Literatura
Adelanto editorial de 'La parábola de los talentos' de Octavia E. Butler

Capitán Swing regala en exclusiva a las lectoras de El Salto un fragmento de la novela La Parábola de los talentos, escrita en 1993 por Octavia E. Butler, una referente absoluta de la ciencia ficción y del llamado afrofuturismo. Traducido al español por primera vez por Silvia Moreno Parrado para la editorial madrileña, esta novela es la segunda y última parte de una trilogía que Butler no pudo completar. Si 'La parábola del sembrador' dejaba a la protagonista principal y su grupo en una zona por explorar, en esta novela, la amenaza de elección de un presidente fanático religioso añade más preocupaciones a la lucha por la supervivencia de esta pequeña comunidad.
Octavia E. Butler
Octavia E. Butler (1947-2006).
17 oct 2021 13:15

De Los diarios de Lauren Oya Olamina Domingo, 7 de noviembre de 2032

Noticias. Aquí, aislados en Bellota, tenemos que hacer un esfuerzo especial para recibir noticias del exterior; noticias de verdad, digo, no rumores ni esas «viñetas informativas» pensadas para contarnos a todos lo que necesitamos saber mediante imágenes impactantes y una o dos frases rápidas y ocurrentes. Parece ser que bastan veinticinco o treinta palabras en una viñeta informativa para explicar una guerra o unas luces de Navidad fuera de lo común. Las viñetas son baratas y están llenas de fotos grandes y espectaculares. Algunas son auténticos artefactos virtuales que permiten experimentar (sin exponerse a peligros) huracanes, epidemias, incendios y asesinatos en masa. Una auténtica locura.

Por otro lado, los discos de noticias bien hechos o los buenos servicios de noticias por satélite cuestan más. Gray y Emery Mora y dos o tres personas más dicen que basta con las viñetas informativas, que los detalles de las noticias no son importantes. Como no podemos cambiar las cosas absurdas, codiciosas y violentas que hace la gente con poder, creen que deberíamos intentar ignorarlas. Da igual cuántas veces tengamos que reconocer que en realidad no podemos escondernos: algunos siguen buscando formas de hacerlo.

Bueno, pues resulta que no podemos escondernos, así que lo mejor es prestar atención a lo que pasa. Cuanto más sepamos, más capaces seremos de sobrevivir. Así que nos hemos suscrito a un buen servicio telefónico de noticias y de vez en cuando compramos discos de noticias mundiales detalladas. Todo esto me hace añorar la radio de emisión libre, como la que teníamos cuando yo era pequeña, pero eso aquí es casi inexistente. Escuchamos lo poco que aún queda cuando vamos a alguna población grande. Ahora podemos escuchar más, porque la radio del furgón capta mejor la señal que nuestros pequeños transistores.

Estas son algunas de las noticias más relevantes de la semana pasada. Hoy, después de la Asamblea, hemos escuchado algunas en un Disco Mundial nuevo.

Alaska sigue reivindicándose como nación independiente y parece haber forjado una alianza formal aún más estrecha con Canadá y Rusia (el norte haciendo piña, supongo). Cuando Bankole lo oyó, se encogió de hombros y sacudió la cabeza. «¿Por qué no? —dijo—. Todo el dinero lo tienen ellos».

Gracias al cambio climático, es verdad que lo tienen casi todo. El clima sigue transformándose, volviéndose más cálido. Se supone que en algún momento se estabilizará. Hasta entonces, tenemos un tiempo violento y errático en todo el mundo. El nivel del mar no deja de aumentar y de dar bocados a las zonas litorales de cota baja, como las dunas de arena que antes protegían la bahía de Humboldt y la de Arcata, justo al norte de aquí. La mitad de los cultivos del Medio Oeste y el Sur se marchitan por el calor, se ahogan por las inundaciones o salen volando por los huracanes, así que el precio de los alimentos sigue altísimo. El calentamiento ha hecho que ciertas enfermedades tropicales, como la malaria y el dengue, sean ahora habituales en la costa del Golfo y en los estados de la costa atlántica, zonas todas ellas de humedad y calor. Pero la gente está empezando a adaptarse. Hay menos cólera, por ejemplo, y menos hepatitis. Se ha reducido el número de enfermedades derivadas de las malas condiciones sanitarias, la comida en mal estado o la desnutrición. En las ciudades con algún problema y en los asentamientos okupas, que tienen zanjas abiertas para el desagüe, la gente hierve el agua de beber. Hay más huertos, y se están recuperando los saberes antiguos acerca de la conservación de los alimentos. Se hacen trueques de bienes y servicios cuando escasea el efectivo. Se usan herramientas manuales y bestias de tiro cuando no queda dinero para combustible o maquinaria eléctrica. La vida va siendo mejor, pero eso no evitará una guerra si los políticos y los empresarios deciden que les viene bien que la haya.

