María Bruguera Pérez
María Bruguera Pérez. Foto: Revista Mujeres Libertarias, 1993.
6 abr 2026 07:01

En la penumbra espesa de la posguerra española, donde la memoria parecía condenada a extinguirse entre silencios, existieron mujeres y hombres cuya vida conllevó una intensidad y sacrificio que ni la represión, ni las cárceles, ni los fusilamientos pudieron borrar. Entre una de esas muchas familias se alza con fuerza la de los Bruguera Pérez, una familia de militantes libertarios cuyo destino quedó marcado por tres caminos paralelos.

Este artículo aborda, desde una perspectiva histórica y narrativa, la trayectoria libertaria de la familia Bruguera Pérez y la violencia múltiple que ejerció sobre ellos la dictadura franquista entre 1936 y 1961. A través de una aproximación “micro histórica” y usando como marco la represión política, económica y de género en Extremadura, exploramos las vidas de Antonio Bruguera Mendo, su hija María Bruguera Pérez y su hijo Antonio Bruguera Pérez.

Son vidas marcadas por el compromiso, el sacrificio y la supervivencia, tres llamas que ardieron con intensidad, compartiendo un mismo compromiso ideológico y el mismo destino de la represión franquista. La combinación de historia social, memoria familiar y análisis histórico permite comprender la profundidad del trauma causado por la dictadura y la necesidad contemporánea de recuperar estos relatos para la memoria democrática.

Introducción

Hay historias que se transmiten como rescoldos, como brasas casi apagadas que resisten bajo la ceniza del silencio impuesto. En la España de posguerra, donde recordar podía ser peligroso y olvidar parecía obligatorio, algunas historias sobrevivieron en la sombra.

El padre, Antonio Bruguera Mendo, trabajador del sector de los tapones de corcho, sindicalista y libertario, fue presidente de la Casa del Pueblo de Jerez de los Caballeros y figura central del anarcosindicalismo local, luego fusilado por los franquistas. Su hija, María, joven oradora libertaria, pionera del anarco feminismo, fue condenada a cadena perpetua y superviviente de las cárceles que marcaron a varias generaciones. El hijo, Antonio, preso durante décadas en las cárceles franquistas, resistente en la clandestinidad y militante en el exilio.

Tres trayectorias que, puestas en diálogo, permiten comprender en profundidad la violencia estructural del régimen franquista y la respuesta ética y el compromiso militante de quienes se negaron a abandonar sus ideales. Esta es su historia.

1. Jerez de los Caballeros: geografía social de lucha obrera

Jerez de los Caballeros está situado en el sur de la provincia de Badajoz, limítrofe con la provincia de Huelva y en la frontera con Portugal. En 1936 Jerez de los Caballeros contaba con una población de unos 13.800 habitantes, era un microcosmos de la Extremadura rural: jornaleros sin tierra, desigualdad agraria y un proletariado del corcho cada vez más politizado. Aquí arraigaron con fuerza desde finales del S. XIX las sociedades obreras de carácter anarquista y socialista, gracias, en gran parte, a la labor organizativa de trabajadores, entre otros, como Antonio Bruguera Mendo, que había conocido el anarcosindicalismo cuando aprendía el oficio de taponero del corcho en Sevilla y lo llevó de regreso a su pueblo como herramienta de organización y lucha obrera.

Mapa refugiados Badajoz 1936
Mapa con el avance tropas rebeldes por la provincia de Badajoz en 1936 y huida de los refugiados.

El movimiento libertario no fue solo sindical y de lucha por mejoras económicas y sociales: fue también cultural. En 1932, los hijos -María y Antonio- fundaron, junto a otros jóvenes, las Juventudes Libertarias de Jerez de los Caballeros, germen de iniciativas como el grupo cultural “Ni Dios ni Amo”, dedicado a promover lecturas, obras teatrales y debates en localidades cercanas. La politización juvenil y femenina, atípica para pueblos rurales de aquella Extremadura, convirtió a los Bruguera en figuras visibles… y, por ello, especialmente vulnerables tras el golpe de Estado franquista de 1936.

