Euskal Herria
Pertur o la historia de un comunista abertzale
@BarcenillaLM
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Este 23 de julio de 2026 se cumplen 50 años de la desaparición de Eduardo Moreno Bergaretxe, más conocido con el apócope de perturbado, ‘Pertur’, líder ideológico de ETA político-militar. Constan declaraciones que lo sitúan en Donibane Lohizune (San Juan de Luz, en Lapurdi) aquella mañana antes de que se esfumara o, mejor dicho, fuera esfumado. Nunca apareció su cuerpo. Nos situamos en un momento extraño: Franco había muerto hacía ocho meses y se empezaba a hablar, aunque sin este aparataje lingüístico, de una transición democrática. El caso de su desaparición, aún sin resolver, precede al de Naparra (1980), Lasa y Zabala (1983) o Popo Larre. Medio siglo después, la familia sigue sin saber dónde se encuentra Eduardo y quién acabó con aquel joven comunista de 27 años que había liderado el cambio de rumbo de ETApm junto a Francisco Javier Garayalde, conocido como Erreka, con la ponencia de Otsagabia, en la que enunciaba la “reconversión política de ETA” ante el nuevo escenario que se abría con la Transición para las fuerzas antifranquistas.
La figura de Pertur dentro del movimiento revolucionario vasco ganaba enteros eléctricamente. Antes de aquella ponencia histórica, a cuatro años de su desaparición, había intentado acceder a una ETA potenciada por el amplificador internacional del juicio de Burgos y todavía inmersa en las consecuencias de la separación entre los continuadores de la V Asamblea y aquellos que impulsarían ETA VI, para más tarde conformar la Liga Komunista Iraultzailea (LKI). Detrás de los motivos de esa ruptura —y que luego se replicarían en otros términos en la divergencia entre “milis" y “poli-milis”— se encontraba una tensión de fondo recurrente en ETA con la organización que propugnaba la lucha armada y cómo ese camino chocaba una y otra vez con la dificultad de sostener a la vez un trabajo político en el llamado Frente Obrero. Circunstancia que luego era resuelta, de forma simplificada, acusando una fracción a la otra de “españolista” y la otra, de corte obrero, de “nacionalista pequeño-burguesa” a la primera.
El proceso de Burgos en 1970 había servido como tribuna desde donde militantes como Mario Onaindia habían denunciado el carácter de la dictadura franquista, así como la opresión del pueblo vasco, y la cola para entrar en ETA se amplió notablemente. El malestar crecía, y sobre todo los estudiantes se encorajinaban con cada proceso judicial sin garantías, con cada redada injustificada, con cada clavo que el Régimen ponía sobre el pueblo vasco. Contactado de nuevo a través de Txaflis —quien más adelante estaría presente en las primeras negociaciones entre el Gobierno de la UCD y ETA en 1976—, Pertur enseguida arrimó el hombro desde el llamado Frente Cultural, aquella subagrupación dentro del organigrama de ETA dedicada a la formación, la difusión del euskera y las charlas formativas y conformada principalmente por estudiantes, sobre todo de Gipuzkoa, de la órbita de la organización.
El Frente Cultural había conseguido que Miró, Tàpies, Canogar y Brossa donaran obras que no volvieron a aparecer. Las querían para la creación de un futuro Museo Vasco de arte que se levantaría en Gernika
Desde principios de los años setenta, el Frente Cultural había conseguido que Miró, Tàpies, Canogar y Brossa donaran obras que no volvieron a aparecer. Las querían para la creación de un futuro Museo Vasco de arte que se levantaría en Gernika a 35 años del bombardeo de la simbólica ciudad de Bizkaia. La tarea la comunicaba El Catalán, un militante con peso dentro del Frente Cultural (en un artículo en El País en 2012 no identifican su nombre, en Berria en 2021 y con la fuente directa, le identifican a Patxi Apalategi como tal), a Martín Etxeberria y José Mari Larramendi, habituales compañeros que se reunían en la Euskal Etxea de París, ciudad donde permanecían —y de donde salían y entraban— militantes exiliados de diverso signo político. La tarea estaba pensada desde diferentes puntos geográficos —Barcelona o Valencia, por ejemplo—, y fue toda una empresa para el Frente Cultural.
