Opinión
Petro Herria : breve radiografía del fosilismo en Euskal Herria

La realidad material de Euskal Herria bien podría representarse con la chimenea de Petronor de Muskiz porque nuestro mix energético es grande, fósil y dependiente, lo que es injusto, contaminante y peligroso en el presente contexto geopolítico. Tenemos que apagar la chimenea y encender el sol.
Petronor Muskiz 1
Refinería de Petronor, en Muskiz (Bizkaia) David F. Sabadell

Militante del colectivo Stop Fosilak.


3 ago 2026 05:44

Los vascos asociamos a veces nuestra identidad con la naturaleza y el mundo bucólico, lugares a los que nos transportan canciones tan nuestras como Txoria Txori o Xalbadorren Heriotzean. Pero, nuestro lugar en el mundo también es la portada de No somos nada. No solo somos nuestras ovejas, también somos las industrias, los barrios y los casi dos millones de coches que circulan por nuestras carreteras. Aquí también vivimos en una fractura metabólica, tan material como ideológica.

Si tuviésemos que condensar una buena parte de los problemas socio-ecológicos que hacen tambalear nuestras sociedades en un material, los hidrocarburos serían posiblemente el mejor candidato, ya que el uso indiscriminado de gas, petróleo y carbón es seguramente la mayor amenaza para la vida en el S. XXI, tanto por sus impactos infraestructurales –yacimientos, carreteras, geopolíticos, etc.- como contaminantes –aire, acústico, pesticidas, cambio climático, etc. Por tanto, para la vida en dos sentidos, tanto para los ecosistemas y la naturaleza como para las personas y la sociedad.

Por nuestro metabolismo social y orientación económica somos una petronación, en tanto que nuestro mix energético se caracteriza por ser grande, fósil y dependiente

Euskal Herria es una sociedad devoradora de hidrocarburos. No somos un petroestado por poseer recursos fósiles pero sí por nuestro metabolismo social y orientación económica: aquí se encuentra la mayor refinería de crudo del Estado español, una de las siete regasificadoras, puertos internacionales, interconexiones gasísticas –Pirinees VIP-, grandes fábricas de coches y una movilidad fósil masiva, por citar algunos ejemplos. Somos una petronaciónen tanto que nuestro mix energético se caracteriza por ser grande, fósil y dependiente.

Grande: 80.000 barriles al día

Aunque seamos una pequeña comunidad de tres millones de personas, consumimos mucho. En Bizkaia se producen un millón de desplazamientos en vehículo en un solo día laborable y tenemos cinco aeropuertos en el territorio. Un vasco consume posiblemente más de treinta veces la energía de un camerunés. Euskal Herria tiene una población similar a un país como Namibia, pero consume seis veces más energía. Teniendo en cuenta los usos directos y embebidos, consumimos cerca de 130 TWh de energía al año, lo que supone que -si traducimos la parte fósil a barriles equivalentes de petróleo- estamos utilizando cerca de un rango de 80.000 barriles al día. Una montaña diaria de hidrocarburos.

De acuerdo a un estudio de investigadores de EKOPOL, si lo comparamos con datos del Estado español, Nafarroa y la CAPV serían los dos territorios con mayor consumo energético por persona -Nafarroa el que más. Dicho sea de paso, una conclusión interesante al que llega el estudio es que el género, la edad o el tamaño del municipio no hacen variar mucho el consumo per cápita, pero sí la renta, la nacionalidad y la cantidad de gente que vive en una vivienda. Es decir, por intentar darle un perfil, la verdadera brecha energética no está entre el que vive en Goizueta y el de Iruñea, sino entre un blanco de clase media-alta que vive solo en su casa y una familia de origen latinoamericano que comparte piso.

En cuanto al CO2, los vascos también emitimos por encima de la media europea y varias veces más que personas de países como Kenia, pero, además, llevamos haciéndolo más tiempo –emisiones históricas-, por lo que nuestra deuda es aún mayor. Por si fuera poco, esas emisiones impactan con más virulencia allá donde no se han producido, lo que algunos han calificado de colonización atmosférica.

