Energía nuclear
Asalto nuclear a las libertades en Sudáfrica

La industria muestra su desprecio por los procesos democráticos y los grupos de la sociedad civil.
Democracia Not Found
Imagen de Joan CG
Universidad de KwaZulu-Natal
8 abr 2024 02:31

Artículo publicado originalmente en Beyond Nuclear International.

Últimamente ha aparecido en los medios de comunicación sudafricanos un número considerable de artículos pro-nucleares escritos por expertos nucleares supuestamente imparciales o por grupos de presión de la industria nuclear. El aluvión de actividades a favor de la energía nuclear ha sido tan notable que se perdonaría al cínico que pensara que esta avalancha de sentimientos a favor de la energía nuclear no era aleatoria, sino parte de una campaña concertada para impulsar una agenda a favor de la energía nuclear que coincidiera con algún acontecimiento o causa específicos.

Una posibilidad podría ser que estuviera dirigida a los delegados que asistieron este último verano a la cumbre de los BRICS, una alianza de países cuyos miembros (tanto actuales como invitados) son todos pro-nucleares, que se celebró en Johannesburgo durante el mes de agosto.

Por otra parte, los observadores de la industria nuclear sudafricana podrían atribuir esta actividad al discurso aún retrasado del Ministro de Recursos Minerales y Energía, Gwede Mantashe, ante el Gabinete sobre lo que ha denominado un “Plan de Recursos Integrados actualizado” que, según se informa, incluirá una asignación para la energía nuclear, a pesar de que la Comisión Presidencial sobre el Clima concluyó en su informe final sobre la transición energética de Sudáfrica, publicado recientemente, que no había lugar para la energía nuclear en los planes energéticos menos costosos del país.

El aluvión de actividades a favor de la energía nuclear ha sido tan notable que se perdonaría al cínico que pensara que esta avalancha de sentimientos a favor de la energía nuclear no era aleatoria, sino parte de una campaña concertada para impulsar una agenda a favor de la energía nuclear que coincidiera con algún acontecimiento o causa específicos.

En este contexto, es relativamente fácil ignorar la mayoría de estos artículos o considerarlos propaganda del lobby nuclear en su intento, aparentemente inútil, de que el Gobierno aumente la producción de energía nuclear.

Sin embargo, es difícil desestimar un artículo reciente aparecido en un suplemento de noticias empresariales de difusión nacional que se distribuye junto con los diarios del grupo mediático Independent Online (IOL), un gran grupo periodístico sudafricano propiedad del asediado holding Sekunjalo Investment Holdings.

Escrito por el Sr. Hügo Krüger, ingeniero nuclear civil cuya biografía indica que está “escribiendo un libro sobre el Movimiento Verde y su efecto negativo en la política mundial”, lo describe como consejos que daría al gobierno a la hora de seleccionar una central nuclear. Como parte de esta lista de comprobación, el autor aconseja al gobierno que se pregunte: “¿Existe una estrategia legal y de seguridad nacional para luchar contra el complejo industrial de las ONG de modo que no puedan retrasar intencionadamente el proyecto?”.

La nota antagónica que se desprende de esta directriz ofrece una visión profunda de lo que la industria nuclear siente realmente por los procesos democráticos e ilustra el desprecio en que parece tener a los grupos de la sociedad civil que piden al gobierno que involucre a los ciudadanos de buena fe proporcionando plataformas para un debate público significativo y que vele por que existan mecanismos adecuados de supervisión civil y salvaguardias legales que garanticen la restitución a las comunidades afectadas antes de que el gobierno contemple tomar una decisión de esta magnitud.

La nota antagónica que se desprende de esta directriz ofrece una visión profunda de lo que la industria nuclear siente realmente por los procesos democráticos e ilustra el desprecio en que parece tener a los grupos de la sociedad civil que piden al gobierno que involucre a los ciudadanos.

Es probable que sus observaciones tengan eco entre los miembros del Gabinete que recientemente aprobaron la presentación ante el Parlamento del Proyecto de Enmienda de las Leyes Generales de Inteligencia; un texto legislativo autoritario que, de aprobarse, los comentaristas creen que ampliará ampliamente los poderes de los servicios de inteligencia y coartará la libertad de las organizaciones de la sociedad civil, todo ello, por supuesto, en nombre del “interés nacional”. Tampoco cabe duda de que estas opiniones serán del agrado de altos responsables políticos del sector energético sudafricano, como el ministro Mantashe, que ha acusado a los grupos ecologistas de la sociedad civil de ser contrarios al desarrollo y los ha calificado de “agentes extranjeros” litigantes. Así pues, es probable que esta directriz avive la paranoia y el chovinismo por los recursos naturales que parece teñir el debate nacional sobre la energía nuclear en Sudáfrica y en gran parte del continente africano.