Llegaron a conseguir, tras una reunión con el pintor y escultor catalán Joan Miró en una exposición en una galería de la capital francesa, la donación de un grabado. “Nos presentamos como enviados del Frente Cultural de ETA y le pasamos una copia del folio y medio en la que se exponían las pretensiones de crear el museo vasco en Gernika. Lo leyó y se emocionó. Enseguida nos dijo que era una iniciativa muy importante y que había que donar algo con fuerza, una obra trabajada”, narraba Larramendi.
De él obtuvieron algo tan o más importante que aquella obra: el contacto de Antoni Tàpies, Rafael Canogar y Pablo Picasso. También Joan Brossa, que se mostró eufórico con la idea. No todos comulgaban con el Frente Cultural de ETA, pero sí con la causa republicana, catalanista o izquierdista. Larramendi, que trató con artistas vascos como Oteiza, Mendiburu, Ibarrola, Basterretxea, Txopitea o Larrea, explicaba que durante los primeros años 70, en plena dictadura, “la lucha del pueblo vasco suscitaba una enorme simpatía”. En el caso de Picasso, no consiguieron una donación, a pesar de reunirse varias veces con él en un pueblo de Niza y con su colaboradora en París. Fue el único que mantuvo una actitud fría y distante, aunque mostró interés y habló de pintar un nuevo Guernica. La pinacoteca en la que se encontraron con Miró (Galería Maeght) pasó a ser un centro de operaciones y la casa de Apalategi empezó a ser el almacén provisional de obras recibidas también desde Chile o México. Larramendi lo contaba haciendo alusión a que sabían que eran “solo una parte de un proyecto más amplio”.
Se cuenta, sin haber sido comprobado, que un militante se llevó todas las obras y estas no volvieron a aparecer. Sin poder ser contrastado, hay quien dice que fueron vendidas para financiar el movimiento. Larramendi se inclina por esta opción. “Siempre que hay una exposición de Miró, voy, porque estoy convencido de que veré esa obra. Y la estoy buscando”. El proyecto, que recibía el nombre de Gernika 70, quedó inconcluso.
El caso es que el Frente Cultural impulsado durante los años 70 ganaba peso después de los descalabros organizativos causados por las detenciones que sacudieron a ETA a comienzos de esa década. En sus primeros pasos como militante en ETA, el trabajo de Pertur, como señala Ángel Amigo en la biografía Pertur: ETA 71-76 (Hordago, 1978), “se dirigió fundamentalmente hacia el trabajo de carácter teórico y formó parte de un grupo de charlistas que se dedicaba a formar a la recién entrada militancia” mientras continuaba manteniendo una vida aparentemente normal. Antes, en su paso por el Frente Cultural, había dirigido Hautsi, boletín interno de la organización.
Pasar al otro lado como comunista
Pertur tuvo que pasar al otro lado cuando supo que un miembro de ETA al que había conducido a Navarra en su coche para asistir a una asamblea organizativa había muerto en un tiroteo con la Guardia Civil. Cuando los agentes se personaron en su casa ya no estaba allí. Terminó por instalarse en Donibane Lohizune, aunque no obtuvo la carta de refugiado hasta casi tres años después.
Pertur, en una entrevista: “Yo milito en ETA porque entiendo que en su seno hay lugar para una opción comunista abertzale; milito en ETA porque es el mejor marco para practicar una política proletaria vasca”
En Francia participó en una preasamblea donde votó en contra de atentar contra un bus de la Benemérita. Allí mismo, según relata Ángel Amigo en la biografía de Pertur, practicó con su guitarra un “Eusko Gudariak” al estilo flamenco que no gustó demasiado. En vez de al Frente Militar, se le envíó al Obrero, que había absorbido el Cultural.
Redactó el número de Zutik dedicado al asesinato de Carrero Blanco, formaba a cuadros y pensaba la propaganda de la organización. Mientras el peso del nacionalismo en el entorno de ETA crecía y la respuesta armada se consolidaba, Pertur ya había mostrado sus cartas: optaba por medir las acciones violentas y se declaraba, ante todo, comunista. En una entrevista decía: “Yo milito en ETA porque entiendo que en su seno hay lugar para una opción comunista abertzale, como hay lugar para otras opciones no tan definidas, y finalmente milito en ETA porque no sólo da cabida a hombres de pensamiento comunista, sino porque es el mejor marco para practicar una política proletaria vasca”. Erreka, con quien luego redactaría la ponencia de Otsagabia, matizó en una entrevista con Amigo, para su biografía en la editorial Hordago, que estaba muy influenciado por los teóricos de la guerrilla latinoamericana, como Carlos Marighela o Régis Debray.