La magnitud de este intenso metabolismo socio-ecológicoes difícil de asumir, pero, puede pensarse mirando los restos de los Altos Hornos de Vizcaya, o las grúas de Pasajes, aunque también puede observarse en la extensión de chalets de Hendaia, el tráfico imparable de camiones de Behobia, las hectáreas y hectáreas de la agroindustria navarra, los túneles de la Supersurde Bilbao, el tamaño de nuestros estadios de fútbol, el ajetreo de turistas en el Boulevard de Donostia o en el hecho de que en la Volkswagen de Landaben se han llegado a ensamblar coches cada 55 segundos.

Este intenso metabolismo socio-ecológicopuede pensarse mirando las grúas, los chalets, el tráfico de camiones, las hectáreas de agroindustria, los túneles, los estadios de fútbol, el ajetreo de turistas o el ritmo de producción de coches

Fósil: 80% combustibles fósiles

Si Euskal Herria fuese una persona y los fósiles cigarros, es como si fumáramos al día dos o tres paquetes. En torno al 80% de la energía que utilizamos en Euskal Herria son combustibles fósiles, lo que desde Stop Fosilak hemos calificado como “el elefante en la habitación” vasca, que es un enorme paquidermo de petróleo y gas. Evidentemente, este aspecto el mix no es tanto una excepción como un ejemplo más de las sociedades fosilistas que se han ido desarrollando desde el S. XIX.

A nivel mundial el 81% de la energía primaria es de origen fósil aún hoy y su uso total sigue aumentando ligeramente, aunque aparecen signos de ralentización, con el uso del carbón bastante plano desde 2010 y con las primeras buenas noticias que llegan desde China e India.

Fijarnos en el mix eléctrico de Dinamarca como comparación también puede ser interesante: en 1990 el 90% de su electricidad provenía del carbón mientras que hoy día casi ha desaparecido (3%) y las renovables pasaron del 3% al 91% actual -dominada por eólica y solar. En un periodo similar, la CAPV ha pasado del 3% al 8%, según el EVE -y la mayor parte de esa producción renovable es biomasa.

Como consecuencia de ese carácter fósil de nuestro mix, el metabolismo energético vasco es lineal, es decir, de usar y tirar: llega de fuera en buque al Puerto de Bilbao -de hecho los hidrocarburos son la principal mercancía que llega al puerto-, se quema en calderas o motores, y la “basura” CO2 se tira a la atmosfera o a nuestros pulmones.

Probablemente, el símbolo más visible del fosilismo vasco sea la chimenea humeante de Petronor y la fuga de benceno y el conseguiente confinamiento de finales de febrero. Los más de 80.000 barriles a los que nos referíamos se queman, se esfuman y al día siguiente hace falta volver a comprar. Además de la atmosfera, también colonizamos el subsuelo.

Dependiente: 90% dependencia energética

Como en nuestro territorio no hay pozos de hidrocarburos activos, es probable que Euskal Herria tenga una dependencia energética exterior de cerca del 90% -si tenemos en cuenta toda la huella energética. De hecho, las emisiones ligadas al consumo son un 33% mayor que las territoriales en Euskadi. La situación es especialmente preocupante en la CAPV y en Iparralde, mejor en Nafarroa gracias a la producción renovable autóctona.

Es conocido lo ocurrido con el fracking: tras años de lucha contra las exploraciones en Araba, finalmente se consiguió detener los proyectos de fractura hidráulica, lo que supuso sin duda una gran victoria popular y ambiental. Sin embargo, sigue entrando cotidianamente Gas Natural Licuado en nuestro sistema, uno de cuyos orígenes son los pozos de fracking de Estados Unidos. Es decir, en cierta medida, se puede decir que hemos “externalizado” nuestros consumos, “colonizando” otros lugares.