2. Antonio Bruguera Mendo: el padre que no se rendía

El padre de Antonio, Tomás Bruguera Sala era de Palafrugell (Girona) desde donde se trasladó a Jerez de los Caballeros para trabajar en la industria del corcho, muy potente en aquellos años en Extremadura. En esta localidad extremeña nació Antonio Bruguera Mendo en 1879. Dicen que Antonio tenía las manos curtidas por el corcho y una mirada que combinaba cansancio y claridad. Era un hombre hecho a sí mismo, formado en centros obreros donde la lectura no era lujo, sino herramienta de supervivencia. Era parte de aquella generación que creció bajo el peso de la desigualdad y la miseria impuesta por una sociedad caciquil extremeña, donde unos pocos controlaban casi todo y la inmensa mayoría sobrevivía como podía. Las conversaciones en las tabernas, los mercados y los portales repetían casi siempre lo mismo: “Algo tendrá que cambiar” … Y Antonio, como tantos, escuchaba, asentía y cada vez hablaba un poco más.

En Jerez, tenía fuerte presencia el PSOE, que agrupaba a la mayoría de los campesinos, mientras que el anarquismo se vertebraba en torno a la industria del corcho y sus diferentes ramos. Antonio pertenecía a la sociedad obrera de taponeros del corcho “El Despertar”, donde había gente muy competente, con amor a la cultura y que ya a principios de siglo XX fundaron un periódico que se tituló “El Clamor Jerezano”. Entre sus figuras destacadas se encontraba también Baldomero Tanco Pérez, quien fue presidente de esta sociedad y fundador del partido socialista local en 1903. Avanzados ya los años treinta, los sindicatos del corcho se integran mayoritariamente en CNT.

Cartel CNT Extremadura Guerra Civil
Cartel de la CNT Extremadura durante la guerra. Fundación Anselmo Lorenzo.

De carácter autodidacta, Antonio tenía buena predisposición para la oratoria y había intervenido en actos públicos y, como tantos otros militantes en aquel entonces, fue varias veces detenido y conducido por carretera, en medio de las parejas de la guardia civil, camino de la cárcel por promover huelgas y luchas sociales. Por este motivo, su esposa, Elisa Pérez, había montado una pequeña tienda de comestibles que atendía con sus hijos y que servía para el sustento de la familia cuando Antonio estaba preso o no encontraba trabajo como consecuencia de las presiones patronales.

Los años de la II República fueron años de esperanza para las organizaciones obreras. La reforma agraria había despertado el anhelo acabar con la miseria, pero la lentitud para su aplicación y el boicot de las oligarquías caldeaba cada vez más los ánimos e impulsaba a la ocupación por parte de un campesinado cada vez mejor organizado. Todo se fue al traste con el inicio del golpe de Estado de julio de 1936. Como en tantas localidades, se creó en Jerez de los Caballeros un Comité de Defensa que aglutinaba a todas las entidades republicanas y obreras para hacer frente a la sublevación. Antonio y su hijo participaron en el Comité de Defensa de Jerez, cuya actuación siguió la pauta general de los pueblos que resistieron un tiempo la sublevación: detuvieron a los miembros derechistas (en un número elevado, 137), para evitar su participación en la trama golpista, sin que llegaran a matar a ningún jerezano.

Hasta la fecha en que el Comité republicano había controlado la localidad no se produjo el fusilamiento de ningún vecino, aunque sí hubo muertos derechistas en otros pueblos cercanos y sin que pueda documentarse cómo ni quién participó. Algunas fuentes orales señalaban un cierto acuerdo de evitar muertes de uno u otro lado si la situación cambiaba. No fue así, tras la ocupación de Jerez por los sublevados, que se llevó a cabo el 21 de septiembre de 1936, es bien conocida que, “se cogieron 60 muertos” por las calles de Jerez (F. Espinosa, La columna de la muerte). A partir de esa fecha, en los meses y años posteriores la dictadura acabó con la vida de más de 150 personas en esta localidad.