Como relató más tarde la pareja de Pertur, Lurdes Auzmendi, le consideraban un “puto marxista-leninista”. En el libro de entrevistas Guztiak, sobre el fin de ETA, Auzmendi relata que “la gente que se ocupaba de pensar, de formar, eran considerados eso, putos teóricos. Ahí lo que mandaba era el pim-pam-pum”. Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, llevaba consigo una pistola pero nunca llegó a usarla. Eso sí, en su tarea de propaganda, redactó comunicados y justificaciones de asesinatos apuntalando el papel de la lucha armada. Como dirigente también destacaría por su papel en el establecimiento de relaciones con el Gobierno de Argelia entre 1974 y 1975.
A pesar de todo ello, formó parte primero del Biltzar Ttipia —Comité Central— y después de la Ejecutiva, en un contexto marcado por varios acontecimientos decisivos en Euskal Herria: la huelga general de Iruñea de 1973, controlada por organizaciones situadas a la izquierda del PCE; el secuestro de Huarte, que según Amigo resultaría fundamental para orientar las discusiones sobre la futura transición política que ya se asomaba; la ejecución de Carrero Blanco; y el atentado de la cafetería Rolando, tras el cual sería desmantelado el talde de apoyo conformado por Eva Forest y Alfonso Sastre. Todos estos acontecimientos terminarían por hacer aflorar las diferencias de fondo que ya existían en el interior de la organización, y conducirían a la escisión entre ETA militar y ETA político-militar en la segunda parte de la VI Asamblea de 1974.
La ruptura entre ETA político-militar y ETA militar se articuló en torno a varios ejes. El primero y principal fue la primacía otorgada a la lucha armada frente a la actividad política: para el sector militar, únicamente la vía armada quedaba a salvo de ser recuperada por la reforma que empezaba a plantearse en el seno del Estado. A ello se sumaba un segundo argumento, de carácter operativo, recogido en el ETA M-ren Agiria: por razones de seguridad, la estructura armada debía mantenerse completamente independiente del resto de estructuras de la organización. Mientras tanto, los polimilis propugnaban un modelo organizativo inspirado en el del IRA y el Sinn Féin: bajo un programa marxista-leninista, sería el Partido quien dirigiese la lucha armada y determinase su utilidad en el nuevo escenario democrático que se intuía próximo. Para ellos, resultaba imprescindible desenvolverse en organismos de masas legales y populares, algo que la espiral armada dificultaba por las condiciones de clandestinidad y represión.
El significado político de Otsagabia
Pertur solo tiene 26 años cuando redacta la ponencia base de la VII Asamblea de ETApm, en verano de 1976 junto a Erreka. Aquella ponencia que ha llevado a rasgarse las vestiduras a tantos tenía tres partes con diferentes autorías. Una primera parte, “El partido de los trabajadores vascos: una necesidad urgente en la coyuntura actual”, escrita por Pertur; una segunda, “Formas de coordinación entre la lucha armada y la lucha política”, muy influida por Pertur pero no redactada por él; y una tercera, “Sobre el poder popular”, pensada y elaborada por Erreka.
Pertur, en la ponencia de Otsagabia: “Nuestra propuesta en este sentido es la siguiente: la única solución viable a la situación actual es la separación organizativa entre la lucha política y la lucha armada"
De manera muy sucinta, se ha entendido que la ponencia de Otsagabia hablaba de doble nivel organizativo: separar la labor política, a realizarse por un partido abertzale, obrero, independentista, de clase y basado en el centralismo democrático leninista, de la acción militar de un grupo armado que, siendo independiente organizativamente, quedara subordinado a la línea política del partido. Sintetizaba: “Nuestra propuesta en este sentido es la siguiente: la única solución viable a la situación actual es la separación organizativa entre la lucha política y la lucha armada. En concreto, postulamos la creación de un partido, vanguardia revolucionaria de la clase obrera y de todo el pueblo vasco, con carácter independentista, y la incorporación a él de toda la actividad de masas que hasta ahora ha llevado ETA”. También decía: “La dirección del proceso revolucionario ha de ser llevada por el partido […]. La forma ideal de coordinación estaría en una dirección unificada del partido y el grupo armado, que planificaría el papel a jugar por cada cual”. También se puede extraer que marca la dirección del carácter defensivo de la lucha armada en la democracia burguesa, subordinada al partido: “Un papel de fuerza de disuasión, de garantizadora de las conquistas populares”.