En estos momentos se están librando muchas guerras en el mundo. Kenia y Tanzania están enfrentadas; aún no me he enterado de por qué. Bolivia y Perú tienen otro conflicto con las fronteras. Pakistán y Afganistán han sumado fuerzas en una guerra religiosa contra India. Una parte de España está peleando contra otra. Grecia y Turquía están a punto de entrar en guerra, y Egipto y Libia se están masacrando. En China, al igual que en España, se están destrozando a sí mismos. La guerra está muy de moda en estos tiempos.

Supongo que deberíamos dar gracias de que no haya habido otro «intercambio nuclear». El de hace tres años entre Irán e Irak tuvo a todo el mundo cagado de miedo. Cuando terminó, debió de reinar la paz en el planeta durante quizá tres meses. Pueblos que se habían odiado entre sí desde hacía generaciones encontraron la manera de hablar de paz. Pero insulto a insulto, interés propio a interés propio, infracción del alto el fuego a infracción del alto el fuego, casi todas las conversaciones de paz se vinieron abajo. Siempre ha sido mucho más fácil hacer la guerra que hacer la paz.

Aquí, en nuestro país, en Dallas (Texas), un niñato rico, un pardillo, se fue de aventuras a un gran asentamiento de okupas. Terminó llevando lo último en dispositivos electrónicos de control de presos, también conocidos como collares para esclavos, collares de perro y collares de estrangulamiento. Y, gracias a la motivación del collar, aprendió a serle de utilidad a un proxeneta local. He oído que los nuevos collares son muy sofisticados. Los antiguos, que solían llevarse más bien como cinturones, solo hacían daño: producían descargas eléctricas y a veces causaban lesiones o la muerte. Los nuevos no matan, pueden llevarse varios meses o años seguidos y normalmente se usan para castigar. Están programados para resistir a todo intento de quitárselos o romperlos: sueltan unas descargas de dolor tan intensas que pueden dejar a la gente inconsciente. Dicen que algunos collares también pueden recompensar la buena conducta con descargas de placer excitantes y baratas, produciendo cambios en la química del cerebro (estimulando la producción de endorfinas en quien los lleva). No sé si es verdad, pero, de serlo, todo ese asunto me suena un poco como a la hiperempatía, salvo que, en lugar de sentir lo que sienten los demás, quien lleva el collar siente lo que quien lo controla quiere que sienta. Esto podría dar pie a un nivel nuevo de esclavitud. Pasado un tiempo, la necesidad de placer, el miedo al dolor y la desesperación constante por complacer al amo podrían ocupar la vida entera de una persona. Dicen que alguna gente con collar se suicida, no porque no pueda soportar el dolor, sino porque no puede soportar el grado de esclavitud al que acaba viéndose sometida.

El padre del chico de Texas se gastó un montón de dinero. Contrató a unos policías privados (de esos que hacen cualquier cosa si les pagas lo suficiente) que abrieron en canal el campamento de okupas como si fuera un melón maduro hasta que encontraron al muchacho. Y gracias a eso, ¡premio! En el año 2032 se descubre que hay esclavitud en Texas. ¡Había gente inocente (no criminales ni indigentes) retenida contra su voluntad y usada para fines inmorales! ¡Quién lo habría dicho! A mí lo que me gustaría ver es un estado de la unión en el que no se practique la esclavitud.

Literatura
‘Parentesco’: la mirada al pasado de la gran dama de la ciencia ficción

Hemos tenido que esperar casi cuarenta años para ver publicada en castellano la obra que consolidó la carrera de Octavia E. Butler, Parentesco, en la que la escritora explora la historia de la esclavitud.