La caída de Jerez provocó el intento de huida hacia la zona republicana de aquellos que fueron conocidos como la “Columna de los 8.000” en septiembre de 1936, los refugiados de Huelva y del sur de Extremadura, que se iban retirando a medida que los golpistas avanzaban desde Sevilla para ocupar la provincia de Badajoz. Estas bolsas de refugiados habían quedado aisladas en el suroeste tras el control de la carretera N-630 que unía Sevilla con Mérida. Estas familias buscaban llegar a territorio controlado por la República, especialmente hacia Azuaga, intentando cruzar líneas enemigas por caminos secundarios hacia la zona de Llerena, ya bajo control rebelde. La marcha arrancó desde Fregenal de la Sierra el 16 de septiembre de 1936 repartidos en varios grupos a los que se fueron sumando más personas de pueblos cercanos. Eran personas civiles que fueron masacrados por los franquistas en su huida en las inmediaciones de Fuente del Arco, cerca de Llerena y antes de llegar a zona republicana. La persecución fue constante, solo algunos grupos lograron pasar, el resto fueron detenidos y en la mayoría de los casos, fusilados sin más procedimiento.

Columna Ocho Mil
Algunos componentes de la Columna de los 8.000. Fotografía: Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica “José González Barrero”.

Antonio Bruguera, había formado parte del Comité de Defensa para organizar la resistencia y atender a las personas que huían de los pueblos ocupados por los fascistas. Entre ellos, había llegado algunos milicianos procedentes de las minas de Río Tinto, cuyo responsable era Antonio Molina, y que, en buena parte, eran anarquistas y contaban con alguna pocas armas y algunos camiones. Antonio Bruguera había estado al frente de una columna de milicianos que intentó recuperar Zafra y otras localidades, sin que fuera posible. Ante el poderío y avance imparables de los fascistas, Antonio y su hijo, junto con otros milicianos, pudieron pasar a zona republicana, tras logar escapar atravesando el frente en un camión blindado, donde se habían agregado otros compañeros y refugiado de la provincia de Huelva y mineros de Río Tinto. Ya en zona de la Extremadura republicana Antonio Bruguera formaría parte del Comité regional de la CNT establecido en Cabeza del Buey (Badajoz). Durante la guerra siguió luchando y colaboró con grupos de resistencia y la guerrilla durante la guerra.

Tras la derrota republicana, Antonio sabía que volver a Jerez significaba arriesgar la vida.  Aun así, volvió… Y pagó su precio: detención, tortura, consejo de guerra y fusilamiento en Badajoz. Fue acusado por los franquistas de “rebelión militar”, condenado a “Pena de muerte” y ejecutado el 17 de noviembre de 1939 a las siete horas, junto con otros seis compañeros de diferentes localidades. El lugar habitual aplicado para este tipo de pena por los militares era en la “Cañada de Sancha Brava” y cuyos cadáveres fueron trasladados mediante furgón municipal al cementerio de Badajoz para su posterior enterramiento en el mismo: Antonio Bruguera Mendo quedó en una fosa sin nombre: “Fosa común nº 6, departamento 4º, piso 3º, enterramiento 5º”. En la causa oficial de la muerte se hizo constar, de forma humillante y vergonzosa, “hemorragia aguda”…

No satisfechos con quitarle la vida, durante años fue sometido al expediente de incautación de bienes, como consecuencia de la aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas, que era la herramienta central de represión política, económica y social aplicada a quienes se hubieran opuesto a los golpistas, agrupados luego como “Movimiento Nacional”. En la documentación recogida en su expediente se describía a Antonio Bruguera Mendo como “elemento de extrema izquierda”, “afiliado a CNT”, “agitador de masas”, “miembro del comité rojo” y participante en “registros armados”.