No obstante, contra la narrativa de ciertos sectores, no eliminaba el discurso y poso nacionalista, sobre todo en el apartado “Sobre la teoría de la revolución vasca”: “La lucha nacional no es solo revolucionaria en Euskadi porque de hecho sucede así, sino porque un pueblo y unos sectores de ese pueblo —llenos de contradicciones, es cierto— han querido, han combatido y muchas veces han muerto porque sea así”.
Existe un relato sobre la desaparición de Pertur en el que se le tacha de ser “el teórico del fin de la lucha armada”. En Otsagabia (la primera parte, presentada por Pertur) no existe tal dirección. Giza Eskubideen Behatokia (GEB) considera en un informe recién publicado que se ha distorsionado el relato y lo han difundido los aparatos del Estado y su prensa (primero), los sectores que rompieron ETApm a finales de 1977, y los partidarios de que subordinar las armas a la política es “reformismo”.
Lo que es cierto o se puede considerar factual es que Pertur, a semanas de ser desaparecido sin dejar rastro, estaba a punto de imponer un giro histórico en la organización. Eso lo convirtió en un elemento incómodo. Hasta entonces, como se ha visto, también lo había sido. Internamente, para el sector duro (los “Bereziak”), era un “reformista” y “liquidacionista”. Para el Estado también hubiera sido una buena jugada descabezar al líder de la reconversión política de ETApm en un contexto donde estaban teniendo lugar los debates en el campo de las organizaciones de la izquierda abertzale que componían la Alternatiba KAS y quien además había manejado los contactos internacionales, sobre todo en Argelia. Hay otra cuestión a tener en cuenta: el infiltrado Mikel Lejarza ‘El Lobo’ estuvo en varias ocasiones cerca de la figura de Pertur. No obstante, parecen poco creíbles sus palabras paseadas por pseudomedios en las que afirma, de forma dramatizada, que Pertur era un hombre contrario a la lucha armada y que fueron los “duros” los que le mataron por querer “crear un partido”. Lejarza, además, añade un episodio en el que Pertur y otros militantes estaban comiendo marisco y él, en su papel de infiltrado, les dice que son unos hipócritas.
La ponencia de Otsagabia se aprobó, concluida por Erreka en la VII Asamblea (en septiembre de 1976, casi dos meses después de que Pertur hubiera desaparecido). 82 a favor, 17 en contra, 1 abstención. La apoyaron incluso dirigentes “milis” como Argala y Txomin Iturbe que habían sido invitados a la asamblea, y Santi Brouard, amigo y vecino de Pertur. De Otsagabia nació Euskal Iraultzarako Alderdia (EIA), que sería presentado en Gallarta el 2 de abril de 1977, y que con la coalición Euskadiko Ezkerra (incorporando a Euskadiko Mugimendu Komunista, EMK), obtuvo dos parlamentarios en junio de 1977, Paco Letamendia al Congreso y Juan Mari Bandres al Senado.
Recientemente se ha publicado un análisis firmado con el pseudónimo del apellido del poeta búlgaro comunista Vaptsarov en las páginas de Gedar donde EHKS expone sus posiciones sobre cuestiones de actualidad e interpreta hechos y figuras de la historia de Euskal Herria. En este documento se opina que aunque “muchos hayan reescrito la historia y hayan querido presentar a Pertur como ‘posibilista’, no planteaba abandonar la actividad armada, sino adaptarla. Pertur proponía que, en aquel momento histórico, en los primeros años de la Transición, la lucha armada tenía que tener una función instrumental y subordinada, dentro de una estrategia política más amplia”. Pertur, dicen, entendía la Transición como un proceso abierto donde la lucha podría darse en más campos. “Pero eso no quiere decir que Pertur propusiera dejar las armas y abrazara con optimismo la democracia burguesa española, ni mucho menos. Eso no ha sido más que una desfiguración funcional para difundir cierto relato o sospecha a posteriori sobre su desaparición”, explican en clara alusión a la lectura que hacen de Pertur desde un sector de la Izquierda Abertzale que no reivindica su figura.
