feminista hoy es uno de los primeros enemigos de los odiócratas. Somos muchas las que intentamos hacer y resistir, pero también hay una gran diferencia norte-sur. En Argentina y en América Latina cuesta muchísimo seguir haciendo periodismo feminista hoy. Hay informes de Amnistía Internacional, de Fopea que es la entidad de periodismo en Argentina, de Sipreba que es el Sindicato de Prensa de Buenos Aires. Hay más de seis informes. Sin embargo, no fue escuchado ni siquiera lo que estaba pasando. 

Vos nombrás la huelga feminista. La huelga feminista nace de Argentina y después explota en España un año después. Este neocolonialismo es eso, inspirarte en el sur en una huelga global que se hace en el 2017 en Argentina, que genera tanto impacto en España, y que después se suelte la mano cuando ese territorio del cual se toman ideas es castigado con mucha mayor crueldad y con mucha más penetración. Creo que hay un nivel de ataque que es feroz, que va a sobrevivir más en España que lo que puede sobrevivir en América Latina por condiciones estructurales, económicas. Y que si el periodismo feminista de España no da la mano al periodismo feminista latinoamericano, reproduce el neocolonialismo de una manera tajante. Si no hacemos cosas para sostener el periodismo feminista, no va a haber una resistencia real. 

Hoy la realidad es terrible, tenemos que sobrevivir y esto lo tiene que entender la cooperación internacional, lo tienen que entender los gobiernos que todavía sean democráticos y lo tienen que entender también las lectoras y las audiencias. Tenemos formas de sobrevivir si nos apoyamos entre nosotras, si nos escuchamos, si nos leemos, que fue la forma en la que pudimos salir a la superficie desde la marginalidad en la que escribíamos. No depende solo del poder. Creo que la única capacidad de contrarrestar estas narrativas de odio es con las bases de ese periodismo feminista, por supuesto popular y antirracista. 

Es central que en este momento que es muy bisagra para España, en el que ha sido atacada directamente por el tecnofeudalismo de Elon Musk más y donde Europa está amenazada directamente por Donald Trump, si España no mira y no escucha lo que está pasando en América Latina y no puede leer y escuchar a periodistas feministas, va a estar mucho más condenada a quedar presa de esos ataques, que además son ataques que provienen de una alianza directa entre la ultraderecha española y la ultraderecha latinoamericana. Considero que es esencial que España salga de ese eurocentrismo, de creer que todo empieza cuando empieza a pasar en España, que pueda leer, aprender y reconocer las experiencias latinoamericanas para ser solidarios con lo que pasa en el sur y para defenderse de lo que ya les pasa y que les puede pasar de una manera mucho más grave. La ultraderecha en Argentina actúa, gracias y por desgracia, a la ultraderecha española. Entonces, la única salida es juntos, no desde un lugar de superioridad, sino desde un lugar de reconocimiento, escucha y lectura. 

Argentina
Milei recibe dos medallas en Madrid en un nuevo viaje “no oficial” sufragado con dinero público
El presidente argentino vuelve a España entre acusaciones cruzadas con el Gobierno de Sánchez, medallas de Díaz Ayuso y la extrema derecha y una concentración para denunciar la crisis social que ha desencadenado su gestión ultraliberal.
Estados Unidos
El Gobierno de Trump revictimiza a las mujeres que fueron abusadas por Epstein y su club de poderosos
Los papeles publicados han dejado sin censura los nombres de 43 y las fotografías de otras 40 víctimas del empresario condenado por violación. La Fiscalía asegura que no se abrirán nuevos casos relacionados con la trama de pederastia.
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...