Feminicidio
Un nuevo juicio para el caso de Lucía Pérez, el feminicidio que espoleó al movimiento feminista argentino

El proceso por el caso de Lucía Pérez se centró más en la vida de la víctima que en las acciones de quienes acabaron con su vida. Dos años después, la lucha de la familia y la movilización del feminismo argentino han conseguido que se celebre un nuevo juicio.

argentina 8m
Manifestantes durante el 8m de 2019 en Buenos Aires muestran la consigna contra el feminicidio Ni Una Menos

Lucía Pérez tenía 16 años cuando la asesinaron. Su familia lleva mil cuatrocientos ventidós días sin justicia. 

Sin justicia y sin freno: dos caras de una revolución que se construye desde los pies, caminando.  

Hace dos años tres jueces dejaron impune el femicidio, quienes llegaron al banquillo de acusados fueron absueltos por la muerte de la adolescente, que ante la justicia era una niña. Pero la historia se reescribió: la última semana otros tres jueces decidieron la anulación de esa sentencia y exigieron un nuevo juicio que incluya en su mirada la perspectiva de género. El fallo histórico pone en jaque el mecanismo de la justicia machista: “En esta instancia no se está juzgando a la víctima (como pareciera estar ocurriendo) sino a los eventuales victimarios”. 

Feminicidio
Lucía Pérez: fue femicidio. Un fallo que convierte a los jueces en cómplices
La sentencia por el caso de Lucía Pérez, descarta la hipótesis de feminicidio basándose en la vida privada de la adolescente. Las feministas responden.

Por eso Marta Montero, mamá de Lucía, enfermera de un hospital público, analiza qué significa el límite que se está construyendo, “esto es un antes y un después. Hasta acá llegaron”.

La provincia de Buenos Aires tiene más de 16 millones de habitantes, casi el 39 por ciento de la población argentina, y la mayor tasa de femicidios del país. Mar del Plata está en el sudoeste de la provincia; es una ciudad costera, destino turístico y es conocida como “la feliz”. Marta elige otras palabras para sumar a esa geografía: “Tiene un altísimo nivel de agresividad institucional. Hay un problema grandísimo de droga, y no se dice. Hay una corrupción terrible que no se quiere ver, y de la que no se hace cargo nadie. Hace treinta años era ‘el loco de la ruta’ el que tiraba a las mujeres descuartizadas al costado de la ruta pero resulta que ‘el loco de la ruta’ era la policía y el Poder Judicial. Nunca se supo nada. Sigue igual, pero hoy las mujeres salimos a la calle a gritar basta”.

El 8 de octubre de 2016 dos hombres, Matías Farías, de 23 años, y Juan Pablo Offidani, de 41 años, llevaron a Lucía a una sala de salud en el sur marplatense: llegó muerta. Los había conocido el día anterior en los alrededores de su escuela. Esa mañana Marta llegó de trabajar y no había nadie en la casa familiar. Guillermo, papá de Lucía, chapista, estaba en el taller mecánico. La computadora de Lucía estaba prendida en la mesa del comedor, un espacio amplio, integrado a la cocina, de la casa que Marta y Guillermo construyeron de a poco durante veinte años en un barrio de casas bajas. Hubo un tiempo que mientras ponían los ladrillos, dormían en el garage. Las mascotas familiares, perros y gatos, estaban adentro y no en el fondo un poco de tierra, un poco de césped. Fue a Matías, hermano e hijo mayor, a quien llamaron de la comisaría del barrio para pedirle que la familia Pérez se presente. Ahí empezó la pesadilla. 

La foto de Lucía llenaba pantallas televisivas y redes sociales. La reacción fue casi inmediata: se frenó el país. No es metáfora. Once días después del femicidio se hizo por primera vez en la historia argentina un Paro Nacional de Mujeres

La fiscal del caso anunció en medios de comunicación la hipótesis del “empalamiento”, un dolor capaz de generarle la muerte a la joven de pelo negro al viento y ojos rasgados. Su foto llenaba pantallas televisivas y redes sociales. La reacción ante esa crueldad fue casi inmediata: se frenó el país. No es metáfora. Once días después del femicidio se hizo por primera vez en la historia argentina un Paro Nacional de Mujeres. La convocatoria, que tuvo entre sus consignas “si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, constó de dos actos: al mediodía se frenaron las tareas y se salió a la calle a hacer ruido, cuando empezaba a caer la tarde se marchó. Las movilizaciones fueron en varios lugares del país, y en otros lugares del mundo. La convocatoria fue multitudinaria y un hito en la construcción del #NiUnaMenos, el grito que un año antes había impulsado a las calles masivamente a la sociedad pidiendo el fin de la violencia machista. 

“El caso de Lucía puso en foco en lo que estaba pasando”, relata su mamá con voz firme. “Creo que hizo que cualquiera pueda decir: a mí me puede pasar lo mismo. Porque era un silencio a voces. Tus hijos son adolescentes que salen, y la droga es moneda corriente. Entonces el mismo peligro que sufrió Lucía hasta llegar a la muerte, lo sufre cada una de las chicas que salen de noche, que van a estudiar, a la facultad, a tomar un café”.

Un día después del femicidio fueron detenidos Farías y Offidani en una camioneta donde se encontraron 38 gramos de cocaína y 250 de marihuana. La causa fue caratulada abuso sexual seguido de muerte. El tercer detenido fue Alejandro Maciel, de 61 años, acusado de encubrimiento agravado por ayudar en el lavado del cuerpo muerto. El inicio del juicio tardó dos años. En las audiencias los jueces se encargaron de exponer la vida de Lucía con detalles, indagaron en las actividades, deseos y hábitos de la adolescente, para considerar si Lucía había consentido el acceso carnal o poner en duda la situación de vulnerabilidad. Su decisión final pretendía la impunidad: Farías y Offidani fueron condenados a ocho años de prisión y una multa de 135 mil pesos por el delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser en perjuicio de menores de edad y en inmediaciones de un establecimiento educativo”. Maciel fue sobreseído. Ninguno de los tres fue condenado por el femicidio. Ese día Marta sintió que volvían a matar a su hija.