Recordemos que, tras la desaparición de Pertur, al principio se suceden los homenajes. Por ejemplo, se le recuerda en un acto multitudinario en el velódromo de Anoeta, en Donostia, en julio de 1977. Los polimilis, ese mismo año, habían dicho de Pertur, según el historiador Gaizka Fernández Soldevilla, que era “un hombre cuya visión política, cuya capacidad de trabajo, cuya entrega constante a la causa de la independencia de Euskadi y de la revolución socialista han contribuido de forma decisiva a la marcha de la organización y a la propia lucha del Pueblo Vasco”. En realidad son palabras que aparecen en una página especial dedicada a Pertur en el Hautsi de 1977 (que puede consultarse digitalmente). En ese mismo número, como pie de foto en un artículo titulado “Sobre la función de la lucha armada”, colocaron un entrecomillado del propio Pertur en el que decía: “'Si la oligarquía está dispuesta a utilizar cualquier medio para enfrentarse al avance de las clases populares, [el papel principal que ha de jugar la lucha armada en esta fase es] el de hacerle saber que éstas lo están en igual manera”. Llama la atención que usasen el nombre de Pertur para soportar uno de los temas que habían puesto al joven en la diana de las tensiones internas.
En el segundo aniversario de su desaparición, ETApm preparó un número especial de su boletín y el partido elaboró textos como el que se podía leer en una octavilla con su efigie: “EIA, puño en alto, rinde homenaje constante a Eduardo Moreno Bergaretxe”. La editorial Hordago, fundada por Iñaki Mujika Arregi, Ezkerra, dirigente polimili, en 1978 edita y publica la biografía de Pertur, obra de Ángel Amigo. No obstante, tras la disolución oficial de ETApm —en 1982 con su convergencia en EIA y Euskadiko Ezkerra y, finalmente en 1993, en el PSE-EE— apenas volvió a reivindicarse la figura del joven militante.
Un duelo interno
Una acción de ETA tuvo especial relevancia en el final de la vida de Pertur. Ángel Berazadi, gerente de la fábrica de máquinas de coser Sigma, es secuestrado el 18 de marzo de 1976. A Berazadi se le perfiló como un industrial con familia numerosa, euskaldun, natural de Zarautz. Sus secuestradores formaban parte de los comandos especiales de ETA, los Bereziak. El final, lo conocemos, fue su asesinato. Antes de recibir aquel disparo en la nuca, los Bereziak habían exigido un pago de 200 millones de pesetas de rescate y el padre de Pertur, amigo de la familia del empresario, decide cruzar la muga para pedirle a su hijo que traslade a la dirección de ETA, previa mediación y negociación del rescate con la familia, que no lo maten. La historia que queda es la de seis dirigentes (de 16 que componía ese órgano) votando la ejecución de Berazadi. El único voto en contra es el del propio Pertur, según un reciente reportaje en El País, mientras otras fuentes afirman que Erreka se unió a la negativa. Menos de un mes después de su secuestro, la madrugada del 8 de abril, y a menos de dos semanas de la celebración del Aberri Eguna de 1976, su cadáver aparece en la carretera comarcal Elgoibar-Azkoitia. La foto de Berazadi encañonado leyendo a la fuerza la revista Hautsi se incorporará a las misivas posteriores de la organización para exigir el pago del llamado impuesto revolucionario que Berazadi no había abonado.
Auzmendi, militante de ETA y pareja de Pertur: “Los bereziak informan de que lo tienen retenido. Se vota si debe ser liberado. Votan a favor 33 y en contra 30. Eduardo se salva por solo 3 votos de un juicio sumarísimo que sabe Dios cómo podría haber terminado…”
Pero el asesinato del empresario no hacía más que ahondar en las tensiones internas que se habían abierto con la discordancia de voto de Pertur. Las repercusiones hacia fuera y hacia dentro hacen que el militante solicite una “conferencia de cuadros” antes de pronunciar su famosa ponencia de ese verano. En principio, la cita es aceptada: será a mediados del mes de mayo. Sin embargo, militantes de la línea dura de la organización se desplazan a Donibane Lohizune, donde Pertur reside, lo secuestran, acusado de indisciplina supuestamente por haber filtrado parte de las discusiones sobre la ejecución de Berazadi a los presos de Burgos. La cita sigue en pie y la ausencia de Pertur levanta sospechas. Auzmendi narra aquella situación: “Los bereziak informan de que lo tienen retenido. Se vota si debe ser liberado. Votan a favor 33 y en contra 30. Eduardo se salva por solo 3 votos de un juicio sumarísimo que sabe Dios cómo podría haber terminado…”. Esa ajustada votación muestra que la hemorragia en el seno de ETA ya era un hecho. Eugenio Etxebeste “Antxon” confesó ante el juez más tarde que fue “un arresto preventivo”.