Cuando se reconoce la importancia del apoyo público, se observa lo selectivo que ha sido el autor al citar los resultados del estudio al que hace referencia para respaldar su afirmación de que el público sudafricano apoya la construcción de nuevas centrales nucleares, olvidando mencionar que este estudio concluye que los encuestados tenían ocho veces más probabilidades de estar a favor de la energía solar y eólica que de la nuclear.

Es cierto que se podrían plantear objeciones válidas sobre la metodología empleada en la encuesta y el contenido de las preguntas formuladas a los encuestados. Esta última objeción, en particular, puede resultar especialmente pertinente a la hora de interpretar los resultados de cualquier encuesta sobre la opinión pública sudafricana acerca de la energía nuclear, dados los bajos niveles históricos de conocimiento público de la energía nuclear y la falta de educación pública sobre el tema.

Sin embargo, estos son los autoproclamados expertos cuyas opiniones seguirán recibiendo una importante cobertura mediática en Sudáfrica como parte de la incesante campaña de la industria nuclear para conseguir que el gobierno amplíe la capacidad de energía nuclear. Y ello a pesar de que el ardor de muchos políticos por esta opción de generación de electricidad está empezando a enfriarse, especialmente en el mundo desarrollado, debido a consideraciones de coste, al coste decreciente de las fuentes alternativas de energía y a la constatación de que la energía nuclear llegará demasiado tarde para hacer frente a las urgentes necesidades climáticas actuales.

Se observa lo selectivo que ha sido el autor al citar los resultados del estudio al que hace referencia para respaldar su afirmación de que el público sudafricano apoya la construcción de nuevas centrales nucleares, olvidando mencionar que este estudio concluye que los encuestados tenían ocho veces más probabilidades de estar a favor de la energía solar y eólica que de la nuclear.

Es de suponer que las voces a favor de la energía nuclear se harán más estridentes a medida que se reduzca el margen de maniobra fiscal del gobierno, debido a los cortes de electricidad continuos (denominados “load-shedding” en Sudáfrica), el mediocre crecimiento económico y la creciente deuda pública, entre otros factores, que probablemente afecten a las finanzas públicas.

De ser así, los sudafricanos pueden esperar que los grupos de presión del sector nuclear redoblen sus esfuerzos para influir en los principales responsables políticos y que se intensifique la preferencia que revelaron anteriormente por realizar acuerdos a puerta cerrada, lejos del escrutinio público.

Por esta razón, se afirma que la industria nuclear representa una amenaza inminente para el sistema democrático sudafricano y que, hasta que la cuestión nuclear no se resuelva de forma decisiva, seguirá minando los frágiles cimientos democráticos del país al desacreditar a quienes pretenden exigir responsabilidades a los representantes públicos y abogan por una mayor participación pública en la toma de decisiones, tachándolos de antipatriotas o contrarios al desarrollo.

Para combatir la amenaza que supone el lobby nuclear y reforzar nuestro sistema democrático, este autor propone que el gobierno sudafricano someta sus planes nucleares a referéndum público, pero sólo después de que se lleven a cabo campañas de educación pública adecuadas para abordar el escaso conocimiento de la población sobre la energía nuclear.

Por esta razón, se afirma que la industria nuclear representa una amenaza inminente para el sistema democrático sudafricano.

Un referéndum nuclear es la forma ideal de obligar a los partidarios de la energía nuclear y a los políticos favorables a la energía nuclear a exponer sus argumentos ante los votantes y el público que paga impuestos, en lugar de dirigir sus esfuerzos a atacar a quienes tratan de garantizar que el gobierno actúe con transparencia y tome decisiones que redunden realmente en beneficio de todos los sudafricanos y no sólo de una pequeña camarilla de iniciados.

A diferencia de las listas de directrices elaboradas por diversos grupos de presión nucleares, ésta es una directriz para la formulación de políticas nucleares que todos los sudafricanos estarán de acuerdo en que el gobierno debería cumplir.

Traducción de Raúl Sánchez Saura.

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