Una noticia más. En el planeta Marte se han descubierto organismos pluricelulares vivos… o algo así. Son muy pequeños y raros por dentro, aunque por fuera parecen babosas diminutas…, a ratos. Viven por lo menos a cuatro metros de profundidad en determinadas formaciones rocosas polares y no son exactamente animales. Son un poco como los mohos del fango terrestres. Y, al igual que los mohos del fango, pasan por estados unicelulares independientes durante los cuales van devorando la roca para abrirse camino, se reproducen por división y parecen pequeñas amebas rellenas de anticongelante. Cuando han agotado el alimento en su entorno más inmediato, se aglutinan en masas pluricelulares similares a una babosa para desplazarse a otro lugar en el que encontrar los minerales de los que se nutren. Cuando tienen forma de babosa, no se reproducen como los mohos del fango terrestres. Parece ser que solo necesitan la forma de babosa para producir esa solución anticongelante corrosiva que les permite migrar a través de la roca hasta una nueva fuente de alimento. Crean tierra de dos formas distintas. Comen minerales que, tras pasar por su cuerpo, se expulsan en forma de un polvo tan fino y resbaladizo que, al igual que el grafito, puede actuar como una especie de lubricante. Y, cuando van rezumando a través de las rocas en su forma de babosa, su baba corrosiva disuelve veredas y grietas, con lo que crean más polvo.

¡¡Esas criaturas son marcianos vivos!! Aunque, hasta ahora, todos los especímenes capturados y examinados en la estación Leal han muerto poco después de que los sacaran de su frío y rocoso hogar. Por ese y otros motivos, suponen tanto un gran descubrimiento como una gran tristeza. Son los últimos descubrimientos que harán los científicos que trabajan para el Gobierno de Estados Unidos.

El presidente Donner ha vendido la última base que teníamos en Marte a una empresa eurojaponesa, cumpliendo así una de sus primeras promesas de campaña. La idea es que todos los viajes espaciales no militares, con tripulación o sin ella, se privaticen. «Si de verdad merece la pena —dijo Donner—, debe hacerse para obtener un beneficio, y no a costa de los contribuyentes». Como si el beneficio pudiera contarse solo en forma de ganancia económica inmediata. Yo nací en 2009 y, hasta donde me alcanza la memoria, he oído a la gente quejarse del programa espacial por considerarlo una pérdida de dinero, e incluso uno de los motivos del deterioro del país.

¡Menuda ridiculez! ¡Tenemos muchísimo que aprender del propio espacio y de los mundos cercanos! Y, ahora que hemos encontrado extraterrestres vivos, nos marchamos. Supongo que, si los «mohos del fango» marcianos pueden ser de alguna utilidad —para la minería, tal vez, o para la química—, los protegerán, cultivarán y criarán para que sean aún más útiles. Pero si resulta que no tienen ninguna utilidad concreta, los dejarán a su suerte para que sobrevivan (o no) lo mejor que puedan a los impedimentos que la empresa considere oportuno poner en su camino. Si tienen la mala fortuna de perjudicar de algún modo la actividad comercial (por ejemplo, si les gusta alguno de los materiales de construcción de la empresa), la suerte será que sobrevivan. Dudo que las leyes medioambientales de la Tierra los protejan. En realidad, esas leyes no protegen a las especies vegetales y animales aquí, en la Tierra. ¿Quién iba a aplicarlas en Marte?

Y, sin embargo, en cierto sentido estoy contenta de que nuestras bases se hayan vendido y no solo abandonado. Estuvo mal venderlas, pero era el mal menor. A casi nadie le habría importado que se quedaran abandonadas. Dicen que no sirve de nada gastar tiempo ni dinero en el espacio cuando aquí, en la Tierra, en Estados Unidos, hay tanta gente sufriendo. Pero yo me pregunto adónde ha ido el dinero recibido por la venta de las bases. No he visto que haya programas nuevos de educación o trabajo por parte del Gobierno. No ha habido ayudas gubernamentales para los indigentes, los enfermos, los hambrientos. Los asentamientos de okupas son tan grandes e infectos como siempre. En cuanto que país, hemos renunciado a nuestro derecho de nacimiento por menos de un plato de lentejas. Hemos renunciado a él a cambio de nada, aunque estoy segura de que, en algún lugar, hay gente que ahora es más rica.

Pero pensemos en esto: en Marte se ha descubierto una forma de vida inédita y eso mereció menos tiempo en el disco de noticias que lo del muchacho de Texas. Como pueblo, estamos cada vez más aislados. Nos estamos introduciendo en un cambio negativo sin rumbo, y, lo que es peor, nos estamos acostumbrando a ello. Demasiado a menudo nos moldeamos a nosotros mismos y a nuestro futuro de maneras absolutamente irracionales.

Más noticias. En Australia, unos científicos han conseguido llevar un feto humano a término dentro de un útero artificial. El feto se concibió en una placa de Petri. Nueve meses después, lo sacaron, vivo y sano, del último de una serie de complejos recipientes controlados por ordenador. El niño es el hijo normal de unos padres que no podrían haber concebido ni gestado a un bebé sin muchísima ayuda médica.