Falange Antonio Bruguera Mendo
Documento de Falange acusando a Antonio Bruguera Mendo de “elemento de los más peligrosos de extrema izquierda".

Las nuevas autoridades franquistas comenzaron a construir un “nuevo orden” con una dictadura nacionalcatólica y ese orden necesitaba enemigos y culpables a quienes acusar. No se buscaba tanto comprender qué había hecho realmente cada individuo, sino clasificar, depurar y señalar. Para miles de personas, la incautación de bienes, la declaración de responsabilidades civiles y la apertura de expedientes administrativos se convirtieron en una segunda condena: una que no dependía de tribunales penales, sino de procedimientos burocráticos difíciles de enfrentar, especialmente para quienes no tenían recursos, ni defensores, ni presencia física.

La Guardia Civil, el Ayuntamiento, Falange y el Cura de Jerez de los Caballeros, coincidieron en atribuirle a Antonio Bruguera delitos como saqueos o detenciones, sin pruebas y todo dentro del esfuerzo represivo por construir un enemigo político interno. Como consecuencia, además de ser asesinado y desaparecido, la represión franquista aún le impuso una multa desorbitada para que pagara la familia, 25.000 pesetas de la época (donde un jornalero ganaba poco más de siete pesetas al día, cuando trabajaba). Buscaron y rebuscaron posibles bienes, intentaron quedarse con una casa que era de los hermanos de su mujer (que había sido asesinada), quedando acreditado que Antonio no tenía nada para pagar o embargar, y todo aún seguía en años después de haber sido asesinado. Su ausencia sería una sombra larga de la posguerra familiar. Pero también, para sus hijos, María y Antonio, un eco persistente de dignidad.

3. Antonio Bruguera Pérez: el hijo que cruzó fronteras

El hijo, Antonio Bruguera Pérez, heredó el nombre del padre, pero también su lucha y compromiso. Creció entre la clandestinidad, huidas y asistiendo a asambleas en voz baja. No fue extraño que naciera en Barreiros (Portugal), el 17 de marzo 1917, donde se encontraba su familia debido a la persecución de su padre por la represión en contra de las organizaciones obreras de la localidad. Desde muy joven, Antonio, hijo, destacó en el anarquismo local: fue fundador de las Juventudes Libertarias y pronto formó parte del Comité de Defensa de Jerez de los Caballeros frente al avance de los golpistas desde Sevilla y, junto con su padre, logró luego pasar a zona republicana y seguir combatiendo.

Informe Falange Bruguera
Informe Falange sobre las no propiedades Antonio Bruguera Pérez.

Antonio, de 21 años, tras la guerra, fue acusado de “Rebelión militar”, condenado primero a “Reclusión perpetua”, luego conmutada por la de 30 años de prisión.  No era suficiente castigo, faltaba también la represión económica. El expediente de responsabilidades políticas (475/1939) muestra un proceso represivo esencialmente económico-administrativo, fue objeto de una búsqueda reiterada de propiedades, no teniendo nada, igual que su padre y su hermana, pero se le impuso una multa de 300 pesetas. Las autoridades certificaron que no poseía bienes ni ingresos embargables, tanto en 1941 como en los años siguientes.

Como era habitual en la burocracia, el expediente no recogía hechos concretos de participación militar ni política. En su lugar, lo categoriza como “mero ejecutor del delito de rebelión militar”. Esta expresión, típica de miles de sentencias similares, no alude a ninguna acción violenta ni a subversión armada. En el lenguaje franquista, significaba algo muy distinto. Ser “mero ejecutor” equivalía a haber permanecido en territorio republicano, no haberse unido al golpe militar de julio de 1936, ser denunciado por alguien del entorno local, o, simplemente, tener una etiqueta ideológica no afín a los golpistas. En la práctica, Antonio fue condenado no por lo que hizo, sino por dónde estaba y quién era.