Ser ‘Petro Herria’ significa que jugamos en el bando energético de Estados Unidos, mientras soberanía energética renovable significa más justicia internacional, precios más estables y más seguridad

Y eso no solo es injusto, sino una mala estrategia. El mundo se está dividiendo claramente en una gran pugna energética: electroestados y petroestados. Ser Petro Herria significa que jugamos en el bando energético de Estados Unidos, contribuyendo a las arcas de petrodólares yanquis. La guerra de Ucrania jugó a favor del GNL estadounidense, que se está convirtiendo a golpe geopolítico en el principal suministrador de gas europeo, y los misiles contra Irán quizá podrían tener una consecuencia parecida -por la disminución del gas catarí. Por el contrario, un mundo en el que una nación tiene más soberanía energética renovable significa: más justicia internacional, precios más estables y más seguridad, porque no te pueden cortar los rayos del sol, pero un misil caído en Teherán hace que pueda subir el precio en la gasolinera al lado de casa.

Cuba es un duro ejemplo del riesgo de la dependencia: desde principios de año no entra casi una gota de petróleo a la isla y, al ser una nación tan dependiente, el bloqueo ilegal del grifo fósil está teniendo un impacto cruel. Por el contrario, la ayuda internacional y la esperanza han cogido forma de placa solar -con campañas como Argia eta Indarra Kubarentzat-y desde el año pasado ya se han instalado cerca de 1000 MW en proyectos de gran escala. Como afirmaba Manolo de los Santos: “La estrategia es clara: si el imperio puede cortar el petróleo, Cuba cosechará el sol”. Los vascos, además de ayudar a este pueblo hermano –entre otros, enviando placas o dejando de comprarle hidrocarburos a EEUU-, tenemos algo importante que aprender. Por ejemplo, tener claro cuál es nuestro enemigo principal: el fascismo fósil.


Apagar la chimenea, encender el sol

En el cortometraje Cuerdas (Estibaliz Urresola, 2022) se ve cómo el tizne negro de Muskiz se acumula en los cristales y las repisas. Los hidrocarburos están entrelazados en nuestras vidas –literalmente se introducen hasta nuestros alvéolos.

La dificultad de apagar la chimenea de Petronor, además del hecho obvio de que se trata de una multinacional con un poder tal que el CEO de Repsol se sienta con Trump, radica en que estamos atrapados en esa trampa fósil por el que los hidrocarburos se han vuelto imprescindibles para mover cada mañana Euskal Herria, y el miércoles repostamos en la gasolinera de Petronor y el finde al partido del Athletic con una camiseta patrocinada por Petronor.

Para apagar la chimenea de Muskiz hay que realizar una transición justa a las energías limpias que tenga en cuenta a los trabajadores, por solidaridad, por justicia y por disputar el futuro

Por otro lado, si se consiguiera apagar esa chimenea pero sin tocar nuestros consumos, es posible que la consecuencia fuese que externalizáramos una vez más nuestros impactos. De hecho, si incluso Euskal Herria, con una esperanza de vida alta y unos estándares de seguridad y salud más o menos robustos en comparación con otros lugares, ocurren sucesos intolerables como el de Muskiz, ¿qué no ocurrirá con los impactos fósiles en lugares del Sur Global?

Solo la contaminación del aire es responsable a nivel mundial de entorno a ocho millones de muertes anuales. Para apagar la chimenea de Muskiz y que no aparezca en otro sitio, hay que realizar una transición justa –teniendo en cuenta también a los trabajadores- a energías limpias: por solidaridad, por justicia, por disputar el futuro. Vivir del viento para que respirar deje de ser un riesgo.

La contaminación del aire fue una de las razones, entre muchas otras, que llevó al gobierno chino a impulsar la década pasada una rápida transición a tecnologías eléctricas. Pekín, hasta hace poco ciudad de cielos grises y mascarillas, ha reducido un 98% su contaminación del aire en doce años. Es posible el cambio. 

Tenemos que remar a favor de la transición, ya que el imperialismo fósil cuenta con el ejército más potente de la historia, y están dispuestos a todo. El dilema está servido: o seguir en el bando energético de Trump o encender el sol, también en nuestro territorio.

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