Cuatro días después de la ponencia Otsagabia, el 11 de julio, Pertur le escribe a Lurdes una carta de cinco folios. Llevaban días sin verse. Además de ser una carta que un novio le escribe a su novia es la carta de un militante a una militante: “Estos bestias han creado un clima tal en la Organización que han transformado ETA en un Estado-Policía donde cada uno sospecha del vecino. Existen auténticos histéricos que no ven sino conspiraciones por todos lados. No estoy bien, no logro zafarme de esa dinámica infernal de las conspiraciones, del infundio, de la mentira, de esa dinámica que tiende a eliminar rivales políticos en nombre de la disciplina, la seguridad. La situación es muy grave. A veces pienso que lo mejor es mandar todo a tomar por culo, pero me contengo pensando que no podemos dejar ETA en manos de 4 enfermos mentales. Un muxu enorme de quien te quiere con todas sus fuerzas. Pertur”. No se cumplían las dos semanas de aquella carta cuando Pertur desaparece. Para siempre.
Las últimas horas de Pertur
A eso de las 9:40 h del 23 de julio de 1976, Pertur estaba sentado en el asiento de un Renault 5 azul conducido por Miguel Ángel Apalategui, Apala, copilotado por Francisco Múgica Garmendia, Pakito. A Apala y Pakito se les ha considerado habitualmente la “línea dura” en pugna con Pertur. Pertur ya había leído dos semanas antes en sus conclusiones que de su análisis se desprendía la “necesidad de unos cambios muy profundos en lo que ETA” tenía que ser a partir de ese momento, “cambios que
—señalaba con tiento, cautela y mano izquierda— no van a dejar de chocar con una mentalidad que todos nosotros hemos contribuido a crear”. Quien da fe de ver a Pertur en aquel coche, con la ventanilla bajada y en tono de broma, es el exiliado vasco Eleuterio Jauregi Beloki, Trotski. Su testimonio queda grabado en las diligencias previas del caso abierto por la Audiencia Nacional, que finalmente archiva la causa.
El sábado 24, ya han pasado algunas horas desde que una voz de mujer, anónima, avisa a la tía de Pertur por teléfono de que “Eduardo había desaparecido”. Esta misma denuncia en una comisaría francesa. Esa noche, Pakito, uno de los últimos ojos que vio a Pertur, junto a Telesforo Monzon, se presentó ante la Gendarmería por voluntad propia, y dio su versión. Ante el juez Fernando Andreu afirmó no haber salido de casa en toda la tarde del 23 de julio.
Las hipótesis siguen sin cerrarse porque los hechos probados son pocos y las pistas pueden interpretarse y reinterpretarse. A Lurdes Auzmendi no le convenció la versión de Pakito. En El País, declaraba: “Según ellos lo dejan en Behobia y luego se le pierde el rastro. Qué curioso que Pertur se lo pidiera a ellos dos, que precisamente pertenecían a los bereziak, el grupo que lo había secuestrado… Yo tenía muy reciente la carta que me había enviado Pertur, en la que me advertía de que podían hacerle cualquier cosa”. Y añadía la propia Auzmendi: “Lo que sí tuve claro desde el principio es que, si había desaparecido, no volvería a aparecer. Y que, si aparecía, no sería vivo”.
Auzmendi supo de su desaparición por el colaborador y coescritor de Pertur, Javier Garayalde, Erreka, que había acudido al caserío donde estaba. Desde Donibane Lohizune Auzmendi trata de reconstruir los últimos momentos de su pareja. Así, el 23 termina fijado como fecha de desaparición definitivamente, pues nadie atestigua haberlo visto el 24. También se supo que alguien entrega una comunicación en la librería Mugalde de Hendaia citándole a acudir a las 10 h al bar Consolation de Donibane. Él sale de casa a eso de las 9h. Nadie declaró haber visto a Pertur en el bar.
Dos meses después ETA certifica su división. Las crónicas hablan de que “mantendrá la lucha armada, al tiempo que algunos de sus militantes abandonan la organización para dedicarse, de forma exclusiva, a la promoción de un partido abertzale de izquierda. Son los acuerdos adoptados por la banda terrorista en el transcurso de la VII asamblea celebrada hace un par de semanas”. Al final de la rueda de prensa, en la que los pasamontañas impiden identificar a la propia Auzmendi, hablan de Pertur brevemente. Mencionan a tres personas vistas en un Seat 850 blanco en Biriatu. Sobre ellos siembran la duda: “No descartamos que haya existido una colaboración por parte de algunos cuerpos especiales de la policía francesa”. Esa hipótesis abierta por la dirección dura de ETA es la que mantienen desde el GEB. No exactamente la de una colaboración de la Gendarmería, sino la de los elementos del Estado —los uniformados y las agrupaciones fascistas—: “Solo los servicios secretos tenían la capacidad de organizar con tanta eficacia y precisión aquella cita-trampa, por lo que fueron dichos servicios los que urdieron la maniobra de infiltración necesaria para no dejar rastro alguno que delatara a los autores”. GEB añade: “En cuanto a la ejecución material del secuestro, la hipótesis más fiable es que los servicios secretos la encargaran a neofascistas italianos, o puede que fuesen otros mercenarios quienes lo secuestraron en Behobia o alrededores para trasladarlo al Estado español”.