En la práctica, Antonio fue condenado no por lo que hizo, sino por dónde estaba y quién era

Su expediente no fue archivado hasta 1961 al no contar con bienes ni poder ser embargado nada. Su juventud quedó encerrada en una geografía penitenciaria: Badajoz, Ocaña, Talavera, el Puerto de Santa María, Córdoba, Talavera, Valle de los Caídos/Cuelgamuros), incluidos trabajos forzados en una España que intentaba borrar cualquier memoria de resistencia. Antonio fue excarcelado en 1945 y de inmediato se integró en la resistencia antifranquista en años en que todavía se confiaba en la inminente caída del dictador. De 1946 a 1949 fue miembro del comité nacional de la CNT clandestina, periodo en el que vivió en Madrid y representó a la Regional de Extremadura por todo lo cual estuvo muy al tanto de las diversas alianzas que se organizaron por el antifranquismo para acabar con la dictadura.

En 1948 viajó a Francia y volvía a España en constantes tareas organizativas y de lucha en la clandestinidad. En abril de 1949 fue detenido y condenado de nuevo a veinte años de prisión (marzo de 1950). En abril de 1952 se fugó del campo de trabajo de Buitrago (tras estar preso en Ocaña y Guadalajara) y en julio huyó a Francia. En el exilio siguió militando junto con sus compañeros afines Ramón Álvarez, Cipriano Mera y otros. Hasta 1992 fue secretario de las Agrupaciones de CNT en Francia. Colaboró en la publicación “Libre Pensamiento” (1988). En Francia vivió hasta 1998 manteniendo viva la llama que su padre había encendido. Su biografía es la de la resistencia, el exilio interior primero, y del exilio exterior después.

4. María Bruguera Pérez: la mujer que sobrevivió a todo

María nació el 6 noviembre de 1915, fue la segunda de los cinco hijos y también la más visible. Tenía voz firme, convicción y un sentido profundo de justicia. María Bruguera fue a la escuela hasta los nueve años, aunque toda su vida luchó por cultivarse y formarse culturalmente. Aprendió a bordar, como su madre, y ayudó en la pequeña tienda de comestibles familiar desde pequeña. Muy pronto se unió a las Juventudes Libertarias en 1932. En Jerez de los Caballeros, antes de la guerra, participó en mítines, impulsó actividades culturales y recorrió la provincia de Badajoz con el grupo de teatro femenino “Ni Dios ni Amo”. Animó a otras mujeres a dejar el servicio doméstico, a luchar por sus derechos y contra los valores patriarcales. Fue una pionera en la lucha por la emancipación de la mujer y del feminismo desde la perspectiva libertaria.

María Bruguera Pérez Joven
María Bruguera Pérez, joven. Fotografía: Revista Mujeres Libertarias, 1993.

A raíz del golpe de Estado del 18 de julio de 1936, su padre, su hermano y su compañero Francisco Torrado Navarro, que en 1932 había sido también uno de los fundadores de las Juventudes Libertarias, participaron en el Comité de Defensa de la República hasta que Jerez fue ocupada por los franquistas.

Antonio Bruguera y su hijo había logrado atravesar las líneas franquistas y llegar a zona republicana en la parte que aún quedaba de Extremadura. María, con su madre, Elisa Pérez, y su compañero Francisco Torrado, huyendo de las tropas sublevadas, formaron parte del gran flujo humano que se dirigió hacia la frontera portuguesa, intentando pasar a Portugal para salvar la vida. Al llegar, se encontraron con que ya había sido cerrada por orden del dictador Antonio de Oliveira Salazar que colaboraba con los franquistas. Sin poder regresar a Jerez, se refugiaron algunas familias durante bastante tiempo en varios chozos en un terreno propiedad de los padres de Francisco Torrado, en la finca “La Nava”, donde, el 8 de junio de 1937, María dio a luz a su hijo al que pusieron por nombre Floreal.