Los periodistas ya están llamando «huevos» a estos recipientes, y existe un ridículo debate popular sobre si una persona «eclosionada» es igual de humana que otra que se haya «parido normalmente». Hay pastores y curas que sostienen que esa alteración de la reproducción humana está mal, claro. No creo que tengan que preocuparse mucho del tema durante un tiempo. El proceso está en fase experimental y solo estaría al alcance de los muy ricos, si es que se ofrece a alguien (cosa que aún no ha pasado). Me pregunto si se pondrá de moda en este mundo, en el que hay tantas mujeres pobres dispuestas a ofrecerse como vientres de alquiler y a llevar a término al hijo de gente más adinerada, incluso cuando esa gente puede tener hijos de la forma habitual. Si tienes dinero, puedes alquilar un vientre por no mucho más de lo que cuesta darle alojamiento y comida a esa mujer durante nueve meses. Si ella es lista y tú generoso, también puedes terminar dando alimento, techo y estudios a sus propios hijos. Y, quizá, hasta trabajo a su marido. La madre de Channa Ryan se dedicaba a eso. Según Channa, su madre tuvo trece hijos como vientre de alquiler, sin relación genética con ninguno de ellos. Su matrimonio no sobrevivió, pero sus dos hijas genéticas tuvieron la oportunidad de aprender a leer y escribir, a cocinar, a trabajar el huerto y a coser. En este mundo no basta con saber hacer eso, claro, pero es más de lo que aprende la mayoría de los pobres.

Pasará mucho tiempo —años, décadas quizá— antes de que los vientres de alquiler humanos sean sustituidos por huevos informatizados. Pero pensemos en esto: los huevos, combinados con la tecnología de clonación (otro juguete de los ricos), podrían dar a los hombres la posibilidad de tener hijos sin la ayuda genética ni gestacional de una mujer. Aun así necesitarían el óvulo de una mujer despojado de su carga genética, pero solo eso. Si la idea prendiera, quizá querrían usar óvulos de alguna especie animal.

Y, por supuesto, las mujeres podrían arreglárselas completamente sin los hombres, puesto que ellas pueden aportar sus propios óvulos. Me pregunto qué supondrá esto para la humanidad en el futuro. ¿Un cambio radical o solo una opción más entre muchas otras?

Puedo ver la utilidad que tendrán los úteros artificiales cuando viajemos al espacio extrasolar: para gestar nuestros primeros animales, después de haberlos transportado en forma de embriones congelados, y para gestar niños si se necesita el trabajo no reproductivo de las colonas para mantener el asentamiento en marcha. En ese sentido, a largo plazo, quizá los huevos puedan servirnos a nosotros (a Semilla Terrestre). Pero, mientras tanto, no sé qué supondrán para las sociedades humanas.

He reservado la peor noticia para el final. Las elecciones fueron el martes 2 de noviembre. Ha ganado Jarret. Cuando Bankole se enteró, dijo: «Que Dios se apiade de nuestras almas». Yo creo que estoy más preocupada por nuestros cuerpos. Antes de las elecciones, me decía a mí misma que la gente tendría suficiente cabeza como para no votar a un tío cuyos seguidores queman a gente viva por «brujería» y prenden fuego a las iglesias y las casas de la gente que no les gusta.

Votamos todos —todos los que tenemos edad—, y casi todos votamos al vicepresidente Edward Jay Smith. Nadie quería a un hombre hueco como Smith en la Casa Blanca, pero hasta un hombre sin ideas en la cabeza es mejor que un hombre que pretende hacernos volver a latigazos a su Dios particular, igual que Jesucristo expulsó a los mercaderes del templo. Ha usado esa analogía varias veces.

Estas son algunas de las cosas que dijo Jarret en la época en la que vociferaba desde el púlpito de su propia Iglesia de América Cristiana. Tengo copias de varios sermones suyos guardadas en disco.

«Hubo un tiempo, hermanos de América Cristiana, en el que nuestro país dominaba el mundo —decía—. América era el país de Dios y nosotros éramos el pueblo de Dios y Dios cuidaba de los suyos. Y ahora, miradnos. ¿Quiénes somos? ¿Qué somos? ¿En qué fétido, humeante y corrupto brebaje pagano nos hemos convertido?

»¿Somos cristianos? ¿De verdad? ¿Acaso nuestro país puede ser un poquito cristiano y un poquito budista, quizá? ¿O tal vez un poquito cristiano y un poquito hindú? ¿O acaso un país puede ser un poquito cristiano y un poquito judío? ¿Y un poquito cristiano y un poquito musulmán? ¿O a lo mejor es que podemos ser un poquito cristianos y un poquito paganos?».