Ninguno de los tres acusados por la muerte de Lucía Pérez fue condenado por el femicidio. Ese día Marta sintió que volvían a matar a su hija.

La respuesta fue masiva e inmediata: se convocó a un nuevo paro. Marta y su hijo Matías marcharon en la Ciudad de Buenos Aires, centro político del país, y detrás de ellos, una marea de kilómetros los acompañó. Frente al Obelisco, ícono de la ciudad y monumento histórico que suele ser escenario de fotos para turistas, cientos de mujeres se acostaron en el piso con la imagen de Lucía sobre el pecho.

Los feminismos, como actor político, social y cultural, tejen estrategias en el espacio público para cambiarlo todo. Cuando la marcha llegó a Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, sede del Poder Ejecutivo, Marta subió a un escenario improvisado y clamó: “Cada una de ustedes es Lucía. Gracias. Nos quieren derrumbar, pero no vamos a parar”.

Y así fue, no pararon, y apelaron. Después de dos años, marchas algunas masivas y otras pequeñas, asambleas, acciones en la calle y virtuales, sentadas frente a tribunales, viajes que costearon vendiendo mermeladas caseras, creación del Observatorio de violencia patriarcal Lucía Pérez, la Cámara de Casación decidió anular el fallo y exigió un nuevo juicio.

Dar pelea construye otros destinos

Los argumentos con los que los jueces resolvieron son históricos y marcan un punto de inflexión, mientras la reforma judicial impulsada desde el gobierno está en la agenda política y mediática. A los magistrados les pareció “un despropósito que el Tribunal se haya efectuado indagaciones tales como las conductas de Lucía a la luz de detalles preexistentes en su historia vital, sin centrarse en el episodio y sus distintas secuencias”. El Estado está comprometido a trabajar para prevenir y erradicar la violencia contra niñas y mujeres, recordaron, en contra de esta obligación concluyeron que el falló “no es neutral. Sus concepciones sexistas son inocultables. Es un decisorio subjetivo y tendencioso, prejuicioso, parcial y discriminatorio”.

El Poder Judicial consagrando la impunidad se convierte en un eslabón más de la máquina femicida. La Corte Interamericana de Derechos Humanos “reafirmó la importancia de evitar la impunidad en crímenes de género pues de esta forma se envía el mensaje de que la eventual violencia contra la mujer es tolerada, lo que favorece su perpetuación y la aceptación social del fenómeno”, escribieron los jueces en sus argumentos.

Los jueces que anularon la primera sentencia dejaron así por escrito que es necesario un cambio de enfoque en la justicia para dejar de ser parte de la violencia. Y que ese cambio implica que nunca más se puede construir un fallo desde la vida íntima de la mujer o niña asesinada

Dejaron así por escrito, y generando un precedente, que es necesario un cambio de enfoque en la justicia para dejar de ser parte de la violencia. Y que ese cambio implica que nunca más se puede construir un fallo desde la vida íntima de la mujer o niña asesinada. “Esto nunca más puede pasar”, dice Marta Montero que junto a su familia presentó el pedido de juicio político para los jueces de primera instancia. “Esos jueces hicieron todo mal. Hay tratados internacionales que tienen que respetar. Hicieron caso omiso a todo. No vieron los derechos de Lucía, la vulnerabilidad de Lucía, que era una adolescente. Lo que hicieron fue castigarla a ella y despenalizarlos a ellos”, asegura.

Durante el aislamiento obligatorio consecuencia del covid-19 se presentó el Observatorio de violencia patriarcal Lucía Pérez que da cuenta de los femicidios y travesticidios, entre otras violencias, en lo que va del año. Fue Marta, quien dejó clara la dimensión política de los datos relevados: “nuestras hijas no son cifras”, dijo. Es el registro social de lo que el Estado no hace aun estando obligado. El Observatorio registró 189 femicidios durante el 2020, no son números, es la cartografía de la violencia patriarcal.

Lo que queda ahora, acaso como siempre, es no parar. Dice Marta: “Este fallo marca un precedente. Y Nosotros ahora en más tenemos que hacer cumplir esta norma. Ni más, ni menos. Hacer cumplir el derecho que tiene la víctima que no se hable de ella. La sentencia de Lucía no es una anécdota, es una sentencia que debe cambiar un rumbo de la justicia. Las personas, las víctimas y las familias nos vamos a encargar de que esto pase, hasta que haya justicia para todas”.

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¿Cómo vamos a darle sentido a la ausencia de aquellas personas que han muerto por decisiones políticas que les han deshumanizado a través de tal crueldad?
#68729
30/8/2020 23:59

Excelente nota, conmovedora. Bendiciones paz y justifica para la familia! Sos

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#68727
30/8/2020 23:25

Excelente articulo!

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#68689
30/8/2020 16:22

Un abrazo enorme para la familia de Lucia. Sois valientes y no quedará en el olvido.
Dicho esto, me avergüenza la clase política, judicial y etc...
Las mujeres somos de primera, como ustedes.
Y ahora vendrán las hordas oscuras a reivindicar el derecho de pernada

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#68688
30/8/2020 16:22

Un abrazo enorme para la familia de Lucia. Sois valientes y no quedará en el olvido.
Dicho esto, me avergüenza la clase política, judicial y etc...
Las mujeres somos de primera, como ustedes.
Y ahora vendrán las hordas oscuras a reivindicar el derecho de pernada

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