En noviembre de 1937, en una de las batidas por el monte, las patrullas de la Guardia Civil descubrieron el escondite, localizaron a estas personas refugiadas, personas civiles, sin armamento ni peligro alguno, fusilando a unas 14 personas. Entre ellas estaban la madre de María, Elisa Pérez, Francisco Torrado, compañero de María y padre de su hijo y Bautista Méndez, secretario de las Juventudes Libertarias de Jerez de los Caballeros.

Hubo más casos parecidos. En un escrito del Ayuntamiento franquista de Jerez de los Caballeros enviado a petición de la Causa General (proceso de investigación judicial y policial, impulsado por el régimen franquista tras la Guerra Civil, para perseguir los supuestos “delitos” cometidos durante la calificada como “dominación roja”), se citaba sin ningún tipo de remordimientos: “teniendo el honor de participar a V.S. que fuera del cementerio de esta Ciudad, en la Finca de “Monte Lobo” de este término, se encuentran los cadáveres de cinco personas marxistas que murieron en choque con las Fuerzas perteneciente a Nuestro Glorioso Ejercito Nacional; que a juicio de esta Alcaldía no reúne las condiciones debidas de garantía y seguridad, pero que no hace el tiempo de tres años que la R.O. del 4 de Mayo de 1.929, prescribe para poder exhumar restos cadavéricos dentro del mismo recinto que están enterrados. POR DIOS Y POR ESPAÑA Y SU REVOLUCIÓN NACIONAL SINDICALISTA. Jerez de los Caballeros, a 9 de abril de 1941”.

Se trata de uno de los pocos documentos oficiales en el que las autoridades franquistas reconocían la existencia de fosas comunes donde habían sido arrojadas sus víctimas tras este tipo de asalto a campamentos de refugiados indefensos. Luego algunas de estas fosas dispersas por el campo serían abiertas en 1980. Las principales impulsoras de este proceso fueron Remedios Serrano Gómez y María Torrado Navarro, familiares de algunas de las víctimas. Se traba de dos fosas comunes del término municipal de Jerez de los Caballeros en las fincas “La Nava” y “Monte Lobo”. Estas dos fosas contendrían los restos de 29 personas asesinadas en 1937 y que luego fueron llevadas al cementerio donde se construyó un pequeño memorial.

Se trata de uno de los pocos documentos oficiales en el que las autoridades franquistas reconocían la existencia de fosas comunes donde habían sido arrojadas sus víctimas tras este tipo de asalto a campamentos de refugiados indefensos

Tras aquella matanza de personas refugiadas en el campo, María, que como hemos dicho, había dado a luz recientemente, fue separada del grupo y salvó la vida. Pasó primero por la prisión en Jerez, donde estuvo internada ocho días, y después fue enviada a la cárcel de Badajoz donde pasó un año. Allí el bebé enfermó de meningitis, aunque pudo salvar la vida. María y Francisco habían puesto por nombre Floreal a su hijo, dentro de la tradición de poner nombres vinculados a la revolución francesa o a la tradición anarquista, pero las autoridades franquistas obligaron a “cristianizar” y bautizar en contra de la decisión de sus progenitores. Floreal fue inscrito oficialmente como “Francisco”, más acorde al santoral y a los tiempos del nacionalcatolicismo.

Tras el periodo de lactancia, unos nueve meses, María fue obligada a separarse de su hijo que quedó al cuidado de sus abuelos paternos, quizás para evitar, como se había producido con otras compañeras, que sus hijos fueran robados y entregados a familias afines a la dictadura. Esta separación sería un nuevo golpe para María, encarcelada, su madre fusilada, su compañero fusilado, su hijo alejado de ella. Estando presa, se enteró de que su padre había sido fusilado y su hermano también condenado. Quedaba sola en una prisión donde todo era miseria y terror.