Y luego atronaba: «¡Somos el pueblo de Dios o somos escoria! ¡Somos el pueblo de Dios o no somos nada! ¡Somos el pueblo de Dios! ¡El pueblo de Dios!

»Dios mío, Dios mío, ¿por qué te hemos olvidado?

»¿Por qué nos hemos dejado seducir y traicionar por esos aliados de Satanás, esa chusma hereje de doctrinas falsas y no cristianas? No es solo que esa gente…, esos paganos estén confundidos. Es que son peligrosos. Son letales como las balas, contagiosos como plagas, venenosos como serpientes para la sociedad que infestan. ¡Nos están matando, hermanos y hermanas de América Cristiana! ¡Nos están matando! Atraen sobre nosotros la justa ira de Dios por la generosidad equivocada que mostramos con ellos. Son los destructores naturales de nuestro país. ¡Son adoradores de Satanás, seductores de nuestros niños, violadores de nuestras mujeres, traficantes de droga, usureros, ladrones y asesinos!

»Y frente a todo esto, ¿qué somos nosotros para ellos? ¿Hemos de vivir con ellos? ¿Hemos de dejar que continúen arrastrando a nuestro país hasta el infierno? ¡Pensadlo! ¿Qué hacemos con las malas hierbas, los virus, las lombrices parásitas, los tumores? ¿Qué debemos hacer para protegernos a nosotros y a nuestros hijos? ¿Qué podemos hacer para recuperar la nación que nos han robado?».

Repugnante. Nauseabundo. Jarret era el senador más joven de Texas cuando dio el sermón que contenía estas palabras. Jamás respondía a las preguntas que formulaba. Eso se lo dejaba a su público. Y, sin embargo, dice que está en contra de quemar a gente por brujería.

Sus discursos durante la campaña han sido un poco menos incendiarios que sus sermones. Tiene que distanciarse de sus peores seguidores. Pero todavía sabe cómo levantar a la turba, cómo llegar hasta los pobres y hacer que estos carguen contra otros pobres. Me pregunto qué parte de sus insensateces se cree él mismo y qué parte dice únicamente porque es consciente del valor de dividir para conquistar y dominar.

Bueno, pues ya ha conquistado. En enero del año que viene jurará su cargo y dominará. Y luego imagino que veremos qué parte de su propia propaganda se cree.

Ayer pasó en Bellota otra cosa más feliz y cercana. Lucio Figueroa, Zahra Balter y Jeff King volvieron con un montón de libros para nuestra biblioteca. Algunos parecen casi nuevos. Otros están viejos y gastados, pero han sobrevivido a las inclemencias del tiempo, el agua y el fuego. Son libros de texto —algunos de nivel universitario— de varias asignaturas, diccionarios especializados, una enciclopedia (edición de 2001), libros de historia, manuales y decenas de novelas. Jeff King los encontró en un mercadillo de Arcata, donde los vendían casi regalados.

—Alguien estaba vaciando una habitación para que pudieran instalarse en ella unos parientes —me contó—. El dueño de los libros había muerto. Lo tenían por el excéntrico de la familia y nadie más de la casa compartía su entusiasmo por leer tochos grandes de papel. Pensé que no te importaría que los comprara para la escuela. —

¿Cómo me iba a importar? —respondí—. ¡Al contrario!

—Lucio no estaba seguro de que pudiéramos gastarnos el dinero en eso, pero Zahra dijo que tú estabas deseando conseguir más libros. Me imaginé que ella lo sabría.

Sonreí.

—Pues sí. Pensaba que todo el mundo lo sabía.

Había quince cajas de libros. Las metimos en la escuela y hoy, tras las noticias que traía el Disco Mundial, nos hemos recuperado lo mejor que hemos podido hojeando los libros y colocándolos en las estanterías. Hemos estado leyéndonos pequeños fragmentos unos a otros. Había mucha emoción e interés, y todo el mundo se ha llevado uno o dos libros. Después de escuchar las noticias, necesitábamos leer algo que no resultara deprimente.

Yo he acabado con un par de libros de dibujo. No he probado a dibujar nada desde que tenía siete u ocho años. Y ahora, de pronto, resulta que me interesa aprender a dibujar, a dibujar bien (si es que puedo). Quiero aprender algo nuevo que no tenga nada que ver con ninguno de nuestros problemas.

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