El País ha acompañado recientemente a Auzmendi en su vuelta a Donibane Lohizune. Apuntando a Pakito y Apala, muestra una supuesta frase de este último, residente en Cuba, un día cansado de ser preguntado por Pertur: “Está muerto y bien muerto está. Lo tiramos al mar y allí nadie lo va a encontrar”. Pakito no declara nada nuevo. Martín Villa, que había llegado al ministerio días antes, tampoco. Consultado Ángel Amigo, uno de los presos de ETA fugado de Segovia y guionista de la película dirigida por Imanol Uribe sobre aquel momento, dice inclinarse más por la hipótesis de los servicios policiales en colaboración con neofascistas italianos. No obstante, deja una frase ambigua que recoge también El País en su especial: “No creo que Apala y Pakito mataran a Pertur, pero eran capaces de eso y de más, que si se ponen a hacerlo lo hacen”.
El 26 de julio, la Alianza Apostólica Anticomunista (Triple A) llamó a la agencia de noticias Cifra para reivindicar el secuestro, es cierto. Pero también el Batallón Vasco Español (BVE), comando “Emilio Guezala”, el 31 de julio mandó un comunicado al periódico El Correo Español-El Pueblo Vasco, diciendo que Pertur fue “ejecutado y enterrado en un pueblo de Navarra”. A día de hoy, Eduardo Moreno Bergaretxe aparece en el listado de “voluntarios” de las “organizaciones armadas vascas” y en la base de datos de Euskal Memoria Fundazioa, la cual da la autoría de su asesinato a la Triple A.
A ello se suma que en el sumario penal italiano 11305/88 se confirmó que algunos neofascistas habían actuado contra vascos en Iparralde por encargo o en colaboración con la policía española. Angelo Izzo, coautor de la Masacre del Circeo declaró que su compañero y miembro de la organización de extrema derecha Ordine Nuovo, Pierluigi Concutelli, le contó que el verano de 1976 secuestraron a un militante de ETA en Iparralde, y que tras narcotizarle lo llevaron a España y lo entregaron a un grupo subordinado de la policía. Según Izzo, el responsable del grupo dijo que iba a “torturar y hacer desaparecer al vasco”.
Esta teoría es descartada por Fernández Soldevilla pues, según opina, “no se trataba de un jefe militar, carecía de información relevante sobre comandos”, además de que “estaba auspiciando un giro renovador de ETApm que se calculaba iba a acabar o al menos reducir su potencial violento”.
“Parece evidente que se trata de un caso en que la sombra de la autoría y sus implicaciones políticas han pesado como una losa que ha lastrado la investigación hasta hacerla inefectiva”, concluye un informe de la EHU.
El Informe sobre el caso Pertur: estado actualizado de la cuestión, de la Cátedra de Derechos Humanos y Poderes Públicos de la EHU, concluía que “el relato de los hechos deja dos hipótesis de autoría abiertas sobre las que no hay datos que, al día de hoy, permitan aparecer a una u otra como más verosímil”. Y también: “Parece evidente que se trata de un caso en que la sombra de la autoría y sus implicaciones políticas han pesado como una losa que ha lastrado la investigación hasta hacerla inefectiva”.
A pesar de ello, en febrero de 1994 Pertur, Eduardo Moreno Bergaretxe, es declarado, a todos los efectos, oficialmente muerto. No hay cuerpo. No hay nuevas pistas. En 1997 un amago sembró de esperanzas a la familia, pero aquellos restos sobre los que se dio la voz de alarma en un cementerio de Biriatu no eran los de Eduardo.
La biografía menos conocida de Pertur
Uno de los historiadores que más tiempo ha pasado revisando la historia de Eduardo Moreno Bergaretxe es Fernández Soldevilla, investigador y actual responsable del Archivo del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, que ha impulsado, junto a Gogora y con la ayuda de un hermano de Pertur, Álvaro Moreno Bergaretxe, y de la traductora, exmilitante y novia del desaparecido, Lurdes Auzmendi, un pódcast sobre esta historia.