María Bruguera fue acusada por las autoridades franquistas de “Rebelión”, paso por un Consejo de guerra y fue condenada a “cadena perpetua”, luego conmutada por la de treinta años de reclusión. Recorrió cárceles de mujeres que hoy forman parte de la geografía de la memoria. Primero en el convento de la Madres Oblatas de Badajoz, utilizado como prisión, la iglesia desde el primer momento se había puesto al lado de los golpistas y asumió un papel central en todo es sistema de poder de la dictadura. En la prisión de las monjas, pudo perfeccionar las labores de bordado que a la larga le supuso salir adelante en la vida, aunque se permitió rechazar trabajar para las monjas por una miseria. Desde la prisión de Badajoz fue enviada a las de: Salamanca, Valladolid, Santander, Saturrarán (País Vasco) o Madrid. En esta última, conoció a las hermanas Lobo, antiguas militantes de “Mujeres Libres”, la asociación anarquista que había surgido durante la II República con el objetivo de luchar por la liberación de la mujer y combatir la “triple esclavitud: la esclavitud de la ignorancia, la esclavitud como mujeres y la esclavitud como trabajadoras”, según señalaban sus estatutos.

Pero el franquismo condenaba, como ya hemos visto en el caso de su padre y su hermano, no solo quitando la vida o encarcelando, la pena llevaba también aparejada la inhabilitación absoluta y sujeción a responsabilidad civil futura. A través de su expediente en aplicación de la Ley de Responsabilidades políticas, podemos ver cómo durante 22 años y a través de comunicaciones, providencias, oficios, diligencias, informes de autoridades locales, militares y penitenciarias fue perseguida económicamente para tratar de cobrar la multa que le fue impuesta de 300 pesetas. Era la figura de la multa como castigo simbólico y disciplinario para remachar quien tenía el poder y humillar a las víctimas. El expediente revela los mecanismos burocráticos empleados por el Estado franquista para sancionar económicamente a personas ya condenadas en sede militar por delitos considerados “políticos”. El origen del expediente se encuentra en la causa sumarísima nº 689/1937, instruida por el Consejo de Guerra Permanente de la Plaza de Badajoz contra María Bruguera Pérez.

El 28 de diciembre de 1939, dicho Consejo dictó sentencia condenándola como autora de un delito de rebelión militar y declarándola responsable civil en la cuantía que se fijaría posteriormente en una multa de 300 pesetas en aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas (ya hemos dicho que su hermano fue condenado a la misma cantidad y su padre a 25.000 pesetas). La investigación económica se nutrió de informes de la Guardia Civil, Falange Española, Ayuntamiento de Jerez de los Caballeros, del Cura párroco y del Registro de la Propiedad. Todos coincidieron en que la inculpada carecía por completo de bienes inmuebles, muebles valiosos, cuentas bancarias o rentas. Aún así, el expediente se alargó hasta febrero de 1961, hasta que un juez de Jerez firmó, por fin, la última hoja: “Notifíquese la concesión del indulto. Archívese definitivamente”. Después de 22 años, el expediente de María Bruguera Pérez se cerraba. Un proceso que no pudo extraer dinero de donde no lo había, pero que dejó tras de sí la huella de un sistema en el que la justicia política no necesitaba bienes para existir: le bastaba un nombre.

Mecánicas Mujeres Libres Guerra
Escuela de formación de “chóferes” y mecánicas de Mujeres Libres durante la guerra. Fotografía: Fundación Anselmo Lorenzo.

Años de frío, disciplina, silencio, castigos. Y, aun así, resistencia. Tras su salida de prisión en libertad condicional en 1945, María no se retiró, salió en libertad mucho más afirmada en sus ideales y dispuesta a continuar la lucha agrupadas bajo el nombre de “Mujeres Libres”, junto con las hermanas Lobo, María Carrión y otras. Luego rehízo su vida con otro compañero, Aureliano Lobo hasta su fallecimiento. Tras la muerte del dictador y durante la Transición, María siguió activa y contribuyó a crear la revista “Mujeres Libertarias” y formó parte del sindicato de Sanidad e Higiene de Madrid. María murió en Madrid en 1992. Aún hubo un detalle más: antes de ser incinerada, el ataúd que puso la funeraria llevaba una cruz (algo que estas empresas aún siguen ignorando para las personas no católicas). Al verlo, una compañera de María se encargó de quitarlo para que pudiera descansar acorde a su forma de pensar “Ni Dios ni Amo” como se llamaba su grupo de teatro y nada que agradecer a aquella institución religiosa que colaboró con la dictadura y que nunca pidió perdón. María sobrevivió a todos los que quisieron borrar su nombre.