Un dato aportado por Ángel Amigo recoge por qué se quedó con el mote de Pertur: le gustaba bromear e imitar la televisión desde la ventana del bar Astelena que daba a la calle Pescadería de Donostia. En alguna ocasión había armado tal escándalo que le llamaron perturbado
Fernández Soldevilla, en una exhaustiva investigación reciente —a la que le falta la parte del archivo de la inteligencia franquista, totalmente vedada para su consulta— apuntaba que Pertur, enamorado de la lectura y la guitarra, formó parte de un grupo de música, Los Amis. Esta banda apareció en abril de 1969 en TVE y más tarde, como ganadores de un concurso en 1970. Llegó a cantar con Gorka Knörr, también exalumno de EUTG, predecesora de la Universidad de Deusto. Knör promovió el lanzamiento del diario Deia. Luego ostentaría cargos en el grupo Mondragón, EITB, SGAE o el Instituto Catalán de Empresas Culturales, y en partidos nacionalistas como el PNV, EA y la lista de Lliures per Europa (PDeCAT, CDC, Junts). La familia Knör lanzó la bebida KAS. Según indica Oriol Malló en El Libro negro del BBVA, su apellido forma parte de una saga de verdaderos tractores financieros que han controlado económicamente Bizkaia desde hace décadas. En este caso, Román Knörr Borrás presidió Confebask y, posteriormente fue víctima de las maniobras de Xabier Arzalluz para rebajar su poder.
Otro apellido reconocido y rimbombante, Mayor Oreja, aparece en la biografía de Pertur. Ambos, el después ministro de Interior y Pertur, estudiaron en el Colegio Católico de Santa María de Donostia.
Un dato más, este aportado por el biógrafo Ángel Amigo, recoge por qué se quedó con el mote de Pertur: le gustaba bromear e imitar la televisión desde la ventana del bar Astelena que daba a la calle Pescadería de Donostia. Sus chanzas —por ejemplo, imitaba a Franco— formaban escándalo en el bar y un día el dueño le llamó perturbado.
Su hermano mayor militaba en el EMK, que junto a las tertulias políticas en casa de su tía, iban formando intelectualmente un pensamiento en el joven. Su radicalización puede datarse con fechas exactas. En la documentación a la que ha accedido Fernández Soldevilla aparecen el 22 de diciembre de 1968. Con 18 cumplidos el 13 de octubre de ese mismo año, asistió a un encierro en la catedral del Buen Pastor para protestar contra los malos tratos a los detenidos por las Fuerzas de Orden Público (FOP). Según su hermana Inés, entrevistada recientemente en El País, la Navidad de 1968 cambió su vida y su forma de entender el mundo: “Tocaron el timbre de casa y abrí yo. Eran dos policías. Preguntaron por Álvaro Julián Moreno Bergareche. [...] A los dos minutos bajó mi hermano Álvaro del piso de arriba, esposado entre los policías, demudado, blanco. Le dijeron que cogiera sus cosas porque se lo llevaban desterrado a Navarredonda de Gredos, en Ávila, por motivos políticos. Cuando, más tarde, llegó a casa mi hermano Eduardo y supo lo que había pasado entró en cólera. Siempre he pensado que aquello determinó muchísimo lo que vino después”.
El 2 de diciembre de 1971, cuando ya había entrado en contacto con ETA, había participado en una asamblea de EUTG en la que se acordó una huelga de dos días por el primer aniversario del proceso de Burgos contra varios miembros de ETA como respuesta al asesinato de Melitón Manzanas y José Pardines.
La historia de Pertur es la de la generación que tenía la fuerza para luchar y esperanza en que esa lucha tuviera sentido. También la que, a partir de aquel momento, hizo cola para entrar en ETA. Su accionar y disentir permanente configuró la política vasca de la época, conformando la evolución de la mayoría de organizaciones y partidos de carácter socialista y comunista que vinieron después.
Que tras 50 años de su asesinato no se haya resuelto su desaparición no es solo un inmenso vacío para su familia y amistades, sino también para toda la tradición política a la que dio paso, de una forma u otra. Como ha afirmado recientemente Auzmendi, el medio siglo de aniversario seguramente sea la última oportunidad de encontrarle, ya que, sean quienes sean sus asesinos, muy probablemente todavía viven para confesarlo.
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