5. Tres vidas, una misma llama

El análisis de la familia Bruguera Pérez permite observar con claridad cómo se entrecruzaron, en el contexto extremeño, tres dimensiones fundamentales de la represión franquista: La violencia física, que segó vidas y fracturó familias; la represión económica y administrativa, que prolongó durante décadas el castigo; y la represión de género, que castigó a las mujeres militantes con especial dureza. Al mismo tiempo, su trayectoria refleja la continuidad de la lucha clandestina en la posguerra y el exilio. Las vidas de Antonio padre, Antonio hijo y María funcionan como un tríptico sobre la resistencia obrera en España: un relato del dolor, sí, pero también de la dignidad.

Fosas Cementerio Jerez de los Caballeros
Memorial en el cementerio de Jerez de los Caballeros con restos recuperados en 1980 de las fosas comunes en el campo.

Tres vidas separadas por edades, géneros y destinos, pero unidas por un hilo: el compromiso libertario. El padre fusilado, el hijo exiliado tras media vida en cárceles. La hija condenada a cadena perpetua y militante hasta el último aliento. Los tres fueron perseguidos. Los tres fueron castigados. Pero también los tres se negaron a vivir con miedo o a renunciar a la justicia social que soñaban. La historia de la familia Bruguera no es solo una historia familiar. Es un espejo donde se refleja una España que trató de acabar con la libertad… y de quienes, a pesar de todo, mantuvieron encendida la llama.

En un momento en que la sociedad española avanza en la recuperación de su memoria democrática, historias como esta se revelan esenciales. No solo explican el pasado: alumbran el camino hacia un futuro construido sobre la verdad, la justicia y la reparación.

Por eso, como escribió su hijo Francisco (Floreal) Torrado Bruguera en la revista Mujeres Libertarias:“María no ha muerto. Estoy seguro de que sigue viva en todos aquellos que conservamos su recuerdo latente. María seguirá existiendo mientras la sigamos recordando. Yo no la olvidaré, ni como madre ni como amiga” … lo mismo que a su padre, a su madre, a su compañero y a tantos miles de víctimas de la represión franquista.

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·         Fundación Anselmo Lorenzo (FAL). fal.cnt.es

·         Tribunal Militar Territorial n.º 1 (TMT1) – Madrid

·         Bruguera Mendo, Antonio. Sumarísimo 993, Legajo 5321. Tribunal Militar Territorial n.º 1 (Madrid).

·         Bruguera Pérez, Antonio. Sumarísimo 1123, Legajo 2541. Tribunal Militar Territorial n.º 1 (Madrid).

·         Bruguera Pérez, María. Sumarísimo 1167, Legajo 7829. Tribunal Militar Territorial n.º 1 (Madrid).

Expedientes de Expropiación de Bienes (Provincia de Badajoz)

·         Bruguera Mendo, Antonio. Expedientes de Expropiación de Bienes. Tribunal Regional de Badajoz. Boletín 104 (1941).

·         Bruguera Pérez, Antonio. Expedientes de Expropiación de Bienes. Tribunal Regional de Badajoz. Boletín 7 (1940).

·         Bruguera Pérez, María. Expedientes de Expropiación de Bienes. Tribunal Regional de Badajoz. Boletín 7 (1940).

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Cartografía de la represión franquista
Un recorrido por las sedes del Patronato de Protección a la Mujer en Zaragoza.
VV.AA.
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